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Cuadro de Olmo Blanco

Olmo Blanco o la estética de la insistencia

María von Touceda
Este artículo se publicó originalmente en el número 251 de la revista Cáñamo España

Olmo Blanco es un artista que hace de la minuciosidad un arma para transformar objetos y espacios en originales obras. Con su trabajo, Olmo Blanco conquista los corazones de todos los que hoy, en pleno siglo XXI, ven en la insistencia y en la paciencia el exotismo de algo que durante siglos forjó el mundo tal y como llegó a nosotros.

Como si del mito de Aracne se tratase, este artista de Boiro (A Coruña) realiza un trabajo de dibujo tan paciente y minucioso como lo fue coser para una diosa. Licenciado por la Universidad de Salamanca, Olmo Blanco ha expuesto tanto en España como en el Reino Unido, Bélgica, Uruguay y Portugal. Hablamos con él sobre su trabajo y el contexto artístico y vital donde se forja. 

Olmo Blanco, óleo sobre lienzo
Óleo sobre lienzo, 2015

Tu obra es multidisciplinar, pasa por pintura figurativa, abstracta, vídeo, intervenciones, joyería… La abordaremos por partes. El trabajo figurativo recuerda a los fauves, y más en concreto a André Derain, y no tiene nada que ver con tus otras obras. ¿Qué te ha movido a realizarla? 
Esta pintura la empecé a hacer en un momento en el que quería retomar el contacto con mi entorno más próximo. De hecho, en principio lo hacía directamente del natural. A veces cuando uno trabaja en el ámbito del arte contemporáneo te da la sensación de vivir en una burbuja, de estar un poco aislado. Este trabajo es como una vuelta a lo íntimo. 

Frente a esta vertiente figurativa está tu obra abstracta con un cariz más personal, algo totalmente original. ¿Cómo la definirías? 
Lo que intentaba con esta obra era, de alguna manera, atravesar la frontera entre arte y artesanía a base de insistir. 

Has expuesto este trabajo interviniendo museos, galerías, locales en lugares muy diversos, a lo largo de la geografía europea, y entre todas he visto que tienes obra en la cual compartes autoría con una mujer de la limpieza. Cuéntanos esta historia. 
Fue en la inauguración de los premios Injuve 2011, en la Tabacalera (Madrid). Llegué a la capital una semana antes para preparar mi intervención. Buscando en el propio espacio de la Tabacalera, encontré una mesa cubierta de polvo en la que empecé a dibujar con un palillo. Debí de estar como cinco días trabajando en ella. 
Cuando llegué a la inauguración, una hora antes de que entrara el público, oí a uno de los responsables del montaje gritar: “¡Nooo!”. Me asomé a la sala y me encontré al encargado con las manos en la cabeza y a la señora de la limpieza con cara de circunstancia. ¡Había limpiado parte de mi obra! Si esto hubiese ocurrido uno o dos días antes no hubiese sido más que un problema, pero al haber ocurrido solo una hora antes de la presentación me pareció que la historia era una tragicomedia perfecta, así que decidí cambiar el título de la pieza e incluirla en la autoría. 

Modus Vivendi, 2011
Intervención con rotulador permanente en los baños del Modus Vivendi, 2011.
Olmo Blanco, 80 piezas
80 piezas de 15x15 cm, acrílico sobre madera tallada, 2015
Acrílico sobre madera tallada
Acrílico sobre madera tallada
Mural de Olmo Blanco
El guarda ríos, mural homenaje a mi abuelo en la fachada de una de sus construcciones, 2018.
Taller de Olmo Blanco
Pared del estudio del artista
Óleo de Olmo Blanco
Milena en el baño, óleo sobre cartón, 2018

También has realizado piezas de joyería, ¿qué deriva te ha llevado a formar parte de este ámbito de la artesanía? 
Con la joyería empecé porque comparto taller con dos joyeras y me picó el gusanillo. Además, como te comenté antes, quería salir de la burbuja del cubo blanco y trabajar sobre cosas más cercanas. 

Tu obra abstracta es un trabajo que requiere mucha paciencia, ¿incide el consumo de cannabis en esto? 
No. De hecho, si fumo para hacer este tipo de trabajos, me desespero antes. Hay un par de momentos del proceso creativo donde sí me gusta mucho fumar. Uno es cuando estoy en casa, generalmente por la noche, con una libreta y un lápiz. Este momento es cuando se materializan las ideas. En este contexto lúdico y de relax es cuando estas pasan al papel en forma de esbozo. También me gusta fumar para revisar lo que he hecho durante el día. Normalmente saco fotos de lo que voy haciendo en el taller. Por la noche fumo y reviso ese material. El consumo de cannabis me permite tener un punto de vista diferente, otra perspectiva. 

¿En qué contexto trabajas? 
Si tengo que trabajar fuera de mi taller intento escuchar música para aislarme un poco de lo que ocurre a mí alrededor. En mi taller no tengo ese problema, allí me concentro con más facilidad. Tengo un amplio abanico de música con la que trabajo, que pasa por Malandrómeda, Joy Division, Miles Davis... 

¿Cómo ves la escena española de arte contemporáneo? De todos los países en los que has expuesto, ¿dónde dirías que se trata mejor a los artistas? 
Creo que en España se hacen cosas de primer nivel. El problema es que el contexto nos lleva casi siempre a trabajar profesionalmente de forma precaria. En el resto de los países donde he trabajado –Reino Unido, Alemania, Bélgica...–, frente a lo que se pueda pensar, también existe esa precariedad. 

¿En qué proyectos estás inmerso en estos momentos? 
Ahora estoy trabajando en una obra mucho más dramática, aunque de alguna manera también más accesible. Tiene mucho que ver con la muerte, supongo que es porque en los últimos años he perdido a varias personas cercanas. Parte de este trabajo lo estoy colgando en el Instagram de “La era de los unos y los ceros”. 

Para terminar, me gustaría que me contases cuál sería tu porro perfecto. 
Pues no sé… El que me fumo de noche dibujando, tal vez. El peor porro del mundo sí lo tengo claro. Sería uno en la cola de la charcutería de cualquier supermercado un viernes por la tarde. 

Olmo Blanco en su estudio
Olmo Blanco en su estudio, con un lema situacionista emboscado con retranca bajo las herramientas: "Non traballar nunca". (Foto de Milena Colella)