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Diciembre: plantas madre y cosecha de invierno

Árbol de Navidad con regalos

El último mes del año es muy tranquilo para los cultivadores de exterior, que en su mayoría descansan y catan la cosecha. Las labores se reducen principalmente al mantenimiento de las plantas madre, que sirven para conservar vivas las mejores genéticas de año en año. En las zonas con mejor clima, los cultivadores más empedernidos pueden plantar una pequeña cosecha de invierno para mantenerse en forma y probar nuevas técnicas.

Plantas madre

Las plantas madre son un invento fantástico que permite mantener con vida y reproducir durante muchos años la misma planta, obteniendo de ella tantos esquejes como se deseen. Estos esquejes son genéticamente idénticos a la planta madre, idénticos como serían dos gemelos, por lo que comparten todas sus características: estructura, velocidad de crecimiento, duración de la floración, resistencia frente a plagas, productividad y, las más importantes, psicoactividad y calidad de los cogollos. Gracias a los esquejes es posible cultivar año tras año la misma variedad exacta y en la cantidad que se desee. Cada planta de cannabis tiene sus propias características. Incluso dentro de la misma variedad, cada semilla da lugar a una planta distinta con ligeras, o no tan ligeras, variaciones respecto de las demás. Si los cultivadores pueden seleccionar sus plantas preferidas o aquellas que destacan frente al resto por ciertas cualidades excepcionales como una potencia muy alta, una gran productividad o una psicoactividad más agradable de lo normal, y conservarlas en forma de planta madre para el futuro, es gracias a una características muy particular del cannabis: la floración fotodependiente.

El truco para conservar plantas como madres durante años es lograr que permanezcan siempre en crecimiento sin llegar a florecer

Las plantas de cannabis necesitan al menos dos o tres meses para florecer y formar las semillas, y deben hacerlo mientras las temperaturas aún son suficientemente cálidas, ya que si llegase el frío antes de que hubiesen acabado de madurar las semillas se pondría en riesgo la supervivencia de la planta al año siguiente. Para florecer en el momento óptimo, el cannabis ha desarrollado la capacidad de detectar la duración de las noches. Gracias a esto puede empezar a florecer en el momento en que nota que las noches han alcanzado una duración determinada, lo que suele suceder a mediados del verano, y que les indica que el otoño, y con él el frío, se acerca. La mayoría de las variedades empiezan a florecer entre finales de julio y finales de agosto, y alcanzan la madurez entre finales de septiembre y finales de noviembre. Hay algunas, pocas, variedades algo más tempranas o tardías, pero la mayoría cumple con estas fechas.

El truco para conservar plantas como madres durante años es lograr que permanezcan siempre en crecimiento sin llegar a florecer. Para ello lo que hacemos es engañarlas con un fotoperiodo largo para que piensen que no se acerca el invierno y puedan seguir brotando ramas y hojas vegetativamente. El fotoperiodo más habitual para conservar las plantas madre es 18/6, pero se puede usar cualquier fotoperiodo que no deje que las plantas florezcan. Hay cultivadores que usan 16/8 para gastar algo menos de electricidad, 20/4 o 24/0 para potenciar al máximo un crecimiento rápido, o incluso fotoperiodos más creativos, como 12/6/1/5, que logra mantener las plantas en crecimiento con solo 13 horas diarias de luz.

Las variedades autoflorecientes no tienen una floración determinada por el fotoperiodo y empiezan a florecer automáticamente en cuanto alcanzan cierta edad, por lo que no se pueden mantener permanentemente en crecimiento y, por tanto, no se pueden conservar como plantas madre ni reproducir en forma de esqueje. Las variedades autoflorecientes solo se reproducen a partir de semilla.

Cualquier planta se puede convertir en una planta madre, pero lo normal es escoger plantas que destacan por su calidad o por ciertas características interesantes, como un efecto muy especial o una gran resistencia frente a los hongos, por lo que suele ser necesario florecer y probar los cogollos de la planta para saber si es lo suficientemente buena. Si la genética la recibimos en forma de esqueje y ya sabemos que es buena, lo mejor es dejar el esqueje directamente como madre y, una vez crezca, sacarle tantos nuevos esquejes como queramos. A veces, sin embargo, esto no es posible porque partimos de semillas y todavía no sabemos cuál de las plantas será la mejor y, por tanto, la que guardaremos como madre. En ese caso se pueden hacer dos cosas. Lo recomendable es sacar un esqueje de cada planta antes de que florezcan y guardarlos todos en interior bajo un fotoperiodo 18/6 hasta que las plantas florezcan y se pueda seleccionar la mejor. El problema es que si hay muchas plantas se necesitará mucho espacio para conservar tantos esquejes en crecimiento durante varios meses, que no siempre está disponible. Si no hay más remedio, se puede hacer una madre a partir de una planta florecida. Para ello hay que lograr que revegete, es decir, que vuelva a crecer después de florecer. La capacidad de revegetación es una característica que tienen casi todas las variedades cannábicas, y que les permite rebrotar después de florecer, siempre que las condiciones sean adecuadas. Para revegetar una planta hay que cosecharla con cuidado, cortando solo los cogollos y dejando tantas ramas y hojas en la planta como sea posible. Después, tras la cosecha, se mete la planta en un cuarto de cultivo de interior con un fotoperiodo de crecimiento de al menos 18 horas diarias de luz, aunque algunos cultivadores aseguran que las plantas revegetan mejor con el fotoperiodo 24/0 de luz continua.

