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Once días podando marihuana en las montañas de los Kootenays

Una aventura en la cuna del movimiento marihuano de Norteamérica

Oswaldo

Los Kootenays es una región montañosa al sureste de la provincia canadiense de la Columbia Británica que colinda con la provincia de Alberta al este y al sur con Estados Unidos.

Los conocedores afirman que el pueblo de Nelson y alrededores fue la cuna del movimiento cannábico de Norteamérica, ya que esta región fue la que abasteció de yerba a los dos países después de la restricción de la marihuana mexicana en los sesenta. El poblado tuvo un crecimiento cuando a la bola de hippies que habitaban la región se les sumó una cantidad considerable de objetores de conciencia (diez mil) que llegaron huyendo del servicio militar obligatorio que los mandaría hacia la guerra de Vietnam, y todos se pusieron a cultivar.

Cuando llegué a Vancouver a finales del siglo pasado, escuchaba las historias míticas de esta ciudad: un pueblo cuya economía está basada principalmente en el cultivo de la marihuana. Oía cuentos de gente que tenía casas de lujo y restaurantes en un área semidespoblada sin mucha industria salvo la madera y algunas granjas. Años después, con la marihuana a punto de ser legitimizada bajo el nuevo gobierno de Trudeau júnior, he tenido la oportunidad de ir a verificar estas historias con un cultivador de marihuana de guerrilla al que llamaremos Kootenayaxe y quien cuenta con varios años y socios en el negocio. Llegamos a Nelson justo a tiempo para cosechar la yerba sembrada en las montañas. Esta es nuestra aventura en el corazón de los Kootenays.

*

Día uno

Querido diario, hemos llegado de noche al pueblo de Nelson, 10.000 y pico almas con tendencias hippies. Hemos esperado un autobús que nos ha llevado a un ferri por más de media hora; abordamos el ferri, que ha cruzado un lago por otros treinta y cinco minutos. Ahí nos ha recogido nuestro anfitrión, y después de otros varios kilómetros por fin llegamos a su casa; huelga decir que estamos en medio de la nada y no tenemos recepción de celular ni internet. Una vez instalados nos han conducido a una pequeña cabaña arriba de la propiedad, donde hemos tenido que deshojar las plantas recién cortadas de marihuana aún húmedas. Se me ha enfriado el pecho, pero es necesario separar los cogollos de los tallos de las plantas; trabajamos hasta las tres de la mañana. Estamos en un tráiler. Hace mucho frío.

Nelson está enclavado en las montañas y rodeado de lagos y ríos. A solo quince minutos en automóvil se encuentra Whitewater, según Powder –revista especializada en deportes de nieve que lleva más de cuarenta años en la brecha–, en el 2012, fue el mejor sitio del mundo para esquiar junto con Rossland, a solo una hora de distancia. También a menos de una hora está el glaciar Kokanee, que deposita su agua cristalina en el lago Kootenay; un paraíso en la Tierra a ocho horas por carretera desde Vancouver. Curiosamente, antes de los hippies y de los gringos prófugos, la región fue habitada por un grupo de pacifistas rusos llamados “Doukhobors”, quienes llegaron en 1908 y ocuparon estas montañas.

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Día dos

Whats App diario; hoy despertamos como a las 10 am. Me fumé un gallito de C-warp con Viajes Chapa. Somos cuatro en la tripulación: Viajes Chapa, la mamá de Kootenayaxe, mi novia –Raquel– y yo.

–No mamen, güeyes. Va a caer la nevada, tenemos que ir por esa madre antes de que se congele para ponerla a secar –nos dice Kootenayaxe.

Nos adentramos por detrás de su propiedad hacia la montaña, media hora por el campo entre pinos y helechos con su perro Inu.

