Planta de cannabis
El éxito de la cosecha y la calidad de los cogollos es independiente de cuándo se germinan las semillas.

Germina en julio: técnicas de cultivo tardío y sus ventajas

José T. Gállego
Este artículo se publicó originalmente en el número 259 de la revista Cáñamo España

Se siembra en primavera y se cosecha en otoño, creo que esto fue lo primero que aprendí sobre el cultivo de marihuana. Y sin embargo, hoy en día, plantamos en cualquier mes del año, tenemos cultivos de interior, autoflorecientes, técnicas para forzar la floración y una larga lista de distintas formas de manejar la misma planta para adaptarla a distintas situaciones. La siembra tardía es una de estas técnicas, que, si se conoce bien y se emplea adecuadamente, resulta una herramienta muy útil en manos de los cultivadores. 

Germinación y fotoperiodo 

La tradición dice que el cannabis se planta en primavera, y eso es lo que hacen la mayoría de los cultivadores de exterior. Casi siempre se germina en abril o mayo, siendo pocos los que se aventuran a sembrar en junio. Creo que se debe, en buena medida, a la creencia de que, como generalmente el cannabis crece cuando los días crecen y florece cuando los días decrecen, no se debe sembrar pasado el solsticio de verano, cuando cambia la tendencia de los días y, de alargarse, pasan a acortarse. Sin embargo, nada impide germinar en junio, julio e, incluso, en agosto. Las semillas solo necesitan agua y calor para germinar. Una vez nacen requieren días largos, cálidos y soleados para crecer, algo que en pleno verano abunda. 

En primavera se puede germinar directamente al sol, pero en verano es mejor dejar las macetas a la sombra hasta que germinen

El único cuidado especial que hay que tener para germinar en los meses de junio, julio o agosto es mantener húmeda la tierra de la maceta y a una temperatura razonable. Como son meses tan calurosos, la tierra se seca mucho y las semillas necesitan que esté húmeda y suelta para poder germinar correctamente. Además, si se deja una macetita pequeña al sol y sobre un suelo caliente de baldosas, la tierra se puede poner a 40 ºC enseguida, cociendo las semillas e impidiendo una germinación normal. En primavera se puede germinar directamente al sol, pero en verano es mejor dejar las macetas a la sombra hasta que germinen y luego ir acostumbrando poco a poco las plantas al sol. 

Reducción del tiempo de crecimiento 

Las variedades de cannabis tradicionales (no autoflorecientes) empiezan a florecer cuando las noches alcanzan una duración determinada, que suele oscilar entre diez y doce horas, lo que sucede entre mediados de julio y mediados de septiembre. La mayoría de las variedades índicas y los híbridos índica/sativa empiezan a florecer entre julio y mediados de agosto, y solo las sativas más ecuatoriales comienzan a florecer en septiembre. 

La fecha a la que empieza a florecer una variedad de cannabis es independiente de cuándo germinó la semilla. Esto quiere decir que una planta empezará a florecer en el mismo momento tanto si germina en marzo como si lo hace en julio. Solo puede retrasarse un poco el inicio de la floración si hay menos de dos o tres semanas entre la fecha de germinación y la fecha en la que la variedad empieza a florecer normalmente. En ese caso, como no habría el tiempo mínimo que necesita la planta para llegar a la edad adulta (unas tres semanas), la floración empezará algo después, cuando la planta tenga un tamaño algo mayor. 

Por lo tanto, si se siembra una semilla en marzo, el tiempo de crecimiento será de cinco meses (de marzo a julio, incluidos), mientras que si se siembra el uno de julio, solo crecerá durante un mes. Lógicamente, una planta que crece durante cinco meses se hará mucho más grande que otra que empieza a florecer a los 30 días de germinar. Cuando se siembra en el suelo, se dispone de mucho espacio y no hay vecinos que puedan ver las plantas, cualquiera quiere cultivar una mata de tres metros de altura. Pero si cultivas en macetas, tienes poco espacio o tus vecinos son cotillas y problemáticos, seguramente preferirás sembrar tarde para mantener el tamaño de las plantas controlado. 
En definitiva, la fecha de germinación es la mejor herramienta que tiene el cultivador para controlar el tamaño final de sus plantas. No es necesario germinar las semillas en marzo o abril, ni siquiera en mayo, los meses de junio y julio son perfectos para empezar una cosecha si deseamos que las plantas se mantengan pequeñas. Siempre hay que tener en cuenta que cuanto menos tiempo de crecimiento hay, más pequeñas se quedan las plantas y mayor número hace falta para cubrir el espacio disponible. Por tanto, si se siembra tarde, hay que cultivar más plantas. 

Cultivo tardío
Sembrando tarde, hay que aumentar la densidad de plantación para conseguir cubrir el espacio.

