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¿Hay coca en la Coca-Cola?

Una cadena productiva que va de la coca a la cocaína, pasando por la Coca-Cola

¿Hay coca en la Coca-Cola?

La Coca-Cola© es la apropiación con patente de corso de la imagen de la coca, el símbolo natural emblemático de la cultura andina, y de la cola también, una nuez alrededor de la cual gira la vida social, las relaciones comerciales, la adivinación y la magia de países africanos, como Nigeria y Sudán. Esta suplantación de Coca-Cola llega a tal punto que, en el 2007, Coca-Cola Colombia osó demandar, aunque sin éxito, el uso del nombre coca por la Comunidad Indígena Nasa en su bebida Coca Sek.

De la sagrada, medicinal y alimenticia hoja de coca de los pueblos andinos, Coca-Cola solo tiene su nombre. Es más, la Coca-Cola es una de las grandes tergiversaciones culturales históricas que ha contribuido a arraigar la proscripción de la coca. Es una bebida que nace en Estados Unidos en 1885 como jarabe medicinal de coca con extracto de cola y a base de alcohol y como competencia al vino Mariani. Es un producto de la cultura estadounidense que se adapta a las exigencias de prohibir el alcohol del Movimiento por la Temperancia, eliminando el alcohol y haciéndose propaganda como bebida intelectual y para la templanza. Ya en 1903, la Coca-Cola descocainiza la coca y, al amparo de la proscripción del alcaloide cocaína contenido en la hoja de coca, prospera sustituyéndolo por cafeína y desarrollando un mercado paralelo legal para la cocaína medicinal.

La hoja de coca para esta bebida es exportada en su estado natural a través de la ENACO, la Empresa Nacional de la Coca del Perú, única del mundo que comercializa legal y oficialmente hoja de coca. Con un permiso exclusivo de la DEA, la hoja de coca es importada en Estados Unidos por Coca-Cola a través de Stepan Chemical Company. En los laboratorios que esta empresa de productos químicos tiene en Maywood, Nueva Jersey, la hoja de coca se descocainiza para ser utilizada en la bebida, y el alcaloide que se extrae se procesa para ser comercializado como cocaína medicinal exclusivamente por Mallinckrodt Pharmaceuticals. De manera que se puede decir que la cocaína estadounidense legal es un subproducto de la Coca-Cola.

La Coca-Cola, símbolo por excelencia de la universalización de patrones de consumo estadounidenses, desplaza la hoja de coca gracias a derechos exclusivos otorgados por la prohibición. La Jones-Miller Act de 1922 le otorgó esta excepción a la Coca-Cola, y la Convención Única de Estupefacientes de 1961, que selló la prohibición de la coca andina, en su artículo 27, autoriza su uso para la preparación de un agente saporífero que no contenga ningún alcaloide, favoreciendo así a esta corporación estadounidense.

Coca-Cola, aduciendo riesgos por competencia desleal, se otorga el privilegio de mantener secreto el proceso de destilación de su “mercancía número 5”, nombre con el que se conoce la fórmula a partir de la cual procesa su jarabe. Una de las tantas ventajas para esta cadena productiva coca/Coca-Cola/cocaína de no divulgar la fórmula es la nebulosa para el público sobre la cantidad de toneladas de hoja de coca con las que se produce cocaína legal en Estados Unidos. Las cifras que se barajan son cien toneladas de hoja de coca (de las 10.000 tonelada legales o 107.000 toneladas proscritas) que produce Perú.

Coca-Cola dice que sus ventas para el 2015 son de 1.800 billones de botellas de esta bebida al día. Puesto que, como afirman los ejecutivos de ventas de Coca-Cola, estas ventas ya no se estiman en galones, esto, sumado al desconocimiento de la fórmula, dificulta calcular el número de toneladas de hoja de coca utilizadas por la Coca-Cola. Aceptando que sean cien toneladas de hoja de coca al año, Estados Unidos, con el permiso de su DEA y al amparo de las convenciones supranacionales de drogas, estaría produciendo legalmente una tonelada de cocaína al año. No obstante, el monto de 100 toneladas de hoja de coca importadas contrasta con las cifras que señala Gootenberg [2001], quien sostiene que, para la segunda guerra mundial, Estados Unidos consumía dos veces más coca (más de 200.000 kilos anuales) en forma de bebida de Coca-Cola que la que se estaba utilizando mundialmente para fabricar la cocaína medicinal residual (menos de 1.000 kilos al año). ¿Será que hoy se vende menos Coca-Cola que hace setenta años?

