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Cannabis y energía
La prohibición tiene la culpa de que no se cultive más en exterior, donde no se consume nada de energía.
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El cultivo de cannabis en interior utiliza grandes cantidades de energía. Las lámparas de alta presión, que son las más habitualmente empleadas, dan mucha luz pero a costa de usar mucha electricidad. La consecuencia, aparte de las elevadas facturas, es un gasto energético muy poco ecológico. Sin embargo, tomando ciertas medidas, es posible reducir en parte este consumo y aumentar la eficiencia para lograr la máxima producción con el mínimo gasto eléctrico.

El consumo eléctrico anual en Estados Unidos es de cuatro billones de kilovatios hora (kW/h). Los expertos han calculado que el 1% de toda la energía eléctrica que se consume en Estados Unidos se dedica a los cultivos de cannabis de interior. Es decir, unos 40.000.000.000 kW/h se van en producir marihuana, más o menos la misma electricidad que gasta Nueva Zelanda en todo el año. No hay datos sobre cuánta electricidad se gasta en España en cultivar cannabis, pero teniendo en cuenta que el consumo total anual es de unos 250.000 millones de kW/h, el gasto en producción de cannabis seguro que supera los 1.000.000.000 de kW/h. Se considera que cada kW/h equivale a circular cuatro kilómetros en coche en cuanto a la producción de CO2, que, como sabemos, es un gas de efecto invernadero que contribuye al calentamiento global. Esto significa que la producción de gases de efecto invernadero atribuible al cannabis de interior cultivado en España equivale, al menos, al que produciría un coche que diera cien mil vueltas al planeta.

Cultivo interior o exterior

El principal motivo por el que se cultiva cannabis en interior es, sin duda, la situación legal. El cannabis es una planta fuerte y resistente, y el clima en casi todas las regiones españolas es muy adecuado para su cultivo. Si no fuera por la prohibición, casi nadie optaría por sembrar en interior, ya que en exterior se puede obtener una calidad muy parecida sin ningún gasto energético. Cultivando en invernaderos, donde las plantas se encuentran protegidas de las inclemencias del tiempo, no tiene por qué producirse peor calidad que en interior. En los estados norteamericanos donde se ha legalizado el cultivo, cada vez se produce más hierba en invernadero, pues resulta mucho más barata. Además, cubriendo y descubriendo el invernadero con una tela opaca a la luz, se puede controlar perfectamente el fotoperiodo y hacer que las plantas florezcan en el momento que se quiera, que suele ser en los meses de mayor intensidad lumínica y mejor clima. Un cogollo de una planta cultivada en invernadero y forzada a florecer en junio y julio, cuando el sol se encuentra más cerca de la Tierra, no tiene nada que envidiar a los mejores cogollos de interior, y ni ha consumido electricidad ni ha contribuido a calentar el planeta.

Producir luz y combatir el calor son esenciales para el cultivo y requieren mucha electricidad
Producir luz y combatir el calor son esenciales para el cultivo y requieren mucha electricidad.

Cuánto consume un ‘indoor’

Cultivar un gramo de cannabis en interior contamina, en producción de CO2, lo mismo que circular entre 5 y 15 km en coche

Una cosecha estándar en interior necesita alrededor de un mes de crecimiento y dos de floración. Con una lámpara de 600 W, la más común entre los cultivadores, si en la fase vegetativa se emplea el fotoperiodo 18/6, en un mes se consumen 324 kW/h. En los dos meses de floración con fotoperiodo 12/12, se gastan 432 kW/h. El total por cosecha asciende, al menos, a unos 750 kW/h para una producción de entre 200 y 600 g, según la variedad y la habilidad del cultivador. Esto quiere decir que, por cada gramo de cannabis, se consumen entre 1,25 y 3,75 kW/h. En otras palabras, cultivar un gramo de cannabis en interior contamina, en producción de CO2, lo mismo que circular entre 5 y 15 km en coche.

Con estos datos no quiero decir que haya que dejar de cultivar cannabis en interior, al fin y al cabo muchas actividades humanas generan gases de efecto invernadero y no por eso las eliminamos. Por ejemplo, se calcula que la producción de un kilo de carne equivale en los peores casos a circular 1.600 km en coche, aunque utilizando las técnicas más eficientes de ganadería se puede reducir a poco más de 100 km. Lo que sí parece razonable es intentar utilizar sistemas de mayor eficiencia para, al menos, mantenerse en el rango más bajo posible y aprovechar al máximo cada kilovatio empleado.

