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Alcohol y cannabis alteran de forma distinta la conducción

Un estudio realizado en EE UU encontró menos exceso de velocidad en los trayectos asociados al cannabis, aunque también registró señales de una menor capacidad para mantener el carril. Los resultados describen comportamientos distintos a los observados con alcohol, pero no demuestran que conducir después de consumir cannabis sea seguro.

El estudio publicado en Accident Analysis & Prevention analizó la conducción cotidiana de 41 consumidores habituales de cannabis residentes en Washington y Virginia. Durante varios meses, sus vehículos registraron la ubicación, la velocidad, los movimientos del automóvil y otras variables, mientras unas cámaras permitieron revisar posibles incidentes durante los trayectos.

Antes de conducir, los participantes informaban si habían consumido cannabis, alcohol, medicamentos u otras sustancias. Los investigadores complementaron esas declaraciones con controles periódicos de alcohol en aire espirado y análisis de saliva, y dividieron los recorridos entre viajes sin sustancias, con cannabis, con alcohol y con ambos.

En los trayectos asociados exclusivamente al cannabis, la proporción de conducción por encima del límite de velocidad fue un 5 % menor que en los viajes sin sustancias. Una posible explicación es que algunos conductores percibieran la alteración y redujeran voluntariamente la velocidad, una estrategia compensatoria que también ha aparecido en investigaciones anteriores sobre consumidores habituales al volante.

Conducir más despacio, sin embargo, no equivale necesariamente a conducir mejor. El análisis encontró señales exploratorias de mayores dificultades para mantener el vehículo dentro del carril. La revisión de los vídeos también identificó situaciones cercanas a una colisión tanto en recorridos asociados al cannabis como en viajes sin sustancias, aunque la cantidad de episodios fue insuficiente para extraer conclusiones firmes sobre el riesgo.

Los trayectos vinculados al alcohol mostraron otro patrón. Se concentraron con mayor frecuencia durante la noche y los fines de semana, y los conductores pasaron una proporción mayor del recorrido por encima de la velocidad permitida en carreteras principales y secundarias. Cuando ambas sustancias aparecían combinadas, los viajes reunían características observadas en los dos grupos.

La investigación tiene la ventaja de observar desplazamientos reales, pero su muestra es pequeña, incluye únicamente consumidores habituales y no asignó aleatoriamente el uso de sustancias. Las rutas, los horarios y las razones de cada viaje también pudieron influir en las diferencias. Tampoco establece una concentración de THC que permita identificar incapacidad, algo relevante porque los test de cannabis no miden por sí solos la alteración y su detección puede persistir después de que desaparezcan los efectos.

Los datos muestran que alcohol y cannabis pueden dejar huellas distintas en la conducción cotidiana. No ofrecen un atajo para decidir quién está en condiciones de conducir: bajar la velocidad puede ser una forma de compensación, pero no borra otras alteraciones ni convierte el consumo previo en una práctica segura.

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