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Empatógenos-entactógenos: la familia psicoactiva más cariñosa

Son sustancias sintéticas de una gran popularidad por sus efectos prosociales y su extenso uso recreativo, pero que también están cada vez más valoradas por su potencial terapéutico para el tratamiento del trauma o los conflictos en contextos clínicos. Veamos los principales miembros de esta familia capitaneada por la MDMA (éxtasis), que está en constante crecimiento, así como efectos, mecanismos de acción, principales riesgos y estrategias de reducción de riesgos. 

Existe una familia de drogas que tienen en común su capacidad para producir sentimientos de felicidad, positividad, autoaceptación, compasión, conexión y empatía (hacia otros y uno mismo), mediante la liberación de grandes cantidades de serotonina, ese neurotransmisor asociado con múltiples funciones emocionales y sociales. Pero sus efectos no se quedan ahí, sino que acompañan esta liberación de serotonina con la de otros neurotransmisores como la dopamina, que euforiza y motiva; la noradrenalina, que energiza, y hasta la oxitocina, implicada en la formación de vínculos sociales. 

Hablamos de un familia de drogas psicoactivas con un efecto tan especial que originalmente fue bautizada por el psiquiatra americano Ralph Metzner como empatógenas, para resaltar su poder de inducir empatía, y cuya definición más adelante se ampliaría incluyendo el término entactógeno a sugerencia del bioquímico americano David Nichols. Este último vocablo hace referencia a su capacidad para producir un contacto interno o con uno mismo, y además de resaltar su potencial terapéutico, evita la posible asociación inadecuada de la palabra empatógeno con connotaciones negativas relacionadas con la raíz griega páthos (‘sufrimiento’), de donde surgen palabras de connotación muy negativa como patologías

Últimamente está floreciendo mucho el interés por el potencial terapéutico de las drogas empatógenas-entactógenas dentro del contexto de este renacimiento psicodélico que estamos viviendo en los últimos años. Concretamente, el potencial de la MDMA para el tratamiento del trastorno por estrés postraumático (TEPT), de las adicciones o incluso en terapia de parejas.

Pero esto no quiere decir que estas drogas no tengan riesgos, efectos secundarios o no puedan llegar a causar patologías importantes. Como con cualquier sustancia psicoactiva, el uso de empatógenos-entactógenas conlleva riesgos, que aunque no es habitual que se manifiesten a dosis medias y en personas sanas, pueden ser importantes a dosis altas, cuando se combina con otras drogas o en personas con enfermedades previas. En general, algunos de sus riesgos más importantes son: 

  • Hipertermia, que puede llegar a convertirse en un golpe de calor en condiciones de deshidratación, calor ambiental y ejercicio físico intenso (baile). 
  • Serotonina demasiado elevada, sobre todo cuando se consumen en dosis muy altas o combinadas con otras drogas o fármacos, y puede producir un síndrome serotoninérgico. 
  • Problemas cardiovasculares derivados de su perfil estimulante (arritmia, taquicardia, hipertensión, infarto, accidente cerebrovascular...). 
  • Hiponatremia, que es un problema grave pero muy poco frecuente, producido por una reducción importante del sodio en la sangre debido a un consumo excesivo de agua. 
  • Ansiedad, insomnio, confusión o malestar, derivado de sus efectos de perfil psicodélico. 
  • Resaca emocional o bajones emocionales depresivos. 

Los riesgos de su uso frecuente a largo plazo son su posible adictividad, depresiones y posible neurotoxicidad.

Subfamilias y principales moléculas 

Se da la particularidad de que todas las sustancias de esta familia son de origen sintético, y aunque las más antiguas tengan más de un siglo de existencia y fuesen creadas por la mismísima industria farmacéutica, estuvieron olvidadas en un cajón y apenas se usaron hasta ser redescubiertas y popularizadas hace cincuenta años. El primer empatógeno-entactógeno en descubrirse fue la MDA (sintetizada en el año 1910), aunque el que a la postre alcanzaría mayor fama sería la MDMA, más conocida actualmente como éxtasis, sintetizada en el año 1912 por la casa farmacéutica alemana Merck. Sus propiedades psicoactivas no fueron descubiertas hasta medio siglo después y popularizadas por el bioquímico americano Alexander “Sasha” Shulgin, quien creó o redescubrió la mayoría de las moléculas empatógenas-entactógenas que conocemos en la actualidad e investigó sus usos potenciales junto a su esposa Ann Shulgin. 

