PORTADA Nueve consejos
Ilustración: Jorge Parras

Nueve consejos para fertilizar las plantas

Este artículo se publicó originalmente en el número 259 de la revista Cáñamo España

Hasta el cultivador más novato sabe que hay que abonar las plantas de cannabis para que crezcan rápido y hagan muchos cogollos. Algunos incluso piensan que cuanto más abono usen mayor será la cosecha. Ojalá fuera tan fácil. La verdad es que se podría escribir un libro entero sobre la fertilización del cannabis, aunque basta con aplicar una serie de trucos y principios básicos para obtener buenos resultados sin complicarse excesivamente. 

Consejo fertilizar 01
Consejo fertilizar 02
Consejo fertilizar 03
Consejo fertilizar 04
Consejo fertilizar 05
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Consejo fertilizar 08
Consejo fertilizar 09

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Planta de cannabis con grandes cogollos

 

Abonos químicos y abonos orgánicos 

El cannabis necesita para vivir agua, luz, CO2 que toma del aire y una serie de nutrientes minerales. De tres de ellos, los llamados primarios, come cantidades grandes (nitrógeno, fósforo y potasio), de otros tres (calcio, azufre y magnesio) come dosis medias, y de otros ocho (los microelementos hierro, manganeso, zinc, boro, molibdeno, cobre, cloro y cobalto) necesita muy poquito. Si a la planta le falta alguno de los nutrientes, no puede desarrollarse al máximo y la producción se reduce considerablemente. Para obtener buenos cogollos es muy importante que las plantas dispongan de todos los nutrientes necesarios. 

Los abonos químicos se hacen con sales minerales puras, producidas en laboratorio. Los nutrientes están inmediatamente disponibles para las raíces, y son baratos y cómodos de usar. Tienen el problema de que en exceso son perjudiciales para el suelo y pueden llegar a quemar las raíces. 

Las plantas en el suelo funcionan muy bien con abonos sólidos, pero en macetas lo más recomendable son los abonos líquidos

Si se usan sin excesos y siguiendo las instrucciones de la etiqueta, se pueden obtener grandes resultados con ellos, aunque es importante tomar algunas precauciones básicas, como no abusar de su uso y alternar riegos con fertilizante y riegos solo con agua. 

Los abonos orgánicos se fabrican con distintos productos de origen vegetal y/o animal que se descomponen en mayor o menor medida antes de aplicarlos a las plantas. El compost de restos vegetales y el estiércol son los abonos orgánicos más habituales en la agricultura. Son baratos, nutritivos, están llenos de microorganismos y contribuyen a aumentar la fertilidad del suelo y a acondicionar su estructura. Una importante ventaja de los abonos orgánicos es que resulta mucho más difícil dañar las raíces con ellos aun superando las dosis recomendadas. 

Hay fertilizantes en forma sólida o en líquido. Los sólidos se esparcen por el suelo o se mezclan con el sustrato y van liberando los nutrientes poco a poco, lo que reduce el riesgo de quemar las raíces por una sobrefertilización. Los abonos orgánicos sólidos también liberan nutrientes lentamente, pero además alimentan los microorganismos del suelo y mejoran la capacidad de la tierra de retener agua y nutrientes. Los fertilizantes líquidos, por su parte, se diluyen en el agua de riego y se aplican directamente al suelo. La ventaja de estar disueltos es que llegan antes a las raíces y las plantas los pueden absorber inmediatamente. Las plantas en el suelo funcionan muy bien con abonos sólidos, dan menos trabajo y se pueden regar las plantas solo con agua. Pero para las plantas en macetas lo más recomendable son los abonos líquidos y la fertilización frecuente. 

Carencias nutritivas 

Es frecuente que muchos problemas que pueden parecer a primera vista consecuencia de una carencia de nutrientes respondan en realidad a un desequilibrio en las condiciones del sustrato. Por ejemplo, cuando se acumula un exceso de sales en la tierra, estas impiden la absorción de ciertos nutrientes e, incluso, del agua, reduciéndose el crecimiento y apareciendo en las hojas síntomas de carencias. Si el pH del sustrato o del agua de riego es demasiado alto o demasiado bajo, ciertos minerales quedan bloqueados y no pueden ser absorbidos. Cuando las raíces no tienen acceso a suficiente oxígeno, el crecimiento de la planta se ralentiza y, si permanecen demasiado encharcadas, pueden llegar a pudrirse y la planta se moriría. En el extremo opuesto, si la tierra se seca demasiado entre riego y riego, las raíces sufren y las partes más sensibles (como los pelos radiculares) mueren. A consecuencia de estas lesiones, la planta tiene que dedicar su energía a reparar las raíces y el crecimiento se reduce. 

Fertilización foliar 

La fertilización foliar es la aplicación de nutrientes disueltos en agua pulverizados en forma de pequeñas gotas sobre las plantas. La absorción se realiza directamente por los tejidos aéreos (hojas y tallos) de las plantas y sin la intervención de las raíces. Esta capacidad de las plantas para absorber nutrientes a través de las hojas proviene de las primeras especies de plantas, que se desarrollaron en el mar y que captaban los elementos minerales directamente por sus tejidos. Cuando se aplican los abonos disueltos en el agua de riego solo se llega a absorber una pequeña parte, a menudo no más del diez por ciento. En cambio, hasta el noventa por ciento de los nutrientes aplicados foliarmente son aprovechados por la planta. El magnesio, por ejemplo, se absorbe cien veces mejor vía foliar que a través de las raíces. La fertilización foliar permite solucionar deficiencias nutritivas en las plantas con una gran rapidez. También es muy práctica en aquellas situaciones en que el sistema radicular no funciona correctamente y no es capaz de absorber suficientes nutrientes: si hace mucho frío, las sales se han acumulado en el sustrato, el pH es demasiado ácido o alcalino, las raíces son débiles o poco desarrolladas. Como no requiere la participación de las raíces, resulta un sistema inmejorable para alimentar plantas con un sistema radicular débil o enfermo. 

Hasta el noventa por ciento de los nutrientes aplicados foliarmente son aprovechados por la planta

Es mejor pulverizar soluciones poco concentradas para evitar el riesgo de quemar las hojas. En condiciones de baja humedad ambiental, conviene usar una concentración menor que en climas húmedos, ya que la evaporación sucede con mayor rapidez y el riesgo de fitotoxicidad aumenta. La absorción de nutrientes es máxima con un pH entre 5 y 6, así que deberemos ajustar siempre el pH antes de fumigar. Emplea siempre un pulverizador de buena calidad que tenga suficiente presión como para generar una nube de finas gotas que moje sin chorrear y que llegue a todos los rincones de la planta. Siempre conviene fumigar las plantas por la tarde, cuando ya no les dé el sol, para que permanezcan húmedas durante más tiempo y la absorción de nutrientes sea máxima. Hay que tener en cuenta que los nutrientes solo se absorben mientras permanecen disueltos. Una vez se secan las hojas, la absorción se detiene. En las últimas semanas antes de la cosecha no hay que fumigar abonos para que no queden restos en los cogollos ni en las hojas. Algunos cultivadores hacen una última fumigada con agua sin sales (destilada, de lluvia o de un filtro de ósmosis inversa) para limpiar los últimos restos. 
 

 

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