Los cogollos secos, como todo producto orgánico, pueden descomponerse o degradarse. Están compuestos de materia vegetal, que puede ser devorada por bichos y hongos, y de resina que contiene cannabinoides y terpenos, dos familias de compuestos químicos que se ven degradados por el calor, el oxígeno y la luz. Si queremos que la marihuana conserve su calidad durante un largo periodo de tiempo, debemos mantenerla en ciertas condiciones que impidan su degradación. Empecemos viendo cómo la ciencia ha estudiado esta cuestión.
Estudios sobre la conservación y degradación del cannabis
La cosecha tiene que durar todo el año y hay que conservarla lo mejor posible.
Uno de los primeros estudios sobre la conservación del cannabis lo realizaron en 1974 en el Reino Unido dos científicos llamados J.W. Fairbairn y J.A. Liebmann (“The stability of cannabis and its preparations on storage”, en Journal of Pharmacy and Pharmacology). Experimentaron con marihuana, hachís y disoluciones de cannabinoides puros, almacenándolos hasta un año en recipientes expuestos a distintas intensidades de luz, temperatura y oxígeno. De todos los factores fue la luz, especialmente la radiación ultravioleta, el más destructivo, llegando a degradar hasta el 50% del THC en muestras expuestas a la luz solar directa durante seis meses. También se observó que las temperaturas elevadas (por encima de los 30 ºC) aceleraban esta degradación, mientras que el cannabis almacenado en recipientes herméticos, a temperaturas frescas y en la oscuridad, era el que mejor se conservaba. Este trabajo marcó el estándar que se ha venido usando hasta hoy.
Un bote hermético permite reducir la exposición al aire pero no a la luz, y hay que guardarlo en un lugar oscuro y fresco. Las bolsas de vacío son ideales para la conservación a largo plazo.
"El secado y la conservación a temperaturas frescas mejora mucho el perfil de terpenos y protege el THC de la degradación"
En 1996 se publicó “The volatile oil composition of fresh and air-dried buds of Cannabis sativa”, en el Journal of Natural Products. Sus autores, S.A. Ross y M.A. ElSolhy, querían ver cómo varía el perfil de cannabinoides y terpenos durante el secado y la conservación del cannabis. Analizaron flores frescas y secas y evaluaron su composición con espectrometría de masas y cromatografía de gases. Uno de los hallazgos principales fue que la temperatura de almacenamiento tiene un efecto decisivo sobre la conservación de cannabinoides. Se realizaron pruebas a diferentes temperaturas: 25 °C (temperatura ambiente), 5 ºC (refrigeración) y -18 ºC (congelación). A los dos años, el cannabis conservado a -18 ºC había perdido menos del 10% del THC original, mientras que el almacenado a temperatura ambiente había perdido hasta el 30% del THC en el mismo período. Respecto a los terpenos, vieron que los más volátiles, como el mirceno, el limoneno y el pineno, se perdían hasta en un 60% en flores secas expuestas al aire en solo seis meses. Este trabajo es uno de los más citados y la base de muchas recomendaciones actuales para almacenamiento profesional, tanto en dispensarios como en laboratorios.
Ojo con guardar los cogollos húmedos, en este han crecido hongos.
En el 2009 se publicó la tesis doctoral The Propagation, Characterisation and Optimisation of Cannabis sativa L. as a Phytopharmaceutical, presentada por David Potter en la Universidad de Londres. En este trabajo explora con detalle las propiedades farmacológicas del Cannabis sativa y cómo su composición química se ve afectada por el almacenamiento. El autor llevó a cabo una serie de experimentos durante varios meses, durante los cuales almacenó cogollos en ambientes con distintas condiciones de aire, luz y temperatura. Las conclusiones mostraron que el THC se degrada gradualmente y se transforma en CBN (cannabinol), un cannabinoide que tiene efectos sedantes pero carece de la potencia psicoactiva del THC. En condiciones ambientales normales (20 ºC, luz ambiental, exposición al aire), se registró una pérdida del 16% del contenido de THC en un año, y hasta del 26% en dos años. Potter confirmó que los terpenos también se van perdiendo, y a mayor velocidad que el THC, lo que afecta de forma clara al sabor y aroma.
Factores que contribuyen a la degradación de los cannabinoides
Al aire, los cannabinoides se degradan con bastante rapidez.
Entre los distintos elementos ambientales que afectan directamente a los compuestos activos del cannabis (cannabinoides, terpenos y flavonoides), los que tienen una incidencia mayor son los siguientes:
1. Oxígeno. Este elemento es el principal degradador del universo. A través del proceso de oxidación se une a los distintos compuestos químicos y los altera irreversiblemente. El efecto más importante que tiene sobre la marihuana es que acelera la oxidación del tetrahidrocannabinol (THC) y lo transforma en CBN (cannabinol). El CBN es otro cannabinoide, y aunque carece de las propiedades psicoactivas del THC, por contra tiene un efecto sedante que reduce la psicoactividad total de la hierba, de un modo similar al CBD.
