Pasar al contenido principal

GBL, casi ilegal

Félix Tuidara

De Energy Control

GBL, casi ilegal
Foto: Laura Aranda

Como todos sabemos bien, es frecuente que las leyes de todos los países caigan en alguna que otra incongruencia. Como ejemplos, está prohibido morirse en el Parlamento británico, hasta el 2015 había una ley en Islandia que permitía matar vascos, y en España existe una droga que en cierta manera es ilegal y legal al mismo tiempo. Matizaremos el aspecto legal más adelante, pero la sustancia en cuestión es el GBL. Se usa como limpiallantas, saborizante en algunos quesos y para fines recreativos por una cantidad notable de gente, ya que es un depresor como el alcohol, y comparte muchos efectos con él.

Igual que el alcohol y las benzodiacepinas (familia de fármacos a la que pertenece el diazepam), el GBL, o gamma-butirolactona, afecta a los receptores GABA. A rasgos muy gruesos, el GABA y sus receptores modulan las funciones inhibitorias del sistema nervioso; las sustancias que le afectan suelen ser depresores, ansiolíticos, relajantes, etc. El GBL se consume en estado líquido, tiene una consistencia aceitosa y un olor bastante parecido al decapante, y se toma en estado líquido. Es mucho más potente por peso que el alcohol; la dosis típica ronda 1 mL, y dura una o dos horas. Hay que ir con cuidado, porque a partir de 2 mL puede causar sueño profundo.

dosis GBL

Sus efectos se podrían separar en dos partes según la dosis que uno toma. A dosis bajas o medias produce principalmente euforia, desinhibición, un incremento en la sociabilidad y una reducción en la ansiedad, además de, en algunos casos, náuseas, vómitos, mareo, reducción de la coordinación física, etc. En dosis altas son más comunes los efectos secundarios. Una sobredosis puede inducir un estado de sueño profundo en el que durante una hora o dos es casi imposible despertar a la víctima. Es especialmente peligroso si se combina con alcohol, ya que incrementa la depresión respiratoria y riesgo de vómito que causan las dos substancias. Sin embargo, el GBL por sí solo no causa cirrosis, la sobredosis es menos mortal que la del alcohol y, aunque su abuso causa un síndrome de abstinencia parecido al del alcohol (dejar de tomar cualquiera de los dos puede ser mortal), de estos dos males es el menor.

El GBL es especialmente peligroso si se combina con alcohol, ya que incrementa la depresión respiratoria y riesgo de vómito que causan las dos substancias

Un dato curioso es que el GBL técnicamente no es psicoactivo. Una vez ha entrado en el organismo se convierte en gamma-hidroxibutirato (quizás resulta más familiar por sus siglas, GHB), una sustancia fiscalizada en España que es la responsable de todos los efectos que provoca el GBL. Fuera del cuerpo, el GBL también se puede transformar en GHB si se le añade una base como el bicarbonato de sodio. Para invertir la reacción no hace falta nada más que añadir un ácido para revertir la transformación. Si te paran por la calle con GHB y rápidamente lo echas en zumo de limón deja de ser ilegal, y si te paran con GBL y te apetece lío legal, échale detergente.

Cabe destacar que no es necesario hacer la conversión, ya que el cuerpo mismo la hace, pero alguna gente prefiere consumir GHB porque no sabe tan mal (el GBL sabe como puedes suponer que debe saber el quitapintura, mientras que el GHB sabe ligeramente salado y poco más) y porque su dosificación es un poco más fácil. La dificultad de dosificar el GBL es precisamente una de sus mayores desventajas. Los efectos crecen exponencialmente en relación con la dosis, así que 3 mililitros no te sientan como tres veces 1 mL, sino que 1 mL quizás te siente como un par de cervezas pero tres te dejan en coma temporal.

Es por eso que el GHB se usa en algunos países como ayuda del sueño, ya que es fenomenal para inducirlo. Eso sí, cuando se trata del fármaco, al GHB se le llama oxibato de sodio, aunque es exactamente el mismo compuesto. No está claro por qué se da este cambio de nombre, pero una teoría bastante cuerda es que es para desvincularlo del tremendo estigma que persigue al GHB, y por extensión al GBL y otros análogos.

GBL
Foto: Laura Aranda

El GHB se ha detectado en las víctimas de algunos casos de sumisión química, seguramente por sus efectos a dosis altas, y el hecho de que es incoloro, inodoro y de sabor suave (se puede enmascarar fácilmente en una bebida). No hace mucho hubo una explosión de artículos y cobertura mediática sobre esta demoníaca sustancia, que deja a la gente invalida y fácil de asaltar. No obstante, parece ser que los casos en que se usa un agente químico para reducir a la víctima raramente implican el GHB o sus análogos, y la sustancia más usada sigue siendo el alcohol. Es necesario remarcar que el GHB y el GBL tienen un tiempo de detección corto, y eso dificulta su identificación, así que es posible que esté involucrado en más casos de los que se piensa. Sin embargo, el daño a su reputación está hecho, y el uso del GHB y GBL se mantiene bajo y marginal, moviéndose principalmente en el ambiente gay y en países como Polonia o Holanda.

Si te extraña que el GBL no esté fiscalizado ya, tiene que ver con su utilidad. Tiene una multitud de usos industriales, como intermediario en la manufactura de aditivos para champú, pasta de dientes, etc., como disolvente y en la síntesis de herbicidas y productos farmacéuticos. Es una molécula muy simple de producir, y debido a su importancia en procesos de industria, regular su compra, venta y producción como droga sería un dolor de cabeza para todo aquel involucrado. Seguramente por esa razón hasta ahora el GBL ha permanecido en el limbo legal que es el mercado gris: no es ilegal su posesión, compra o venta, pero está claro que, si compras grandes cantidades, o bien tienes las llantas del coche extremadamente sucias o te lo estás bebiendo.

Referencias

Contenido relacionado

Conversación de whatsapp

Chemsex

Nº 250 ya en los quioscos

Último número de la revista Cáñamo Último número de la revista Cáñamo