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Budapest

¡Feliz Año Nuevo húngaro con un porrito en los labios!

Buda, Pest y el Danubio a vista de pájaro
Buda, Pest y el Danubio a vista de pájaro
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El reloj de la demacrada pared marca las cuatro y veinte. En la mesita yace una cajita metálica con los utensilios para armarse un porrito. Charly se da a la tarea. Estamos sentados en el salón de su piso. El sitio es amplio, tiene dos estancias con altos techos, a una de ellas solo se puede entrar por medio del baño, es extraño, pero afortunadamente no es la nuestra.

El retrete tiene su propia habitación al entrar al piso. “El clima afuera está que cala, va cruzando la barrera de los cero grados”, dice Charly con acento argentino. Llegó a esta ciudad hace quince años, así que para él no es problema conseguir yerba. “Es difícil conseguir marihuana en la calle, nadie la vende abiertamente, solo se distribuye entre amigos; esta la consigue mi mejor amigo húngaro (llamémosle Yuri), pero no sé dónde la cultivan. La traen del campo; cuando le pregunto cambia de tema. No sé si es sativa o índica, pero me la fumo igual”.

El gramo vale 2.500 forintos, que son unos 8 euros. Por alguna extraña circunstancia, la marihuana no ha subido casi nada (500 forintos o 1,5 euros) en veinte años. Le pido que hagamos un porro sin tabaco, a la canadiense, pura marihuana. La primera calada me sabe a gloria, para la tercera ya siento el cuerpo flácido y la sonrisa a tope. Es un material de primera calidad. Es un misterio la procedencia de tan buena marihuana. Mi vasta experiencia cannábica me dice que es una de exterior híbrida, tal vez índica dominante, y tiene que ser semilla holandesa. Ya colocados salimos a disfrutar de la ciudad al ocaso que ya se dibujaba sobre el río.

Budapest es una ciudad majestuosa atravesada por el Danubio, que la divide en Buda y Pest. Buda es la parte de las montañas, algunos dicen que es más bonita y donde más dinero se mueve, pero Pest tiene partes fenomenales y bares por doquier. Llegamos a la urbe más grande de Hungría, una tarde invernal, a la estación de Népliget, la del norte de la ciudad. Ahí fue donde vimos a Charly, en uno de los múltiples söröző o cervecerías. En realidad, el nombre verdadero de Hungría es Magyarország, que, como su idioma, es bastante complicado. Con un hambre feroz degustamos uno de los platos menos conocidos, pero de lo mejor del mundo; olvídense del gulasch: la sopa de pescado de río tipo Szegedi es una delicia culinaria que cuando estás bajo la influencia de la marihuana te provocará un orgasmo gustativo.

Budapest

La Isla Margarita

Al día siguiente nos dirigimos, porros en mano, hacia el lugar porrero por excelencia, el oasis urbano, el pulmón de la ciudad: la Isla Margarita. Se llega caminando o por tranvía por el Margit Híd, que es uno de los hermosos puentes que conecta Buda con Pest; nosotros estamos alojados en Pest, cerca del río. El parque-isla está rodeado por el río y tiene una extensión de dos kilómetros y medio de largo y casi un kilómetro cuadrado de área. Es aquí, en uno de sus prados verdes, donde se lleva a cabo la protesta de la Million Marihuana March, que cada año reúne a cientos de húngaros que se juntan en mayo para pedir más libertad a su gobierno. Las marchas generalmente son toleradas, aunque nadie fuma hasta que la noche los oculta, ya que la policía, con el pretexto de garantizar la seguridad de los fumetas, siempre crea un cerco policial, con vallas y todo, y como en un cardumen en alta mar, siempre caen dos o tres por posesión al salir de la Isla. En la Isla Margarita, llamada así en honor a la princesa Margarita de Hungría (1242-1270), se lleva a cabo el internacionalmente famoso festival de Sziget, que cada año junta a luminarias del rock que deleitan a la juventud que llega de todo el mundo cada verano. Nosotros recorremos la Isla fumando y degustando cervezas: Dreher y Arany Ászok son las principales; también comemos lángos para calmar el hambre.