Las plantas madre deben podarse repetidamente para lograr que tengan muchas ramas y poder así obtener numerosos esquejes cada pocas semanas. Las madres se suelen abonar con un fertilizante de crecimiento, puesto que necesitan bastante nitrógeno, pero tampoco hay que descuidar los aportes periódicos de fósforo y potasio necesarios para que los tallos sean fuertes, resistentes y enraícen con facilidad. En realidad, los abonos de principio de floración suelen ser los mejores para la conservación de madres. Cuando las plantas madre llevan muchos meses creciendo, pueden ir perdiendo vitalidad conforme el sistema radicular envejece. Se pueden renovar las madres sustituyéndolas por un nuevo esqueje o bien recortar un tercio del pan de raíces y replantarlas con tierra nueva. Para evitar la aparición de plagas conviene aplicar medidas preventivas, como fumigar las plantas con aceite de nim cada dos semanas y mantener el cuarto de madres limpio y bien ventilado.

Cultivo de marihuana en invierno
Selecciona la mejor planta de la cosecha y conviértela en madre.
Cogollo de marihuana
Una planta madre permite obtener los mismos cogollos una y otra vez.
Planta de marihuana frente a una ventana soleada.
En invierno se pueden crecer unas plantitas frente a una ventana soleada.
Esquejes creciendo en interior bajo fluorescentes y florecerán en invernadero.
Estos esquejes crecen en interior bajo fluorescentes y florecerán fuera a partir de enero, en invernadero.
Cosecha de marihuana en invierno.
Plástico, sol y buena temperatura: la combinación perfecta para la cosecha de invierno.
Invernadero  improvisado con un tejado traslúcido.
Este cultivador ha improvisado un invernadero con un tejado traslúcido.
Planta exterior dañada por el frío.
Daños causados por el frío en los brotes de una planta que estaba en exterior en enero.
Cogollos de planta de marihuana.
Los cogollos de invierno no son tan gruesos pero pueden ser muy aromáticos y potentes.
Planta de marihuana con tonos morados con el frío.
Algunas variedades adoptan tonos muy morados con el frío.
Plantación de marihuana en invernadero.
A principios de febrero ya parece verano en este invernadero.
Cogollo invernal poco denso pero bien resinado.
Cogollo invernal poco denso pero bien resinado.
Plantación de marihuana acabando de florecer.
Acabando de florecer a mediados de marzo.
Cultivo de marihuana en invierno
Cogollo de marihuana
Planta de marihuana frente a una ventana soleada.
Esquejes creciendo en interior bajo fluorescentes y florecerán en invernadero.
Cosecha de marihuana en invierno.
Invernadero  improvisado con un tejado traslúcido.
Planta exterior dañada por el frío.
Cogollos de planta de marihuana.
Planta de marihuana con tonos morados con el frío.
Plantación de marihuana en invernadero.
Cogollo invernal poco denso pero bien resinado.
Plantación de marihuana acabando de florecer.

Cultivos de invierno

Aunque su ciclo natural es crecer entre la primavera y el otoño, es posible cultivar cannabis en invierno. Para poder llevarlo a cabo con garantías de éxito solo es necesario estar en una región cálida en la que las temperaturas no sean demasiado bajas durante el invierno. El cannabis crece bastante bien siempre que tenga sol abundante, la temperatura diurna se mantenga entre 15 y 20 ºC la mayoría de los días y por la noche no baje normalmente de unos 10 ºC. Las plantas soportan bien algún día más frío, siempre que no hiele, pero necesitan que las temperaturas habituales sean templadas. Las zonas más adecuadas para el cultivo de invierno son las islas Canarias y la costa mediterránea, especialmente la del sur de la península Ibérica. En lugares más fríos es necesario mantener las plantas dentro de un invernadero. Una buena solución es cultivar en una terraza acristalada con mucho sol, que es una especie de invernadero urbano. La principal ventaja de este sistema es que las plantas se benefician de las temperaturas cálidas que suele haber en el interior de las casas durante el invierno. La mayor ventaja del cultivo en invierno es que casi no hay bichos, por lo que el riesgo de aparición de plagas es mínimo. Los ladrones y los policías tampoco andan buscando plantas en invierno, por lo que el cultivador puede vivir más tranquilo.

