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1 de Octubre de 2022

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Buscando en el baúl de los recuerdos: recuerdos recuperados y falsas memorias

Empujar las débiles barreras de las convenciones

Una de las aplicaciones más conocidas de los psiquedélicos es la de tratar las pasadas experiencias traumáticas. Vimos en un artículo pasado como la MDMA se está abriendo camino a pasos de gigante en el tratamiento del trastorno por estrés postraumático, y que muy probablemente en un par de años será uno de los tratamientos posibles para esta dolencia. La ayahuasca también se utiliza para abordar los problemas derivados de experiencias traumáticas, y muchas personas acuden a estos retiros con la motivación y esperanza de curar sus traumas del pasado.

Como en la época de Freud, el trauma es un diagnóstico que lo permea casi todo. Estrés postraumático, trauma complejo…, y un montón de teorías diversas que ponen la experiencia traumática como causa y origen de nuestros problemas presentes. Pero ¿qué pasa cuando en una experiencia psiquedélica nos encontramos con el recuerdo de una experiencia traumática desconocida hasta el momento?, ¿qué ocurre cuando recuperamos lo que parece ser una memoria reprimida de la que no teníamos consciencia?

¿Recuerdos reprimidos o falsas memorias?

En la vida nos pasan muchas cosas que no deberían ocurrir. Algunas personas arrastran una pesada mochila de experiencias vitales desagradables y dolorosas, y los psiquedélicos son el tratamiento más de moda en este momento. Las teorías del sufrimiento humano se han hecho más complejas y sofisticadas gracias a las técnicas de neuroimagen y un mayor conocimiento de la bioquímica cerebral, pero, sin embargo, algunos axiomas siguen siendo los mismos que cuando Freud empezó a hablar de la histeria. Uno de ellos es que podemos reprimir experiencias traumáticas, olvidarlas y encerrarlas en el baúl de los recuerdos. Según esta hipótesis, estas experiencias traumáticas reprimidas siguen teniendo impacto sobre nuestra vida emocional, nuestras relaciones, nuestra sexualidad, nuestro bienestar…, y nos provocan síntomas indeseables aunque nosotros no seamos conscientes de ese trauma.

Desvelar ese trauma primigenio fue una de las obsesiones de Freud. Primero mediante la hipnosis y luego mediante la asociación libre, Freud trataba de llegar al trauma primigenio causante de la histeria de sus pacientes. Normalmente ese trauma tenía que ser de origen sexual, y podía ser tanto una experiencia sexual no adecuada (ver a los progenitores en el acto íntimo, recibir cualquier tipo de abusos…) o una experiencia aparentemente no sexual pero que el niño o niña (perverso polimorfo, según la terminología psicoanalítica) percibía como sexual, por ejemplo, notar excitación al montar sobre el perrito de la familia y por ello desarrollar una parafilia o perversión sexual en la vida adulta. Encontrar este trauma y hacerlo consciente era, según la teoría psicoanalítica, la mejor forma de curarlo. Esta hipótesis sigue relativamente viva hoy en día, y la terapia psiquedélica ha tomado el relevo al psicoanálisis en la búsqueda de traumas primigenios.

En los años sesenta y setenta surgieron un montón de terapias que trataban de abordar estos recuerdos olvidados, y muchas personas que no tenían consciencia de haber sido abusadas sexualmente encontraron este tipo de memorias en sesiones de terapia grupal, respiraciones, hipnosis y otros métodos que provocaban algún tipo de modificación en la consciencia. No tardaron en aparecer críticos a estas técnicas y modelos de tratamiento, que alegaban que no se trataba de recuerdos reales, sino de recuerdos implantados, de falsas memorias. Estas personas afirmaban que tales terapias y la implantación de estos recuerdos traumáticos no solamente no eran beneficiosas, sino que provocaban un mayor daño en sus pacientes. Desde daño psicológico, hasta prejuicios morales y legales, cuando estas pacientes se sentían obligadas a denunciar a parientes a raíz de este recuerdo recuperado. Para una descripción de este fenómeno recomiendo el libro Making monsters, de Ofshe y Watters. Surge de nuevo la pregunta de si este tipo de recuerdos son reales o no. En particular, cuando los encontramos en una sesión psiquedélica.

¿Mi padre quería matarme?

