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Cannabis y tabaco, una mezcla de riesgo psiquiátrico

Un nuevo estudio apunta a que, en personas con vulnerabilidad psiquiátrica, esta combinación de marihuana y tabaco podría aumentar el riesgo de desarrollar psicosis.

Aunque el consumo de cannabis y tabaco  suele analizarse por separado, en la práctica ambos aparecen muchas veces entrelazados. Esa zona de contacto es la que explora el trabajo publicado en Nature Mental Health, centrado no en la población general, sino en personas consideradas de alto riesgo clínico de psicosis. Hablamos de individuos que pueden presentar señales tempranas o síntomas atenuados, sin haber desarrollado todavía un trastorno psicótico. La muestra incluyó 1.012 participantes: 734 personas en situación de alto riesgo clínico y 278 controles sanos.

A partir de esos datos, los investigadores compararon distintos patrones de consumo: quienes usaban solo tabaco, quienes usaban solo cannabis, quienes combinaban ambas sustancias, quienes recurrían a otras drogas y quienes no consumían ninguna. Lo que apareció con más claridad no fue una diferencia inmediata en la gravedad de los síntomas, sino una variación en la evolución clínica. En los modelos de supervivencia, el uso intenso de cannabis junto con un uso ligero de tabaco se asoció con un riesgo casi tres veces mayor de conversión a psicosis frente a quienes no usaban ninguna de las dos sustancias.

Es importante dejar en claro que el estudio no permite afirmar que la mezcla cause por sí sola un trastorno psicótico. Su diseño es observacional y, por tanto, muestra asociaciones y los autores plantean que el uso conjunto podría contribuir al riesgo, pero también reconocen que podría funcionar como un marcador de vulnerabilidad previa. Factores genéticos, experiencias traumáticas u otras condiciones clínicas y sociales pueden predisponer tanto al consumo como al desarrollo de psicosis.

También pesa el momento en que fueron recogidos los datos, entre 2009 y 2013, antes de que el mercado del cannabis cambiara de forma profunda en varios países. Desde entonces se han expandido los programas de regulación recreativa, se ha generalizado el vapeo de nicotina y THC y han aumentado los productos de alta potencia. En un contexto donde la potencia del cannabis se ha convertido en parte central del debate regulatorio, esta limitación no es menor. A esto se suma que la información sobre consumo procedía de autorreportes, sin distinguir con precisión entre el uso simultáneo y el uso separado dentro de un mismo periodo.

En el terreno biológico, la hipótesis que manejan los investigadores apunta a una posible interacción entre nicotina y cannabis. La nicotina podría potenciar ciertos efectos del THC, en especial cuando ambas sustancias se fuman juntas y la absorción se modifica. Sin embargo, la explicación no se reduce a un mecanismo químico aislado ya que el consumo compartido también puede expresar formas más complejas de vulnerabilidad neurobiológica, clínica o social en personas que ya se encontraban en una fase de riesgo.

La investigación refuerza una idea que suele quedar fuera del debate público sobre el cosnumo de marihuana y que tiene relación  con que no todos los riesgos se distribuyen por igual y las personas con vulnerabilidad psiquiátrica requieren información más precisa sobre el consumo de ambas sustancias, por lo mismo, si el cannabis se discute cada vez más como una sustancia regulable, también debe discutirse con claridad cuándo, cómo y para quién ciertos patrones de uso pueden resultar especialmente problemáticos.

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