Grandes cogollos, enormes producciones, mucha seguridad y poco trabajo: un sistema perfecto.
Grandes cogollos, enormes producciones, mucha seguridad y poco trabajo: un sistema perfecto.

Sistema de riego por inmersión: automatismo sin complicaciones

Este artículo se publicó originalmente en el número 278 de la revista Cáñamo España

El riego diario de las plantas es una de las obligaciones más pesadas de cultivar en interior. A muchos cultivadores, después de una jornada laboral en sus trabajos habituales, les apetece muy poco tener que mezclar el agua y el abono, ajustar el EC y el pH y regar una a una todas las macetas. Hay quien opta por instalar un riego automático con un depósito, bomba de agua, programador, mangueras y goteros, pero siempre se corre el riesgo de que algo vaya mal, que aparezca una fuga y se ocasione un desastre, o bien que se estropee la bomba, las plantas no reciban riego y no nos demos cuenta hasta que sea demasiado tarde. Vamos a ver una opción diferente que permite estar varios días sin preocuparse del riego y sin que a las plantas les falte agua: el riego por inmersión.

Cuando empezamos a cultivar, la ilusión de ver las plantas creciendo hace que no nos importe dedicarles tiempo cada día. Es más, la mayoría de los cultivadores están deseando llegar a casa para ver cómo va el jardín, revisar las plantas, hacerles fotos y compartirlas con los colegas. Pasadas las dos o tres primeras cosechas, la ilusión ya no es la misma y la pereza empieza a aparecer. Hay días que regresamos cansados del trabajo y no nos apetece otra cosa que descansar en el sofá con un porro y una buena serie. Ese es el momento en que empezamos a dejar las cosas “para mañana”, y ahí es precisamente cuando surgen los problemas. Si las plantas necesitan riego y no se lo damos hasta el día siguiente, no se suelen morir pero tampoco crecen ni producen tanto como podrían. Las cosechas empiezan a ser menos productivas, las plantas no están tan sanas y la calidad de los cogollos disminuye. Es el principio del fin: el camino hacia el desastre y el abandono del cultivo. Incluso aunque mantengamos la ilusión y las ganas de dedicarles tiempo cada día, de vez en cuando las circunstancias nos lo impiden: queremos irnos un fin de semana fuera, tenemos un viaje de trabajo o surge alguna complicación que nos impide ocuparnos de ellas.

La primera idea que nos viene a la cabeza para no tener que estar pendientes de las plantas es instalar un sistema de riego automático, pero ni es tan fácil ni está libre de riesgos. Para empezar, hay que montar un sistema de desagüe que recoja el agua que drena de las plantas, algo que no siempre es sencillo. Imaginad, por ejemplo, que cultivamos en un armario de cultivo. Suelen tener unos dos metros de altura, lo que significa que están diseñados para colocar las plantas en el suelo. Veamos cómo se reparten estos 200 cm de altura. Las macetas miden unos 20 o 30 cm; las plantas suelen llegar al día de la cosecha con, al menos, un metro de altura; hacen falta entre 40 y 60 cm entre las puntas de las plantas y la bombilla; y la lámpara ocupa por lo menos unos 10 cm. Esto suma entre 170 y 200 cm, lo que ya es demasiado, pues hace que las lámparas estén casi tocando el techo, algo poco recomendable si tenemos en cuenta las temperaturas que alcanzan y lo inflamables que suelen ser los tejidos con los que se fabrican los armarios de cultivo. No queda espacio para elevar las macetas y colocarlas en una bandeja que permita recoger el agua de drenaje, algo bastante necesario si regamos con un sistema de goteros. ¿Cómo podemos resolver este problema? Se pueden cultivar plantas más bajas o poner lámparas led, que pueden situarse más cerca de las plantas. Pero también existe otra alternativa: el riego por inundación.

Un sistema que no falla

La mayoría de los sistemas de riego automático usan una bomba de agua que impulsa la solución nutriente hacia los goteros y un programador que la pone en marcha a las horas predeterminadas. El problema es que el agua se mueve, y cuando esa agua está en movimiento es cuando puede derramarse y causar estropicios. Las mangueras y los empalmes pueden tener fugas o, si se obturan los goteros, la presión del agua podría hacerlos reventar. Si la fuga de agua salpica un enchufe o una lámpara, puede haber un cortocircuito o estallar una bombilla. Nada de esto debería suceder en un cuarto de cultivo bien diseñado y montado, pero, como reza la primera ley de Murphy: si algo puede salir mal, saldrá mal. ¿Qué hacemos entonces?, ¿cómo prevenimos los fallos?

Estamos acostumbrados a regar las plantas echando el agua por la parte superior de la maceta, pero también es perfectamente viable regarlas por su parte inferior. La idea consiste en situar las macetas dentro de una bandeja llena de solución nutriente para que el líquido penetre por los agujeros de drenaje y empape lentamente la tierra.

El sistema de riego por inundación en bandejas o piscinas está pensado como un sistema a prueba de fallos que reduce al mínimo el trabajo del cultivador: solo hay que preparar solución nutriente cada cinco a siete días y llenar las bandejas con ella. Las plantas van absorbiendo lo que necesitan a lo largo de los días y cuando se acaba el líquido esperamos dos o tres días, hasta que la tierra esté casi completamente seca, antes de volver a llenar las bandejas. Es recomendable usar abonos de hidroponía, ya que no fermentan y mantienen el pH más estable a lo largo del tiempo. Los abonos orgánicos no son válidos, pues tienden a fermentar y producir mal olor.

