Una visita al Instituto del Tiempo Suspendido de la mano de sus creadores, Raquel Friera y Javier Bassas
The Sleeping Theatre - El auditorio durmiente, obra de Camila Cañeque, artista cómplice del ITS.

“Como sociedad, hemos suspendido la asignatura del tiempo”

Una visita al Instituto del Tiempo Suspendido de la mano de sus creadores, Raquel Friera y Javier Bassas
Este artículo se publicó originalmente en el número 285 de la revista Cáñamo España

Los artistas Raquel Friera y Javier Bassas luchan contra la crononormatividad. Con ese objetivo han creado el Instituto del Tiempo Suspendido (ITS), con el que proponen reapropiarse de nuestro tiempo mediante la introducción y propagación, por vías diferentes, de “tiempo suspendido” en la sociedad. Desde el pasado marzo hasta el 26 de este mes de septiembre, el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC), de León, ha acogido como primera sede física este Instituto, también visitable en su propia web.

Me cito con Raquel Friera y Javier Bassas en la terraza del Antic Teatre, un oasis de silencio y libertad en el centro de Barcelona. Si nos centramos en su currículum, podemos decir que Raquel es una artista visual de largo recorrido y Javier es un filólogo con un doctorado en la Sorbona. Si dirigimos la atención a sus prácticas, podemos añadir que Raquel, como nuestra admirada Agnés Varda, se considera una escuchadora (de ecoutresse en francés). Raquel no escucha para comprobar si estás con ella o contra ella, sino para ver dónde aparece el matiz que nos puede enriquecer. Es una escucha atenta, tiene que ver con que te afecte lo que escuchas. Si te conmueve, si te toca alguna fibra interna, entonces estás escuchando. De Javier Bassas diremos entonces que tiene una doble vida como performer, bajo el pseudónimo de Félix Denuit, cuyos orígenes se remontan a noches dando botes en el escenario del Apolo al lado del malogrado DJ Sideral y que ahora canaliza con recitales polipoéticos en auditorios, visitas (des)guiadas a exposiciones o conferencias inaugurales en las que declina inaugurar el curso al que fue invitado a hacerlo.

¿Por qué crear un instituto y no un sindicato o un partido o una internacional, por mencionar tres tipos de agrupaciones?

Javier: Los sindicatos deberían renovarse mucho para valer la pena. Hay dos razones de peso.

Raquel: La primera es que una gran inspiración poético-política-literaria fue una novela turca, El Instituto para la sincronización de los relojes, de Ahmet Hamdi Tanpinar. La leí en Turquía, traducida al inglés, y me impactó mucho.

J: La segunda es que sí queremos instituir algo, algo institucional, como el Instituto Nacional de Estadística; queremos dotarnos de fuerza dentro de la sociedad porque consideramos que esta es una cuestión política de primera necesidad. Ese Instituto, la fuerza que tiene, es la de ser también un Destituto, porque lo que hay que destituir, desnaturalizar, es el tiempo. Y también es un Antiinstituto. No quiere ser algo apartado de filósofos y artistas, sino una institución con incidencia en la sociedad.

La tercera palabra del Instituto es Suspendido, que a mí me remite a los suspensos del colegio. En el diccionario de la RAE, su segunda acepción es “diferir por algún tiempo una acción”.

J: Hemos suspendido la asignatura del tiempo como sociedad. Por eso nace el ITS. Otras versiones no eran tan poéticas. Queremos difundir el arte de la cronodiversidad: practicar otros regímenes temporales que no sean el impuesto, naturalizado y productivista que implica una práctica artística. Tiene que haber algo de poesía.

R: Por eso está hecho desde el arte contemporáneo. Suspendido tiene más connotaciones que detenido. Entras en otro plano, que es lo que intentamos, ver otras formas de cronodiversidad.

En sus estatutos, ¿el ITS es más una sede que una exposición?

J: También es una exposición, por el hecho de exponernos y exponerte a otro tiempo.

R: Creemos que es un Instituto; no somos dos artistas que muestran su obra, sino que hay una intención de crear un espacio para debatir, criticar, crear otras relaciones con el tiempo. En este sentido, no estás entrando en una exposición al uso, sino que es una Institución que va moviéndose.