La nieve no desanima a los húngaros
La nieve no desanima a los húngaros

Un paseo con Tamás Kardos

Al día siguiente me reúno con mi amigo Tamás Kardos, un activista que trabaja en una organización no gubernamental pro derechos humanos llamada TASZ o Hungarian Civil Liberties Union (HCLU), en inglés. TASZ se fundó en 1994, y desde sus primeros momentos inició su programa de política de drogas. Como ong independiente, no acepta apoyo del gobierno ni de ningún partido, así puede mantenerse independiente y libre de prejuicios en sus críticas y sus recomendaciones. Damos un paseo con Tamás por otro lugar superrecomendable para ir marihuano, el City Park o Varosliget Napozoret, que colinda con la famosa Plaza de los Héroes o Hősök Tere, donde hay unas estatuas monumentales de los mártires y guerreros que dieron libertad y grandeza a los húngaros, casi todos se llaman Lajos, Istvan o Arpad.

La ciudad está vestida de blanco y del cielo siguen cayendo más y más copos de nieve; nuestras huellas se dibujan en el blanco suelo, donde el verdor característico del parque ha desaparecido por completo. El humo del porro se confunde con el vaho de nuestra respiración. “Según la ley, el gobierno no distingue entre los tipos de drogas. Todo está prohibido por las leyes, incluso la marihuana. Hay diferencia sobre las cantidades, lo máximo son cinco plantas o siete gramos. Si tienes menos, eso significa que es una pequeña cantidad y puedes ir a un tipo de terapia por medio año en lugar de ir a prisión”, nos dice Tamás en un español con acento húngaro. “En la práctica, los consumidores que atrapa la policía básicamente nunca van a la cárcel. Para ir preso, la policía tiene que encontrarte varias veces con mota; pero últimamente la ley es un poco más estricta y solo puedes ir a terapia una vez en dos años, así que hay más riesgo”. Si eres turista, lo más seguro es que te quiten tu marihuana y te asusten un poco, depende del poli; alguno te pedirá dinero, pero no pasa nada, sobre todo en la capital.

Nosotros vamos fumando campantemente antes de ir al bar alternativo por excelencia, el Dürer Kert. Es un lugar multiusos: sala de conciertos, parque y bar-restaurante con un gran patio interior. Un espacio perfecto para llevar a cabo expresiones culturales cobijadas con un porrito. Ahí podrías averiguar quién vende si ves a alguien fumando, pero hay que ser precavidos. Pedimos un unicum, que es el licorete por excelencia de aquí, pero sabe un poco a jarabe para la tos potencializado, así que mejor les recomiendo que prueben un palinka, un brandi casero que viene en diferentes sabores frutales.

Continúa Tamás: “Aunque la distribución de las semillas de cannabis no está prohibida en Hungría, la policía considera el acto como una preparación para cultivo ilegal, por lo tanto, no hay tiendas donde se puedan conseguir semillas legalmente. Pero del otro lado de la frontera noroeste, en Austria, la distribución de semillas es legal, entonces muchos cultivadores húngaros consiguen las semillas en los grow shops de Viena, de Graz o de otras ciudades de Austria. En los grandes grow shops de Viena se pueden encontrar vendedores húngaros; en sus páginas de internet tienen secciones en húngaro y admiten que un gran porcentaje de sus compradores vienen de Hungría”.

El Danubio, más gris que azul
El Danubio, más gris que azul.

Año Nuevo

Diez grados bajo cero. Frío inclemente. Una oleada gélida demencial. Tardamos tanto en vestirnos que nos agarra el Año Nuevo preparándonos para salir; eso, aunado a un palinka sabor ciruela y un porro alimonado, nos ha retrasado. Vamos con seis capas de ropa por un Budapest helado hacia los bares para celebrar la llegada del año. La vida nocturna es amplia y para todos los gustos: desde heavy metal hasta salsa. La capital es cosmopolita y se respira un aire liberal a pesar del gobierno nacionalista de Viktor Orbán, que mandó construir una cerca en la frontera para evitar que los refugiados sirios e iraquíes pasaran por Hungría. Sin embargo, la juventud húngara se rebela manifestándose de varias formas, no solo en los bares. El satírico Partido del Perro de las Dos Colas, comandado por estudiantes de diseño, ha tapizado las calles de grafitis al estilo Banksy para mofarse de las políticas gubernamentales, siendo su última crítica anuncios espectaculares en las calles haciendo burla de las políticas antimigratorias. “Hay un nuevo partido político húngaro que se llama Cuarta República (o simplemente: 4K!), el cual en el 2013 declaró su programa para legalizar el uso, la producción y la distribución de marihuana en Hungría y tener ganancias con su venta. En noviembre del 2013 hicieron un comunicado de prensa frente al edificio del Ministerio Interior para explicar las ventajas de la legalización. Un mes después, el presidente del partido fumó un porro fuera del edificio de la Oficina Nacional de Impuestos, y simbólicamente dejó el precio del impuesto de 1 gramo de hierba para demostrar que esto podría ser una fuente importante de ganancias para el Estado”, nos cuenta nuestro amigo Tamás. Nosotros acabamos fumando porros y bebiendo palinka en casa de Yuri, el que nos vende la marihuana, a las seis de la mañana.

