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17 de Agosto de 2022

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“Los policías que cuestionan la prohibición abundan más de lo que pensamos”

“Los policías que cuestionan la prohibición abundan más de lo que pensamos”

Entrevistamos a Núria Calzada sobre el lanzamiento de LEAP en España, que reunirá a agentes de la policía y de la justicia a favor de un cambio en las políticas de drogas.

Este viernes se presenta en Barcelona el capítulo español de LEAP, una organización conformada por policías, jueces y fiscales que apuestan por cambiar las políticas de drogas y acabar con el prohibicionismo. El Law Enforcement Action Partnership fue fundado en Estados Unidos en 2002 de la mano de cinco oficiales de policía convencidos de que la prohibición de las drogas es un fracaso y que seguir insistiendo en la persecución de los traficantes y los consumidores es ineficiente y contraproducente.

A finales del año pasado se estableció el LEAP Europa para unir y potenciar los esfuerzos que ya se están haciendo en países como Reino Unido y Finlandia, y arrancar nuevos capítulos en España, Francia y Países Bajos. Su objetivo común es reducir la violencia y mejorar la seguridad, la salud pública y el respeto a los derechos humanos mediante la reforma penal. En Barcelona la cita contará con la participación de un Guardia Civil ahora diputado en el Congreso, un agente de los Mossos d’Esquadra y un agente de la Policía Nacional. Hablamos con Núria Calzada, portavoz de LEAP Europa en España.

El viernes reuniréis a tres agentes de cuerpos policiales del Estado, a la directora ejecutiva de LEAP, Diane Goldstein, el presidente de LEAP Europa, Neil Woods, y al periodista Jon Sistiaga. ¿Qué habéis preparado?

Será la presentación para dar a conocer el LEAP en España. Habrá tres agentes de Guardia Civil, Policía Nacional y Mossos d’Esquadra, aunque el LEAP es más amplio, e incluye a otras personas que trabajan en el control de la oferta de drogas, como jueces y fiscales. Son disidentes del estatus quo, y no acuden en representación de las instituciones de las que forman parte, pero al mismo tiempo abundan más de lo que pensamos. Muchos agentes de la policía y de la justicia te dirán que el discurso contra la prohibición es razonable, pero que su trabajo es aplicar la ley. El LEAP trata de sumar estas voces y promover una narrativa de cambio, que ayude a avanzar en la regulación del cannabis y también de otras drogas. Queremos promover un debate honesto entre la policía y demás implicados, y hacer llegar a la sociedad estas narrativas que cuestionan el prohibicionismo y que son muy desconocidas.

¿Por qué os habéis aliado con la federación de asociaciones cannábicas CatFac para el evento?

El LEAP trabaja mucho en colaboración con organizaciones que ya están metidas en materia de políticas de drogas. En este caso, quién mejor que CatFac, porque es la presentación en Barcelona y se trata también de apoyar el modelo de asociación cannábica, que es muy válido y sirve como un ejemplo para otros países.

"Queremos promover un debate honesto entre la policía y demás implicados"

Tú eres parte del LEAP Europa en España, pero no eres policía ni formas parte del sistema de justicia.

Puedo ser la única o una de las pocas personas no policías dentro de la organización. Cuando conocí LEAP me sorprendió muy gratamente. Me produce mucha admiración, porque ser una voz policial disidente supone ser muy valiente, ir a contracorriente y te expone a ser blanco de críticas. En Europa y en otros países es algo que está muy presente. Por un lado hay miembros que son más activos, son portavoces y dan la cara, y por otro, hay muchos miembros que son invisibles, que no dan la cara pero sí apoyan el movimiento y realizan acciones más silenciosas, menos visibles, pero que están en sintonía con la reforma de las políticas de drogas.

Las fuerzas policiales son cuerpos que tienen todo el rato un ojo encima, puesto a sí mismos, y con una autoridad muy fuerte…

Por eso mismo creo que es importante este movimiento, porque hace pensar: si la gente que está en el día a día de la batalla contra las drogas dice que la prohibición es vender humo, da mucho que pensar. Incluso para la población general, que tiene un gran desconocimiento en materia de políticas de drogas, las personas que llevan dentro la narrativa global de “las drogas son malas, hay que detener a los traficantes, hay que penalizar a las personas que consumen…”, para ellos las voces policiales creo que son más edificantes y causan un mayor impacto. Como mínimo para reflexionar o cuestionar lo que nos cuentan.

Claro, si te dice un policía que la prohibición de las drogas es un error crea un impacto diferente que si te lo dice, por ejemplo, un consumidor.

Correcto, porque ellos conocen perfectamente la situación. Por ejemplo, Juan Antonio Delgado es de Cádiz y ha estado en la zona de Gibraltar y el Estrecho como Guardia Civil durante 30 años, y su discurso es el de una persona que ha visto que en todo ese tiempo no se ha avanzado nada, que hoy estamos igual o peor que antes. O policías que han estado una década en Colombia y han visto cómo las hectáreas de cultivo de hoja de coca se multiplicaron en ese tiempo. No hay que ser muy listo para saber que algo no está funcionando.

Sabemos que el objetivo principal es el control de la oferta, es decir, reducir el mercado de drogas. Y eso no se ha conseguido. Ni en el Estrecho con el tráfico de Marruecos, ni en Colombia con la producción de cocaína ni en ninguna otra parte. Una de las consecuencias de las actuales políticas es el efecto globo: se presiona por un lado y revienta por otro. Toda la presión que ha habido en el Estrecho en los últimos dos años no ha conseguido eliminar el tráfico, sino que ha provocado que las lanchas ahora estén llegando a Valencia o Tarragona, con embarcaciones de más alcance, más rápidas y más cargadas. Lo único que se consigue es trasladar el problema a otra zona.

Como ocurre cuando se cierra un poblado o zona en la que se concentra la venta de drogas.

Sí, el otro día discutía con varios policías por twitter sobre una gran operación policial realizada en Sant Adriá, en la Mina. Ellos pedían más presión y más insistencia, y yo argumentaba que eso no soluciona el problema, que solo lo desplaza a otra zona. Había gente del barrio que estaban a favor de que el problema saliera de su zona, pero la realidad es que la venta de drogas estaba concentrada allí porque antes se había presionado sobre el narcotráfico en el barrio del Raval, y entonces se movió a la Mina. Trasladar el problema supone correr el riesgo de que en el futuro se presione en otra zona y vuelva a caer de nuevo en el mismo barrio. Yo les pregunté, ¿se trata de trasladar el marrón o de solventarlo de una vez por todas?

Es una visión que reduce el problema a los kilos de droga que se mueven y los que se incautan, como si todo lo de alrededor no existiera.

Hay que ir más allá de las respuestas y consideraciones superficiales. Cuando hablamos del narcotráfico en el Estrecho apenas se habla de las condiciones sociales, de la falta de recursos, de oportunidades o de un paro juvenil por las nubes. El viernes intentaremos que el debate sea mucho más amplio y dar a conocer otra perspectiva y otros puntos de vista, que sorprende que no estén más presentes, como sí ocurre en otros países. Y en España también los hubo hace unos años, en los 80 y los 90, cuando se emitían debates televisivos con gente como Escohotado, en los que ya aparecían policías con un discurso crítico con la prohibición.

La presentación en Barcelona tendrá lugar el viernes 8 de abril en el CCCB.

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