El sistema mixto consiste en mantener las plantas en interior durante la fase de crecimiento y sacarlas al exterior para florecer

Naturalmente, cuando se cultiva en invierno no todo son ventajas: el frío y las pocas horas de sol dificultan el desarrollo de las plantas. En diciembre y enero, el fotoperiodo es muy corto, apenas nueve o diez horas diarias de luz, que además es mucho menos intensa que en verano. Este fotoperiodo puede usarse para la floración, pero resulta demasiado corto para que las plantas crezcan. Si se siembran semillas bajo un fotoperiodo de invierno, las plantas empezarán a florecer enseguida, antes de crecer lo suficiente, por lo que la producción será mínima. Para lograr plantas más grandes y cosechas mayores, es necesario alterar el fotoperiodo para impedir la floración hasta que hayan alcanzado una talla suficiente. Hay diversas técnicas para mantener las plantas en crecimiento cuando el fotoperiodo natural es muy corto. Las dos más habituales son alargar el fotoperiodo natural o combinar el cultivo interior y exterior. En el primer sistema combinamos las horas de luz natural con varias horas extra de luz artificial, normalmente antes de que amanezca o tras la puesta de sol, para reducir la duración de las noches. El sistema mixto consiste en mantener las plantas en interior durante la fase de crecimiento y sacarlas al exterior para florecer. En interior se germinan y se hacen crecer bajo lámparas y con un fotoperiodo 18/6, que produce un gran y rápido desarrollo. Cuando las plantas alcanzan el tamaño deseado se sacan al exterior (o a un invernadero) para que florezcan bajo el fotoperiodo natural. De este modo, además, las plantas están en interior en diciembre y enero, que son los meses más fríos, y se sacan en febrero, o incluso en marzo, cuando la temperatura es algo menos baja. En el cultivo mixto interior-exterior, el tamaño final de la planta dependerá del que tenga cuando la saquemos al exterior. Por tanto, si queremos que se hagan grandes, hay que dejarlas crecer bastante en interior antes de ponerlas fuera.

Si las raíces del cannabis están calientes, la planta soporta bastante bien el frío en las ramas y las hojas

Las plantas de invierno suelen ser más débiles y la mayor humedad existente puede favorecer la aparición de hongos y mohos, por lo que se deben extremar los cuidados. Si hay heladas o temperaturas cercanas a los cero grados, las plantas no sobrevivirán y, si lo hacen, crecerán muy lentamente. Siempre que sea posible conviene poner las plantas a cubierto los días que amenacen heladas o tormentas. Si las marías están plantadas en el suelo no es fácil darles calor, en cambio, si crecen en macetas es posible aislarlas del frío de diversas maneras. La más simple consiste en elevar las macetas del suelo colocándolas sobre un trozo de madera o, mejor aún, de corcho. La madera y el corcho evitan que el tiesto se enfríe demasiado al estar en contacto con el suelo. Es recomendable usar macetas negras, ya que absorben mejor el calor del sol. En algunos grow shops se pueden encontrar macetas de porexpán, ese corcho blanco que se usa en los embalajes. Estas macetas son aislantes y ayudan a mantener las raíces calientes cuando hace frío. Si las raíces del cannabis están calientes, la planta soporta bastante bien el frío en las ramas y las hojas.

 

Invernaderos

En un invernadero, la temperatura sube bastante durante el día, cuando el sol lo calienta, sin embargo, por la noche difícilmente se conseguirán más de cuatro o cinco grados más que en el exterior, por lo que para cultivar cannabis en invernadero en aquellos lugares donde las temperaturas bajen mucho por las noches será necesario calentarlo de alguna manera. Se puede calentar con una estufa de butano, que, además, aportará CO2 al ambiente, algo muy positivo para las plantas. El butano es efectivo pero caro, una bombona no durará más de una o dos semanas. Otro sistema es fabricar una estufa de leña con un bidón de hierro y unos tubos de chimenea, que expulsarán el humo al exterior después de haber recorrido toda la longitud del invernadero. Si se fabrica bien de modo que se pueda cerrar el tiro para que la leña se consuma lentamente, puede ser uno de los sistemas más prácticos y baratos, siempre que el cultivador pueda conseguir la leña a buen precio o recogerla él mismo del bosque.

 

Autoflorecientes en invierno

Las variedades autoflorecientes realizan todo el ciclo de crecimiento y floración en un tiempo récord, que suele oscilar entre dos y tres meses. Suelen ser plantas pequeñas cuya producción depende de la cantidad de horas de sol que reciben. En invierno, si se cultivan sin alargar el fotoperiodo, acabarán de florecer con un tamaño mínimo y una producción realmente ridícula (unos pocos gramos). Sin embargo, cuando se alarga el fotoperiodo añadiendo luz artificial y se controla la temperatura para que se mantenga por encima de quince o veinte grados durante el día y no baje mucho por la noche, la producción aumenta bastante. Gracias a su pequeño tamaño resulta fácil construir invernaderos para ellas o moverlas dentro de casa cada día cuando se hace de noche para alargar el fotoperiodo y mantenerlas calientes. Otra ventaja de su pequeño tamaño es que permite cultivarlas en el alféizar de una ventana, algo casi imposible con cualquier otra variedad.

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