–Esto es lo que más me gusta –nos dice Kootenayaxe mientras Raquel toma fotos–: la adrenalina que siento cuando subo a cortarlas. ¿Sabes cuántas veces subí esta montaña, pinche Pérez? Más de cien veces, instalando el riego, alimentándolas, checando que todo esté listo. Hay que lidiar con ratas de colas peludas, venados, helicópteros de la policía, el clima, plagas… Es una chinga.

Por fin llegamos. Las plantas están sembradas dentro de un costal negro con tierra especial y unas mangueras que las alimentan. Las cortamos y guardamos rápidamente en dos bolsas como las que se usan en el gimnasio. Llenamos los bolsos marineros hasta el tope, tal vez 40 kilos. Chapa y yo las cargamos a nuestras espaldas; pesan un mogollón, más, porque las plantas están mojadas. Kootenayaxe y Raquel se adelantan con el perro, y nos dicen que si ven a alguien gritarán el nombre del perro y Chapa y yo tendríamos que deshacernos del bolsón, que más bien parece un costal con cierre. Apenas avanzamos un poco y me resbalé y caí de culo; acabé como una tortuga panza al sol, me era casi imposible levantarme, con mucho trabajo logré hacerme camino entre el frondoso bosque. Una vez a salvo en la cabaña diseñada para trabajar con la maría y que a su vez funciona como estudio de grabación, tenemos que deshojar todas las plantas, dejar los cogollos listos para secarse y poder podarlos después.

Las plantas que sembró Mr Kootenayaxe son de la variedad Seawarp, también conocida como C-warp, y sus semillas son un híbrido de dos índicas, Sea Level y Ben Johnson, con una sativa, Texada Timewarp, que es la variedad outdoor más popular de las islas de la Columbia Británica, donde se ha cultivado durante treinta años, debido a su saborcillo alimonado y su gran resistencia. Estas características son las que ha heredado la híbrida C-warp. Esta variedad es la que la mayoría de los agricultores de guerrilla de esta zona cultivan, ya que es resistente a los elementos y tiene un muy buen sabor y un colocón de altura. Florece a mediados de septiembre, después de ocho semanas, pero la que sembraron aquí tardó un poco más, tal vez debido al clima.

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Día 3

Ponderado diario, otra vez fuimos a por plantas, pero esta vez a otra locación, aunque estaban bien escondidas, ahora sí había un sendero. Estas plantas ya estaban un poco congeladas. Aun así, les quitamos todas las hojas, las podamos durante todo el día y las pusimos a secar. La fauna es variada en este lugar: el primer día vimos unas perdices que viven arriba de nuestro tráiler; el segundo, venados, y hoy descubrimos mierda de oso afuera, algo preocupante, ya que me levanto a mear a mitad de la noche y aquí hay que hacerlo en los árboles y en la oscuridad total. Tengo miedo.

La fauna en estas montañas es bastante variada. Hay miles de venados, renos y alces; osos negros y pardos pueblan estas montañas; cabras salvajes, cimarrones, ovejas montañesas y demás borregos. Es el hábitat de los pumas más grandes de la Columbia Británica, también llamados leones de montaña, que se alimentan de todo lo que encuentran a excepción de los osos. Hay innumerables especies de aves, desde águilas de cabeza blanca y águilas pescadoras, hasta pájaros carpinteros y pajarillos cantores. Otras especies endémicas de las montañas incluyen castores, mapaches, zorrillos, roedores varios, conejos y liebres.

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Día 4

Hoy fuimos a otra locación a pocos minutos de nuestra casa. Es otra cabaña que está acondicionada para los trimmers o podadores. Esta vez se sumó a nuestro equipo una chica alcohólica. Vodka y jugo desde las nueve de la mañana. Esta vez hay plantas colgadas ya secas y nuestro trabajo es manicurarlas: hay que deshojarlas y cortar los cogollos en formas romboides. Estamos todo el día ahí tomando vino y fumando alguno que otro porrito mientras trabajamos. Kootenayaxe nos trae cervezas al final del día. ¡Qué felicidad! Debajo se puede sentir la vibración de las lámparas luminiscentes, ya que hay una movida indoor en el sótano.

