8 Claves para la mejor tierra

Ocho claves para hacer la mejor tierra

José T. Gállego
Este artículo se publicó originalmente en el número 256 de la revista Cáñamo España

La tierra es el medio en el que viven las raíces, que son las responsables de absorber el agua y los elementos minerales que las plantas necesitan para su desarrollo. La composición y consistencia del sustrato son muy importantes para el desarrollo del cultivo y pueden marcar la diferencia entre una buena y una mala cosecha. El sustrato ideal para el cultivo de cannabis debe ser ligero y poco compacto, para que las raíces y el oxígeno puedan penetrarlo con facilidad, almacenar suficiente agua pero drenar bien, no mantenerse empapado y ser fértil y nutritivo.

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¿Quieres saber más? 

La tierra o sustrato debe proteger las raíces del exterior, proveerlas de agua, nutrientes y oxígeno y albergar los microorganismos que se encargan de descomponer los abonos y la materia orgánica que contiene, lo que genera nuevos nutrientes. Para ello, un substrato debe ser capaz de retener agua, contener nutrientes y permitir respirar a las raíces gracias a un drenaje suficiente. 

En líneas generales, prácticamente todos los sustratos para cultivo contienen turba, perlita y abonos, aunque algunos sustituyen la turba por fibra de coco. Si son sustratos corrientes suelen llevar pequeñas cantidades de abonos químicos (las formulas Light Mix) o cantidades más elevadas (las formulas All Mix). Los sustratos orgánicos o ecológicos sustituyen los abonos químicos por abonos orgánicos, como el humus de lombriz, la harina de algas o el guano de murciélagos. Los sustratos comerciales suelen dar buen resultado, por lo que no recomiendo a los cultivadores principiantes que se compliquen preparando su propia mezcla. Es mejor comprar el sustrato listo para usar y concentrarse en las plantas.

Un substrato debe ser capaz de retener agua, contener nutrientes y permitir respirar a las raíces gracias a un drenaje suficiente

Cuando se tiene algo más de experiencia sí puede ser interesante empezar a tunear el sustrato, sobre todo añadiendo abonos orgánicos que aportan nutrientes de máxima calidad y fomentan la vida microscópica en la tierra. 

En un gramo de tierra hay millones de seres vivos: bacterias, hongos y levaduras, que generan fertilidad, mantienen las raíces sanas y evitan la proliferación de muchas plagas. No solo ayudan a producir nutrientes y a que las raíces los absorban sin esfuerzo, además, producen hormonas que estimulan el crecimiento de las plantas. Los abonos orgánicos como el estiércol, el compost y el humus de lombriz o lombricompost contienen muchos microorganismos. Pero también se pueden aplicar sobre la tierra productos comerciales específicos que contienen millones de ejemplares de una gran gama de especies beneficiosas. 

Por lo general, se mezclan con el sustrato cuando se llenan las macetas o se aplican disueltos en agua con una regadera después de trasplantar las plantas. Aumentan el crecimiento de las plantas y sus raíces, el vigor general y la producción de biomasa. Las bacterias permiten que las plantas absorban mayor cantidad de agua y nutrientes y aportan al cultivo fitohormonas como auxinas, giberelinas y citoquininas.

Cogollo de marihuana
Los grandes cogollos siempre salen de una buena mezcla de tierra

Cuidar la tierra durante el cultivo

Las plantas que viven directamente en el suelo lo tienen mucho más fácil, pues sus raíces pueden extenderse en cualquier dirección en busca de agua o nutrientes. En macetas, la situación es bien distinta: las raíces deben contentarse con una pequeña cantidad de tierra, por lo que esencial mantener las condiciones de esa tierra lo mejor posible. Para que las raíces crezcan sanas es importante que la tierra no permanezca siempre empapada; es beneficioso que se seque bastante entre riego y riego. El problema con los sustratos con base de turba es que resulta muy difícil rehumedecerlos una vez se secan. El agua parece resbalar por encima del sustrato y se escurre hacia los agujeros de drenaje sin apenas mojarlo. 

