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El consumo de alcohol gana peso en la evaluación del hígado graso

La Asociación Española para el Estudio del Hígado insiste en que evaluar el consumo de alcohol debe formar parte de la atención a las personas con hígado graso. Los especialistas proponen considerar no solo cuánto se bebe, sino también los patrones de consumo y los factores psicosociales que pueden influir en ellos.

La Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH) reforzó esta recomendación durante un encuentro dedicado a la MetALD, una enfermedad en la que confluyen factores metabólicos y consumo de alcohol. La sesión reunió a especialistas que reclamaron una evaluación más sistemática en los centros sanitarios y una mirada que no se limite a cuantificar cuánto bebe cada paciente.

Javier Ampuero, director del registro HEPAmet, destacó la utilidad del AUDIT-C, un cuestionario breve empleado para detectar patrones de consumo de alcohol que pueden requerir una evaluación adicional. Su intervención apuntó a incorporar esta herramienta de manera habitual en la práctica clínica, en lugar de reservar la valoración del alcohol únicamente para situaciones en las que ya existe sospecha de un consumo problemático.

Esta orientación cuenta con un respaldo clínico anterior al encuentro. Una guía de práctica clínica multidisciplinar publicada en 2025 aconseja investigar el consumo de alcohol y la presencia de diabetes en pacientes con esteatosis hepática metabólica. Ambos factores se asocian con un mayor riesgo de progresión de la fibrosis y otras complicaciones hepáticas.

Sin embargo, registrar la cantidad de alcohol consumida no basta para comprender todas las circunstancias del paciente. Juan Pablo Arab, especialista en enfermedad hepática asociada al alcohol, señaló durante el encuentro que factores como la depresión, la ansiedad, el dolor crónico, el insomnio y el estrés también deben considerarse durante la evaluación. La propuesta supone integrar esos elementos en la valoración clínica, sin asumir que exista una misma explicación para todas las personas.

El planteamiento de los especialistas desplaza así el foco desde una cifra aislada hacia una evaluación más amplia del consumo. Saber cuánto bebe una persona sigue siendo relevante, pero también importa conocer cómo bebe y qué circunstancias pueden estar influyendo en ese patrón.

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