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Hablo con las plantas, las mimo, y ellas me corresponden.
Hablo con las plantas, las mimo, y ellas me corresponden.
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Vaya vacaciones... ¿Sabéis dónde he pasado el mes de agosto? En mi ciudad, currando. Los cuatro jardineros que se ocupan de mis dos plantaciones, dos en cada una, decidieron sin consultarme que se tomaban el mes de agosto de vacaciones, completo.

Cachondeo

Compraron billetes de avión, reservaron hoteles y vinieron a decirme un jueves 28 de julio que el lunes día 1 ya no vendrían a trabajar y que no les esperase hasta el 1 de septiembre. Como podéis imaginar, no los tengo contratados. Cobran en negro, como yo y como todo el mundo en este sector. Eso quiere decir que no están atados a mí pero tampoco me parece razonable que ni siquiera me avisen con tiempo. Por mucho que me diese rabia, la verdad es que los entendí. Tras un año de curro intenso, ganando mucho pero sin parar de trabajar, era hora de que pudiesen disfrutar.

El caso es que ambos cuartos de cultivo estaban a tope de plantas a punto de empezar a florecer, por lo que no se podían quedar solos ni en broma. Una cosa es dejar un cuarto de cultivo un fin de semana sin vigilancia, pero largarse varias semanas es totalmente imposible. Varias decenas de kilos de cogollos estaban en juego, muchos miles de euros que no se podían dejar desatendidos. Intenté convencerlos, hasta les ofrecí una paga extra, pero no hubo forma. “No queremos más dinero, tenemos suficiente para gastar. Queremos vacaciones de las plantas, Loko. Ocúpate tú de ellas”. Y eso fue lo que pasó; al final tuve que ser yo, jefe, empresario y dueño del negocio, quien se quedara sin vacaciones ocupándose de ellas. Adiós a mi mes de descanso, aunque me hubiera conformado con dos semanas, incluso con diez días. Pero no, este año no iba a tener vacaciones.

Tras años cultivando el tono amarillo de la luz de sodio, me parece tan bonito como una puesta de sol
Tras años cultivando el tono amarillo de la luz de sodio, me parece tan bonito como una puesta de sol

Y se lo iba a tener que explicar a Carolina, la Loka, como todos llaman a mi querida media naranja. Los que dicen de mí que tengo mala leche es que no la conocen a ella.

Con lo feliz que estaba yo por lo rápido que se había vendido la cosecha anterior. Pensábamos fundirnos un buen fajo de euros, Carolina y yo. El plan era sencillo: buenos hoteles, mejores restaurantes y una selección de cogollos que ya tenía preparada. Vida tranquila, comer, beber, fumar y follar durante un mes. No le iba a gustar tenerse que quedar en casa, no le iba a gustar nada.

Un cuarto de cultivo grande requiere varios meses de trabajo hasta estar a pleno rendimiento, y una vez lo alcanza no interesa parar

Decidí contárselo en un lugar público, con la esperanza de que allí se enfadaría menos. Debo decir que se lo tomó bastante bien. No gritó, ni mucho menos. Dijo: “Tú te lo pierdes”, y mientras yo procesaba la información llamó a Vanesa, la más punki de sus amigas, y aprovechó las reservas largándose con ella de vacaciones. Vamos, que las vacaciones nos iban a costar lo mismo pero no iba ser yo quien las disfrutase.

Las niñas después de comer
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Al final, en lugar de vacaciones me he pasado el agosto preparando abonos, trasplantando, sacando esquejes. Todo lo que ya no tengo que hacer normalmente porque tengo gente para que lo haga. Los autónomos y pequeños empresarios, y yo lo soy aunque no esté dado de alta en la Seguridad Social, somos los que más trabajamos en este país. No nos ponemos enfermos ni cogemos bajas y hacemos menos vacaciones que cualquier empleado. Además, si encima te dedicas al cannabis, aún es más jodido. Con la de paro que hay y lo bien que me vendría un poco de ayuda. Pero ¿de quién me fío?

