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¿Qué pasa con la ibogaína?

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Durante los días 14, 15 y 16 de marzo se celebró en el “pueblo mágico” de Tepoztlán la Global Ibogaine Conference, un encuentro que reunió a expertos de todo el mundo (Australia, Francia, Gabón, México, Nueva Zelanda, Canadá, Estados Unidos, Brasil, República Checa, etc.) para discutir sobre la terapia con ibogaína, la reforma de las políticas sobre drogas internacionales, la sostenibilidad y los usos tradicionales de la planta Tabernanthe iboga.

La Tabernanthe iboga es una planta oriunda del África tropical, utilizada tradicionalmente desde hace miles de años por ciertas etnias africanas, como los pigmeos. En Gabón, Guinea Ecuatorial, Congo, Camerún y Ghana la planta, especialmente la raíz, donde se concentran la mayoría de los alcaloides medicinales, es utilizada como medicina y también en rituales mágicos y religiosos, específicamente por los miembros de una religión de carácter sincrético llamada bwiti, en Gabón. La planta de la iboga contiene una serie de alcaloides indólicos, entre los que se encuentra la ibogaína. Farmacológicamente, a la ibogaína se la considera un alucinógeno, aunque sus efectos son diferentes a los de los alucinógenos clásicos como la LSD o la psilocibina. Se dice que más bien produce efectos onirogénicos, similares a los sueños vívidos en donde la persona es un testigo despierto, viendo sus sueños, memorias y metáforas del inconsciente colectivo. La diferencia entre los efectos de la ibogaína y otros alucinógenos radica en su complejo mecanismo de acción cerebral. Mientras que los alucinógenos clásicos ejercen su acción principalmente activando los receptores 5-HT2A de la serotonina, la ibogaína actúa, además de sobre estos receptores, sobre diferentes sistemas de neurotransmisión, incluyendo el sistema dopaminérgico, endopiáceo, glutamatérgico y noradrenérgico, y sobre factores de crecimiento neuronal (denominados en jerga GDNF).

Recolectando medicina en la jungla.
Recolectando medicina en la jungla

Antecedentes de la ibogaína en la lucha contra la adicción

La ibogaína se ha hecho relativamente popular por sus efectos antiadictivos. En los años sesenta, Howard Lotsof descubrió, accidentalmente, los efectos antiadictivos de la ibogaína para eliminar el síndrome de abstinencia a opiáceos. Lotsof y sus amigos de entonces solían reunirse para explorar los posibles efectos psicoterapéuticos de cualquier droga que cayera en sus manos. Algunos de ellos eran heroinómanos. Un día consiguieron ibogaína, la consumieron y, para su sorpresa, los síntomas de abstinencia de la heroína no aparecieron más. Muchos de ellos no volvieron a consumir heroína. Desde entonces, Lotsof fue tratando con ibogaína a cada vez más adictos. Muchos de estos heroinómanos, a su vez, fueron tratando a otros tantos. En el curso de estos tratamientos “underground” se fue observando cómo la ibogaína también reducía el craving, o ansia de consumo, de la cocaína y de las anfetaminas, así como el abuso de alcohol y de otras drogas. A día de hoy, esta red iniciada por Lotsof de adictos que inician en la ibogaína a otros adictos se ha ido expandiendo hasta el extremo de que actualmente existen decenas de clínicas repartidas por diferentes países que ofrecen tratamientos con ibogaína tanto a drogodependientes como a personas que quieren experimentar con ibogaína para tratarse problemas psicológicos o por desarrollo personal. Es lo que se conoce como “la subcultura médica de la ibogaína”, que cada día va creciendo.

Algunos de estos “proveedores” de tratamiento de ibogaína están asociados en la Global Ibogaine Therapy Alliance (GITA: www.ibogainealliance.org). Algunos son doctores que trabajan en clínicas, otros son proveedores que previamente han sido tratados por otros proveedores, y otros siguen el estilo africano, usando la raíz pura en ceremonias de tipo chamánico. La GITA celebra reuniones cada dos años, donde diferentes proveedores y expertos en ibogaína comparten sus avances, se actualizan y consensúan aproximaciones terapéuticas. De hecho, una de estas reuniones la organizó Iceers en el año 2010 en el salón de actos del Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya, donde acudieron los mayores expertos internacionales en medicina y terapia con ibogaína. Después de esta conferencia, que duró todo un día, Iceers organizó un seminario de formación de tres días para proveedores de tratamiento. Otras reuniones de la GITA en el pasado se han celebrado en lugares como Sudáfrica y Vancouver. En marzo del 2016, la GITA, en colaboración con Iceers y con la ong mexicana Espolea (www.espolea.org), decidió ir un paso más allá y abrir la conferencia al público general, invitando como ponentes a expertos internacionales no solo en ibogaína, sino también en teoría y paradigmas de pensar la adicción, políticas de drogas, perspectivas terapéuticas integrativas, etc. Como se ha dicho, esta conferencia se celebró los pasados días 14, 15 y 16 de marzo en el precioso pueblo mexicano de Tepoztlán. Y es que México es el país donde más se encuentran concentradas las clínicas de ibogaína. Hay diferentes centros y numerosos proveedores de tratamiento repartidos por todo el país, que acogen principalmente, por su cercanía geográfica, a pacientes norteamericanos que no pueden tomar iboga legalmente en su propio país, por estar allí incluida en la Lista I de sustancias controladas por la DEA.