Los trimmers en esta región ganan 120 dólares por libra; los más experimentados logran podar hasta 2 libras diarias, pero el promedio es de una libra entre 10 y 12 horas de trabajo.

Día 5

Estimado diario, creo que soy alérgico a la marihuana, me da mucha comezón y me sale salpullido; además, tengo una tos que Raquel dice que es bronquitis. Hemos estado en la misma casa de ayer manicurando con la misma chica alcohólica y su amigo, que renta el lugar a Kootenayaxe; también le gusta meterle al vodka a primera hora del día, y fuman, además de maría, tabaco, que por supuesto me pone mal y no paro de toser. Además, a la intemperie hace un frío de cero grados. La maría que cortamos está seca y no es de tan buena calidad como la que cortamos del bosque los primeros días. La pasamos encerrados todo el día, solo salimos a mear, ya que la policía está a los alrededores. En esta parte, la policía es casi inexistente, solo hay un poli que vive aquí y a veces cruza una patrulla. Al parecer, anoche hubo una vandalización en uno de los edificios de la escuela, el Gray Creek Hall, desmadraron el horno, ventanas y la puerta, que eran considerados como una antigüedad. Todo el mundo está paranoico, pues no les gusta la presencia policial por obvias razones. Además, en esta área todos abusan del alcohol y manejan bajo su influencia. La policía, que consideró este acto vandálico como el más violento desde el descontón de un miembro de la comunidad en la pelea de bar del 2011. Arrestaron a una chica que sufre de demencia, y la confinaron a un hospital; se encontró que aún estaba borracha. En esta región, donde es más peligroso morir en las garras de un oso o un puma, nos da un subidón de adrenalina la sensación de aventura que estamos viviendo.

Crawford Bay es una comunidad de aproximadamente 350 personas que dobla su tamaño durante los meses de verano, cuando se lleva a cabo el afamado festival Starbelly Jam, que trae estrellas del rock latino como Ozomatli, Los Rastrillos o Sargento García, y otras luminarias como Gaudi o The Cave Singers. El festival es una actividad familiar sin venta de alcohol que dura un par de días. Existe una cantidad considerable de artesanos en la zona, por lo que mucha gente viene a adquirir piezas únicas de joyería, orfebrería, metalurgia, utensilios de barro, las escobas que se utilizaron en las películas de Harry Potter, obras de vidrio soplado y cobre, y lo clásico, como pintores, fotógrafos y algunos músicos. La comunidad vecina y donde estuvimos alojados se llama Riondel, con unos 300 habitantes; realmente no tiene nada más que algunas tiendas, lugares para acampar a la orilla del lago y un campo de golf.

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Día 6

Estimado diario de mi corazón, hemos regresado a la primera cabaña detrás de la propiedad donde trabajamos los primeros días. Estamos mucho más a gusto aquí, ya que no tenemos que aguantar el humo de los cigarrillos; además, ya no tienen necesidad de rentar el otro lugar, por lo que se ahorran dinero. Estamos listos para acabar esta variedad de C-warp para cortar una nueva; decidimos desvararla para al día siguiente nada más dedicarnos a manicurar. Hay unas pocas que han desarrollado hongo, otra indicación de que las cortamos en el último momento; otro día más hubiera resultado fatal para las pobres plantitas. Encontramos unos pelos extraños en algunas de ellas, podría ser pelo de oso, aunque es mucho más delgado y fino y es muy largo para ser de roedor, pero más crespo para ser de humano. Estamos intrigados. Tampoco parece ser de venado o castor, es de un color café más oscuro y no tan grueso. Tal vez pertenece al legendario Sasquatch. Tengo un sueño donde veo a estas criaturas hasta el moco de marihuanos, pero la risa y la tos me despiertan. Necesito dormir.

