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La situación legal del cannabis es la principal responsable de la mayoría de los daños, perjuicios y problemas que los absurdos e ignorantes prohibicionistas intentan adjudicar a la planta. Legalizando el cultivo y estableciendo una regulación sensata que permitiese la producción y venta de forma legal, al igual que se hace con otras sustancias como el alcohol, el tabaco o el café, por no hablar de todos los fármacos psicoactivos que medio país consume, no solo se lograría reducir el poder de las mafias que crecen gracias a la clandestinidad, sino también asegurar que los consumidores tuviesen acceso a un producto de calidad, producido en condiciones sanitarias adecuadas y libre de pesticidas tóxicos y contaminantes.
El objetivo de todo cultivador de interior: un cogollo de primera calidad
Ante la perspectiva de que la legalización no parece inminente, el cultivo de cannabis en interior se convierte en una afición muy útil si eres consumidor habitual y quieres estar seguro de lo que metes en tu cuerpo. El cultivo al aire libre es delicioso y sería, sin duda, la forma preferida de sembrar marihuana en cualquier país de buen clima y sol abundante, pero los robos y las denuncias, de ladrones y policías, han acabado por complicar tanto el cultivo exterior que la siembra en interior es, actualmente, la mejor opción.
“Las variedades índicas suelen producir plantas de tamaño pequeño o mediano, con tallos fuertes, gruesos cogollos y mucha resina”
La marihuana es una planta fuerte y de fácil cultivo, capaz de sobrevivir en condiciones muy diversas en exterior pero, en interior, necesita un cuidado más específico para lograr que la producción sea abundante y la calidad de los cogollos, buena. El cultivador necesita dedicar una suma no pequeña de dinero para montar el armario de cultivo y soportar un aumento de la factura eléctrica derivado de su funcionamiento. Dependiendo de la calidad de los componentes y la potencia de la lámpara, podemos afirmar que un armario básico con todo lo necesario nos costará entre quinientos y mil euros, y el gasto mensual en electricidad será de entre cuarenta y sesenta euros. En un año, sin mucha dificultad y tras dos o tres cosechas en las que iremos aprendiendo y ganando experiencia, probablemente seamos capaces de producir toda la marihuana necesaria para nuestro propio consumo por una fracción de lo que nos costaría comprarla en el mercado negro o conseguirla asociándonos a un club de consumidores de cannabis. Pero el proceso de aprendizaje lleva su tiempo y es importante no frustrarnos y abandonar en cuanto nos encontremos con los primeros problemas.
Prueba el armario montado durante dos días antes de meter las plantas. A la derecha, una planta en crecimiento, lista para pasar a floración.
El mejor lugar para que nos ayuden a diseñar el armario de cultivo es el grow shop. Buscaremos uno de confianza que lleve muchos años abierto y nos dejaremos aconsejar. La mayoría de las tiendas serias saben perfectamente lo que necesitamos para tener éxito como pequeños autocultivadores domésticos. Si tenemos amigos cultivadores, podemos preguntarles y dejarnos guiar por su experiencia, pero también nos ocuparemos de aprender. Leeremos Cáñamo regularmente, compraremos una buena guía de cultivo o nos empaparemos de conocimientos en la red. Cuanto más sepamos de la planta y su cultivo, mejor.
Las semillas de calidad son un elemento esencial para tener éxito.
“Dedicaremos un pequeño rato cada día a observar las plantas sin hacer nada”
Una vez comprado el material, buscaremos un lugar adecuado en casa para instalarlo y montarlo con calma y cuidado. No hay que apresurarse a germinar las semillas inmediatamente. Llevamos toda la vida sin cultivar en interior, no pasa nada porque esperemos unos días mas. Cuando el armario esté listo, lo encenderemos y lo dejaremos en marcha durante un par de días. Comprobaremos cómo sube y baja la temperatura cuando las luces se encienden y se apagan. Regularemos el extractor para que mantenga unas condiciones idóneas de temperatura y humedad que favorezcan el crecimiento de las plantas. La temperatura debe ser de 22-26 ºC durante el día y 20-24 ºC durante la noche, mientras que la humedad debe ser más alta al principio e ir bajando a lo largo del ciclo de cultivo: en la germinación, 70-80%; en la fase de crecimiento, 60-70%; en la primera mitad de la floración, 50-60%, y 45-50% en la segunda mitad de la floración. Con el clima controlado, podemos pensar en las semillas.
Observaremos las plantas y aprenderemos a interpretar cualquier síntoma que veas.
Incluso con un armario pequeño se pueden lograr buenas cosechas.
Escogeremos un buen banco de semillas y seleccionaremos un paquete de una genética que nos atraiga. No es necesario gastarse el dinero en la última variedad que ha salido al mercado o en la que está de moda, pero no sembraremos cualquier genética. Nuestro consejo es optar por una variedad de prestigio, de las que llevan muchos años en el mercado. Para los cultivos de interior, dan mejor resultado las variedades índicas o los híbridos con predominancia índica, pues suelen producir plantas de tamaño pequeño o mediano, con tallos fuertes, gruesos cogollos y mucha resina. Plantas que producen bastante sin hacerse demasiado grandes, lo que resulta muy conveniente para un cultivador novato que todavía no tiene claro cuánto tiempo dejar las plantas en crecimiento. Ya habrá tiempo de probar otras variedades más adelante; por ahora hay que concentrarse en una no muy difícil y aprender a dominarla.
Los armarios de cultivo son el sistema más sencillo y discreto de plantar dentro de casa. Durante los dos meses que dura la floración, los cogollos crecen, engordan y se llenan de resina.
Uno de nuestros consejos habituales, que normalmente es ignorado por los cultivadores novatos, es hacer un diario del cultivo para dejar por escrito todas nuestras impresiones, los datos climáticos y los abonos que vamos usando. En el futuro, cuando volvamos a cultivar la misma variedad, este diario nos será de una gran ayuda para recordar qué hicimos bien y qué no, y evitar cometer los mismos errores una segunda vez. Los fumetas no tenemos muy buena memoria, lo sé por propia experiencia: varios meses después de cosechar seguro que no recordamos si en la tercera semana de floración regábamos con una solución nutritiva de EC 1,2 o 1,6. Si lo apuntamos, no tendremos problemas para recordarlo.
Las hojas y flores recubiertas de resina indican una planta potente y psicoactiva. Derecha: Este es el resultado tras pasar tres meses cuidando las plantas con atención.
Nuestro último consejo y el más importante: dedicar un pequeño rato cada día a observar las plantas sin hacer nada. Los novatos suelen ser impacientes y, en su desconocimiento, sienten que deben estar siempre añadiendo un nuevo estimulador o podando o regando o haciendo algo. Muchos más cultivos de interior han fracasado por hacer de más que por hacer de menos. Deja que las plantas vayan a su ritmo, simplemente míralas día tras día y aprende a leer su lenguaje, a interpretar todos los pequeños indicios que muestran: el color de las hojas, la forma en que se abren o se cierran a la luz, su vigor y su vitalidad. Poco a poco aprenderemos a saber lo que necesitan, no hay que tener prisa ni frustrarse: en dos o tres cosechas bien atentos nos habremos convertido en unos cultivadores competentes. ¡Hasta la próxima!