‘El desacelerador de neuronas’

En su primera sede, en el MUSAC de León, el ITS presenta un recorrido experiencial, pasa algo. No es suficiente con observar con distancia. Hay un presente intersubjetivo en el que, por ejemplo, el visitante se sienta delante de la terapeuta o consultora Raquel y le cuenta sus inquietudes sobre su uso del tiempo. Raquel está acostumbrada a escuchar las historias de mujeres que luego se transforman en sus obras. “La novedad es que ahora la obra se crea en directo, en la propia conversación. Puedo dar mi opinión porque llevo años trabajando en el tema del tiempo. Hablar del tiempo es hablar de la vida”, dice Raquel, convencida.

La siguiente estación es El desacelerador de neuronas. Una serie de libros que se exponen como un canon alternativo. Empieza por Rancière, Proust y Hamdi, y quedaron fuera, en esta sede, películas y proyectos artísticos, que se pueden consultar en la web (algunos de los cuales mostramos en la galería adjunta). “Son voces que vienen de muy lejos. Es aquello de Foucault de que yo no empiezo nada porque lo que me gustaría es meterme dentro de las voces que ya me preceden, te metes en esa corriente de voces que te acompaña”, dice Javier.

El ITS se enfrenta a la visión hegemónica del tiempo, ¿no es así?

J: Nosotros empezamos por oposiciones, la lucha contra el tiempo capitalista y productivo: a la productividad, a la pereza, etc. Nos dimos cuenta de que el ITS lo que tiene que hacer es desnaturalizar los regímenes temporales impuestos. En este caso, hoy en día, el régimen es el neoliberal, pero nuestra lucha es contra el régimen temporal impuesto como “natural” de una época. En la Grecia antigua, el ITS hubiera ido, por ejemplo, contra el tiempo dado por los dioses. El régimen natural no existe.

¿La experiencia con drogas sería un tiempo suspendido?

J: Cada uno que haga lo que quiera, pero que no consuma la experiencia, que la use. Cuando empiezas a consumir algo que es divino, como las sustancias, se convierten en mercancía. Se trata de ritualizarlas de alguna manera, usar las plantas para entrar en otra dimensión espacio-temporal.

R: Es importante distinguir las drogas que te permiten seguir con el ritmo capitalista de las que te sacan de la rueda productiva o que te permiten explorar, va por dos lados. En este sentido, el ITS recomienda la lectura de El nuevo desacelerador, un cuento de H.G. Wells en el que sus protagonistas se toman una droga que les hace ir ultrarrápidos y así experimentan el mundo de manera ultralenta.

El juicio al cronodelincuente

Al final del recorrido por la sede del MUSAC, el Laboratorio 987, su primera sede, Javier Bassas espera sentado en su mesa. Es la hora del juicio. Su cara es seria, su ropa sobria, su dicción clara. Pensado inicialmente como una performance, el contexto parece más de happening. Es una puesta en situación, que no en escena, un simulacro de juicio cuyos ejecutantes se toman en serio. Es difícil salir inocente de este juicio. Todos hemos sido o somos cronodelincuentes de alta o baja intensidad.

“Es una manera de poner sobre la mesa que muchos estamos con este problema, por qué nos sentimos así, cuánta parte es debida al sistema y cuánta a tu modus vivendi”, explica Raquel. “Es una cuestión política. Tendría que estar en las escuelas. Menos matemáticas, menos sintaxis y más asignaturas sobre el tiempo”, dice Javier. De hecho, Raquel y Javier terminaron hace poco una experiencia educativa con adolescentes, mediada por el MACBA, que duró veintidós semanas. Lo trabajaron muy vivencial, y tanto el resultado como la valoración de su alumnado fue muy positiva. “Les cambió la vida a los chicos. Con esto vamos a hacer un manual para que otros docentes o artistas apliquen esta metodología, porque hay muchos profesores que nos están escribiendo y nos parece necesario dejar una incidencia en los jóvenes”, dice Raquel. Estamos de acuerdo que sería revolucionario, que la sociedad cambiaría bastante si se incluyeran dos horas a la semana sobre el tiempo en la ESO.