Más allá de la MDMA, que es la reina indiscutible de esta categoría, también existen muchas más sustancias. En función de su estructura química, podemos hablar de cuatro grandes subfamilias de drogas empatógenas-entactógenas: 

  • Anfetaminas sustituidas: su estructura molecular parte de la molécula de la anfetamina o metanfetamina, y aquí se encuentran MDMA, MDA, MDEA y MBDB, que son las de más historia, más populares y ampliamente conocidas. 
  • Catinonas sustituidas: un grupo de sustancias que incluyen derivados sintéticos de la catinona, algunos de los cuales tienen efectos empatógenos. Su popularidad es relativamente reciente y obedece sobre todo a su estatus de legalidad. 
  • Triptaminas empatógenas-entactógenas: moléculas de la familia de las triptaminas (estructuras derivadas del triptófano y similares a la serotonina) que, en algunos casos, presentan estos efectos empatógenos-entactógenos.
  • Otros compuestos: algunas sustancias, como el 2C-B, tienen propiedades entactógenas, aunque también presentan características psicodélicas.
Empatógenos-entactógenos: la familia psicoactiva más cariñosa

Es imposible entender el crecimiento de esta familia en las últimas décadas sin hacer referencia al fenómeno de las nuevas sustancias de síntesis (NPS, sus siglas por su nombre en inglés: new psychoactive substance), una dinámica de continua creación y comercialización de nuevas drogas legales que parten de pequeñas modificaciones en la estructura de drogas ya ilegalizadas. Estas nuevas moléculas se vendían libremente por internet o en smart shops, con nombres en clave y apariencia de sales de baño, fertilizantes para plantas, aromatizadores o como research chemicals (sustancias para uso en investigación), para evitar levantar sospechas sobre su verdadera finalidad, hasta que su uso y daños eran detectados por las autoridades y se iniciaba un proceso de evaluación de riesgos que concluía con su prohibición, tras la cual los traficantes lanzaban una nueva molécula en el mercado, y así sucesivamente…; un juego del ratón y el gato de químicos y traficantes contra legisladores y policías. 

Veamos brevemente algunas de las sustancias más conocidas de esta categoría de drogas en constante expansión: 

