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Ilustración de Oscar Noguera

El tabaco es, en palabras del poeta y héroe nacional cubano José Martí: “Hoja india, consuelo de meditabundos, deleite de los soñadores, arquitectos del aire, seno fragante del ópalo alado…”; y el ron, como saben, sirve para compartir, con familiares y amigos, las alegrías y tristezas que nos depara la vida. Dos sustancias que simbolizan parte de la identidad cubana y que, pese a los placeres que puedan depararnos, resultan infinitamente más mortíferas que la denostada marihuana.

El modelo cubano

Cuba descarta de plano la legalización de la marihuana. Ricardo González, presidente de la Comisión Nacional de Ética Médica y una persona de marcada influencia en la materia, con un amplio currículum, en el que eventualmente encontramos su colaboración en la revista Adicciones, del PND de España, y más de treinta años de experiencia en el tratamiento de adictos en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, no duda en descalificar a los que defienden la legalización: “Quienes proponen la legalización no pueden, por su perfil profesional, valorar la repercusión en el hogar, laboral y comunitaria de los efectos cerebrales de esta droga, al bloquear el cerebro racional y liberar las estructuras y funciones más primitivas. […] Hay suficientes informaciones científicas actualizadas sobre el desencadenamiento de esquizofrenia, deterioro cognitivo, acción cancerígena y violencia sorpresiva de la marihuana”.

El modelo cubano está estructurado a través de la Dirección Antidrogas del Ministerio del Interior (MININT) y la estricta actividad de la Aduana y las Tropas Guardafronteras (TGF), instituciones no siempre inmunes a la corrupción y al delito, como demuestra uno de los casos más conocidos internacionalmente, el procesamiento en 1989 del general Raúl Arnaldo Ochoa, héroe de la revolución, y del capitán Antonio de la Guardia, ambos condenados a muerte. En su afán de enriquecimiento se habían entrevistado con Pablo Escobar, al que cedieron rutas aéreas y marítimas para el envío de drogas a Estados Unidos.

En el 2009 visitó Cuba el entonces director de la ONUDD, Antonio María Costa, que calificó de excelente el control de las fronteras internas sobre el narcotráfico.

En noviembre del 2014, las autoridades revelaron que durante ese año se habían confiscado 269.428 semillas de cannabis, más del doble de las incautadas en el 2013, y se hizo referencia a la creciente tendencia a la introducción de drogas en el país. Según un despacho de la Agencia Cubana de Noticias de junio del 2015, los intentos de introducción de drogas en el país mostraban una tendencia creciente, con 29 casos detectados durante el primer semestre del año. En marzo del 2015, el Departamento de Estado norteamericano reconocía que Cuba es ejemplo del combate antidroga: “La producción y el consumo siguen siendo bajos, debido a la activa vigilancia, las estrictas sentencias y los programas nacionales de prevención y educación; los traficantes regionales suelen evitar Cuba”. A final de mayo del 2015 se habían decomisado en la frontera 51 kilos de narcóticos, en especial marihuana y cocaína. Durante el 2014 se incautaron 49,38 kilos de drogas, lo que índica una tendencia al crecimiento.

El pasado abril, agencias internacionales de prensa difundieron que contenedores con miel cubana habían sido detectados en Panamá con 400 kilos de cocaína. Las autoridades cubanas documentaron que la miel había salido del país libre de esa sustancia, que quizás había sido colocada en el istmo. La carga llegó correctamente a Bélgica, su destino final. El incidente fue atribuido a provocaciones anticubanas de los narcotraficantes y la mafia cubanoamericana.

En mayo, el periódico provincial de Escambray informaba de la confiscación de varias fincas tras descubrirse en el municipio de Taguasco 453.252 semillas de cannabis, 433 plantas y 395 tallos podados.

Cuba se define a la vanguardia de la lucha contra las drogas y sin necesidad de la DEA, FBI, Comando Sur ni flota norteamericana, y elogia la gestión de Evo Morales en sus campañas contra el narcotráfico tras la expulsión en el 2008 de la DEA y el embajador de Estados Unidos.

Las autoridades reiteran que en su lucha antidroga contaron con el apoyo de organizaciones de trabajadores y campesinos, y apelan a las familias cubanas para “ubicar y proceder legalmente contra quienes empiezan a introducir entre la juventud la marihuana y la cocaína”.

 

Un fantasma recorre América, el fantasma de la legalización

La legalización de la marihuana en Uruguay no dejó de causar impacto en Cuba, donde el entonces presidente José Mujica, exguerrillero sometido a durísima condena y gobernante de izquierda, goza de una fuerte popularidad.

