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Carl Sagan, Mr. X y la marihuana

Ilustraciones: Cristóbal Fortúnez

“Es cada vez más evidente que nuestra sociedad no puede ser al mismo tiempo libre y libre de drogas”
Lester Grinspoon

Carl Sagan (1934-1996), cosmólogo, astrofísico, astrónomo y uno de los grandes divulgadores científicos del siglo xx, escribió un largo ensayo sobre sus experiencias con el cannabis bajo el pseudónimo de Mr. X. Este ensayo apareció como Marihuana reconsidered en 1971, libro editado por su amigo Lester Grinspoon. La identidad de Sagan como Mr. X fue hecha pública en 1999, cuando Keay Davidson publicó Carl Sagan. A life, y confirmada por Grinspoon.

Nucleares no

El 5 de febrero de 1987, Carl Sagan fue arrestado en Nevada, junto a 437 activistas, por intentar saltar una valla y entrar en una base aérea donde el ejército de Estados Unidos llevaba a cabo sus pruebas nucleares, cuando la URSS de Gorbachov ya las había suspendido unilateralmente.

Previamente, Sagan había publicado un artículo, “El invierno nuclear”, donde denunciaba la inacción de los políticos y científicos ante los peligros y consecuencias de una guerra nuclear. Para Sagan, la ciencia era utilizada con fines políticos y los científicos habían ignorado sus responsabilidades. Los científicos deben alertar al público de los peligros que son predecibles mediante la ciencia, y también de los peligros que entraña la propia ciencia. Sagan quería devolver a la ciencia su función de explorar el universo y hacer de él un mundo mejor. A causa de su compromiso, pese a su notoriedad y sus abundantes publicaciones en revistas académicas, no se le tuvo en cuenta para un puesto de profesor en Harvard y se le negó ser miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Sagan además, aunque lo llevó con bastante más discreción, era de la idea de que las experiencias inducidas por las drogas le ayudaban en sus investigaciones. Su mejor amigo era Lester Grinspoon, profesor de psiquiatría en Harvard, con quien compartió la pasión por la marihuana. La amistad, su común afición por la hierba y también el miedo al rechazo si se hacía público, llevó a Sagan a colaborar con Grinspoon en Marihuana reconsidered (Marihuana reconsiderada, literalmente traducida al español en una edición mexicana de los años ochenta).

La locura del porro

Cuando Grinspoon empezó a estudiar la marihuana estaba convencido de que era una droga “altamente perjudicial que lamentablemente estaba siendo utilizada de forma creciente por jóvenes insensatos que no querían escuchar o no podían comprender las advertencias sobre los peligros que entrañaba”. Su propósito era definir científicamente la naturaleza y el grado de dichos peligros.

Después de revisar la literatura científica sobre el cannabis, hubo dos cosas que le influyeron decisivamente: la primera en 1971, cuando su hijo David, afectado por una grave enfermedad, descubrió lo “milagrosamente útil” que le resultaba la marihuana para aliviar los síntomas, y segundo, en 1973, cuando empezó él mismo a consumir marihuana con un grupo de amigos entre los que se encontraba Carl Sagan.

“Llegué a comprender que, como a tantas personas, me habían lavado el cerebro por medio de un catecismo ubicuo que se basaba en el miedo, no en la ciencia. Marihuana reconsiderada reflejaba la modificación de mis puntos de vista. Mi consumo reforzó mi creencia de que se puede consumir marihuana para mejorar la experiencia y la comprensión personales, también se puede usar en la generación de ideas nuevas”. En un comentario que le hace un “científico anónimo” podemos escuchar el eco de las palabras de Sagan.

