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Los mercados de cannabis sienten el peso de la sobreoferta

El cannabis legal crece en muchos países, pero no siempre encuentra compradores al mismo ritmo. Un informe advierte que la sobreoferta ya empieza a presionar los precios en mercados de Europa y América Latina, repitiendo un fenómeno ya conocido en Estados Unidos y Canadá.

La expansión internacional del cannabis legal suele narrarse como una historia de aperturas donde nuevos territorios se van sumando a la cadena de suministro global. Pero el informe What You Need to Know: Pricing Compression and Its Impact on International Cannabis Markets propone una lectura menos optimista. Según sus autores, la compresión de precios no es un accidente aislado, sino una fase previsible de maduración cuando la oferta crece por encima de la demanda legal efectiva. En los mercados legales de cannabis en Europa, ya se puede ver como el crecimiento de la producción, las importaciones y las expectativas empresariales avanza más rápido que la consolidación de una demanda estable.

Alemania aparece como uno de los ejemplos más observados. De acuerdo con el medio especilizado MJBizDaily, los precios del cannabis medicinal en Alemania han caído cerca de un 25% en poco más de dos años, considerando que la capacidad importada podría abastecer entre 900.000 y un millón de consumidores, mientras que la demanda proyectada se situaría entre 700.000 y 900.000. En un mercado todavía marcado por cambios regulatorios, telemedicina, acceso médico y competencia internacional, la abundancia puede convertirse en un factor determinante de fragilidad.

El diagnóstico del informe no solo apunta al mercado europeo y deja en evidencia que la industria estadounidense lleva años conviviendo con una versión más avanzada del mismo problema: capacidad productiva legal muy superior a la demanda legal y operadores atrapados entre caída de precios, deudas, impuestos y restricciones comerciales. Las ventas legales de cannabis en Estados Unidos siguen moviendo cifras millonarias, pero ese volumen no garantiza por sí solo rentabilidad ni estabilidad para todos los actores del sector. Según el informe citado, solo el 27% de los operadores de cannabis en Estados Unidos obtuvo beneficios en 2024. La sobreoferta, además, puede alimentar el mercado ilícito cuando los cultivadores no logran colocar toda su producción en los canales regulados.

El informe también cuestiona el modelo de venta norteamericano ya que el acceso legal sigue concentrado en dispensarios especializados, un formato que puede funcionar para consumidores convencidos pero que no necesariamente atrae a públicos más amplios. Si la regulación habilita producción pero limita los puntos de contacto con consumidores potenciales, el mercado formal queda encerrado en la paradoja de producir más de lo que se logra vender legalmente.

La compresión de precios no desmiente la expansión global del cannabis, más bien la complejiza ya que legalizar, producir y exportar no bastan si las políticas de regulación no son capaces de definir con precisión quién compra, dónde compra y a qué precio puede sostenerse una cadena legal. En ese desajuste se juega una parte decisiva del futuro del cannabis y no se trata solo su crecimiento, sino la capacidad de construir mercados que no dependan de la euforia de un mercado en crecimiento.

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