"Muchas personas que no tenían consciencia de haber sido abusadas sexualmente encontraron este tipo de memorias en sesiones de terapia grupal, respiraciones, hipnosis y otros métodos. No tardaron en aparecer críticos a estas técnicas, que alegaban que no se trataba de recuerdos reales, sino de recuerdos implantados, de falsas memorias"

Hablemos de un caso real. Hace unos años estuve colaborando con el equipo del Imperial College London, liderado por los ya célebres David Nutt y Robin Carhart-Harris. Una de las labores que llevé a cabo fue proporcionar una formación de cuatro días junto a Rosalind Watts a los futuros terapeutas psiquedélicos de los estudios. En esta formación desarrollamos aspectos teóricos de la psicoterapia psiquedélica, y los psicólogos y psiquiatras del estudio tuvieron la oportunidad de experimentar como participantes un taller de respiración holotrópica, y así ponerse en el papel de “paciente” y de “cuidador”. La experiencia fue muy enriquecedora, y es un formato que he repetido en otros fueros.

Otro parte de la colaboración con el Imperial College fue atender a un participante del primer estudio con psilocibina y depresión, Andy, casi un año después de sus dos experiencias psiquedélicas en el estudio. El equipo del Imperial College me contactó porque conocían mi trabajo de integración en ICEERS, y me contaron que este participante decía estar peor que hacía un año, antes del estudio, y que la causa era su experiencia psiquedélica.

Decidimos realizar unas sesiones de integración, para tratar de ayudar a Andy a superar esta situación. Andy era un hombre jubilado, con un historial de depresión y ansiedad tras haber sido despedido de su trabajo muchos años atrás. En las primeras sesiones exploramos lo que le ocurría en el momento presente y por qué él situaba sus causas en la experiencia psiquedélica. Sorprendentemente, uno de los eventos más estresantes que se produjeron durante esas sesiones fue una visión de él cuando era pequeño. En esa visión, Andy era testigo de cómo su padre trataba de ahogarlo con un cojín para que el bebé Andy dejara de llorar.

Esta visión, por supuesto desconocida hasta el momento, tenía graves implicaciones, puesto que de ser cierta chocaba completamente con la imagen que él había conocido de su padre: un hombre que siempre le había tratado bien y dado afecto. La infancia de Andy había sido complicada, con difíciles dinámicas entre sus padres, y una relación muy mala con la madre. En medio de toda esa desagradable infancia, el recuerdo del padre era el único punto de equilibrio, era su persona de referencia, el que proveía el afecto y el amor. La visión de su padre tratando de ahogarle cambiaba radicalmente la historia de su pasado. ¿Era real ese recuerdo?, ¿era una fantasía psiquedélica?

En caso de ser real, la historia de Andy cambiaba completamente; su infancia tal y como la percibía hasta entonces no era sino una ilusión, y el recuerdo de su padre no era más que un anhelo de amor en una situación desesperada. ¿De quién podía fiarse entonces?, ¿quién le había amado de pequeño?

En caso de ser una fantasía, ¿qué clase de persona era Andy entonces? Alguien capaz de distorsionar de tal manera el recuerdo de su difunto padre, dudar de su amor y traicionar la memoria de la única persona que Andy sentía que lo había querido. Solamente un monstruo podía pensar de esta forma. Y Andy se debatía incesantemente entre estas dos opciones, incapaz de hallar solución a esta duda perversa.

Buscando en el baúl de los recuerdos: recuerdos recuperados y falsas memorias Por Marc Aixalà

La importancia de la integración

"Andy llegó a la conclusión de que muy probablemente el recuerdo era simbólico y que correspondía a la visión que la madre tenía del padre, y el mensaje implícito y explícito que durante su infancia le dio de que el padre era el origen de todas las penurias de la familia"

Una de las peculiaridades de este caso es que teníamos disponible la grabación de las experiencias psiquedélicas de Andy, puesto que se habían llevado a cabo en un estudio clínico en el que se grabaron tanto el audio como el vídeo de las sesiones. Además, la cámara estaba alejada lo suficiente como para que no hubiera detalles escabrosos (como ocurre a veces en sesiones de Bufo alvarius, que por alguna razón graban), por lo que pudimos visionar los pasajes en cuestión de la experiencia junto a Andy. Esto le ayudó a ver que en el momento en el que ocurrieron estas visiones difíciles, él estaba más tranquilo de lo que recordaba, y le permitió empezar a hablar de todo este tema y de su infancia con más tranquilidad.

Progresivamente pudimos ir desgranando otros aspectos de la experiencia de Andy que habían sido de hecho muy positivos, y que no había tenido en consideración. Poco a poco, y sin imposición por parte de los terapeutas, fuimos explorando el dilema del recuerdo recuperado, las implicaciones de cada escenario y las opciones que tenía Andy a la vista de lo sucedido.