Claudio Naranjo
Claudio Naranjo
Detalle de la pirámide dedicada a Ometochtli-Tepoxtécatl, deidad del pulque, la fecundidad y la cosecha
Detalle de la pirámide dedicada a Ometochtli-Tepoxtécatl, deidad del pulque, la fecundidad y la cosecha
El autor y Bia Labate
El autor y Bia Labate
Stanton Pell y Andrew Tatarsky
Stanton Pell y Andrew Tatarsky

El pueblo mágico de la serpiente emplumada y los ovnis

Tepoztlán está catalogado como un “pueblo mágico” por su importante pasado prehispánico. Es donde nació Quetzalcóatl (o serpiente emplumada), la principal deidad del México prehispánico. Está situado en el valle del volcán Tepozteco, en el que, en lo alto, se encuentra una antigua pirámide prehispánica dedicada a Ometochtli-Tepoxtécatl, deidad del pulque, la fecundidad y la cosecha. La subida al Tepozteco es dura, pero imprescindible. Desde allí se divisa el “valle mágico”, con Cuernavaca al fondo, ciudad en la que Leary se inició en los hongos psilocibios a principios de los años sesenta. Tepoztlán es un atractor de tendencias New Age y espirituales. La oferta espiritual va desde masajes con piedras hasta terapias holísticas de todo tipo, pasando por temazcales y, obviamente, tratamientos con iboga y, últimamente, debido a la creciente moda de la ayahuasca, no es difícil encontrar rituales de ayahuasca, kambó, bufotenina (proveniente de la piel de algunas especies de sapo) y cualquier terapia alternativa, complementaria y holística que uno pueda imaginar. Tepoztlán es famoso también por ser uno de los sitios principales del mundo de avistamiento de ovnis. Para los lugareños no tiene sentido la pregunta de si creen en los ovnis, pues no hay nadie a quien preguntes que no haya visto uno, que conozca a alguien que los ha visto o que te enseñen fotos hechas con el teléfono móvil donde aparecen supuestas naves espaciales en lo alto del límpido cielo azul.

Pero lo mejor de Tepoztlán es la seguridad de que nada puede pasarle a uno. A Tepoztlán no han llegado la inseguridad, el crimen, la violencia y la sinrazón que gobiernan el México actual. Y es muy fácil conseguir hachís local. Por cierto, el miércoles 16, el último día de la conferencia, apareció por Tepoztlán Mick Jagger. Tocaban los Stones en el D.F. el martes y el jueves, y Jagger eligió Tepoztlán como refugio de la contaminación que estaba asolando la capital mexicana esos días, en los que se había prohibido la entrada de coches y en los que era fácil ver a muchos capitalinos protegidos con mascarillas por las calles.

Ibogaina

 

Desde Tepoztlán hacia los cuatro puntos cardinales

Las actividades relacionadas con la conferencia empezaron el sábado 12 de marzo, con un taller sobre “Soporte vital cardíaco avanzado” (ACLS, siglas por su nombre en inglés), un entrenamiento estandarizado por la Asociación Americana del Corazón (AHA) que enseña las intervenciones clínicas apropiadas para el tratamiento agudo de emergencias médicas que ponen en peligro la vida, tales como la parada cardíaca y los accidentes cerebrovasculares. El objetivo de este taller era entrenar en las posibles complicaciones médicas que pueden presentarse en los tratamientos con ibogaína, que son generalmente de tipo cardíaco.

El domingo por la tarde, antes del inicio formal de la conferencia, se celebró, en las instalaciones del precioso hotel en donde tuvo lugar el evento, un temazcal guiado por un curandero local. Asimismo, cada mañana, a las ocho, antes del desayuno, se podía participar en sesiones de yoga, meditación con cuencos tibetanos o respiración consciente, guiada por Anne Moxey, una maestra de yoga que enseña yoga a prisioneros en cárceles mexicanas.

El lunes inauguró la conferencia un grupo de curanderos locales que hicieron una invocación a los cuatro puntos cardinales, cada uno de ellos representando un aspecto crucial de la experiencia vital del planeta. Seguidamente, un representante de cada una de las instituciones involucradas en la organización del evento presentó la conferencia y dio la bienvenida a los participantes. Delante de la mesa de los panelistas, una reproducción de la estatua de Xochipilli presidía la sala, que era una gran cabaña (palapa) sin paredes, con techo de palma y el aire fluyendo, con una preciosa piscina como fondo.

