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Las dos muertes de "El Más Loco"

La historia de Nazario Moreno, el narco evangelista que escribía libros y que murió dos veces

Nazario Moreno

“La Familia Michoacana le desea a todo el mundo que pasen una Feliz Navidad y un próspero año nuevo”, decían las tarjetas que, el 24 de diciembre de 2010, repartían devotos miembros de un sanguinario cártel de la droga mexicano.

El texto proseguía: “Tomando en cuenta estos momentos difíciles que estamos pasando, son nuestros mejores deseos a toda la familia mexicana y, en especial, a la michoacana”. Las dificultades a las que se refería eran la operación policial que había lanzado el gobierno en la región, y que había causado la primera muerte del fundador de La Familia Michoacana, Nazario Moreno González (apodado “El Chayo” o “El Más Loco”). La tarjeta navideña concluía, sin atisbo de ironía, con una pregunta retórica: “A ti, padre de familia, ¿te gustaría que tu hijo anduviera en las calles en peligro de caer en las drogas y en la delincuencia?”.

El mote de “El Más Loco” se lo ganó porque, según su leyenda, cocinaba a sus víctimas y se las comía junto a sus sicarios. La Familia Michoacana es quizás el cártel más sui géneris de todos los que ha engendrado la prohibición de las drogas. Además de traficar y asesinar, son una secta cristiana que pretende librar al país de los otros narcos. En sus entrenamientos mezclan las prácticas de tiro con sesiones de oración en grupo. Quienes desean ser admitidos deben estudiar las enseñanzas de un pastor evangélico estadounidense, John Eldredge, que no describe a Jesucristo como un “sacerdote eunuco ni un monaguillo de rostro pálido”, sino como un “varón de guerra y capitán de ejércitos de Ángeles”.

En los años noventa, El Chayo cruzó a Estados Unidos de ilegal y se enganchó a las metanfetaminas. Se acercó entonces a las enseñanzas del ministerio de Eldredge, lo que le permitió desintoxicarse y tener una epifanía: dejaría de consumir pero se dedicaría a producir metanfetaminas. Empezó a trabajar para Osiel Cárdenas, líder del cártel del Golfo, transportando marihuana y otras drogas a Estados Unidos. En el 2003, la Marina mexicana detuvo a Osiel Cárdenas, y Nazario, asediado por la justicia estadounidense, regresó a Michoacán y fundó La Familia. El Chayo reclutaba a sus sicarios en centros de desintoxicación a través de grupos bíblicos. Sus pistoleros tenían prohibido probar las drogas, y aunque toleraba el alcohol también estaba prohibido “emborracharse ofensivamente”, según se desprende del libro Pensamientos, que el propio Nazario escribió en el 2006, tras la muerte de su hermano.

Nazario vive

Una madrugada de septiembre del 2006, los sicarios del Chayo se presentaron ante la sociedad michoacana. Fue en el burdel Sol y Sombra, de Uruapan, donde dejaron cinco cabezas de narcos rivales en el centro de la pista de baile y una cartulina en la que se leía: “La Familia no mata por paga, no mata mujeres, no mata inocentes; solo muere quien debe morir. Esto es justicia divina”. Dos meses más tarde, La Familia insertó en la prensa regional un desplegado en el que se describía como “trabajadores” con la “misión” de acabar con la venta de drogas sintéticas, la extorsión y los asesinatos. “Nuestro ‘objetivo’ es seguir manteniendo los valores universales de las personas”, explicaba el comunicado, aunque “desgraciadamente se ha recurrido a estrategias muy fuertes por parte de nosotros, pero es la única manera de poner orden”.

San Nazario

En Me dicen “El Más Loco”, la biografía que Nazario publicó tras su “muerte”, narra en tercera persona los eventos del 8 de diciembre de 2010, cuando estaba en una comunidad cerca de la ciudad de Apatzingán y sus “halcones” le avisaron de que “se acercaban al lugar más de una treintena de helicópteros listos para entrar en combate, y por tierra más de trescientas unidades de la policía con elementos armados hasta los dientes”. Moreno se quiso retirar, “pero al darse cuenta de los destrozos que hacían los helicópteros en contra de gente inocente, se retiró del grupo unos diez metros y durante un lapso de tres a cinco minutos se puso a orar a solas; acto seguido tomó un puño de tierra, la besó y la esparció hacia los cuatro puntos cardinales”. En la ficción heroica que escribió, Nazario moría defendiendo a los inocentes michoacanos de la policía.