He conocido tantas historias para no dormir, que ya desconfío hasta de mi sombra. Mis jardineros de confianza, por mucho que ahora me hubieran dejado colgado largándose de vacaciones, son totalmente de fiar. Hace años que trabajo con ellos y nunca me la han jugado. Yo pago bien, porque no hay mejor forma de buscarse la ruina que pagar mal a alguien que sabe que tú te estás embolsando un dineral haciendo algo ligeramente fuera de la ley. Aunque pagues bien y al principio estén contentos, pasado un tiempo siempre les parece poco, pero como tacañees en el sueldo de cultivadores o manicuradores, te estás cavando tu propia tumba.

He conocido tantas historias para no dormir, que ya desconfío hasta de mi sombra

Siempre digo que la mejor forma de dedicarse al cultivo de cannabis es hacerlo todo uno mismo. Quien no sabe que cultivas no puede robarte, delatarte ni hablar más de la cuenta. Tengo un par de amigos que cultivan a mediana escala ellos solos. Cada cosecha es de dos o tres quilos, algo que pueden manicurar sin ayuda en tres o cuatro días. Viven tranquilos, no dependen de nadie y no corren riesgos. Mi sistema es estresante y dependo de varias personas (aunque he mantenido el número muy reducido y son de bastante confianza), pero también mucho más rentable que el de mis colegas. Yo cultivo a lo grande y cosecho docenas de kilos cada vez. En un cultivo de este tamaño, aunque el riego sea automático, hay trabajo continuo: trasvasar agua, preparar abono varias veces por semana, subir las lámparas conforme crecen las plantas, vigilar que no aparezcan plagas, fumigar cuanto antes si aparecen, trasplantar, podar, esquejar, etc.

Las auténtica clave del asunto: la boca de las plantas está en las raíces
Las auténtica clave del asunto: la boca de las plantas está en las raíces

Un cuarto de cultivo grande requiere varios meses de trabajo hasta estar a pleno rendimiento, y una vez lo alcanza no interesa parar. Las primeras cosechas nunca son tan buenas ni tan seguidas porque siempre falla alguna cosa, pero una vez que está todo coordinado es como una máquina de hacer hierba, cada ocho o diez semanas, cosecha nueva.

Para que la producción alcance el nivel máximo hay que ajustar todos los parámetros con exactitud, y el más importante es el tiempo. Es fundamental evitar los tiempos muertos entre cosecha y cosecha. La mejor forma de aumentar la producción en un veinte por ciento es hacer seis cosechas al año en lugar de cinco, o cinco en lugar de cuatro. Cada vez que se cosecha una tanda de plantas tiene que haber otra tanda ya crecida y lista para empezar a florecer y ocupar el lugar que queda libre. Las plantas que entran a floración dejan espacio libre en el cuarto de crecimiento para que se desarrolle otra nueva tanda de esquejes, que ya estarán enraizados. Por último, las plantas madre deben estar llenas de buenos brotes que convertir en esquejes.

Desarrollar buenas plantas madre capaces de dar el suficiente número de esquejes con la frecuencia necesaria no es fácil. Tampoco se consigue a la primera ajustar el tiempo de crecimiento para que tengan la altura idónea al empezar a florecer o afinar las dosis de abono para lograr la máxima producción sin afectar negativamente al sabor ni quemar las raíces con un exceso de sales.

Y no me aburrí. Haciendo el trabajo de cuatro jardineros tuve el mes de lo más ocupado. Claro que me llevé los cuatro sueldos y me he dado cuenta de que puedo poner a cada uno de los cuatro a cargo de un cultivo en lugar de por parejas, que me parece que estaban currando poco. Eso es lo que pasa cuando dejas al jefe trabajando en agosto, que cuando vuelves te la devuelve

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