El nuevo metaanálisis, encabezado por Cecilia Sanjuan-Ortiz y Paula Querol, examinó 19 estudios longitudinales realizados en 11 países. En conjunto reunían cerca de 6,96 millones de participantes, pero esa no es la muestra utilizada para calcular cada resultado. Los autores separaron el diagnóstico de trastorno bipolar y presentar síntomas de manía o hipomanía.
Para el primer desenlace, el análisis combinó ocho estudios con 206.572 personas. Entre quienes habían reportado consumo de cannabis, la aparición posterior de un diagnóstico de trastorno bipolar fue 2,46 veces más frecuente que entre quienes no lo habían reportado. Se trata de una comparación entre grupos, no de una probabilidad individual ni de una estimación que permita decir cuántas personas desarrollarán la enfermedad.
El segundo cálculo reunió seis estudios y 57.243 participantes. Encontró una asociación entre consumo previo y aparición de síntomas maníacos o hipomaníacos, con un riesgo relativo de 2,11. Estos síntomas no equivalen por sí solos a un diagnóstico de trastorno bipolar. Además, el resultado fue menos estable ya que dejó de ser estadísticamente significativo al retirar varios estudios de uno en uno.
Además, la forma de medir el consumo cambió considerablemente de un trabajo a otro y mientras algunos registraban cualquier uso alguna vez en la vida, otros incluían trastorno por consumo de cannabis. Los análisis conjuntos emplearon riesgos relativos sin ajustar, de modo que no pudieron descontar de manera uniforme factores como el consumo de tabaco, alcohol u otras drogas. Tampoco había datos suficientes para establecer cómo influirían la frecuencia de uso, la potencia del producto o la edad de inicio. La variación entre estudios fue alta en ambos resultados.
Investigaciones anteriores ya habían descrito vínculos entre cannabis y síntomas maníacos, aunque con menos estudios y sin separar siempre los desenlaces. El aporte de esta revisión es ampliar la evidencia longitudinal y examinar por separado el diagnóstico y los síntomas. Que el consumo aparezca antes en el seguimiento refuerza el interés clínico del hallazgo, pero no descarta vulnerabilidades compartidas ni otras explicaciones.
La información puede ayudar a conversar sobre consumo y salud mental con quienes presentan cambios del estado de ánimo, sin convertir una asociación estadística en el destino de cada usuario. Para saber si el cannabis interviene y en qué condiciones, harán falta estudios que midan mejor la exposición y controlen los factores que hoy quedan mezclados.