  • MDMA (3,4-metilendioximetanfetamina) o éxtasis: la reina indiscutible de esta categoría y de las fiestas de música electrónica. Redescubierta en los años setenta por el bioquímico americano Alexander “Sasha” Shulgin, tuvo uso en el ámbito terapéutico para el tratamiento del TEPT y la terapia de parejas, y ha sido ampliamente consumida desde los años ochenta en espacios de ocio en forma de cristal o pastillas con diversos colores y logos. Actualmente, su uso terapéutico está recién autorizado en Australia y a punto de serlo también en Norteamérica y Europa. La MDMA actúa principalmente como un liberador y/o inhibidor de la recaptación de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina, la norepinefrina e incluso la oxitocina, y produce efectos característicos de esta categoría, como euforia, sensación de conexión con otros y uno mismo, aumento de la percepción sensorial y una sensación de energía. 
  • MDA (3,4-metilendioxianfetamina): también conocida como Adán (Adam, en inglés), la MDA es una de las sustancias psicoactivas más antiguas de la familia de las anfetaminas sustituidas. Durante la década de 1960 y principios de 1970, la MDA ganó popularidad como droga recreativa en ciertos círculos sociales y culturales antes de que se prohibiera en muchos países. La MDA apareció combinada con cafeína en muchas de las cápsulas conocidas como meskas y que se consumían en la Ruta del Bakalao en España. La MDA es considerada más neurotóxica que la MDMA. 
  • MDEA (3,4-metilendioxi-N-etilanfetamina): también se conoce a veces por su nombre de calle, Eva (Eve, en inglés), y es una de las sustancias psicoactivas sintetizadas en la investigación de análogos de la MDA. Al igual que otros entactógenos, tuvo un breve período de uso en la psicoterapia antes de que las restricciones legales limitaran su disponibilidad. Produce efectos similares a los de la MDMA, pero muchos usuarios informan que son más suaves o menos intensos y menos estimulantes. 
  • MBDB (3,4-metilenedioxi-N-metilbutanfetamina): conocida como Edén (y con esta ya tendríamos a Adan, Eva y Edén), es otro derivado de la MDMA y muy parecida en efectos a la MDEA. 
  • 4,4’-DMAR (4-metil-4’-metoxianfetamina): es un análogo estructural de compuestos previamente utilizados como medicamentos anorexígenos (supresores del apetito) en la década de 1960, sin embargo, nunca fue utilizado como medicamento. Apareció en el mercado de drogas de diseño en la década del 2010, siendo vendido a menudo como research chemical.
  • 4-MTA (4-metilanfetamina): fue desarrollada originalmente en la década de 1960 con fines de investigación científica. Sin embargo, durante la década de 1990, ganó notoriedad como una alternativa legal a la MDMA en algunos países antes de que fuera prohibida. Tiene efectos similares a los de la MDMA, aunque generalmente con una mayor duración.
  • 4-FA (4-fluoroanfetamina): también conocida como Flux, es una anfetamina de efectos estimulantes pero ligeramente empatógenos-entactógenos que fue ampliamente distribuida como NPS y muy popular en Europa. 
  • 6-APB (6-(2-aminopropil)benzofurano): también conocido como Benzofury, fue sintetizado por primera vez a principios de la década de 1990 por David E. Nichols, un químico y profesor en la Universidad Purdue, como parte de su investigación sobre análogos de drogas psicoactivas. A pesar de ser creado con propósitos de investigación, el 6-APB finalmente apareció en el mercado recreativo, principalmente en Europa, en la década del 2010. Algunos informes sugieren que el 6-APB puede tener un efecto más prolongado en comparación con la MDMA. 
  • 5-APB (5-(2-aminopropil)benzofurano): muy similar al 6-APB, apareció tras su prohibición. Algunos informes sugieren que el 5-APB puede tener efectos menos estimulantes en comparación con el 6-APB o la MDMA. 
  • Metilona, bk-MDMA o MDMC (3,4-metilendioximetcatinona): aunque esta catinona fue sintetizada por primera vez en 1919, la metilona no se popularizó hasta hace relativamente poco en el contexto de las NPS que se vendían legalmente como sustituto del éxtasis (MDMA) pero camuflado en forma de productos vendidos como sales de baño, fertilizante para plantas o bajo otras denominaciones para eludir las regulaciones, especialmente antes de que se prohibiera en muchos países. Su mecanismo es similar al de la MDMA, aunque su perfil de efectos puede variar en intensidad y duración, siendo más suave y menos duradero. Se sabe poco sobre la toxicidad a largo plazo o el potencial de neurotoxicidad de la metilona. 
  • Etilona (3,4-metilendioxibutinona, bk-MDBD): muy similar a la metilona, surgió poco después de la prohibición de esta. 
  • Mefedrona o 4-MMC (4-metilmetcatinona): fue sintetizada por primera vez en 1929, pero no ganó popularidad como droga recreativa hasta la década del 2000. Se vendió legalmente en muchos países como una sal de baño o un fertilizante para plantas para eludir las leyes de drogas, antes de que las autoridades empezaran a prohibirla. Su efecto es más estimulante y breve que el de la MDMA, y presenta mayor riesgo cardiovascular y de craving o adicción. Actualmente, tiene mucho arraigo en contextos de ChemSex (‘fiestas sexuales con uso intensivo de drogas’). 
  • 3-MMC (3-metilmetcatinona), 4-CMC (4-clorometcatinona), 3-CMC (3-clorometcatinona): sustancias similares a la mefedrona (4-MMC) y que fueron saliendo al mercado al prohibirse esta. 
  • MDAI (5,6-metilendioxi-2-aminoindano): fue desarrollada originalmente en la década de 1990 por el químico David E. Nichols como una alternativa no neurotóxica a la MDMA. En la década del 2010, la MDAI ganó notoriedad en el mercado de las drogas de diseño, siendo vendido a menudo como research chemical. Los usuarios reportan efectos similares a los de la MDMA, aunque generalmente más suaves. A diferencia de la MDMA, la MDAI no parece tener un efecto significativo en la liberación de dopamina o norepinefrina, lo que resulta en menos efectos estimulantes. 
  • 5-MeO-DiPT (5-metoxi-N,N-diisopropiltriptamina): también conocida como Foxy, es una triptamina desarrollada por Alexander “Sasha” Shulgin, caracterizada por tener efectos táctiles y físicos, muy apreciados en contextos sexuales, pero que genera bastante estimulación sin alucinaciones visuales para ser una triptamina. 
  • 5-MeO-MiPT (5-metoxi-N-metil-N-isopropiltriptamina): también conocida como Moxy y muy similar a la 5-MeO-DiPT. 

