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Fotos: Laura Aranda

¿Existe droga sin explotación?

Félix Tuidara
Este artículo se publicó originalmente en el número 273 de la revista Cáñamo España

Los veganos más estrictos tratan de no utilizar ningún producto de origen animal o que haya sido probado en animales. La Sociedad Vegana reconoce que no siempre es posible hacer una elección que evite el uso de animales. Un importante problema es el caso de los medicamentos, que son rutinariamente probados en animales para asegurar que son eficaces y seguros.

Mucha gente, sea vegana o no, intenta evitar también usar productos que impliquen el sufrimiento o explotación de otras personas. Practicas como el trabajo infantil, producción en países pobres o con estándares de seguridad deficientes son aún muy comunes en el mundo. Si no hay alternativa, a veces no queda más remedio que usar un producto no vegano o fruto de la explotación. Un buen ejemplo es la tecnología. Aunque Apple, como la gran mayoría de las compañías de móviles, prescinde de trabajo infantil, todos sus productos se fabrican en países del segundo y tercer mundo. Si tenemos móvil, nos habremos ahorrado unas pelas a costa del trabajo mal pagado de otros. ¿Y la droga?, ¿se emplean procesos o productos que impliquen a animales o la explotación y sufrimiento de personas?

Cannabis

El cannabis es la droga incautada más comúnmente, y representa casi las tres cuartas partes del número total de incautaciones en Europa. La marihuana (cannabis en forma de hierba) consumida en Europa se cultiva principalmente en espacios interiores en la misma Europa, aunque una parte también llega desde otros países. El hachís (cannabis en forma de resina) se importa principalmente de Marruecos, aunque en los últimos años Libia ha ganado también protagonismo. En el 2017, los estados miembros de la Unión Europea informaron de 782.000 incautaciones de productos de cannabis, incluidas 440.000 incautaciones de flores de cannabis, 311.000 de resina de cannabis y 22.700 de plantas de cannabis. El número de incautaciones de marihuana desde el 2009 es mayor que el de hachís, pero estas casi siempre son pequeñas cantidades, mientras que el hachís se suele interceptar en las fronteras y en cargamentos mucho más grandes. En la mayoría de los países europeos se puede plantar cannabis con semillas de algún amigo o que se recibe con alguna edición de Cáñamo, asegurando así que tratamos con un producto final ético y libre de crueldad. Para el hachís es un poco más complicado, ya que a menudo su contrabando implica producción en países más pobres, y la gente que lo entra a Europa absorbe la mayoría del riesgo pero muy poco beneficio. Si es imperativo, podemos producirlo nosotros mismos usando cualquier método casero.

Heroína

La heroína es el opioide más común en el mercado de drogas de la Unión Europea. Se importa de dos formas distintas: la más común es la heroína marrón (su forma de base química), producida principalmente a partir de la morfina extraída de las amapolas cultivadas en Afganistán; la otra es la heroína blanca (una forma de sal), que en el pasado provenía del Sudeste Asiático, pero que ahora también se puede producir en Afganistán o en países vecinos. Se observó un período de disponibilidad reducida de heroína en varios países europeos alrededor del 2010-11, acompañado de una caída general tanto en el número de incautaciones como en las cantidades de heroína incautadas. Desde entonces, las incautaciones en la Unión Europea se han estabilizado en gran medida, con 37.000 incautaciones que ascendieron a 5,4 toneladas notificadas en el 2017. Recientemente, se ha incrementado la producción de heroína en América del Sud, aunque la mayoría de la producción se destina a América del Norte.