2. Luz (especialmente la radiación ultravioleta). La luz UV degrada los cannabinoides y los terpenos a una gran velocidad. Por eso es muy importante proteger la marihuana de la luz durante el secado y el almacenamiento, guardándola en recipientes opacos o en armarios cerrados. Un ejemplo de la acción perjudicial del sol sobre la resina se puede observar en el sistema de secado tradicional de la marihuana en Marruecos, donde las plantas se ponían a secar al sol, extendidas sobre los tejados de las casas, lo que amarilleaba completamente los tejidos vegetales y destruía una parte del THC y los terpenos más volátiles. Esta práctica provocaba que el kifi (la marihuana picada que se consumía tradicionalmente en el país) tuviera una potencia psicoactiva más baja y sedante que se trasladó al hachís cuando empezaron a usar la marihuana para producir resina. En las últimas décadas, conforme los agricultores han ido incorporando técnicas modernas de secado y producción, la potencia, aroma y calidad del hachís marroquí han mejorado notablemente.
Los cannabinoides y terpenos de la resina se degradan con la luz, el aire, el oxígeno y la temperatura.
3. Calor. Las temperaturas elevadas aceleran la volatilización de terpenos y la degradación química del THC. El secado y la conservación a temperaturas frescas mejora mucho el perfil de terpenos y protege el THC de la degradación. Las técnicas modernas como el fresh frozen, que congelan la hierba fresca y la secan a muy baja temperatura con sistemas de baja presión que permiten la evaporación del agua a temperaturas gélidas, han permitido obtener cogollos secos que huelen como hierba fresca, pues conservan todos los terpenos que tiene la planta viva y que normalmente se pierden durante el secado. Los estudios muestran que a menor temperatura de almacenamiento mejor se conservan las propiedades del cannabis a largo plazo.
4. Humedad. Una humedad excesiva (superior al 65%) promueve la proliferación de hongos, mientras que una demasiado baja (inferior al 55%) reseca los cogollos, degradando terpenos y rompiendo tricomas. Si la hierba se guarda muy húmeda, es muy fácil que crezca moho, ya que la presencia de alguna espora es casi inevitable. Por otro lado, la marihuana excesivamente seca no solo pierde más terpenos debido a la evaporación, también tiende a deshacerse fácilmente en un polvo fino muy poco agradable de consumir. El punto óptimo de humedad de los cogollos es entre el 57 y el 61%.
Estrategias de conservación a corto, medio y largo plazo
Si queremos conservar el aroma de la planta viva, intentaremos secarla a muy baja temperatura.
¿Cómo debemos actuar para que el cannabis mantenga todas sus propiedades lo mejor posible durante el almacenamiento? Con el tiempo siempre habrá una cierta pérdida de THC y terpenos, pero, en general, si usamos las técnicas correctas, la pérdida de THC es tres veces menor que manteniendo el cannabis al aire, con luz y a temperatura ambiente. En función del tiempo que vaya a estar guardado, las técnicas a emplear son distintas:
Conservación a corto plazo (desde unos días hasta unas semanas): básicamente hay que minimizar la exposición al aire y la luz. Usaremos tarros de vidrio herméticos y los guardaremos en un lugar fresco y oscuro con una temperatura entre 15 y 21 ºC. Podemos introducir en el frasco sobres controladores de la humedad (como los de las marcas Boveda o Integra Boost).
Conservación a medio plazo (de uno a seis meses): el objetivo es conservar al máximo el THC y reducir la pérdida de terpenos y flavonoides. Es vital limitar todo lo posible la oxidación, por lo que resulta imprescindible el envasado al vacío (se pueden usar frascos o bolsas de vacío) y el almacenamiento en cámaras oscuras y con temperatura controlada. A nivel doméstico, colocaremos en la nevera los recipientes o bolsas de vacío dentro de una caja hermética y opaca a la luz. Los productores comerciales pueden usar tecnologías de curado lento con sensores de humedad y temperatura digitales, como, por ejemplo, los sistemas de la empresa Cannatrol, que utilizan control termoeléctrico para estabilizar la temperatura y la presión de vapor del entorno, logrando una mayor retención de terpenos y cannabinoides en el producto final.
Conservación a largo plazo (de seis meses a varios años): para un correcto almacenamiento durante largos periodos de tiempo es imprescindible el envasado al vacío en botes o bolsas para evitar la oxidación con la protección frente a la luz (usando recipientes opacos). Es importante que la humedad de los cogollos sea correcta (entre el 57 y el 61%) cuando se envasen al vacío, y conviene introducir junto a ellos algún sobre de control de humedad. Las temperaturas más bajas son las que mejor conservan las cualidades del cannabis. Aunque podemos guardar la hierba en la nevera, para asegurarnos a largo plazo lo mejor es introducir los botes o bolsas de vacío dentro del congelador. El cannabis conserva hasta el 90% del THC tras dos años congelado. No es recomendable volver a congelar la marihuana después de descongelarla, por eso mi consejo es envasarla en bolsas o botes que no contengan una gran cantidad de hierba. Es mejor tres botes con 50 g cada uno que se pueden ir descongelando conforme se vayan a consumir, que no un solo frasco con 150 g que una vez descongelado tardaremos mucho tiempo en consumir. Descongelaremos siempre el cannabis lentamente; lo mejor es pasarlo del congelador a la nevera para que se descongele en un par de días, en lugar de sacarlo directamente a temperatura ambiente.
Los cannabinoides y terpenos presentes en el cogollo vivo son extremadamente delicados.
Detrás de cada cogollo hay muchas horas de trabajo del cultivador.