Uno de los errores habituales que cometen los facilitadores de talleres, o incluso terapeutas experimentados, es tomar partido por uno de los dos escenarios. Precipitarse en el juicio y afirmar categóricamente que el recuerdo es real, y que por tanto hay que asumir esa nueva realidad y aceptar el ser víctima de abusos, o al contrario, desestimar e invalidar la experiencia de la persona diciendo que es una fabricación de su mente. A lo largo de los años he trabajado con una docena de personas que estaban atravesando este peculiar trance, y si bien es cierto que sienten urgencia por tener una respuesta clara de lo ocurrido, también es cierto que proporcionar esta respuesta externamente no soluciona las dificultades en ningún caso: sea que se acepta el recuerdo como válido, sea que se considera una alucinación. Por tanto, deberíamos aprender a suspender los propios juicios y ayudar a la persona a explorar los distintos escenarios para poder llegar a sus propias conclusiones.

Stan Grof definió sus “sistemas COEX” como “una constelación de recuerdos personales y fantasías asociadas que comparten una temática común y contienen una alta carga emocional”. Cuando en una experiencia psiquedélica entramos en contacto con un COEX determinado, una temática en particular, podemos experimentar tanto eventos vitales relacionados con este tema, como aspectos simbólicos, transpersonales y arquetípicos que tengan que ver con este mismo tema. En la experiencia de Andy había un montón de eventos relacionados con el tema del ahogo, desde elementos personales, hasta visiones de alienígenas que hacían exploraciones del esófago de Andy y pájaros míticos que se le acercaban y le cubrían la cara y la boca. Así que, responder a la pregunta de si el recuerdo es cierto o no no es una tarea tan inmediata y, además, no atañe al terapeuta.

Tras aproximadamente cinco sesiones de integración, Andy llegó a la conclusión de que muy probablemente el recuerdo era simbólico y que correspondía a la visión que la madre tenía del padre, y el mensaje implícito y explícito que durante su infancia le dio de que el padre era el origen de todas las penurias de la familia. Además, recordó que el punto de vista que tenía él durante la visión le permitía ver a través del cojín con el que supuestamente el padre le estaba ahogando, con lo que físicamente la visión era imposible. Para un ingeniero como Andy, ese detalle era importante. Analizar con detalle lo vivido y verlo en el contexto del desarrollo de su infancia y la mala relación entre sus progenitores le permitió concluir que con casi toda la seguridad la visión era simbólica. Y, en estos casos, la palabra casi es importante, pues así es como suelen resolverse, no con una certeza absoluta.

La historia de Andy está descrita con mayor detalle en un documental aparecido recientemente en Netflix que se llama Magic medicine. Ahí se puede ver el proceso completo, desde el inicio del estudio, hasta las sesiones de integración que hicimos con él. En el documental se pone de manifiesto la importancia de la integración, y cómo una experiencia difícil puede transformarse a lo largo del tiempo en algo traumático, o convertirse en fuente de coraje y mejoría.

Para una descripción más detallada de la intervención que llevamos a cabo con Andy durante la integración, que quizás interese a algunos terapeutas, se puede consultar un vídeo de YouTube con la presentación que di acerca de su caso hace unos años que se titula Integration of a difficult psilocybin Experience in a clinical trial. A Case Study.

El baúl de los recuerdos: nuevas llaves, nuevos retos

Freud inició su carrera como terapeuta utilizando la hipnosis. Quizás podríamos decir que Freud fue formalmente el primer terapeuta que trabajó en estados no ordinarios de consciencia y desarrolló una teoría y un método. Sin embargo, abandonó el uso de la hipnosis en favor de un método que no implicara estados expandidos de consciencia. ¿Por qué?

Las razones que esgrime son principalmente la imprevisibilidad del método. Mediante hipnosis, Freud encontró un rápido acceso a recuerdos inconscientes, y también un rápido cambio en la sintomatología. Curaciones aparentemente milagrosas. Sin embargo, tales mejorías tendían a desaparecer en un lapso corto de tiempo. ¿A alguien le suena esto? En la terapia psiquedélica nos enfrentamos a algo parecido.

Otra cuestión era la que nos ocupa en este artículo. Tras una excitación inicial tras descubrir los traumas primigenios, Freud empezó a dudar de la veracidad de estos recuerdos y se encontró en la misma disyuntiva que nosotros actualmente. Por ello, con la popularización de los psiquedélicos como sustancias terapéuticas, debemos también desarrollar nuevas herramientas de integración cuando las experiencias provocan dificultades posteriores. Herramientas que sean respetuosas y éticas con los pacientes, que ayuden a paliar su sufrimiento y proporcionarles mejoría. Herramientas que no necesiten de un terapeuta sabelotodo que juzgue e interprete y encuentre la verdad, sino herramientas que nos permitan encontrar nuestra propia verdad y vivir con ella con coraje. Estamos en ello.

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