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Cannabinoides: ¿los conoces o te pones ciego a ciegas?

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La importancia de conocer los ingredientes de los productos que consumimos es indiscutible. La ley obliga, y esto es así porque el consumidor tiene derecho a saber qué pretende meter en su organismo, y en base a esta información usar su racionalidad para decidir tomarlo o no y en qué cantidad.

Este derecho que tenemos como consumidores es vulnerado por el propio Estado cuando margina al mercado negro productos de uso general como son las drogas en plural y la marihuana en particular.

Pero los amantes del cannabis somos los consumidores de una droga ilegal más espabilados, innovadores y responsables, y esto se demuestra en que, a pesar de la criminalidad y el ostracismo al que han querido abocar a nuestra planta, nosotros no nos hemos conformado y hemos querido saber más y más acerca de, entre otras cosas, sus componentes: cómo estos actúan entre ellos y qué efectos tienen en nosotros.

Así, en la actualidad podemos encontrar en los catálogos de semillas variedades en las que se detalla el contenido en THC y CBD, que son sus principales componentes, y este es un dato, si no de vital importancia, sí de “colocón de importancia”.

Al igual que existen graduaciones en el alcohol y tomamos una bebida más o menos fuerte en función de cuánto nos apetezca sumergirnos en sus efectos, con el cannabis ocurre igual. El índice de cannabinoides es un dato que nos permite tomar la decisión de cuánto y cómo queremos colocarnos.

Las plantas que contienen un alto nivel de THC y bajo o nulo CBD son las que nos van a proporcionar un efecto más potente cerebral y psicoactivo. Cuando consumes este tipo de cannabis eres consciente de que va a alterar tu estado de consciencia y que, dependiendo de tu tolerancia a este compuesto, podrás controlar sus efectos. Personalmente, y como fumadora habitual a la que el THC le sienta “de categoría”, debo reconocer que en alguna ocasión me he quedado un poco fuera de juego después de fumar yerbas THC rich. Sobre todo cuando he tenido que realizar tareas que exigen concentración, como estudiar o hacer facturas, por ejemplo. En estas situaciones siempre tengo ganas de fumar, pero si fumo yerbas con solo THC después me cuesta más concentrarme o memorizar.

Por otro lado, tenemos las yerbas con alto CBD que también contienen THC en una ratio aproximada de 1/1 o 2/1. El CBD actúa entonces como amortiguador de los efectos psicoactivos del THC. Esto significa que al fumarlas no obtendremos ese colocón alucinógeno que proporciona el THC, sino un efecto mucho más lúcido, equilibrado y tranquilo. Este tipo de cannabis nos permite disfrutar del placer de fumar y de degustar un buen cogollo sin el temor a quedar atrapados por su efecto. Confieso que si bien sigo siendo una incondicional del THC para ver una buena peli de Kevin Smith, leer al gran Charles Bukowski o echarme unas risas con los amigos, cuando tengo que trabajar, escribir o estudiar, el CBD es mi compañero de batalla.

Concluyo este artículo recalcando la importancia de la información: hay que comprar semillas que informen de estos datos, y si se es usuario de un club se deben exigir los análisis de cannabinoides de sus lotes, pues un consumo digno empieza por el conocimiento y la capacidad de decidir que este otorga.

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