Según este: “Todo comenzó en 1961. Había hecho amistad con un grupo que fumaba cannabis de forma irregular. La euforia que produce el cannabis y el hecho de que no hubiera adicción fisiológica me convencieron para probar. Mis primeras experiencias fueron decepcionantes. Después de cinco o seis intentos fallidos, sin embargo, sucedió. Desde entonces he fumado ocasionalmente. Amplifica sensibilidades torpes y produce lo que para mí son efectos aún más interesantes”. En su opinión, la marihuana provoca en nuestros cerebros mejoras a nivel cognitivo: mejora de las capacidades cognitivas, como una mejora de la memoria episódica, mejor reconocimiento de patrones, una mayor creatividad y mayor capacidad de generar nuevas ideas. Y remataba: “La ilegalidad del cannabis es indignante, un impedimento para la plena utilización de un fármaco que ayuda a producir la serenidad y la introspección, la sensibilidad y el compañerismo, desesperadamente necesarios en este mundo cada vez más loco y peligroso”.

Hemisferio derecho

¿Por qué no vemos las estrellas de día? Según dice Sagan, en Los dragones del Edén (1993), las habilidades verbales del hemisferio izquierdo del cerebro oscurecen nuestra consciencia de las funciones intuitivas del hemisferio derecho, que en nuestros antepasados debe haber sido el principal medio para percibir el mundo. El hemisferio derecho está implicado en nuestra capacidad para recordar acontecimientos personales (memoria episódica), en las asociaciones entre conceptos e ideas muy diferentes, en el reconocimiento de patrones complejos, en la resolución creativa de problemas, en la percepción de ideas y perspectivas nuevas, en la apreciación del humor, en la comprensión de metáforas, en la consciencia de uno mismo, en la empatía con los demás. El hemisferio derecho sería como nuestra capacidad de ver las estrellas durante el día.

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Del mismo modo en que la luz del sol impide ver las estrellas durante el día. el brillo de nuestro hemisferio izquierdo oscurece nuestra consciencia de las funciones intuitivas del hemisferio derecho. “Me pregunto si, en lugar de mejorar algo, los cannabinoides simplemente suprimen el hemisferio izquierdo y permiten que veamos las estrellas. Puede que este también sea el objetivo de los estados de meditación en la cultura oriental”. Pero Sagan murió antes del descubrimiento del sistema endocannabinoide, y su suposición fue olvidada. En un estudio se descubrió un aumento del flujo sanguíneo en partes del hemisferio derecho durante la subida de la marihuana. Pero en otro estudio se observaron concentraciones altas de receptores cannabinoides en regiones corticales del hemisferio izquierdo relacionadas con las funciones del lenguaje verbal. Actualmente, se sabe que los receptores cannabinoides están repartidos por todo el cerebro, menos en el tronco encefálico, el responsable de las funciones involuntarias, como la respiración, la digestión y el ritmo cardíaco, lo que explicaría la ausencia de dosis mortal en la marihuana.

Hemisferio izquierdo

El hemisferio izquierdo funciona en serie y el derecho en paralelo. El izquierdo viene a ser un computador digital y el derecho uno analógico. Podemos ver las operaciones del hemisferio derecho cuando el izquierdo ha quedado “desactivado”, es decir, ha entrado en estado de ensoñación. Sagan especulaba con la posibilidad de que el hemisferio izquierdo del neocórtex no actúa durante el sueño, mientras que el derecho, muy familiarizado con todo lo que sean símbolos pero carente de fluidez verbal, funciona sin dificultades. Bien puede ocurrir que el hemisferio izquierdo no quede completamente desactivado por la noche y lleve a cabo tareas que lo hacen inaccesible a nuestro conocimiento. En tales momentos trabaja evacuando la información acumulada en el registro de la memoria efímera y determinando qué datos deben conservarse y ser transferidos a la memoria duradera.

El viaje interior

“Que yo sepa, nunca se ha dicho que la marihuana mejore la capacidad de leer y comprender a Wittgenstein o Kant. A menudo el individuo (colocado) tiene dificultades para plasmar sus ideas por escrito de una manera coherente. Me pregunto si, más que intensificar, los cannabinoides no se limitan a anular la actividad del hemisferio derecho y permitir el encendido de las luces de la imaginación”.