Pie Grande o Sasquatch es una criatura mítica que se supone habita en estos bosques del noroeste canadiense. Numerosos testigos afirman haberlo visto por estas zonas; su descripción es casi la misma. Un homínido que varía en estatura entre 1,80 hasta los 3 metros, con una melena y un peso que oscila entre los 200 y los 400 kilogramos. Es decir, una bestia en el sentido literal de la palabra. Aún no se ha comprobado nada acerca de su existencia, pero hay testigos que afirman haber tenido contacto con estas criaturas prehistóricas e híbridas, desde los aborígenes y desde 1850 hasta la fecha.

Salad

Día 6 al 10

Los demás días no hay mucho cambio: nos la pasamos podando 10 horas al día escuchando música y viendo películas en la computadora; casi no he fumado, pues mis bronquios aún están dañados. Tanta carne y yo sin dientes. Bebo whisky con miel y té con whisky para mantenerme caliente. La mamá de Koonenayaxe nos mantiene entretenidos con sus historias. Ahora solo es manicurar y manicurar para juntar la mayor cantidad de dólares. Viajes Chapa se regresó en el día 8. Raquel y yo seguimos podando otros dos días con la señora. Queda mucho shake (las hojas que cortamos y el polvito que cae de los cogollos); todo eso se convierte en un delicioso hash y aceite.

El producto final se vende a diferentes distribuidores: el hash se manda a Vancouver; los cogollos se mandan a varios dispensarios y al mercado local. Ahora que la marihuana es legal en Washington, Colorado y Oregón, los cultivadores confían en que no podrán suplir esa demanda, ya que la calidad aquí es mejor. Incluso esta variedad outdoor es de calidad casi igual a las indoors de Estados Unidos. Los cultivadores están apostando por vender su producto al otro lado de la frontera. Ahora que Trudeau ha dicho que legalizará la marihuana, el futuro es incierto; muchos seguirán sembrando clandestinamente la marihuana de guerrilla y distribuyéndola en el mercado negro, los impuestos que impondrán los liberales podrían ser demasiado altos para tanto productor. Ya veremos lo que se podrá cultivar para consumo personal.

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Día 11

Amadísimo y bien ponderado diario. Lo hemos logrado. La poda fue más dura de lo que esperábamos: es duro para la espalda y el cuello estar sentados todo el día cortando con las tijeritas. Apenas superamos la barrera de los mil dólares. Decidimos irnos un día antes y pasar la noche en un hotel de Nelson, ya que la tormenta de nieve estaba arreciando y no quisimos arriesgar; aun hay una hora de camino hacia Nelson desde donde estamos.

El centro de Nelson tiene algunos restaurantes y negocios en las calles de Baker y Vernon; algunos no existirían sin el negocio de la marihuana, ni las casas que valen un millón de dólares. La arquitectura es de estilo victoriano como el icónico Hotel Hume. El ambiente nos da una idea de los hippies modernos y de antaño en esta ciudad.

El regreso a Vancouver en el Greyhound es una pesadilla. Ya de por sí la venida resultó casi catastrófica cuando el fascista conductor me vio fumando una bacha en la esquina de la estación y se empeñó en no dejarme subir hasta que lo convencimos de que era un paciente cuya medicina era precisamente la marihuana; tuve que mostrar todas mis identificaciones que me acreditaban como tal. El nazi tampoco permitió el uso del teléfono durante las doce horas. De regreso, el chofer fue más enrollado, pero nuestro turismo se descompuso en medio de un pueblo sin alma donde estuvimos varados más de una hora, esto aunado a que iniciamos el regreso con dos horas de retraso debido a las nevadas que ya tapizaron de blanco las montañas. Después de dieciséis horas y otra hora para llegar a casa del padrino, quien nos alojaría en Vancouver, por fin pudimos relajarnos y escapar del frío. Al llegar a su casa, una pipa con hachís me esperaba en la mesa de centro. Fui feliz.

Fotos: Raechel Norrgard, Alejandro Chapa y Oswaldo Pérez Cabrera

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