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"Si somos novatos, lo mejor es cavar un gran agujero para cada maceta y rellenarlo con sustrato comercial mezclado con humus de lombriz"
Si queremos plantar en el suelo, necesitaremos buena tierra. Antes de sembrar debemos evaluar la calidad de la tierra que hay. Un buen sustrato debe contener suficiente materia orgánica, ser capaz de absorber bastante humedad y, al mismo tiempo, drenar el exceso de agua para que no permanezca constantemente encharcado. Haremos un pequeño agujero y nos fijaremos en cómo es la tierra y de qué está compuesta. Principalmente, un suelo puede ser arcilloso, arenoso o mixto, en función de si está principalmente compuesto por arcilla, arena o una mezcla de ambos. Además, puede contener o no más o menos cantidad de materia orgánica.
Por lo general, los suelos muy arcillosos son pesados, se empapan demasiado, y las raíces no los pueden penetrar fácilmente y suelen sufrir falta de oxigenación. Los suelos muy arenosos drenan muy bien y están oxigenados pero no absorben casi agua, por lo que requieren riegos muy constantes. La materia orgánica nunca sobra y casi siempre falta, por lo que incluso los suelos mixtos equilibrados se benefician de la incorporación de compost, estiércol y humus de lombriz.
La germinación es siempre el momento más delicado: es mejor hacerla en una maceta pequeña, en un lugar vigilado.
Si somos un cultivador novato, probablemente lo mejor que podemos hacer es cavar un gran agujero para cada maceta y rellenarlo con sustrato comercial mezclado con humus de lombriz. Es el sistema más fácil de no equivocarse. Si estamos dispuesto a arriesgar un poco más o no queremos comprar tanta tierra, haremos los agujeros y mezclaremos la tierra que hemos sacado con estiércol, humus de lombriz, turba o compost para aportar materia orgánica, y con algo de perlita si necesitamos aumentar el drenaje. Si la tierra ya tiene un buen drenaje porque contiene mucha arena, podemos ahorrarnos la perlita pero incorporaremos por lo menos un tercio de materiales orgánicos que aporten nutrientes y aumenten la absorción de agua. Al realizar la mezcla del sustrato es buena idea añadir micorrizas en polvo, pues estimulan la vida de los microorganismos del suelo, establecen relaciones de cooperación con las plantas y, en general, producen un suelo más sano y fértil.
En una semana, estas plantas estarán listas para el trasplante definitivo al suelo.
Siembra las plántulas en el suelo arado, bien separadas y con un alcorque para cada una que recoja el agua de riego.
"En las primeras semanas protegeremos las plantas de las lluvias intensas, los vientos fuertes y las temperaturas extremas"
El riego es casi con toda seguridad donde más errores cometen los principiantes, especialmente cuando las plantas son pequeñas y crecen en macetas, donde es fácil regar en exceso y mantener la tierra siempre empapada por miedo a que les falte agua. Una vez que las plantas son más grandes y han sido trasplantadas al suelo, es más difícil matarlas por exceso de riego, ya que la tierra de alrededor va absorbiendo parte del agua y las raíces también pueden extenderse a zonas del terreno más secas. En cualquier caso, para evitar podredumbre en las raíces es muy importante que el sustrato drene bien, algo que se consigue mezclando una buena proporción de perlita. Si usamos sustrato especial para el cultivo de cannabis, este suele contener ya suficiente perlita.
El cannabis es una especie fuerte y resistente capaz de medrar en condiciones muy diversas, pero para lograr una alta producción y primera calidad necesita vivir bien. Sobre todo en las primeras semanas protegeremos las plantas de las lluvias intensas, los vientos fuertes y las temperaturas extremas. También tendremos especial cuidado con las heladas tardías, que a veces se pueden dar incluso en el mes de abril, y que podrían matar las plántulas en cuestión de horas.
Cuanto más sol reciban las plantas, mejor producción y calidad darán.
En días muy calurosos se puede reducir la temperatura utilizando mallas de sombreo de entre el 20 y el 40%. El sol veraniego es tan intenso que las plantas no van a echar de menos ese 20-40% menos de luz, y sí agradecerán que la temperatura y la evaporación de agua del suelo se reduzcan. Los invernaderos son la solución perfecta para proteger las plantas de las lluvias torrenciales, sobre todo al final de la floración, cuando los cogollos son más sensibles a la humedad. Con un poco de ingenio no es difícil construir pequeñas estructuras individuales para cubrir cada planta con plástico en los días de lluvia. En zonas con mucho viento se pueden sembrar barreras vegetales para frenarlo; usaremos preferiblemente especies altas y de rápido crecimiento, como el maíz o los girasoles gigantes, que crecen tan rápido o más que el cannabis.
Las ramas bajas, finas y débiles no se desarrollarán bien; lo mejor es podarlas para concentrar la energía en las puntas principales.
La intensa luz solar y el espacio para que se extiendan las raíces hace que el crecimiento de una planta en el suelo tenga un vigor difícil de conseguir con macetas.
En los últimos años, además de las plagas provocadas por insectos y hongos, los cultivadores sufren cada vez más la plaga humana. Los ladrones de plantas son cada día más numerosos: durante los meses de crecimiento van detectando las plantaciones y actúan en los últimos días o semanas antes de la cosecha. Se aprovechan del duro trabajo del cultivador y no tienen reparos en robar las plantas cuando ya están listas. Si queremos evitarlos, debemos planificar bien el cultivo para que no se vea desde el exterior del jardín. Podemos instalar una protección perimetral con malla o brezo, sembrar arbustos espinosos como las zarzas o crear un seto de bambú u otras especies de crecimiento alto y rápido. Además, debemos intentar que el olor no se detecte fácilmente. Esto no es nada fácil, pero se pueden tomar algunas medidas: plantar el cannabis lo más alejado posible de la calle y sembrar tantas especies aromáticas como podamos. Si los ladrones no ven las plantas y no pueden identificar claramente el olor, es más difícil que se decidan a entrar a robar. Un perro suelto en el jardín y alguna cámara de vigilancia también ayudan. Hoy en día, hay cámaras baratas que se alimentan con una pequeña placa solar y se comunican por wifi, por lo que se pueden instalar en el jardín sin necesidad de cableado. Si buscamos una con sensor de movimiento, pueden hasta avisarnos si alguien se cuela en el jardín y se acerca a las plantas.
A finales de agosto, esta planta ya supera los tres metros de altura y promete una gran cosecha.
Sativa lenta todavía a mitad de floración en noviembre, esperando que el otoño la respete.
Un pH demasiado alto en las raíces ha provocado un déficit de hierro en esta planta que se corregirá ajustando el pH del agua de riego.
Plantar en el suelo es la forma en que más nos gusta cultivar cannabis.