Ingredientes para cuatro personas
Elaboración
Esta popular ensalada tiene sus raíces en el llamado Levante mediterráneo, es decir, en la zona que comparten el Líbano y Siria. Esta región, tristemente conocida actualmente por sus conflictos bélicos, fue antiguamente parte del imperio Persa, y posee una gran riqueza cultural y gastronómica. La palabra tabbouleh proviene del término árabe tabbulah, que significa ‘condimento’ o ‘especia’, y proviene de la afición que tienen por aquellos lares por las qadb, unas hierbas aromáticas comestibles que abundan en el valle de la Becá, con las que condimentan multitud de elaboraciones. De hecho, la proporción de estas hierbas en el tabulé original es bastante mayor a la que tienen las versiones popularizadas en Europa a partir de los años sesenta, cuando la afinidad con la cultura hippie aumentó el interés por el vegetarianismo y la alimentación saludable.
Desde aquellos tiempos han surgido multitud de versiones: las hay con bulgur, como la original; con cuscús, como la que hacen en el Magreb, o incluso con quinoa o coliflor rallada si nos ponemos creativos. También pueden variar los elementos vegetales que la complementan, los originales son tomate y cebolla, pero hay quien le añade pepino, como yo, pimiento, zanahoria o uno granos de granada, que también quedan bien.
En cualquier caso, va a ser una ensalada muy nutritiva, apta para veganos, rica en fibra, vitaminas, minerales y baja en calorías. Además, es ideal para llevarla en táper a la oficina o a los últimos días de playa. Aunque si seguimos esta receta al pie de la letra, aconsejamos tomarla en un entorno seguro donde podamos disfrutar de los potentes efectos que nos sobrevendrán después de su degustación.
Para introducir dichos efectos en esta ecuación, habrá que hacer un AOVE cannábico, como ya hemos explicado otras veces. Comenzaremos llenando un bote hermético con cogollos o restos de manicura, dependiendo de la potencia que queramos. A continuación, vertemos el AOVE en el bote hasta que toda la hierba esté cubierta por completo. Lo tapamos y dejamos macerar en un lugar seco y alejado de la luz entre 30 y 45 días, moviendo el recipiente ligeramente una vez por semana como mínimo. Pasado este tiempo, filtramos el contenido con un colador de tela y ya estará listo.
Esa será la parte más difícil de la receta, el resto es básicamente cortar y aliñar. Para empezar, lavamos bien el bulgur con un colador hasta que el agua salga transparente y escurrimos bien. Lo ponemos en un bol y reservamos. Después, agregamos las hortalizas (cebolla, tomate, pepino) lavadas, peladas y cortadas lo más pequeñas posible; la idea es que queden tamaño grano de bulgur, así que para ello necesitaremos que el cuchillo esté bien afilado, si no, podemos macharlas en lugar de cortarlas. Una vez cortadas, las añadimos junto con las especias, la sal, la pimienta, el zumo de las dos limas y el AOVE mágico. Mezclamos bien y picamos las hojas de hierbabuena y las de perejil, descartando los tallos en ambos casos. Lo agregamos a la mezcla anterior y volvemos a mezclar.
Cuando lo sirvamos, lo decoraremos con unos pequeños daditos de queso fresco de cabra, que complementarán su sabor y aportarán el elemento proteico para que sea una receta nutricionalmente perfecta. Por último, aconsejamos un reposo mínimo en nevera de un par de horas para que se integren los sabores y el bulgur se rehidrate de forma correcta. Esperamos que os refresque y reconforte el cuerpo y la mente. ¡Hasta la próxima!