Doble cosecha 

Una de las principales ventajas que tiene la germinación tardía es que deja tiempo antes para realizar una primera cosecha de autoflorecientes; en cambio, si la sembramos a finales de abril o principios de mayo acabará su floración a principios de julio, si es una variedad de 60-70 días o a finales si es de 80-90 días. Una vez liberado el espacio disponible se siembra la segunda cosecha, en este caso con semillas clásicas de floración fotodeterminada, que se desarrollará entre julio y octubre. 

Como las plantas jóvenes son muy pequeñas y ocupan poco espacio, no es mala idea germinar las semillas en macetas pequeñas dos o tres semanas antes de cosechar la tanda de plantas autoflorecientes. De ese modo, cuando cortamos la primera cosecha, las plantas de la segunda cosecha ya están listan para ser trasplantadas a las macetas definitivas y habremos ganado dos o tres semanas de tiempo. 
Esta técnica permite obtener dos cosechas en la temporada de exterior en lugar de una. Si por las condiciones del lugar no es conveniente que las plantas se hagan muy grandes para que permanezcan discretas, este sistema de doble cosecha siempre dará más producción que una sola. 

Multiplicar con esquejes 

No es siembra tardía, pero la técnica de multiplicar las plantas en crecimiento sacándoles varios esquejes a cada una se realiza más o menos en el mismo momento y se puede usar de forma similar. Cada semilla de una variedad feminizada de un buen banco de semillas cuesta un dinero, por lo que muchos cultivadores compran las semillas contadas. Una buena opción para obtener una tanda extra de plantas de calidad sin comprar más semillas es esperar a que las plantas de semilla tengan un buen tamaño y cortarles varios esquejes a cada una. Las plantas rebrotarán sin problema, aumentando de hecho el número de ramas y de cogollos, y cada esqueje lo convertiremos en una nueva planta con la que aumentar la cosecha. Si las plantas de semilla tienen buen tamaño y están sanas, no es difícil obtener de cuatro a ocho esquejes por planta sin dejarlas muy peladas. Teniendo en cuenta que cada uno de estos esquejes se convertirá en una planta, aunque se quede más pequeña que la planta original, pues tendrá lógicamente menos tiempo para crecer, la producción será mucho mayor que si se hubieran dejado los esquejes en la planta madre. Además, si queremos podemos convertir uno de los esquejes en una planta madre y mantenerla indefinidamente en crecimiento dentro de un armario de cultivo de interior con el fin de obtener nuevos esquejes en el futuro. 

Sativas tardías 

Las variedades sativas con genéticas más ecuatoriales, por ejemplo, las provenientes de Colombia, Tailandia, sur de la India o el Congo, están adaptadas a un fotoperiodo casi constante todo el año, ya que la duración de los días y las noches varía muy poco a lo largo del año. Esto provoca que cuando se cultivan en otras latitudes su floración empiece muy tarde; por ejemplo, en la península Ibérica las noches no alcanzan las doce horas que tienen siempre en el Ecuador hasta el equinoccio de otoño, el 20 de septiembre, por lo que muchas no empiezan a florecer hasta septiembre. 

La fecha de germinación es la mejor herramienta que tiene el cultivador para controlar el tamaño final de sus plantas

Que la floración empiece tan tarde tiene dos consecuencias. La primera, la más obvia, es que la planta no estará madura hasta finales de noviembre o diciembre, si no se retrasa hasta enero y si el tiempo lo permite, pues si llega antes el frío la planta detiene su desarrollo y no acaba de madurar. Por eso solo se pueden sembrar estas variedades en zonas especialmente cálidas de España, como las islas Canarias o la costa sur de la Península. La segunda consecuencia de la floración tardía es que se alarga la fase de crecimiento. Si se siembran a la vez una índica que empieza a florecer a final de julio y una sativa que no lo hace hasta entrado septiembre, la sativa tiene un mes y medio más de tiempo para crecer antes de empezar a florecer. El resultado es que las sativas se acaban haciendo demasiado grandes. Ya son de por sí más altas que las índicas, pero el tiempo extra de crecimiento aún exacerba más el problema. Y digo problema porque casi siempre lo es. Por cada cultivador encantado de tener una planta de tres metros de altura, hay muchos más que lo que están es desesperados y muy preocupados de que los vecinos, los peatones, los policías o los ladrones vean esa tremenda planta que tienen en el balcón. 

Germinación tardía en suelo
Incluso plantando en el suelo, la germinación tardía permite controlar bastante bien el tamaño final de las plantas.

Por eso, si quieres cultivar sativas, sé paciente y siembra tarde. Las sativas no necesitan mucho tiempo de crecimiento porque se estiran bastante durante la floración. Se pueden sembrar las semillas perfectamente en julio o principios de agosto y obtener resultados fantásticos y plantas de tamaño controlado. Sembrar tarde no quiere decir tener plantas enanas. He cosechado plantas de casi dos metros sembradas el 1 de agosto. Si se alimentan y se cuidan bien crecen más que suficiente y producen buenas cosechas con rapidez.