Los fluorescentes son una buena alternativa para el crecimiento de las plántulas.

La eficiencia en el cultivo

La combinación de distintas técnicas y tecnologías puede reducir considerablemente el consumo energético de un cultivo de cannabis de interior hasta el punto de necesitar menos de un kilovatio hora por gramo de cogollo. Algunas de las medidas que se pueden aplicar para que el indoor gaste menos son: usar lámparas eficientes y fotoperiodos alternativos, sustituir las bombillas antes de que pierdan lúmenes, reducir la cantidad de calor dentro del cuarto de cultivo, emplear acondicionadores de aire de clase A, cultivar variedades productivas y resistentes, pasarse al cultivo con ledes.

Un armario de cultivo equipado con una lámpara HPS de 600 W, un ventilador y un extractor gasta, a lo largo de los tres meses que dura la cosecha estándar (un mes de crecimiento y dos de floración), unos 250 € solo en electricidad, sin contar el gasto necesario para comprar todo el equipo. Un buen cultivador con experiencia que plante una variedad de calidad y productiva puede obtener 500 o 600 g por cosecha, mientras que un cultivador inexperto, poco cuidadoso o que plante una variedad mala y poco productiva apenas llegará a la mitad. Al final, el coste por gramo puede ser del doble si las cosas no se hacen bien. Por tanto, la eficiencia puede doblarse simplemente usando mejores técnicas y cultivando mejor. No solo nuestro bolsillo lo agradecerá, el planeta también.

La factura de la luz es el mayor gasto de un cultivo de interior.
La factura de la luz es el mayor gasto de un cultivo de interior.

Fotoperiodos para ahorrar

La costumbre en interior es usar el fotoperiodo 18/6 en crecimiento y 12/12 en floración, pero hay algunas alternativas que pueden resultar muy efectivas y reducir considerablemente el gasto energético, sobre todo durante la fase vegetativa de crecimiento. Con fotoperiodos de noches de nueve horas o menos las plantas crecen y no florecen. Por tanto, se puede usar 17/7, 16/8 o 15/9, que supone un ahorro del 6%, 12% y 17%, respectivamente.

Un fotoperiodo muy interesante para el crecimiento es el 12+1/11, que consiste en dar doce horas seguidas de luz y una hora más a mitad de las doce horas de oscuridad. La hora extra rompe la noche, lo que evita que las plantas florezcan pero manteniendo las horas de iluminación en 13 en lugar de en 18, lo que supone un ahorro del 28% en la factura eléctrica. El fotoperiodo 12+1/18 hace que las plantas crezcan un poco más lentamente pero no demasiado, y tiene otras ventajas añadidas: las plantas empiezan a florecer más rápidamente cuando se cambia al fotoperiodo 12/12 y se estiran bastante menos, algo muy útil en el cultivo de interior, donde las plantas bajas y ramificadas resultan más productivas y eficientes a la hora de aprovechar la luz.

Elevar el CO2 permite aumentar la productividad de las plantas fácilmente.
Elevar el CO2 permite aumentar la productividad de las plantas fácilmente.

Cambio de lámparas

A lo largo del año, una lámpara con doce meses de uso puede dejar de producir entre 100 y 300 g

Las lámparas de alta presión, tanto las de sodio como las de halogenuros metalizados, van perdiendo lúmenes lenta pero progresivamente. Según marcas y modelos, la pérdida suele ser de en torno al 10% en las primeras 5.000 a 12.000 horas, y otro 10 al 20% en el resto de la vida útil de la lámpara, que suele ser de unas 20.000 o 30.000 horas. El problema no es solo que se pierdan lúmenes, sino que el consumo se mantiene igual. Puede parecer que un 10% no es mucho, pero, en cada cosecha con un lámpara de 600 W, se pierden entre 20 y 60 g, según lo productiva que sea la variedad y la habilidad del cultivador. A lo largo del año, una lámpara con doce meses de uso puede dejar de producir entre 100 y 300 g. Si la lámpara tiene dos o tres años, la pérdida puede doblarse o, incluso, triplicarse. Y el gasto energético seguirá siendo el mismo. Las bombillas de mejor calidad pierden lúmenes más lentamente y compensan, de sobra, su mayor precio. Mi consejo es cambiar las lámparas cada año o, como mucho y si son de buena calidad, cada dos años. Los balastros electrónicos también son más eficientes que los magnéticos, y, si son regulables, permiten reducir la potencia lumínica durante las primeras semanas de crecimiento, cuando las plantas necesitan menos.

