Colores otoñales en el cannabis: los cogollos morados, rojizos o azules
La gama de tonalidades dentro de la misma hoja es fantástica. Fotos: José T. Gállego

Colores otoñales en el cannabis: los cogollos morados, rojizos o azules

Este artículo se publicó originalmente en el número 284 de la revista Cáñamo España

Los cogollos de la mayoría de las variedades de marihuana son de color verde, más intenso si las plantas están muy abonadas, más claro o amarillento si el cultivador ha dejado de fertilizarlas durante las últimas semanas antes de la cosecha. Sin embargo, algunas plantas adquieren tonos muy diferentes cuando maduran: colores rojizos, morados, azulados, violetas e, incluso, casi negros. Suelen ser muy apreciadas por los cultivadores, y los bancos de semillas las bautizan con nombres como Blueberry, Purple Haze, Panama Red o Black D.O.G. En realidad, el secreto de estas tonalidades se encuentra en los antocianos o antocianinas, unos pigmentos muy especiales que son más abundantes en ciertas variedades o que se muestran bajo ciertas condiciones.

Los consumidores de cannabis siempre quieren novedades y probar cosas distintas. Por eso los criadores de semillas buscan genéticas con olores distintos: a mango, chicle de fresa, galletas de chocolate, chuletas a la barbacoa o cualquier otro matiz peculiar. Los colores de los cogollos son una característica que se ve a primera vista, incluso cuando están dentro de una bolsita, por lo que son un gran atractivo comercial. Desde hace décadas, los colores han formado parte de la denominación de las distintas variedades cannábicas, aunque por distintos motivos: Panama Red, una de las variedades famosas en los años sesenta y setenta, se llamaba roja por la tierra de este color característica de la región panameña donde se cultivaba; Santa Marta Gold era una variedad de montaña de las sierras colombianas conocida por su color muy claro y su efecto estimulante; Purple Afghani era una índica kush seleccionada por sus colores morados, y Blueberry es una variedad polihíbrida, que fue creada y estabilizada en los años ochenta por el famoso criador DJ Short, que produce cogollos de colores azulados.

Las antocianinas o antocianos son los pigmentos responsables del color morado en el cannabis. El término antociano deriva de la fusión de dos palabras de origen griego, anthos, que significa ‘flor’, y kyáneos, que significa ‘azul’. Son una familia de pigmentos que están presentes en las células de muchas plantas y que las colorean de rojo, púrpura, azul, y en los casos más oscuros pueden dar un tono casi negro. Hay cientos de moléculas distintas que pertenecen a la familia de las antocianinas, de ahí la enorme gama de colores que producen. Por ejemplo, la pelargonidina da rojos y naranjas; la delfinidina, azules; la malvidina, púrpuras; las flavonas, amarillos, y la cianidina, violetas. Como pueden aparecer varias simultáneamente en el mismo tejido, su combinación crea nuevos colores, por lo que la gama de tonos es inmensa.

"Además de aportar color, los flavonoides protegen los tejidos de los daños que causan las radiaciones ultravioletas"

Los antocianos son parte de la familia de los flavonoides, unas moléculas que se generan como metabolismos secundarios en las plantas. Son pigmentos muy habituales en verduras y frutas de color oscuro, como las berenjenas, las cerezas, las uvas, las moras y las ciruelas. Los antocianos están presentes en las flores y las hojas del cannabis en cantidades considerables de hasta el 2,5% del peso seco.

Además de aportar color, los flavonoides protegen los tejidos de los daños que causan las radiaciones ultravioletas, regulan el trasporte de la hormona auxina, ayudan a combatir algunos hongos y generan sabores desagradables para mantener alejados a los herbívoros de las plantas en crecimiento o agradables para lograr que los herbívoros se coman los frutos y dispersen las semillas.

Hay variedades que tienen siempre una gran cantidad de antocianinas y muestran estos bellos colores en cualquier circunstancia y otras en las que solo aparecen cuando se dan ciertas condiciones, como un pH bajo en el sustrato o un descenso acusado de las temperaturas, siendo esta última situación la más habitual y a la que más variedades responden, adoptando colores rojizos o púrpuras. A menudo, las antocianinas ya están en las plantas pero no se ven porque las tapa el verde de la clorofila y es al final de la floración, cuando las plantas pierden el verde intenso, que aparece el rojo que había debajo.

¿Qué factores propician la aparición de estos tonos rojizos o morados en las plantas y cómo podemos potenciarlos?

La genética de cada variedad de cannabis es, sin duda, el factor más importante en la aparición o no de colores rojizos o morados. Tradicionalmente, las variedades índicas tipo kush eran más propicias a este tipo de tonalidades, aunque quizás la razón se encontrara en el clima más fresco que tenían en sus lugares de origen durante el final de la floración. De todos modos, también hay variedades rojizas tradicionales entre las sativas y, hoy en día, los criadores han conseguido desarrollar una gran cantidad de híbridos de todo tipo, con tendencia a adoptar este tipo de colores. En general, las plantas enrojecen más cuando se dan ciertas condiciones climáticas, especialmente noches de temperaturas frías, algo fácil de observar en exterior los años en que el clima del final del verano o del principio del otoño resulta más frío de lo habitual. Son temporadas en que las plantaciones de cannabis se colorean mucho más de lo normal, y este fenómeno se observa en muchas de las plantas, aunque no en todas con la misma intensidad.

Hay plantas en las que los tonos rojizos se ven en las hojas más grandes sin que los cogollos lleguen a enrojecer, en otras, sin embargo, el color inunda los cogollos y, a veces, hasta las glándulas de resina. La labor desarrollada por los criadores de los bancos de semillas ha sido fundamental para la aparición de variedades en las que los colores son visibles en cualquier condición y en todas las plantas, independientemente de las temperaturas.