El primer panel del evento hizo un repaso a las raíces del activismo en el campo de la ibogaína. Dos históricos del movimiento hicieron un recorrido histórico de los principales líderes de la causa mundial proibogaína. Entre los panelistas estaban Norma Lotsof, viuda de Howard Lotsof, y Dana Beal, un conocido activista también del movimiento prolegalización de la marihuana; en 1999, Dana Beal fue el principal organizador de la Global Million Marijuana March, que actualmente se sigue celebrando cada año en todo el mundo. Fue un emotivo panel que nos hizo recordar a todos que esta conferencia es ahora posible gracias al trabajo incansable de los pioneros que nos precedieron.

En la tarde del lunes, la antropóloga Bia Labate moderó una mesa sobre los usos tradicionales de la iboga en el África ecuatorial. Las charlas más interesante de este panel fueron las de Marie-Claire de Mbeng N’tam, una líder curandera de Gabón, que explicó el papel central que desempeña la iboga en la religión bwiti, y la del médico Uwe Maas, con una interesante charla sobre la estructura de la música bwiti. Se trata de músicas polirrítmicas con una composición de 5-6 golpes por segundo, destinada a crear un estado de trance, posiblemente por inducción de ondas cerebrales theta (de 5-6 Hz). Es un ritmo sistemático y autónomo, que hace confundir el seguimiento de la melodía y que deriva en que el iniciado progresivamente deja de percibir el mundo exterior para quedar instalado en un estado de trance autosostenido por el ritmo interno de su cuerpo.

Iboga

La adicción, la inteligencia de las plantas y el párkinson

Uno de los platos fuertes de la conferencia fue la mesa de la mañana del martes, donde se discutió el término de adicción. La charla más interesante y polémica fue la del psicólogo Stanton Peele, el cual negó la existencia misma de cualquier cosa a la que nos refiramos por adicción y que, sea lo que sea tal cosa, es tan fácil (que no sencillo) salirse como tener un buen motivo para ello y que dicho motivo sea más atractivo para la persona que su consumo compulsivo de drogas.

Sin duda, el panel que generó más expectación fue el de “Perspectivas en inteligencia de las plantas”, con los doctores y científicos Ken Alper, Dennis McKenna, Luis Eduardo Luna y el activista y nganga (chamán), iniciado en Gabón, Dimitri Mugianis. Cada uno de ellos, de acuerdo con su especialidad, explicó las evidencias que existen para considerar que las plantas poseen inteligencia, no humana, pero inteligencia al fin y al cabo. McKenna y Alper expusieron ejemplos del complejo sistema de transmisión de señales que utilizan las plantas para sobrevivir al mundo, eventualmente denotando “intención”. Luna acuñó el nombre a una nueva disciplina: “Antropología del reino vegetal”. Dimitri llegó a aseverar que la iboga había elegido a los yonquis, por sus peculiaridades como colectivo, para transmitirle al mundo su conocimiento. Quizás bromeaba. Quizás no.

Hubo otros paneles dedicados a las terapias, trabajos de integración y de cuidados después de la experiencia con ibogaína. Para los interesados en los tratamientos de ibogaína, la charla sobre el control de los riesgos médicos fue de lo más aprovechable, donde los insuperables expertos Dr. Ken Alper y Dr. Jeffrey Kamlet compartieron sus conocimientos y años de experiencia.

De las mesas más interesantes, sin duda, al menos para mí, fue una dedicada a la posibilidad de que la ibogaína sea un tratamiento para la enfermedad de párkinson. Entre los panelistas se encontraba un enfermo de párkinson que, tras unos meses de tratamiento con microdosis de ibogaína, pasó de estar prácticamente paralítico a moverse y hablar con casi total normalidad y a recuperar mucha autonomía.

Iboga

Hasta la próxima

El miércoles por la tarde, los curanderos que inauguraron la conferencia hicieron un ritual de despedida, también invocando a los cuatro puntos cardinales. Y por la noche, fiesta final. El jueves nos llevaron de excursión al sitio arqueológico de Xochicalco y el viernes y sábado hubo talleres posconferencia, entre ellos uno de psicoterapia de reducción de daño (con el líder del movimiento, Andrew Tatarsky, del Center for Optimal Living, en Nueva York) y otro sobre el uso de la música durante el trabajo de estados alterados de conciencia, con Alexandre Tannous.

Sin duda, esta conferencia, que congregó a casi 300 personas, entre público, expertos y conferenciantes, ha marcado un punto de inflexión en el mundo de la ibogaína que se traduce en una apertura a ámbitos adyacentes pero no antes explorados sistemáticamente por esta subcultura. Lo que más se mencionó sin duda fue la necesidad de complementar el trabajo con ibogaína con el de otras plantas, como ayahuasca y bufotenina, y con terapias coadyuvantes, como el neurofeedback, la medicina ortomolecular (nutrición) y la psicoterapia psiquedélica, que ayuden a las personas a atravesar sus procesos adictivos, e incluso a cuestionar los modelos de adicción y de políticas de drogas actuales. Ahora solo falta que la medicina más convencional abra las orejas y escuche.

Más información: www.ibogaineconference.org

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