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Colombia, cuando el oro no lo es todo

Ilustración de Óscar Noguera

Según datos de un informe elaborado por la consultora Win Gallup International, Colombia se sitúa en la cima del bienestar mundial, con un índice de felicidad neta (felicidad-infelicidad) del 85% y en reñida pugna con Fiyi y Arabia Saudita, en segunda y tercera posición, respectivamente.

Sin embargo, recientemente ACNUR instaba a las partes a involucrar a los refugiados y desplazados en las conversaciones de paz en Colombia. Los cincuenta años de guerra en el país han producido la mayor situación de desplazamientos a nivel mundial después del caso de Siria. Alrededor de 6,7 millones de personas se han visto obligadas a desplazarse en el interior del país (un 13% de la población) y unas 360.000 fueron reconocidas como refugiados tras haber huido al extranjero.

 

Y el mayor productor de coca

En otra reñida pugna, en este caso con Perú, Colombia pasó a ser nuevamente el mayor productor mundial de hoja de coca. Entre el 2013 y el 2014, la superficie cultivada se incrementó en un 44%, pasando de 48.000 a 69.000 hectáreas, y la producción potencial de cocaína aumentó en un 52,7%, pasando de 290 toneladas en el 2013 a 442 en el 2014.

Los datos preliminares sobre cultivos de coca para el 2015 indican un rápido crecimiento de las extensiones sembradas, y según las autoridades, los precios de la hoja de coca y de la base, en algunas regiones, se han incrementado en un 42% en los últimos meses. El crecimiento de los sembradíos no es uniforme, y en ciertas regiones es especialmente importante, como en el caso del departamento de Antioquia, donde el incremento de las superficies cultivadas es del 131%.

 

Mineros ilegales y grupos armados

Existe una íntima relación entre cultivos de coca y minería, puesto que a lo largo de los años las siembras acabaron con selvas y bosques, habilitando nuevas tierras para las explotaciones mineras. Para expertos y conocedores de la zona, las oscilaciones en las superficies cultivadas van aparejadas a la evolución de la minería ilegal de oro. Por ello, la disminución de la producción de coca transcurrió paralelamente al fuerte crecimiento de la minería informal de oro, propiciada por el incremento en los precios del metal, que pasaron de 731,5 dólares la onza en el 2008 a 1.889,70 dólares en el 2011.

El trabajo del minero informal de oro es más duro y peligroso que el del campesino, pero los ingresos son mayores y los encontronazos con las fuerzas de seguridad eran menos probables en momentos en los que estas se concentraban en la erradicación de cultivos de coca. La coyuntura no pasó desapercibida a los grupos armados, que vieron en la minería una oportunidad para diversificar e incrementar sus ingresos. Primero operaron mediante la intimidación y la extorsión, y posteriormente optaron por la participación en una actividad que ofrece ventajas como la opacidad, el estrecho límite entre legalidad e ilegalidad y la indiferencia ante cuestiones como la posesión de escrituras de propiedad o de licencias medioambientales y que, además, permite blanquear ingresos. Sin renunciar nunca a las rentables extorsiones, los grupos armados se infiltraron hasta pasar a explotar la minería e invirtieron en maquinaria, que o bien alquilaban o bien utilizaban de manera directa, y participaron abiertamente en la administración y dirección de las minas a través de testaferros.

 

Guerra a la minería informal

Actualmente, el proceso se ha invertido y se produce un regreso al cultivo de coca. Las razones, como siempre, son complejas. Los precios internacionales del oro han venido cayendo desde el 2011. Debido a que en la minería los gastos generales son altos y los resultados de las explotaciones no están garantizados, las fluctuaciones de precios pueden deteriorar gravemente la rentabilidad, lo que llevó a los grupos armados a replantearse las inversiones y a los trabajadores a volver a la única actividad alternativa existente.

Dado que los precios del oro no son tan bajos, ya que se sitúan a niveles del 2010, es necesario introducir más elementos en la explicación del fenómeno, y uno de capital importancia es la guerra del Estado a la minería informal, que a lo largo de los últimos dos años no ha dejado de intensificarse. En el 2014, los cuerpos de seguridad incautaron 739 kilos de oro “sospechoso”, frente a los 11 kilos del 2013 o los 3 del 2011; confiscaron o destruyeron 542 máquinas, detuvieron a 1.757 personas y clausuraron 655 minas.

El regreso a los cultivos de coca no se produce por orden de los grupos armados, quienes constituyen el eslabón más débil de la cadena son trabajadores pobres de las únicas actividades existentes en sus lugares de origen y que se sienten acosados injustamente por las fuerzas de seguridad. Una vez más la coca se torna la única opción posible.

 

Dólar, cocaína, glifosato y negociaciones de paz

Además de la caída de los precios del oro y la persecución de la minería ilegal, factores como el incremento del precio de la hoja de coca vinculado al alza en la cotización del dólar y el elevado consumo de cocaína en Estados Unidos han contribuido a recuperar el atractivo de los cultivos.

Algunas voces, en ocasiones un tanto interesadas, señalan que el crecimiento de los cultivos se relaciona con la suspensión de las fumigaciones aéreas con glifosato. Sin embargo, fuentes gubernamentales señalan que, por el momento, no puede constatarse tal circunstancia, puesto que las imágenes satelitales y otras informaciones utilizadas para los reportes se tomaron antes de la suspensión. Además, las autoridades venían detectando que la eficacia de ese método no dejaba de reducirse, dado que los campesinos sembraban en zonas difíciles de sobrevolar o en parques nacionales y también con técnicas de protección de cultivos.

Para ONUDD, otro de los factores que favorecería el incremento de cultivos serían los diálogos de paz en La Habana con las perspectivas de una negociación que incorpore a los cultivadores en programas subsidiados de sustitución.

 

Un poco más de lo mismo

En el contexto de esta enmarañada situación, el presidente Santos presentó la nueva estrategia de reducción de cultivos, que refuerza con 5.000 nuevos hombres los trabajos de erradicación manual y que se iniciará con un plan piloto, voluntario o forzoso, en diez municipios que concentran el 42% de los sembradíos y que se llevará a cabo con erradicaciones manuales o fumigaciones terrestres.

Al tiempo, deberán llegar programas de sustitución que permitan a los campesinos realizar cultivos legales y rentables que vendrían acompañados de programas e inversiones sociales y, por descontado, de controles y prohibiciones. Podría decirse que lo mismo de siempre pero aderezado con ajustes e incentivos.

Por si fuera poco, resurgen los cultivos de amapola. En las imágenes satelitales se detectaron 387 hectáreas, la mayor extensión en los últimos cinco años. La disminución de los precios y el aumento de la producción propician el resurgir de la heroína en Colombia y su llegada a Estados Unidos, algo que preocupa en ese país.

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