 A su vez, el proyecto de legalización en Florida llevó inquietud a la isla, luego aliviada tras la derrota del proyecto, al no alcanzarse el 60% de los votos necesarios en el referéndum del 2014: “Pero no podemos cantar victoria –ha dicho el periodista cubano afincado en Suecia, Carlos Manuel Estefanía–, puesto que el sistema ha conseguido lavar el cerebro del 57,5% de los votantes. [...] En Estados Unidos y otros países desarrollados las campañas propagandísticas financiadas por el lobby mariguano han logrado infiltrar la industria cinematográfica, que realiza una serie de producciones en las que se banaliza el cannabis, o, lo que es peor, se convierte al fumeta en el héroe de la película”.

Se trataría de una elaborada estrategia propagandística que usa la cultura como canal, y cuyos efectos habrían llegado a Cuba, como apunta también Carlos Manuel Estefanía: “Incluso entre sectores intelectuales capaces de pensar críticamente”, como es el caso del escritor y realizador Eduardo del Llano, que en el 2012 escribía en su blog: “La marihuana era un cultivo extendido y próspero. Luego fue prohibida y aún lo está en casi todas partes, pues se consideraba que mataba neuronas y fomentaba el deseo por drogas aún más fuertes. Sin embargo, estudios recientes indican que no solo no ha muerto nadie por consumo de marihuana, sino que tiene un montón de propiedades medicinales. Aprovechemos para fumarla ahora, antes de que vuelvan a demostrar que es mala”.

 

Diario de un fumeta o los límites del modelo antidroga

Pese a los decomisos, la producción y comercialización de drogas en la isla es un hecho conocido dentro y fuera del país. En el blog de una conocida marca de semillas aparecía una entrada de un turista mariguano en los siguientes términos: “Es un poco difícil encontrar marihuana en Cuba. Los turistas generalmente quieren aventurarse en ciertos barrios para comprar. Yo sugiero que se alojen en las zonas turísticas de todos modos. Aquí los jóvenes que se sientan en las inmediaciones de los restaurantes y bares, que hablan inglés bastante bien, por lo general cuentan con contactos para conseguir lo que los extranjeros deseen fumar […] Es mejor crear un cierto nivel de confianza antes de solicitar cannabis. Este tipo de chicos ofrecerá primero una prostituta antes de pasar al tema drogas. Del mismo modo, pueden ofrecer a las mujeres alguna compañía masculina. Solo tienes que dejarte llevar hasta que salga el tema. Ten cuidado, porque hay policías encubiertos por todas partes en las zonas turísticas de La Habana”.

En relación con la dura realidad del narcotráfico en la región, Raúl Castro afirmaba en la cumbre de la CELAC del año 2013: “En Cuba no hay droga ni la habrá. Hay más de 250 extranjeros detenidos por intentar introducirla”. Relató también las dificultades de la tarea, con la detención de casi 5.000 implicados, sobre los cuales cayó todo el peso de la ley. Algunos centenares eran inocentes y fueron liberados, pero “la batalla contra la droga tiene que ser a sangre y fuego, la pena de muerte está en reserva, pero ahí está”.

El pasado abril, en un debate televisivo, el jefe de la Dirección Antidrogas sostuvo que el consumo de drogas no tiene gran impacto en Cuba. Sin embargo, la ministra de Educación reconoció la existencia del consumo de psicofármacos en centros educativos en las zonas de mayor marginalidad de La Habana.

Algunos análisis llaman la atención sobre el incremento en el consumo de drogas a partir de los años noventa, durante el periodo especial, cuando miles de personas debieron buscar alternativas de subsistencia en actividades ilegales que “hoy en día se han establecido como formas normales de sustento porque denotan un nivel de vida superior y hasta mucho más digno, dentro de los patrones morales que rigen las relaciones sociales en los barrios marginales”.

Diversas publicaciones especializadas señalan que, pese a los programas antidrogas y educativos, el índice de consumo de tabaco, marihuana, alcohol, pastillas y cocaína entre los jóvenes sigue en aumento.

“A partir del 2011 la situación operativa de las drogas en Cuba se ha caracterizado por su complejidad creciente”, y se señala la existencia de un mercado interno estructurado principalmente en La Habana, “el cual es abastecido por delincuentes locales que trasladan las drogas desde las provincias más orientales hasta la capital, y que afecta a un número creciente de personas, en su mayoría jóvenes”.

Al decir de algunos cronistas locales: “Evidentemente, la marihuana entró en Cuba para quedarse, aunque queda el consuelo de que su legalización no se ve en el horizonte”.

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