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¿Existe la marihuana transgénica?

Marihuana transgenica
¿Transgénica? No, criada al sol de mi terraza

El mismo pensamiento mágico que anima la teoría sobre la marihuana transgénica está detrás de muchas otras interpretaciones confusas. Como cuando nos contaban aquella leyenda de los indios ignorantes y supersticiosos que reciben a los conquistadores europeos y, al ver su altura, su pelo rubio y sus ojos azules, los toman por semidioses, por seres de naturaleza no natural. Un pensamiento mágico que, tanto en sus explicaciones divinas como en las más posmodernas de corte tecnológico, obedece, obviamente, a la más pura ignorancia. Además, si todos los que defienden la teoría de la conspiración de la marihuana transgénica estuvieran un poco al tanto de los avances tecnológicos, sabrían que lo de la biología transgénica ya pasó de moda y que hoy lo que se estila es echarle la culpa a la ingeniería genética. Y es que los tiempos avanzan: primero había que regar las plantas de marihuana con tripis (era la prehistoria de la manipulación de la planta de la marihuana), luego llegaron las semillas transgénicas y ahora, ya instalados en la era postindustrial, las que se llevan y que empiezan a introducirse en el mercado son las marihuanas cuyas semillas están creadas sintéticamente.

No voy a entrar a explicar en qué consiste la biología sintética porque cualquiera puede mirarlo en la Wikipedia. Solo decir que quizás ya el término biología empieza a no ser el apropiado para referirse a los asombrosos avances que se están produciendo en genética, siendo quizás más adecuada la expresión ingeniería genética. El ADN es solo un código, trasladable a lenguaje computacional y, por tanto, susceptible de ser también creado con un ordenador. El programa se introduce en un organismo vivo y, ¡voilà!, tenemos un virus sintético, o una casa (sí, una casa, has leído bien), tan solo sembrando una semilla en la tierra. Si estás interesado en el tema te recomiendo el libro Regenesis: How Synthetic Biology Will Reinvent Nature and Ourselves de los genetistas George Church y Ed Regis, lo puedes comprar y leer en papel, en Kindle o en cualquier otro formato digital o… en una molécula de ADN. Si el término biología ya no es aplicable a este tipo de avance tecnológico es porque la ingeniería genética está redefiniendo las definiciones de vida, si es que a día de hoy existe alguna en la que los biólogos estén de acuerdo.

La biología transgénica supuso para una legión de ingenuos el avance tecnológico que permitía conseguir marihuana potente sin necesidad de regarla con tripis.

Semillas de marihuana sintética y la larga mano de Monsanto

Volviendo al tema que nos ocupa, llegado a este nivel de desarrollo biotecnológico (¡uy!, perdón de nuevo por lo de “bio”), es posible, no ya que exista marihuana transgénica, sino que exista marihuana biotecnológica. Esto es: marihuana a la que se le hayan introducido códigos genéticos artificiales, generados por ordenador, de tal forma que su naturaleza ya haya superado el transgenetismo (introducir genes de una especie dentro de otra), sino que nos encontremos en un nivel en el que las semillas de marihuana sean de síntesis. No, no hablo de los cannabinoides sintéticos, hablo de las semillas de marihuana, has leído bien. Repito: es posible que esas marihuanas tan potentes que circulan por ahí no sean de origen ya ni siquiera transgénico (cosa del pasado), sino que sus semillas estén modificadas haciendo uso de la ingeniería genética con códigos genéticos sintetizados por ordenador para que den lugar a marihuanas de efectos impredecibles. Es posible que los biohackers (así se llaman los ingenieros e informáticos que crean códigos genéticos en ordenadores) estén creando con sus ordenadores marihuanas artificiales con el fin de cambiar la arquitectura de la especie y transformarnos, mediante la modificación cerebral que las nuevas marihuanas producen, en seres cada vez menos biológicos y cada vez más tecnológicos. Esos biohackers, a sueldo probablemente de alguna empresa de ingeniería biológica con acciones de algún multimillonario del club Bilderberg, o de alguien más siniestro aún, quizás un illuminati reptiliano, sin duda tienen como objetivo malévolo transformar nuestra naturaleza biológica en naturaleza sintética para que podamos servir como esclavos en otros planetas de fuera de la Vía Láctea en los que, gracias a las nuevas adaptaciones sintéticas, podamos adaptarnos, sobrevivir y trabajar gratis.

Descabellado, ¿no? Pues claro, como es descabellado pensar que existe la marihuana transgénica. La biología transgénica supuso para una legión de ingenuos el avance tecnológico que permitía conseguir marihuana potente sin necesidad de regarla con tripis. Resulta que George Soros fue durante un tiempo accionista de Monsanto, la empresa emblemática de biología transgénica; y que el mismo Soros, a través de su fundación Open Society Foundations, financia multitud de programas de políticas de drogas y ha financiado campañas prolegalización del cannabis, como la de Uruguay o la de la plataforma española Regulación Responsable. Luego, para nuestra legión de ingenuos, es evidente que Monsanto está detrás de la legalización en Uruguay y en España con el fin de introducir marihuana transgénica. Y eso que Soros hace años que nada tiene que ver con Monsanto.