Bandejas o piscinas

En cultivos pequeños con una lámpara, lo más fácil es comprar una bandeja de plástico de un metro cuadrado; son resistentes y difícilmente tienen fugas. En cultivos más grandes o espacios con formas irregulares, se puede construir un marco de madera con tablas de 15 cm de ancho y 2 cm de grosor, unidas por escuadras metálicas para sostener un lámina de caucho del que se utiliza para hacer estanques y balsas de riego. Este material, aunque no es barato, es muy resistente, difícil de pinchar y se puede grapar a la madera.

El proceso en detalle

Las macetas no pueden estar completamente sumergidas en agua, pues las raíces se ahogarían y las plantas morirían. La solución nutriente debe tener una profundidad máxima de 5 o 10 cm y las macetas deben tener una altura de 20 a 40 cm para que como máximo el 25% del sustrato se encuentre bajo el agua. Nunca se riega por arriba: el cultivador se limita a rellenar la bandeja o piscina y deja que las plantas absorban el agua. Es muy importante dejar que la bandeja se seque completamente y el sustrato casi completamente antes de volver a regar, para que las raíces tengan un periodo seco entre dos periodos húmedos. Solo así mantendremos las raíces sanas y evitaremos su asfixia por falta de oxígeno. Es recomendable instalar un burbujeador de acuario dentro de cada piscina, ya que cuanto más oxigenada esté la solución nutritiva, más fácilmente crecerán las raíces.

Otro punto importante que hay que tener en cuenta es la composición del sustrato para evitar una exceso de humedad. En general, cuanto mayor es el tamaño de la maceta, mayor cantidad de perlita debe contener el sustrato para aumentar la aireación de las raíces. Si la mezcla se empapa demasiado, las raíces no crecen bien y pueden surgir pudriciones y otros problemas graves. En este sistema, la absorción del agua se produce principalmente por las raíces del fondo de la maceta. Como regla general, el sustrato debe tener más perlita de lo normal cuando se riegan las plantas por su parte superior. Los sustratos ligeros, con un contenido de perlita entre el 20 y el 40%, funcionan bastante bien.

La altura máxima de la solución nutritiva en la piscina no debe exceder los 10 cm ni un cuarto de la altura de la maceta, para evitar que las raíces se pudran. El pH se debe ajustar entre 5,5 y 5,8. El nivel de sales o EC en la solución nutritiva debe ser tal que conforme pasan los días y las plantas absorben agua y nutrientes se mantenga más o menos estable. Si las plantas consumen más agua que nutrientes, el nivel de EC subirá progresivamente y puede llegar a niveles tóxicos, mientras que si sucede lo contrario cada vez habría menos nutrientes en el agua y podrían llegar a surgir deficiencias nutritivas. Solo conociendo bien la genética cultivada y las condiciones climáticas del cuarto se puede ajustar el nivel con precisión. Por esta razón, los mejores resultados se suelen obtener tras unas cuantas cosechas. En general, cuanto más alta es la temperatura más baja debe ser la EC. Una bandeja de un metro cuadrado, iluminada por una lámpara HPS de 600 W y dieciséis macetas de 10 l de capacidad, consumirá entre 50 y 100 l de solución nutritiva cada semana, dependiendo de la humedad ambiental, la temperatura y el tamaño de las plantas. En cuanto el cultivador tenga experiencia y sepa cuánta solución nutritiva usar, solo tendrá que regar las plantas una vez por semana y dejar que crezcan a su aire.

Las plantas no consumen la misma cantidad de agua durante todas las semanas del ciclo vital. En las primeras tres semanas necesitan relativamente poca agua y no tienen un sistema de raíces suficientemente desarrollado como para utilizar el riego por inmersión. Hay que tener en cuenta que hasta que las raíces no hayan colonizado completamente el sustrato, aunque se puede regar por inmersión, no conviene que las bandejas queden llenas de agua. Por eso es mejor añadir mucha menos cantidad de solución nutritiva, la justa para que la absorban en unas horas. Como las plantas son pequeñas, este riego debería ser suficiente para varios días, aunque puede que no para una semana completa. Siempre es conveniente dejar que la tierra se seque bastante antes de realizar el siguiente riego para potenciar la producción de raíces abundantes.

A partir de la cuarta semana podemos dejar mayor cantidad de agua en la bandeja para que las plantas se vayan acostumbrando a este sistema. También es recomendable medir de vez en cuando el pH y la EC del agua de las bandejas unos días después del riego para comprobar que no se hayan desviado mucho de los valores correctos, es decir: EC, entre 1 y 2, y pH, entre 5,5 y 6,5. Cuanto más oxigenada esté la solución nutritiva y más aireado sea el sustrato de cultivo, mejores resultados se obtendrán. En las dos últimas semanas de floración inundaremos las bandejas solo con agua, sin nutrientes, para forzar las plantas a consumir los minerales de reserva que tienen acumulados en sus tejidos.

 

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