Hojas de coca

La hoja de coca, más acá de la cocaína y más allá de la Coca-Cola

Lo que revela la historia es que la coca andina fue objeto de una actitud ambivalente, entre su proscripción y el abuso, por parte de los conquistadores e Iglesia católica. Sus virtudes, contribuir a la resistencia al hambre e incrementar la capacidad de trabajo de la mano de obra, la convertían en la aliada perfecta para las necesidades de la conquista. No obstante, su relevancia como forma de pago y trueque en el comercio andino la constituían en un obstáculo. Posteriormente, con el descubrimiento de los usos de la cocaína como analgésico local, la coca tuvo un breve periodo de aceptación y apogeo internacional. Durante estos años, a comienzos del siglo xx, los países occidentales controlaron su comercio como coca y cocaína y, en su momento, prácticamente toda la coca que se comercializaba a nivel internacional era cultivada por estos países en la isla de Java. Con el fin de la segunda guerra mundial, la coca vuelve exclusivamente a su entorno natural en los Andes, y su proscripción como planta a mediados del siglo xix se explica y describe en términos racistas, y se sustenta en la ausencia de participación científica en la Comisión de Investigación de la Hoja de Coca.

Este vacío científico es justamente lo que permite que, mientras las convenciones de drogas reconocen valor medicinal a la cocaína, la coca se clasifique como planta sin ningún valor medicinal. Más acá de la cocaína, la hoja de coca tiene propiedades antinflamatorias y analgésicas. En infusión es calmante, astringente, antiflatulenta, y es un agente de limpieza sanguínea, digestivo, diurético y estimulador respiratorio; además de ser tal vez el energético natural por esencia y la mejor arma contra la obesidad en un mundo moderno obsesionado con estos dilemas.

El giro en materia de drogas que reconoce los valores medicinales y derechos recreativos de la marihuana no abarca la coca

A pesar de estas virtudes, el actual giro en materia de drogas que reconoce y comienza a reglamentar los valores medicinales y derechos recreativos de la marihuana, no abarca la coca. La razón que actualmente se aduce es que la hoja de coca, aunque “ahora sí” benéfica, sirve para procesar el malévolo clorhidrato de cocaína, y que la industrialización y el comercio de la hoja no se pueden permitir, pues esta podría ser fácilmente desviada hacia el procesamiento del clorhidrato. Pero estas razones están en franca contradicción con propuestas sanitarias, estudios económicos y sentencias, como la reserva de Colombia a la Convención de Viena (n.º C-176/94), que sostiene que el comercio legal de la hoja de coca puede ser una forma de socavar el mercado ilegal de cocaína.

La importancia y actualidad de la hoja de coca puede verse en la reciente legalización de la cocaína medicinal en Canadá como anestésico y para tratar la obesidad, el glaucoma y la depresión. Y también en el creciente mercado, contra toda prohibición, de productos alimentarios y medicinales naturales de coca. Por no hablar del consumo recreativo de cocaína por millones de usuarios, entre 13 y 21 millones estimados, que persisten en su elección a pesar de los daños sanitarios, atribuibles en buena parte a la falta absoluta de control de calidad, pues, sin los productos con los que la cortan –como señaló la OMS en 1995–, la cocaína es menos nociva que el alcohol y el tabaco. La hoja de coca tiene su lugar en la sociedad moderna con productos cada vez más ajenos a la Coca-Cola. Bebida, por cierto, cuyos daños como agente de descalcificación y corrosividad son cada vez más conocidos por la ciencia y los consumidores.

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