La falta de ciertos nutrientes también tiene incidencia en el color expresado por las plantas. Por ejemplo, la falta de azufre puede producir líneas púrpura en los tallos, mientras que la carencia de fósforo puede enrojecer los peciolos de las hojas.

Las plantas suelen producir más antocianinas en las últimas semanas de vida como protección frente a la radiación ultravioleta, para que las flores aguanten mejor fértiles a la espera del polen y, si ya están madurando las semillas, para mantener alejados a los herbívoros hasta que estén completamente maduras.

"La genética de cada variedad de cannabis es, sin duda, el factor más importante en la aparición o no de colores rojizos o morados"

Los cultivadores que quieran cosechar plantas moradas deben comprar genéticas que tengan está característica. En la mayoría de los catálogos de los bancos de semilla se indican estos rasgos claramente, además de incluir referencias muy obvias en los nombres de las variedades: por ejemplo, cuando bautizan como Purple Haze a una planta, es fácil deducir que se suele poner morada en la floración. Hay muchas variedades, caras y baratas, con esta característica, no es nada extraordinario.

De todos los factores externos que potencian la expresión tonal de las antocianinas, el frío es el más claro y, en muchas variedades, es necesario que las temperaturas nocturnas en las últimas semanas antes de la cosecha sean bajas o, al menos, bastante más frescas que las temperaturas durante el día. Si hay una diferencia de diez grados o más entre la máxima y la mínima, la expresión del color púrpura es mucho más acusada que si las temperaturas se mantienen más estables entre el día y la noche. La coloración siempre es más intensa cuando hace frío por las noches, incluso en las plantas que se ponen moradas en cualquier circunstancia.

Un inconveniente poco explicado es que las condiciones que llevan a una mayor coloración de las plantas no son las mejores para lograr la máxima potencia psicoactiva. Cuando la temperatura es baja, el metabolismo de las plantas se ralentiza, lo que reduce la producción de resina y la síntesis de cannabinoides. En otras palabras, si estimulamos la producción de antocianos, no estimulamos tanto la producción de THC.

Parece haber una relación entre el pH del sustrato y la tonalidad que muestran las antocianinas: si la tierra es más ácida, los colores son más rojizos, y si es más alcalina, los tonos tienden al azul. Con un nivel de pH intermedio aparecen los púrpuras o morados, que nacen de la combinación de tonos rojos y azules. Desconozco si se han realizado experimentos con clones idénticos sometiéndolos a niveles de pH distintos para confirmar esta teoría, pero sería muy interesante.

Una técnica siempre recomendada es dejar de abonar las plantas durante una o dos semanas antes de la cosecha para que consuman los nutrientes acumulados en las hojas y reducir la cantidad de clorofila, lo que mejora el sabor final de los cogollos, aclara el color verde de las plantas y también facilita que se muestren los tonos morados provocados por las antocianinas.

Antocianos y medicina

Tanto los antocianos como la familia a la que pertenecen, los flavonoides, tienen propiedades medicinales. Hay estudios que muestras sus efectos antiinflamatorios, antioxidantes, anticancerígenos, antialérgicos y antibióticos.

De todas estas propiedades, la de antioxidante está especialmente documentada. Protegen contra los radicales libres responsables del envejecimiento y la degeneración celular. Parece que el consumo de flavonoides puede aliviar, reducir, retrasar o mejorar muchas dolencias, desde la artritis hasta el cáncer o el colesterol. La mejor fuente de flavonoides es la ingesta de verduras y frutas frescas, no debemos pensar que fumar un porro pueda protegernos contra todas estas enfermedades, aunque el cogollo tenga un intenso color morado. Es cierto que algunos estudios han demostrado que las antocianinas pueden llegar al cerebro atravesando la barrera hematoencefálica, por lo que no es descartable que puedan influir en los efectos del cannabis sobre la memoria a corto plazo o el aprendizaje.

Antocianinas halladas en el cannabis

Una veintena de antocianinas y flavonoides han sido aislados en las plantas de cannabis.

Apigenina: ansiolítico, sedante, antiinflamatorio, podría alargar el efecto del THC. Punto de ebullición: 178 ºC.

Cannaflavina A: antiinflamatorio. Por ahora solo se ha encontrado en el cannabis. Punto de ebullición: 182 ºC.

Cannaflavina B: antiinflamatorio. Por ahora solo se ha encontrado en el cannabis.

Cannaflavina C: antiinflamatorio.

Kaempferol: antidepresivo, anticancerígeno, contra enfermedades coronarias, antioxidante, antibacteriano, antivírico.

Luteolina: antioxidante, antiinflamatorio, antibiótico, anticancerígeno.

Orientina: antioxidante, antiinflamatorio, antibiótico, anticancerígeno.

Quercetina: antivírico, antimutagénico, antihistamínico, antioxidante, antiinflamatorio, posible utilidad en fibromialgia, IMAO (inhibidor de la monoaminoxidasa). Punto de ebullición: 250 ºC.

Silimarina: antivírico, antioxidante.

Beta-sitosterol: antiinflamatorio, anticancerígeno, antialopécico. Punto de ebullición: 134 ºC.

Vitexina e isovitexina: podrían ayudar en la enfermedad de la gota, anticancerígeno.

Es bastante probable que, al menos varias de estas moléculas, contribuyan al efecto psicoactivo total generado por el cannabis, del mismo modo que lo hacen los terpenos y otras moléculas presentes en la resina.

 

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