Dosificando el éxtasis
Foto: Laura Aranda

Dosificando el éxtasis

Allá por el siglo XVI, el gran alquimista Paracelso ya decía: “La dosis hace el veneno”. Y no le faltaba un ápice de razón: pese a que hay muchos factores decisivos del resultado al consumir una sustancia (persona, contexto, tipo de sustancia, vía de administración, mezclas, etc.), la dosis es una de las variables más importantes y controlables, pudiendo determinar si se obtendrá el efecto deseado (ya sea terapéutico o recreativo), si no habrá efecto alguno o si habrá tanto que entrará en el terreno de lo indeseable o incluso peligroso. En esta ocasión analizamos la dosificación del MDMA, una de las sustancias más consumidas en el ámbito recreativo.

El considerado como padre de la toxicología moderna sabía muy bien de lo que estaba hablando al dejar para la posteridad la máxima “la dosis hace el veneno”, entre otras cosas, porque le gustaba trabajar con compuestos tan dosis-dependientes como el opio. Sin ir más lejos, una de sus aportaciones más conocidas a la medicina fue promover el uso de una tintura alcohólica de opio que bautizó como láudano, que se convirtió en el medicamento más valioso de la farmacopea durante siglos, una sustancia que, según la dosis, podía ser desde un excelente analgésico, ansiolítico, antitusivo y antidiarreico, hasta un desagradable y mareante emético o hasta llegar a deprimir el sistema respiratorio y causar la muerte. La dosis lo es todo.

Dado que ya no vivimos en el siglo xix y el uso del láudano es algo inexistente o puramente anecdótico, a día de hoy otros compuestos centran el debate cuando se piensa en sustancias psicoactivas interesantes que dosificar. Concretamente, hay una de uso muy extendido en el ámbito recreativo y que dentro de muy poco podría convertirse en un nuevo láudano para el mundo psicoterapéutico: la 3,4-metilendioximetanfetamina, más conocida como MDMA o éxtasis.

Cuando hablamos de MDMA, nos estamos refiriendo a una droga de la familia química de las feniletilaminas (como las anfetaminas) con efectos empatógenos y entactógenos, que en dosis adecuadas hace sentir felicidad, amor, confianza, sociabilidad, energía... Una molécula consumida por millones de personas cada año en todo el mundo en contextos muy diversos y que en el mercado negro suele encontrarse principalmente en dos formas, que, sin dejar de ser la misma sustancia, invitan a dosificaciones diferentes: las famosas pastillas y el cristal o eme (ojo, no es el crystal meth de Breaking Bad, que sería metanfetamina, muy popular en Estados Unidos pero no aquí, donde a esa la llamamos “tina”).

La dosificación de esta sustancia no es un tema baladí, dado que al igual que pasaba con el láudano y otras muchas drogas, dosificarla adecuadamente permite obtener los efectos deseados, mientras que reduce enormemente los riesgos en su consumo. Riesgos que irían desde pasar un mal rato, marearse, vomitar, tener una resaca depresiva, padecer ansiedad, sufrir taquicardia, tener un golpe de calor y, hasta en casos muy extremos, la muerte.

Pero dosificar sustancias psicoactivas en general y éxtasis en particular nunca es tarea fácil ni exenta de riesgos, porque hay un montón de variables a tener en cuenta antes de ponerse a decidir los miligramos exactos; algunas son impredecibles pero la mayoría son controlables, aunque poco conocidas por la gente. Y, debido a esto, no es raro ver casos de personas que han tenido problemas por dosificaciones inadecuadas y que habrían sido fácilmente evitables con mejor información de reducción de riesgos.

Dosis usada en psicoterapia y dosis recreativa

Actualmente, el estudio científico de la dosificación del MDMA se centra fundamentalmente en el contexto clínico de su uso psicoterapéutico para el tratamiento por estrés postraumático, y para ello se han estudiados muchas dosis, sobre todo de 30, 75 y 125 mg, siendo estas últimas de 125 mg las que mejor ratio de eficacia-riesgo ofrecen y las que probablemente se autoricen a nivel comercial una vez concluya la fase 3 de ensayos clínicos actual, probablemente marcando el inicio de mucha más investigación futura en la mejor pauta y dosificación terapéutica.

Pero este contexto está muy lejos de ser el contexto de uso mayoritario de la MDMA a día de hoy, ya que también es una droga consumida por millones de personas en el mundo en contextos recreativos desde hace décadas y, como es esperable en un ámbito con tantos tabús y prohibiciones, las dosis recreativas de MDMA todavía no han sido demasiado estudiadas ni optimizadas científicamente para ese fin. Afortunadamente contamos con muchos años de experimentación empírica underground por parte de millones de personas en contextos diversos, lo que nos permite conocer unos rangos de dosificación básicos para el ocio.

En términos generales, sus efectos por vía oral empiezan a sentirse en dosis a partir de los 30 mg. Una dosis de entre 40 y 75 mg se considera baja; media-baja, entre 75 y 100 mg; media-alta, entre 100 y 125 mg; alta, entre 125 y 150 mg, y muy alta, a partir de 150 mg, con crecientes riesgos de toxicidad especialmente notorios de aquí en adelante.

Rangos de dosis genéricas de MDMA por vía oral

Dosis umbral

30 mg

Dosis baja

40-75 mg

Dosis media-baja

75-100 mg

Dosis media-alta

100-125 mg

Dosis alta

125-150 mg

Dosis muy alta (mayor riesgo de toxicidad)

> 150 mg

Si atendemos a las directrices que suelen darse habitualmente desde los servicios de reducción de riesgos, la dosis recreativa que maximizaría los placeres con respecto a los riesgos se situaría entre 75 y 125 mg por vía oral en dosis única o repartida en pocas dosis, pero evitando dosificar a ojo con el dedo. Si se quiere redosificar unas horas después para prolongar la experiencia, se utilizará la mitad de la dosis inicial, al igual que también se hace en la psicoterapia asistida por MDMA. Pero, cuanto menor sea el número de redosificaciones y la dosis total consumida, menores riesgos habrá; por ejemplo, una persona podría empezar con una cápsula que contenga dosis de 90 mg y unas tres o cuatro horas más tarde, cuando los efectos empiecen a bajar, tomar otra dosis de unos 45 mg.

