Hola. Sostenía el finado Antonio Escohotado que “el alcoholismo no es nada más que una práctica sistemática de evitación de la resaca”. Y, si lo piensan, tenía razón. Como casi siempre. Lo mismo opinaba Lemmy Kilmister, el destroyer desfasao de los Motorhead: “Las resacas son para los que dejan de beber”. Lemmy siguió bebiendo como un cosaco, siempre luchando a brazo partido contra su resacón crónico. La resaca es chunga, aunque otro fenómeno en estas lides como Charles Bukowski juraba que las resacas le ponían cachondo. Un autor, por el que todos sentimos verdadera devoción, como William Faulkner, amanecía con tales resacones que tenía por costumbre desayunar dos aspirinas con un buen vaso de ginebra pura. Solo así conseguía el sesudo autor afeitarse sin que le temblaran las manos.
A otro eminente erudito borrachuzo, Kingsley Amis –el papá de Martin–, inglés para más señas, debemos la más perfecta definición conocida de lo que allí llaman hangover: “Cuando esa mezcla inefable de depresión, tristeza (no son lo mismo), angustia, desprecio de uno mismo, sensación de fracaso y miedo al futuro empiece a imponerse, recuerda siempre que lo que tienes es resaca”. En mi pueblo dicen: “Noche de desenfreno, mañana de ibuprofeno”.
En términos médicos, la denominada veisalgia, la resaca del alcohol se describe, como todos ustedes sobradamente saben, como ese estado de malestar general que puede incluir dolor de cabeza, náuseas, mareos, cansancio, motivación difusa, sudoración, hipersensibilidad a la luz y el sonido, así como trastornos estomacales y mal rollo. En los casos más graves, esta combinación de deshidratación, irritación gastrointestinal, falta de sueño y toxicidad orgánica, puede llegar a prolongarse más de 24 horas. Es en esos trágicos momentos cuando resuenan sobre nuestras cabezas las sabias palabras de Homer J. Simpson, “¡por el alcohol, causa y, a la vez, solución de todos nuestros problemas!”.
Por una de esas indescifrables casualidades de la vida, les escribo esta columna con una moderada resaca. Anoche se nos fue la mano con la cerveza, con el añadido de dos o tres estimulaciones y abundancia de porros. Los porros, sin embargo, no dejan resaca si se bebe agua y se descansa bien. Ojo al dato. He amanecido con la mente turbia y dolorcillo de cabeza. Lógicamente, a mayor graduación alcohólica ingerida, mayor resaca. Dentro de las bebidas fuertes, los expertos consultados nos aseguran que el bourbon, el brandy o el ron oscuro, entre los destilados, y el vino tinto, entre los fermentados, son las bebidas que más resaca dejan. Si se combinan todas ellas y se remata la faena con chupitos de tequila reposado y aguardiente licor café, puede resultar una resaca apoteósica.
Muchas drogas, muy bien lo saben ustedes, también dejan resaca. El blue monday de la MDMA, los bajonazos de anfetamina, el clavo en el cráneo del whisky con cocaína, el malestar del caballo si no se han espaciado los consumos... Dicen los especialistas en la materia, que el éter y el cloroformo implican una resaca horrible, con el indigno añadido de provocar un intenso mal aliento. ¡Uf! La cuestión, al final, es que en general los consumos de drogas van unidos al consumo de alcohol, así que empezamos mezclando, para desgracia del hígado. Le hemos preguntado a la IA qué combinación de drogas y alcohol produce la peor resaca, pero se ha salido por la tangente, parece que le falta calle...
La resaca no puede evitarse, lo sabemos perfectamente, como mucho podemos intentar mitigarla un poco. De nada valen los trucos de la abuela, ni las mañas del borracho. Si acaso beber mucha agua. En estas mismas páginas (Cáñamo 316), Antón Gómez-Escolar nos hizo un perfecto resumen de lo que se puede hacer, científicamente hablando, para atenuar la cruda, como llaman en Hispanoamérica a la resaca. Se lo recomiendo. Es un tema simpático, este de la resaca, que se trata como una anécdota humorística en cualquier programa televisivo matinal. No obstante, toca recordar que en España mueren anualmente casi quince mil personas por causas directamente relacionadas con el consumo de alcohol.
La resaquilla de cerveza me deja pensamientos lúgubres y me noto embargado por un ánimo pesimista y oscuro. ¿Por qué es legal el alcohol y otras sustancias siguen prohibidas? ¿Qué se entiende, desde la instauración de la prohibición de las drogas, por salud pública? ¿Es una especie de chiste macabro? ¿Un mal sueño? ¿Cómo es posible que siga sosteniéndose este disparate? La interminable resaca de la prohibición. Adiós.