El caso es que no murió, aunque al día siguiente un portavoz del gobierno del presidente Calderón compareció ante la prensa para explicar, vagamente, que “diversos elementos de información obtenidos durante el operativo coinciden en señalar que el día de ayer cayó abatido Nazario Moreno González, también conocido como El Chayo o El Doctor”. Las autoridades no tenían el cadáver, pues, según filtraron a los medios, se lo habían llevado los sicarios para incinerarlo y esparcir sus cenizas por los cuatro puntos cardinales. La muerte del Chayo, además, fue confirmada por un agente de la estadounidense DEA (Drug Enforcement Agency), quien declaró ante una Comisión del Senado que El Más Loco estaba muerto y que la operación había sido diseñada por la propia DEA.

Las enseñanzas del ministerio de Eldredge le permitieron desintoxicarse y tener una epifanía: dejaría de consumir metanfetaminas pero se dedicaría a producirla

Los hombres de Nazario hicieron creer al Ejército –a través de la radio frecuencia en la que se comunicaban– que lo habían matado y, desde entonces, sus devotos lo empezaron a llamar San Nazario. En el mundo terrenal resurgió con el nombre de Ernesto Morelos Villa, un homenaje a sus ídolos: el Che Guevara, el cura de la independencia mexicana José María Morelos y el caudillo revolucionario Pancho Villa. Solía pasearse por la región de Tierra Caliente vestido de blanco y montando un caballo del mismo color para proyectar una imagen fantasmagórica.

En marzo del 2011 nacieron Los Caballeros Templarios, una escisión de La Familia que se inspiraba en la orden de los caballeros medievales que protegían a quienes peregrinaban hacia Jerusalén. Nazario publicó un nuevo libro, Código de Los Caballeros Templarios, en el que resumía las normas que debían observar sus seguidores: “En su conducta, el templario evitará lo siguiente: ser brutal, emborracharse en forma ofensiva, ser inmoral, cobarde, mentir o tener intenciones maliciosas”.

El Chayo vivía resguardado por ochenta guardaespaldas en un rancho donde se procesaban metanfetaminas. Buena parte de la clase política michoacana estaba en su nómina, al grado de que muchas de las reuniones de Los Caballeros Templarios se celebraban en un restaurante a trescientos metros de la Casa de Gobierno. Cuando murió el padre de Nazario, en julio del 2013, el gobernador interino, Jesús Reyna, viajó en helicóptero a verlo para darle el pésame.

El 10 de marzo de 2014, el nuevo portavoz de Seguridad del gobierno mexicano convocó a los medios para anunciar que, ahora sí, había muerto El Chayo, a cien kilómetros del lugar donde fue abatido por primera vez. Cuando las fuerzas especiales del Ejército mexicano lo rodearon y le ordenaron rendirse, optó por morir matando. Esta vez las autoridades sí tenían un cadáver al que, presuntamente, le hicieron pruebas de ADN. Aunque murió, Los Caballeros Templarios siguen existiendo y cometiendo barbaridades. De Nazario sobreviven, al menos de momento, su obra y los narcocorridos que le compusieron, como aquel que dice: “Cuenta la leyenda, pa’ que estén sabidos, que un día surgirá de entre los caídos, trayendo justicia y también castigo”.

Los pensamientos de Nazario

Nazario escribió tres libros, todos ellos prohibidos por el Gobierno mexicano: Pensamientos, Código de los Caballeros Templarios de Michoacán y Me dicen “El Más Loco”. A continuación, una selección de sus pensamientos:

“Ni el hierro, ni el acero, ni siquiera el oro tiene el valor de un hombre honesto, honrado, trabajador, íntegro. La mejor herencia que le puedes dejar a tus hijos, amigos y familiares es tu propio ejemplo”.

“Esta lucha es por tu gente, por mi gente, por nosotros mismos y por nuestras futuras generaciones”.

“Ninguna mujer deberá temer nada de un templario, ni de sus palabras, ni de sus acciones. Ningún niño deberá padecer tampoco ese temor”.

“La orden luchará contra el desmoronamiento de los valores morales y los elementos destructivos que prevalecen hoy en la sociedad humana”.

“Para todos los miembros de la orden queda estrictamente prohibido el uso de drogas y […] realizar secuestros con la finalidad de obtener dinero”.

“Ningún elemento debe matar por gusto o matar por dinero; cuando se tome esta decisión debe investigarse previamente y si existen razones suficientes, entonces sí, proceder”.

“Yo consiento, si falto a mi palabra de honor, ser ejecutado por las armas de los buenos compañeros o ser devorado por las bestias salvajes del bosque”.

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