A veces, mientras soñamos, tenemos la sensación de que una parte de nosotros permanece observando el sueño, una especie de observador. Es esta parte de nuestra mente, que actúa de “centinela”, la que nos dice: “No es más que un sueño”. Este centinela responde con interés y, a veces con censura, a la caleidoscópica y rica filigrana de ensoñaciones que experimenta el fumador de marihuana, pero sin formar parte de aquellas. “¿Quién eres?’, pregunté en silencio dirigiéndome al observador. ‘¿Quién pregunta?’, contestó este”. Sagan afirma que el observador es un reflejo de las facultades críticas asentadas en el hemisferio izquierdo. Tal vez se trate de otro componente del hemisferio izquierdo. “Yo soy el que hace la pregunta”.

Altos explosivos y marihuana

Cuenta Grinspoon que después de la publicación de Marihuana reconsiderada, “un químico que leyó el libro me comentó que su empresa, la Arthur D. Little Company, había recibido millones de dólares por un contrato con el gobierno para estudiar los usos militares del cannabis. Dijo que no habían encontrado ninguno, pero que sí habían encontrado importantes funciones terapéuticas. Nos visitó para hablar de la viabilidad de desarrollar comercialmente congéneres cannabinoides, pero no pudo darnos la prueba, pues era secreta”. Años después se descubrió que la CIA, buscando pruebas de haber consumido cannabis, comprobó que las pupilas no se contraían, pero en la misma investigación se constató que el cannabis reducía la presión intraocular. Se ocultó durante años.

Respecto a los explosivos, según Sagan, existía un enorme interés entre muchos países por fabricar nitrocelulosa a partir de la celulosa del cannabis y evitar así el pago de las patentes Nobel por la dinamita. No se consiguió nada; los laboratorios volaban junto con los investigadores y sus notas. Pero en un país estos subsidios permitieron, que años después, el Dr. Mechoulam descubriera el THC.

Cuando Edward Teller, el ultraconservador físico creador de la bomba de hidrógeno y padre putativo de la bomba de neutrones, dijo de Sagan a Keay Davidson que “Sagan era un don nadie que nunca hizo nada que valiera la pena”, ensalzó más que nadie el compromiso y la valentía del creador de Cosmos. Como le respondió Grinspoon: “Hay una circunstancia en lo que atañe a las drogas ilegales. Si no siempre hacen que el usuario actúe irracionalmente, son ciertamente la causa de que muchos no usuarios lo hagan”.

El 5 de febrero de 1987, Carl Sagan fue arrestado en Nevada, junto a 437 activistas, por intentar saltar una valla y entrar en una base aérea donde el ejército de Estados Unidos llevaba a cabo sus pruebas nucleares, cuando la URSS de Gorbachov ya las había suspendido unilateralmente.

Previamente, Sagan había publicado un artículo, “El invierno nuclear”, donde denunciaba la inacción de los políticos y científicos ante los peligros y consecuencias de una guerra nuclear. Para Sagan, la ciencia era utilizada con fines políticos y los científicos habían ignorado sus responsabilidades. Los científicos deben alertar al público de los peligros que son predecibles mediante la ciencia, y también de los peligros que entraña la propia ciencia. Sagan quería devolver a la ciencia su función de explorar el universo y hacer de él un mundo mejor. A causa de su compromiso, pese a su notoriedad y sus abundantes publicaciones en revistas académicas, no se le tuvo en cuenta para un puesto de profesor en Harvard y se le negó ser miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Sagan además, aunque lo llevó con bastante más discreción, era de la idea de que las experiencias inducidas por las drogas le ayudaban en sus investigaciones. Su mejor amigo era Lester Grinspoon, profesor de psiquiatría en Harvard, con quien compartió la pasión por la marihuana. La amistad, su común afición por la hierba y también el miedo al rechazo si se hacía público, llevó a Sagan a colaborar con Grinspoon en Marihuana reconsidered (Marihuana reconsiderada, literalmente traducida al español en una edición mexicana de los años ochenta).

Referencias

  • Marihuana reconsiderada. Carl Sagan
  • Marihuana. La medicina prohibida. Lester Grinspoon y James B. Bakalar.
  • Los dragones del Edén. Carl Sagan.
  • Radicales libres. Michael Brooks.
  • Cannabis. Filosofía para todos. AA. VV.

Ilustraciones: Cristobal Fortúnez

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