Plaza de los Héroes con el Museo de Bellas Artes al fondo
Plaza de los Héroes con el Museo de Bellas Artes al fondo.

La lucha por otra política de drogas

Budapest es un destino turístico por excelencia. Es una ciudad monumental, con casi dos millones de habitantes, una ciudad museo cuyo skyline es impresionante. Entre los edificios que se pueden disfrutar está el Parlamento, los puentes, el castillo de Buda; de noche, todos se visten de gala con las luces que los dibujan. Vale la pena subir a la Ciudadela y la zona de museos en Buda, donde se encuentra el castillo o palacio de Buda, desde ahí se puede ver un Pest impresionante al otro lado del Danubio. Bajando de allí quedamos de nuevo con Tamás, quien también escribe para la revista Kannabis Kultusz (la Cáñamo húngara), que ya lleva ocho años publicando artículos prolegalización. Lo vemos en el BAM, un cine-bar donde unos gitanos tocan en vivo. Hablamos de marihuana medicinal.

“Los de 4K! mencionaron hace poco que querían hacer una campaña para el uso medicinal del cannabis, pero todavía no han salido con ella. Nosotros, en TASZ, (www.hutasz.hu), tenemos programas para ayudar a las personas vulnerables, como los adictos a drogas duras, las personas con discapacidad y los enfermos de sida. Últimamente atravesamos una crisis, porque han aparecido las drogas de diseño y los adictos que antes consumían anfetaminas, ketamina y heroína empezaron a usar estas nuevas drogas. Ahora necesitamos más servicios de reducción de daños e intercambio de jeringas, ya que los dos centros más grandes de Hungría fueron cerrados por el gobierno”.

Sin embargo, no todo está perdido bajo el yugo derechista de Orbán. El Ministerio de Salud ha sido bombardeado con artículos, y alguien del gabinete declaró que el uso de marihuana puede ser útil para algunas enfermedades. No solo mencionaron el CBD para la epilepsia, sino también el THC. Tamás nos dice que el siguiente paso es buscar pacientes y demostrar en vídeos que hay muchas personas que padecen enfermedades para las que con el tratamiento tradicional no han logrado efectos positivos, pero con cannabis, sí. “Ya tuvimos vídeos con personas que, aunque no salían sus caras, decían que, para ellos, sí es un medicamento y no hay otra opción que les ayude tanto como la marihuana. Y esa es la idea. Sería bueno encontrar a alguien que quiera comprar marihuana medicinal de manera legal, porque se puede hacer en la Unión Europea. Se puede comprar en Holanda, por ejemplo, y demostrar sus resultados. Con eso el gobierno tendría que reaccionar”.

Los húngaros siguen luchando y manifestándose por tener más libertad en todos los ámbitos. En TASZ tienen un programa de política de drogas que lucha contra la estigmatización y los prejuicios. “Tenemos casos contra los abusos policiales. Antes hacían redadas en fiestas de música electrónica y exámenes de drogas a los participantes. Nosotros lazamos campañas para distribuir información científicamente correcta y popularizar los servicios de reducción de daños en fiestas, y para los consumidores de drogas inyectadas. Debatimos con los políticos y organizamos conferencias sobre la actualidad de las políticas de drogas. Logramos ya hace mucho que los medios siempre nos pregunten en los casos recientes sobre drogas, así vamos formando a la opinión pública”.

Fue una pena dejar Budapest. No pudimos ir a los famosos baños de aguas termales ni agarrar uno de los tours anfibios que van por el Danubio. Pero sí pudimos tocar música en un rastro abandonado, visitar los mercados y comer kolbász y demás delicias húngaras. Pero, sobre todo, fumar marihuana.

Fotos: Oswaldo Pérez Cabrera

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