Termino la charla proponiendo la idea de que el toque de queda y la manera de gestionar esta pandemia ha sido, quizás, la última estrategia para sostener la inevitabilidad de la crononormatividad. Y aquí no hablamos de negacionistas ni de conspiradores, sino de funcionarios, burócratas, una clase media a la que el miedo y la desinformación les lleva a pedir orden y regulaciones que son indudablemente contrarias a este mundo cronodiverso que los cómplices del Instituto del Tiempo Suspendido defendemos. “Desconfía de los crononormativos, como antes desconfiábamos de los que no tomaban drogas –me aconseja Javier–; nosotros, los primeros”.

En la prórroga, me cuentan sobre un coach del tiempo que les contactó para pedirles permiso para usar sus ejercicios. El señor tiene un libro de autoayuda sobre el tiempo y pretende usar los ejercicios de los cronodelitos, el consultorio temporal... Raquel y Javier se debaten en cómo responderle sin ser condescendientes. A Raquel le pasa a menudo que la gente malinterpreta sus proyectos: “A veces se creen que están del mismo lado que tú cuando en realidad lo estamos criticando a él”, dice. Ambos sospechan que es el mismo caso ahora. Hay una parte crítica que no es seguro se esté valorando en esta primera lectura superficial. Hay un cronodelito que habla de estos temas que usan los coach, como el recargar pilas, el slow, los spas, la búsqueda de momentos. Nada más alejado para los creadores del ITS.

Web del ITS: https://institutodeltiemposuspendido.es

“Poner el tiempo suspendido en el centro de la vida”

Por Raquel Friera y Javier Bassas.

Durante demasiado tiempo, nos hemos quedado sin tiempo. Es una experiencia cotidiana: no poder dedicar tiempo a un familiar que necesita cuidados, a un amigo que necesita una mano, a un texto que necesita una lectura más pausada, a una tarea que se enquista en nuestra agenda porque no produce nada o, simplemente, no tener tiempo para hacer algo sin pensar en un objetivo. Nosotros, Raquel y Javier, lo hemos vivido demasiadas veces. ¿Acaso no es “la” experiencia común de nuestras sociedades: el estrés, la angustia por no llegar a tiempo, por no producir, por no crecer, por no disfrutar, por no vivir lo suficiente?

De ahí surge el Instituto del Tiempo Suspendido (ITS), como una institución que pretende dotarse de fuerza para destituir las instituciones productivistas; como un espacio para albergar todas esas actividades que no remuneran económica ni simbólicamente, pero fomentan la cronodiversidad; como una estrategia artística, para revitalizar los formatos artísticos y orientarlos concretamente hacia la reinyección de tiempo suspendido en el centro en nuestras vidas.

Pero el ITS no nació ayer, aunque quiere mantener la frescura de lo que quiere explotar. No surge durante el confinamiento de marzo del 2020 ni por la pandemia aún intensa, aunque esta época demuestra sin duda la necesidad de lo que propone. Su fundación lleva cociéndose a fuego lento desde hace años, en cada uno de nosotros, como una necesidad vital compartida y como una respuesta a la mayor patología de nuestras vidas: la CRONONORMATIVIDAD…

Esta lucha contra la naturalización de unos tiempos impuestos no es una lucha abstracta: ¿cuándo te besas por primera vez?, ¿a qué edad quisiste tener trabajo?, ¿cuándo toca tener hijos y por qué? Y también, cotidianamente: ¿a qué ritmo trabajas?, ¿cómo se produce el estrés?, ¿a qué dedicas tus días festivos? Y sin olvidar: ¿cómo se cuenta la historia?, ¿qué determina un año fiscal?, ¿por qué hay ciclos electorales?

La crononormatividad atraviesa cada una de nuestras vidas, desde los ritmos de la cotidianeidad más íntima hasta los tiempos de la política y la sociedad. Poner la vida en el centro, como reivindica cierto feminismo, es para el ITS “poner el tiempo suspendido en el centro de la vida”.

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