Durante la campaña prolegalización en Uruguay, estuve diez días dando charlas por diferentes instituciones del país y acudí a numerosos programas de radio y televisión. En casi cada una de las charlas siempre había alguien que hablaba de la conspiración de Soros/Monsanto (el perfil era invariablemente el de alguien de ideología izquierdista antimarihuana con look y formas verbales latino-sesenteras). Y esta barbaridad de que las marihuanas por ser tan potentes son necesariamente de origen transgénico se la he escuchado a psiquiatras y especialistas en drogas, algunos de ellos a sueldo de organismos públicos. Pareciera que el mero hecho de que se hayan producido avances tecnológicos en biología, estos implicaran su inmediata aplicación a todos los órdenes de la realidad social y sirvieran para explicar todo aquello que no comprendemos, por su novedad o porque simplemente está basado en informaciones sesgadas que en algún momento se generalizaron a partir de lo que alguien dijo y otros oyeron o creyeron oír.

Pero, entonces, ¿por qué son más potentes las marihuanas de hoy en día?

Empecemos por el hecho de que las marihuanas son cada vez más potentes. Un reciente artículo en la revista Addiction desmiente este hecho. Según los autores, si bien es cierto que, por ejemplo, en el mercado holandés la potencia (concentración de THC) aumentó entre los años 2000 y 2004, del 2005 al 2015 fue disminuyendo a razón de un 0,22% cada año. Es más, con el auge de lo “medicinal”, cada vez hay más variedades ricas en CBD.

La diversidad de variedades de que se dispone hoy obedece al simple cruce natural, no hay nada de artificial en ninguna variedad hoy en día, ni en las feminizadas ni en las autoflorecientes

De todas formas, si uno quiere seguir buscando conspiraciones puede encontrarlas. Por ejemplo, que con esas variedades potentes se pretendió fidelizar a una población de adictos para luego, una vez enganchados, no ser ya necesario seguir envenenándoles con variedades tan chungas. O que la aparición de variedades cada vez más ricas en CBD de nuevo responde a un nuevo avance en la biotecnología. El historiador Juan Carlos Usó, en su último libro, ¿Nos matan con heroína?, hablando del poder que tienen los mitos conspiranoicos, usaba una cita de Clara Usón: “El mito tiene una fuerza lírica y una belleza estética de la que la historia carece. El mito rectifica la historia, es como si dijera: puede que las cosas no sucedieran de este modo, pero así es como debieran haber sido, como queremos recordarlas, y una derrota heroica es más digna de memoria que una victoria dudosa”. Los humanos somos proclives al autoengaño, y el mito consigue hacernos más tolerable la realidad. Sin la ayuda del mito, la realidad se nos indigestaría.

Así que no voy a ofrecer muchos más argumentos en contra de la teoría de la conspiración de la marihuana cuyas semillas son de origen transgénico (¿o sintético?). El ser humano ha jugado siempre con la naturaleza primero observándola, y luego mejorándola en su beneficio. Así ha domesticado a los animales y a las plantas, haciendo comestibles los tomates y dóciles a los lobos. ¿No es más descabellado pensar, por ejemplo, que un chihuahua y un dogo pertenecen a la misma especie animal, tan solo partiendo del cruce natural de lobos? Y sin embargo no hay teorías conspirativas para este increíble fenómeno. Con la marihuana ha ocurrido lo mismo. La diversidad de variedades de que se dispone hoy obedece al simple cruce natural, no hay nada de artificial en ninguna variedad hoy en día, ni en las feminizadas ni en las autoflorecientes. Otra cosa es que se manipule el ambiente (suelos, sustratos, luces) para modificar su rendimiento, pero esto nada tiene que ver con lo transgénico ni tampoco con lo “artificial”. Eso mismo, por otra parte, también ocurre con los tomates y con tantas otras plantas de uso rutinario.

Por dar un último ejemplo, en un estudio publicado en el 2012, precisamente para probar si era cierta la hipótesis de la alta potencia de la marihuana basada en su origen transgénico, se analizaron 38 muestras de cannabis: 13 de marihuana y 16 de hachís procedentes de decomisos, y 9 muestras de plantas de marihuana de alta potencia cultivadas en interior procedentes de bancos de semillas holandeses. Se realizaron análisis genéticos (trazabilidad de proteínas transgénicas y de secuencias o vectores de nucleótidos transgénicos), y en ninguna variedad se encontraron restos de manipulación genética, confirmando, según la autora del estudio, que las marihuanas de alta potencia se deben al cultivo y no a la manipulación genética. Ahora que se ha descartado la presencia de marihuana transgénica, estaremos atentos igual a la posible aparición de marihuanas provenientes de semillas sintéticas, nunca se sabe...

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