Dentro de este rango, una forma de personalizar más la dosis inicial es utilizar la dosificación por peso, calculando una cantidad de entre 1 y 1,5 mg de MDMA por kilogramo de peso de la persona, generalmente en torno a 1,25, pero dependerá de la persona y otros factores. Es decir, que si hablamos de alguien de unos 70 kg, su dosis estaría entre los 70 (1 mg/kg) y los 105 mg (1,5 mg/kg), probablemente, cerca de los 90 mg (1,25 mg/kg).

Además del peso, existen otros factores que hay que tener en cuenta a la hora de precisar todavía más la dosis. Por ejemplo, tener en cuenta cuál es el objetivo del consumo, porque no es lo mismo un festival que una sesión terapéutica; si es la primera vez que se consume y, por tanto, puede sentirse con mayor intensidad, convendría bajar la dosis; si se tiene tolerancia o si se tiene a otros compuestos de la misma familia, habría que subir un poco la dosis; el sexo de la persona, dado que las mujeres son más sensibles a sus efectos y requieren menos dosis; si se están consumiendo fármacos (como IMAO, Tramadol, Ritonavir, etc.) u otras drogas legales (alcohol) e ilegales (estimulantes), que estarían aumentando mucho los riesgos (muchísimo cuidado con las mezclas); la vía de administración, porque otros consumos no orales como el esnifado requieren muchísima menos dosis… Pero, sobre todo, hay una variable muy importante a considerar: la pureza.

Empezar con poco e ir subiendo despacio

Antes de consumir MDMA o cualquier otra sustancia ilegal, lo ideal sería haber analizado la sustancia cualitativamente y cuantitativamente en un servicio de análisis para la reducción de riesgos como el de Energy Control, y así no solo prevenir la presencia de adulterantes tóxicos, sino también conocer el porcentaje de pureza del compuesto para estimar las dosificaciones de antemano con precisión. Pero en el mundo real esto no siempre es posible.

A la hora de dosificar cualquier sustancia cuya pureza se desconozca, conviene empezar siempre por abajo, por la menor dosis activa, como si la pureza de la sustancia fuese a ser la más alta posible, sobre todo si es la primera vez que se consume o es de una remesa nueva, y esperar a sentir los efectos antes de ir de menos a más, o como dicen los ingleses: “Start low and go slow”. Porque siempre es más seguro quedarse corto que pasarse: en el primer caso estaría la posibilidad de tomar más cantidad si se precisa hasta obtener el efecto deseado, pero si se empieza tomado demasiado o demasiado rápido ya no se puede “des-tomar” lo que ya se ha tragado. Carta en la mesa, presa.

Después de que las restricciones impuestas durante la pandemia hayan afectado mucho al consumo y tráfico de MDMA en Europa, todavía no sabemos si habrá cambios de calado en la disponibilidad y la pureza del éxtasis en los mercados, tanto en cristal como en pastillas. Pero, mientras tanto, podemos guiarnos por la inercia del mercado previo a la pandemia.

En el caso del éxtasis en forma de cristal, su pureza había subido considerablemente en los últimos años, y últimamente las muestras rondaban el 80%. Esto significa que si se divide un gramo en diez partes, cada dosis de 100 mg brutos contaría con unos 80 mg de MDMA pura, y si se divide en ocho, cada dosis pesaría unos 125 mg brutos y contendría unos 100 mg de MDMA pura.

Si hablamos de pastillas, en los últimos años la cantidad de MDMA que contienen también había subido. Se detectaban muchas pastillas por encima del nivel de alerta de los 150 mg, y algunas incluso superando los 200 mg. Así pues, la recomendación genérica de reducción de riesgos era que, si se iban a tomar pastillas cuya concentración se desconocía, se hiciera cuartito a cuartito, esperando 30-60 min a notar los efectos entre uno y otro antes de decidir si se iban a tomar más cuartitos, para evitar sobredosificar por las prisas.

En definitiva, cuando se trata de dosificar el éxtasis en cualquiera de sus presentaciones, para reducir riesgos, conviene hacerlo siempre con conocimiento y precaución, porque menos es más... y mejor.

Referencias

Mithoefer, M.C.; Mithoefer, A.T.; Feduccia, A.A.; Jerome, L.; Wagner, M.; Wymer, J. et al. “3,4-methylenedioxymethamphetamine (MDMA)-assisted psychotherapy for post-traumatic stress disorder in military veterans, firefighters, and police officers: a randomised, double-blind, dose-response, phase 2 clinical trial”. En: Lancet Psychiatry, n.º 5, pp. 486-497, 2018.

European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction (2021). European Drug Report 2021: Trends and Developments. Luxemburgo: Publications Office of the European Union.

Liechti, M.E.; Gamma, A.; Vollenweider, F.X. “Gender differences in the subjective effects of MDMA”. Psychopharmacology, n.º 154: pp. 161-168, 2001.
​​​​​​
https://energycontrol.org/sustancias/mdma
​​​​​

https://erowid.org/chemicals/mdma/mdma_dose.shtml

https://www.globaldrugsurvey.com/gds-2020/gds-2020-mdma-not-just-about-the-dose-but-how-you-divide-it-or-not

 

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