Esta droga está repleta de posibles problemas de explotación a lo largo de su proceso de producción. Los propietarios de los campos donde se planta el opio a menudo son obligados a cultivar exclusivamente ese tipo de planta por cárteles que tienen el control sobre la zona. Los productos químicos que se usan en el proceso de refinamiento del opio son dañinos para la salud de la gente que los emplea, y si quedan en el producto final pueden causar infecciones y abscesos en el usuario final. Además, entra a Europa a través de mulas humanas y a veces importadores de otros bienes que no saben lo que transportan, con una buena dosis de corrupción y soborno por el camino. Si buscamos heroína vegana/ética, tendríamos que producirla nosotros. En España hay opio salvaje, pero igual que podríamos producir nuestra propia aspirina a base de vinagre y otros productos químicos, simplemente no es práctico. La alternativa sensata sería tirar de opio cultivado dentro del territorio nacional por alguien que garantiza no testearlo en animales, ya que para los fármacos como el tramadol o la codeína que podríamos comprar en una farmacia sí que se emplean este tipo de test poco éticos.

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 Estimulantes

Las principales drogas estimulantes ilícitas disponibles en Europa son la cocaína, la anfetamina, la metanfetamina y la MDMA. Existen marcadas diferencias regionales con respecto a qué estimulante se incauta más comúnmente, influenciadas por la ubicación de los puertos de entrada, las rutas de tráfico y los gustos de los consumidores. Por ejemplo, la cocaína es el estimulante incautado con mayor frecuencia en muchos países occidentales y meridionales, mientras que las anfetaminas y las incautaciones de MDMA son predominantes en el norte y este de Europa.

La cocaína se produce a partir de las hojas del arbusto de coca, que se cultiva principalmente en Colombia, Bolivia y Perú, y se transporta desde diversos puntos de partida en América del Sur y Central a Europa por diversos medios, incluidos vuelos de pasajeros, carga aérea, aviones privados, yates y otras embarcaciones pequeñas. Los problemas éticos son casi los mismos que con la heroína. La única alternativa, aunque mediocre, es buscar café (no descafeinado) de comercio libre.

La anfetamina, la MDMA y la metanfetamina son drogas sintéticas, que pueden agruparse como “anfetaminas” en algunos conjuntos de datos. Durante la última década, los datos de las incautaciones indican que la disponibilidad de metanfetamina ha aumentado lentamente y se ha extendido geográficamente, pero aún es mucho menor que la de la anfetamina.

Ambas drogas se producen en Europa para el mercado europeo. Los datos disponibles indican que la producción de anfetaminas se realiza principalmente en Bélgica, los Países Bajos y Polonia, y en menor medida en los Estados bálticos y Alemania. Típicamente, todas las etapas de producción se llevan a cabo en el mismo lugar, a excepción de la producción del precursor.

Los esfuerzos internacionales para controlar los precursores de las drogas (productos químicos necesarios para la producción de drogas ilícitas) interrumpieron el mercado a finales de la década de 2000. Más recientemente, el mercado de anfetaminas y MDMA ha experimentado un resurgimiento, ya que los fabricantes han encontrado productos químicos sustitutos no controlados para su uso en la fabricación del medicamento.

Estas drogas, al producirse a partir de un precursor sintético, sí que se pueden adquirir con algo más de confianza en que satisfacen los requisitos de un producto de comercio justo, con toda la gente involucrada voluntariamente y siendo correctamente retribuida. El problema viene de sus precursores, ya que la mayoría son derivados del petróleo producidos en China y el sudeste de Asia. Si encontráramos un proveedor que pagara bien a sus trabajadores y no vertiera los desechos sin procesar, podríamos llegar a encontrar MDMA, metanfetamina o anfetamina de comercio justo. Sin embargo, a día de hoy no existe un sello de calidad de drogas que garantice su origen e historial.

Como con los medicamentos, a veces no existe más alternativa que usar un producto con orígenes dudosos o que ha sido testeado con animales. Si consumimos solo cannabis, podemos llegar a conseguir un producto libre de explotación cultivándolo nosotros mismos o pidiéndoselo a un amigo que plante con cariño. Para cualquier otra droga, la realidad es que, si consumimos, en cierta manera nos beneficiamos de la explotación o sufrimiento de otros. Eso sí, desafortunadamente, si tenemos un móvil o innumerables otros productos, esto no es más que el pan de cada día.