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Parece que últimamente se están confirmando los rumores de hace unos meses que anunciaban el inicio de una ofensiva contra los CSC. En un principio los rumores apuntaban a que la campaña contra los clubes estaría relacionada con cuestiones fiscales y relativas a la protección de datos de carácter personal, pero al poco tiempo pudimos comprobar que las acciones que han tenido lugar en diversos lugares de España son más contundentes.

Hoy comentaremos la intervención que ha sufrido uno de ellos: el Haze Club o Asociación Ibicenca de Estudios del Cannabis. A finales del 2015, agentes de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (UDYCO) de la Comisaría de Ibiza de la Policía Nacional iniciaron una investigación en torno a una tienda de cultivo llamada Djamba y regentada desde hace quince años por un conocido activista de la isla al que todo el mundo llama Moss. Según manifestaron los agentes que efectuaron vigilancias en las inmediaciones del local, diversas personas que salían del establecimiento después de haber permanecido un breve periodo de tiempo en su interior eran portadoras de pequeñas cantidades de marihuana y hachís que se suponía que habían adquirido en dicho establecimiento. Estás personas fueron denunciadas administrativamente por posesión de drogas, y la policía concluyó a partir de estas intervenciones que en la tienda no solo se vendían semillas y productos relacionados con el cultivo, sino que se traficaba con derivados del cannabis.

Hace dos años Moss puso en marcha un proyecto al que hacía tiempo le daba vueltas: fundar una asociación de consumidores de cannabis. Como los socios fundadores en un principio no disponían de muchos medios y no contemplaban la idea de que la asociación fuera de grandes dimensiones, decidieron que tuviera su sede en un anexo del estabelecimiento que regentaba Moss. Los dos locales estaban separados y correspondían a entidades diferentes: por una puerta se entraba al grow shop Djamba y por otra al Haze Club. No obstante, los agentes manifestaron en su atestado que la tienda era una tapadera para encubrir el tráfico de drogas que allí se realizaba. Como culminación de la investigación, la UDYCO efectuó diversos registros. El primero de ellos fue en el domicilio particular de Moss, presidente de la asociación. Allí incautaron plantas de marihuana con un peso de 40 kilos, 47 gramos de hachís, útiles y elementos utilizados para el cultivo y una cantidad de dinero que Moss tenía para pagar al trabajador de la tienda y el alquiler de su vivienda. En el cultivo, un cartel indicaba que las plantas eran propiedad de la Asociación Ibicenca de Estudios del Cannabis, y figuraba en él su número de registro. Posteriormente, los agentes se dirigieron a la tienda Djamba y a la sede de la asociación, que, como hemos comentado anteriormente, ocupan dos locales contiguos, pero a los que se accede por puertas distintas. En la tienda detuvieron al trabajador, que finalmente no pasó a disposición judicial porque no hallaron en ella nada que no pudiera venderse legalmente. En el local del Haze Club intervinieron pequeñas cantidades de diversas variedades de marihuana que estaban destinadas al consumo de los escasos veinte socios de la asociación. Un elemento que destacaron los agentes en su atestado es la gran actividad que desarrollaba Moss en las redes sociales. Había colgado diversos vídeos y fotografías de plantas de marihuana y de conferencias, copas y reuniones que había organizado, entre las que destacaba la presentación del Haze Club. Las imágenes, según los responsables de la UDYCO, permitieron la localización del cultivo que Moss tenía en su domicilio y demostraban que se hacía promoción del consumo ilegal de cannabis. Moss estuvo a punto de entrar en prisión. Por lo visto, ya lo había decidido la representante del Ministerio Fiscal antes de que prestara declaración en el juzgado en presencia de la abogada designada por el turno de oficio que le asistía. Pero después de escuchar su declaración, en la que Moss dejó claro que en el grow shop no se vendía cannabis y que no tenía relación alguna con la asociación, a pesar de que sus respectivos locales estaban uno al lado del otro, el juez cambió de opinión. Vio que Moss se había asesorado para constituir la asociación y consideró que había actuado en la creencia errónea de que lo que hacía era legal. Además, consideró que no había peligro de fuga, pues lleva más de veinte años residiendo en Ibiza y carece de antecedentes penales. El Haze Club está actualmente cerrado, pero Moss está, como siempre ha estado, en libertad.

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