La abstinencia a benzodiacepinas no es un detalle menos ya que una vez instalada la dependencia, la retirada puede disparar insomnio, irritabilidad, tensión, ansiedad, alteraciones perceptivas y, en casos severos, complicaciones médicas que obligan a supervisión profesional. En la práctica, la forma de abordarlo suele centrarse en reducciones graduales y acompañamiento clínico ya que no existen “antídotos” simples.
En ese escenario, un grupo de investigación vinculado a la Universidad Miguel Hernández-CSIC y redes sanitarias españolas ensayó un enfoque preclínico induciendo dependencia a alprazolam en ratones adultos (machos y hembras) mediante dosis crecientes durante tres semanas y evaluar lo que ocurre 24 horas después de suspender el fármaco. Para medir la retirada usaron pruebas conductuales habituales en laboratorio que permiten registrar conductas asociadas a ansiedad, locomoción y signos somáticos.
El resultado central fue consistente: la retirada espontánea de alprazolam provocó un efecto ansiógeno en ambos sexos, junto con hiperactividad, aumento de “rearings” y “rubbings” y una caída del grooming. Cuando se administró una dosis de CBD (20 mg/kg), muchas de esas alteraciones se normalizaron en gran medida.
El trabajo también buscó huellas biológicas del proceso. En amígdala e hipocampo –dos regiones cerebrales claves en estrés y memoria emocional– observaron cambios en la expresión de subunidades del receptor GABA-A (blanco clásico de las benzodiacepinas) y en receptores cannabinoides (CB1 y CB2), con matices según sexo. En paralelo, midieron en plasma endocannabinoides como anandamida (AEA) y 2-AG: la retirada alteró ambos marcadores y el CBD tendió a normalizarlos.
Todo esto no convierte al CBD en “tratamiento” listo para la farmacia. Por ahora, la evidencia es preclínica, pero todavía falta demostrar eficacia y seguridad en personas, con dosis, formulaciones y criterios clínicos claros, además de vigilar interacciones medicamentosas.
La promesa del CBD en este campo no está en vender la posibilidad de "desengancharse" con cannabis, sino en la posibilidad de ampliar el repertorio terapéutico para transiciones farmacológicas que hoy se hacen a puro pulso clínico. Si el endocannabinoide resulta ser un modulador útil en la abstinencia, el desafío será traducirlo a protocolos responsables en investigación en humanos, regulación sanitaria y una frontera nítida entre reducción de daños y marketing.