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El estrés basal condiciona a las ratas a consumir cannabis

Un estudio publicado en Neuropsychopharmacology indagó por qué algunos individuos podrían ser más propensos a buscar cannabis que otros. En este modelo, las ratas con niveles basales más altos de corticosterona –la principal hormona del estrés en estos roedores– tendieron a autoadministrarse más vapor de extracto de cannabis.

Antes del acceso al cannabis por parte de las ratas, el equipo, compuesto por investigadores de Washington State University y la University of Calgary, midió rasgos conductuales y marcadores biológicos vinculados como cognición, procesos sociales, sistemas de alerta/regulación y sensibilidad al refuerzo. La pregunta no era si el cannabis “relaja”, sino qué variables previas predicen una mayor búsqueda de la sustancia.

El protocolo utilizó el vapor de marihuana para acercarse a una vía común en humanos. Durante cuatro semanas, las ratas participaron en sesiones diarias de una hora de autoadministración de vapor de extracto de cannabis de planta entera. El acceso se activaba mediante un puerto que liberaba el vapor. Después, la motivación se midió en una sesión de tres horas donde cada nueva entrega requería más esfuerzo.

La corticosterona en reposo predijo más respuestas por vapor, mientras que el estrés/ansiedad como estado inducido no apareció como predictor significativo. También se asociaron con mayor búsqueda de cannabis un nivel más bajo de anandamida matinal –un endocannabinoide clave– y un peor desempeño en tareas de flexibilidad cognitiva (set-shifting). El análisis reportó además vínculos con mejor discriminación de claves visuales y con más acicalamiento social en la adolescencia. En el modelo multivariado, corticosterona basal y flexibilidad cognitiva destacaron como predictores especialmente robustos.

Si bien la corticosterona es un análogo aproximado del cortisol humano, el salto desde biomarcadores en roedores a prácticas de consumo en personas depende de contexto como la  historia de vida, disponibilidad y potencia de productos, proporciones THC/CBD y diferencias entre cannabinoides, expectativas y el papel ambivalente del cannabis sobre la ansiedad. Aun así, el trabajo sostiene la hipótesis de que si el endocannabinoide está “bajo”, el THC podría actuar como sustituto regulatorio y reforzar la búsqueda repetida y no necesariamente por euforia, sino por alivio.

En mercados regulados y consumo normalizado, la discusión debe tender hacia la prevención ya que si el estrés de base y la rigidez cognitiva pesan, la reducción de daños debería articular salud mental, educación en dosis y productos, acompañamiento cuando corresponda e identificación temprana de vulnerabilidades. En este sentido, la ciencia no “absuelve” ni “condena” al cannabis; lo coloca en una conversación más amplia sobre cuidado y contexto.

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