Limpia regularmente las bombillas y los reflectores, el polvo acumulado reduce los lúmenes innecesariamente. Usa un paño mojado en alcohol para limpiar las bombillas (siempre deben estar apagadas, frías y desenchufadas, para evitar accidentes). Coloca material reflectante tipo Mylar en las paredes para maximizar la reflexión de la luz y aprovecharla al máximo.

Cuanto más cerca esté la lámpara de las plantas, más luz podrán aprovechar
Cuanto más cerca esté la lámpara de las plantas, más luz podrán aprovechar, siempre que la temperatura no sea excesiva.

Lámparas de ledes

Sin duda, el futuro está en los diodos o ledes. Gracias a esta tecnología se puede producir luz sin apenas pérdida energética en forma de calor. Cada año, los ledes de cultivo mejoran, y lo mismo sucede con la producción. Hoy por hoy siguen siendo muy caros, y muchos cultivadores se resisten a comprarlos por las dudas sobre su rendimiento y el mayor precio de compra, pero cada vez está más cerca el momento en que todos los cultivos estarán iluminados con ledes. Conozco algunos cultivadores que ya están produciendo cannabis de alta calidad con este tipo de iluminación, aunque suelen comprar los diodos directamente a las fábricas chinas y montan sus propias lámparas en casa.

Una de las grandes ventajas de los ledes es que duran mucho más; pueden llegar hasta las 50.000 horas sin apenas pérdidas de luz, además, producen toda la luz dentro del rango aprovechable por las plantas y casi no se pierde energía en forma de calor, sino que toda se convierte en luz. La menor producción de calor hace que no sea necesario emplear un acondicionador de aire y, si se usa, su consumo será mucho menor que con otro tipo de lámpara. Los ledes más modernos llegan a producir hasta dos lúmenes por vatio, mientras que las mejores lámparas de alta presión no superan 1,5 lm/W.

La mayor calidad posible

¿Es caro el aire acondicionado?

Está claro que un cuarto de cultivo con aire acondicionado consume más electricidad que uno que mantenga la temperatura controlada solo con un extractor. Pero, cuando tenemos en cuenta que un mejor control del clima es muy probable que resulte en mayor producción y que permita cultivar también en verano, quizás no sea mala idea pese al sobrecoste. Si se cultiva todo el año, se pueden hacer cinco o seis cosechas frente a tres o cuatro si hay que parar en los meses de más calor. Además, si la temperatura se mantiene en el rango óptimo, las plantas se encontrarán más cómodas, producirán más y tendrán menos plagas, con lo que, al final, es muy probable que el consumo de electricidad por gramo producido no sea más alto que sin aire acondicionado, y la calidad seguramente será mejor.

El consumo eléctrico del aire acondicionado puede reducirse bastante sacando los balastros de las lámparas fuera del cuarto de cultivo; no olvidemos que son responsables del 30% del calor que desprende la lámpara. Los reflectores refrigerados por aire también van muy bien para extraer el calor de la bombilla antes de que se reparta por la habitación.

Los acondicionadores más eficientes, los de clase A, llegan a producir el doble de frío por vatio que los menos eficientes. Gastando un poco más en el momento de la compra, se puede ahorrar mucho dinero después en la factura eléctrica.

Llenar el espacio con el máximo número de cogollos
La auténtica clave de la eficiencia es llenar el espacio con el máximo número de cogollos.

Aumenta el CO2

Aumentando el nivel de CO2 en el aire desde las 400 ppm que hay naturalmente hasta 1.000 ppm, la producción puede crecer hasta en un 30% y la temperatura óptima se eleva desde 22-25 ºC hasta 27-30 ºC, lo que también reduce las necesidades de refrigeración y el consumo del aire acondicionado. El coste del generador de CO2 se amortiza rápidamente, gracias a la mayor producción y el menor consumo eléctrico.

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