Reducción de riesgos con empatógenos-entactógenos 

Tras mencionar los efectos y los riesgos que pueden suponer este tipo de sustancias, toca ser pragmáticos y recordar la forma de reducir sus riesgos para aquellas personas que las consuman: 

  • Es muy importante informarse muy bien sobre la sustancia que se va a consumir: dosis, toxicidad, efectos secundarios. Además, es aconsejable analizar la sustancia en servicios de reducción de riesgos como Energy Control para confirmar que efectivamente es la que se ha adquirido, cuál es su pureza y que no contiene adulterantes que puedan ser peligrosos. 
  • Conviene dosificar adecuadamente la sustancia, empezando por una dosis baja, y no prolongar mucho la sesión de consumo mediante continuas redosificaciones, pues todo esto puede ir en detrimento del bajón posterior. 
  • Especialmente importante, en el caso de las drogas empatógenas-entactógenas, es reducir riesgos de sufrir un golpe de calor evitando su consumo en lugares calurosos o mal ventilados, haciendo pausas en el baile para descansar y refrescarse, procurando hidratarse adecuadamente con agua o bebidas isotónicas y evitar el consumo de alcohol u otras drogas que puedan hacer perder agua al cuerpo. 
  • También conviene evitar consumir una cantidad excesiva de agua, pues podría producirse un fenómeno conocido como hiponatremia, que puede evitarse alternando el agua con alguna bebida isotónica o alimentos con algo de sal. 
  • Como con cualquier otra droga, no es recomendable mezclarla con otros fármacos o sustancias psicoactivas legales o ilegales, ya que pueden darse interacciones muy peligrosas. 
  • Algunas personas recomiendan tomar algunos antioxidantes que puedan reducir la neurotoxicidad de estas drogas. Aunque no hay estudios al respecto, existen antioxidantes que es posible que puedan funcionar, como el ácido alfa-lipoico, la N-acetilcisteína, las vitaminas C y E, el magnesio, etc. En cualquier caso, conviene dejar largos periodos de tiempo entre tomas para permitir al cerebro recuperar el equilibrio de neurotransmisores y permitir la reparación neuronal en caso de que se estuviese produciendo un daño. 
  • Como las drogas empatógenas tienen un ligero perfil psicodélico, no hay que olvidar la importancia de las variables de set (mentalidad, estado de ánimo, expectativas, intención, etc.) ysetting (lugar de consumo, acompañantes, música, luces, etc.) para evitar tener una experiencia desagradable o generar paranoias. 
  • Dado que los empatógenos-entactógenos pueden tener efectos afrodisíacos, no está de más ir preparado con medidas de protección. 

Referencias

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #312

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