El cultivador debe aprender a esperar a que la tierra se seque lo suficiente para que las raíces respiren pero no tanto que sea difícil mojarla de nuevo. Si sucede esto último se puede hacer que el agua empape más fácilmente añadiéndole un par de gotas de jabón concentrado tipo Fairy. 

A veces, cuando la tierra se seca, se contrae y se separa de las paredes de la maceta, lo que provoca que las raíces que hay en esa zona mueran. Cuando veamos aparecer una rendija entre la tierra y la maceta, debemos añadir un poco de tierra nueva para taparla. Podemos mezclar un poco de humus de lombriz con la tierra para aportar un extra de nutrientes a mitad de cosecha. 
 

Hojas con carencias
Si faltan nutrientes en la tierra, las hojas mostrarán carencias.
Tierra para cultivar
Mezcla bien todos los ingredientes para que el sustrato sea homogéneo.
Planta sobrefertilizada
No abuses a la hora de incorporar abonos o sobrefertilizarás las plantas.
Sustrato para cultivo
La turba rubia es el principal ingrediente de la mayoría de los sustratos.
Perlita
La perlita aporta drenaje y muy poco peso.
Humos de lombriz
El humus de lombriz es el abono orgánico más recomendable para cultivar cannabis.
Estiércol de caballo
El estiércol de caballo es un gran aditivo para los cultivos de exterior.
Reciclar el sustrato 

La mayoría de los cultivadores de cannabis renuevan el sustrato tras cada cosecha para que la nueva plantación parta de las mejores condiciones posibles. Sin embargo, es posible utilizar el sustrato varias veces, especialmente si se ha hecho una buena mezcla rica en nutrientes orgánicos. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los abonos orgánicos se descomponen lentamente, y en los pocos meses que dura el cultivo de una planta de marihuana, no llegan a agotarse. La técnica más recomendable para reciclar el sustrato es muy sencilla, y básicamente se trata de dejar que la naturaleza actúe. Una vez hayamos cosechado la planta deberemos sacar la tierra de la maceta. Si la planta estaba sana, lo más probable es que las raíces hayan colonizado toda la tierra y el pan de raíces forme un bloque compacto. Para facilitar el proceso conviene romper la tierra y desmenuzarla un poco. Si resulta fácil separarlos conviene sacar la base del tronco y las raíces más gruesas, pero no es imprescindible, siempre se puede hacer al final del proceso. 

Para potenciar la descomposición de las raíces y otros restos que queden de la cosecha anterior, hay que añadir microorganismos y nutrientes

Para potenciar la descomposición de las raíces y otros restos que queden de la cosecha anterior, hay que añadir microorganismos y nutrientes. La forma más recomendable de hacerlo es incorporar entre el diez y el veinte por ciento de humus de lombriz a la tierra, que contiene millones de microorganismos y suficientes nutrientes para alimentarlos. En este momento también se pueden añadir otros abonos orgánicos para enriquecer más el sustrato pero sin pasarse. La nueva mezcla debe humedecerse y dejarse reposar durante unas semanas para que los microorganismos hagan su magia. Es importante protegerla de las lluvias intensas para que no laven los nutrientes. La temperatura condiciona mucho la velocidad de desarrollo de los microorganismos. Si el tiempo es cálido las raíces estarán descompuestas en dos o tres semanas, pero si hace frío pueden ser necesarios varios meses. 

La tierra puede reposar en un montón cubierto con un plástico, en las macetas definitivas, en sacos o en bidones. Pero es fundamental que esté siempre ligeramente húmeda y que no se seque, para que los microorganismos permanezcan activos. Cuando vayamos a usar el sustrato conviene fijarse en su textura y, si le falta ligereza y drenaje, se le puede añadir un diez o un veinte por ciento de perlita.
 

Ilustraciones: Jorge Parras