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Antonio Escohotado, la vida intensa y el amor al comercio

Escohotado

Vive en tierra de sus antepasados, a un kilómetro del nacimiento del Guadarrama. Desde la puerta trasera del jardín de su adosado accedemos a un camino que linda con el río resguardado por cipreses, encinas y álamos temblones. Antonio se ha puesto su abrigo de piel de lobo siberiano y una gorra de amor ibicenco, y se ha colgado la sierra al hombro.

"En mi casa encendemos la chimenea con leña que recojo y corto yo mismo de estos bosques". Se presta a un pequeño paseo para que el fotógrafo haga su labor, pero no mira nunca a cámara. Conversamos. El primer Escohotado del que se tiene noticia es un tal Joseph, "era analfabeto, firmó con una x en una acta de lindes allá por el año de 1800. Sin embargo, su hijo Vicente protagonizó la Revolución Gloriosa en Galapagar y tomó Zarzalejo con una columna de nueve hombres. De entonces viene la vena rebelde".

Le pregunto por el chaquetón que se ha puesto: "Es como de dealer de los setenta, regalo de mi antigua mujer, que era de una familia de peleteros. Corresponde a la época de Scota el melenas, el terror de las nenas”. Y se ríe, porque Antonio, aunque encantado de conocerse, tiene un sentido del humor que le permite no creerse demasiado el personaje. Evoca la mítica Ibiza donde estuvo viviendo del 70 al 83, unos años intensos: chicas de largas faldas floreadas sin ropa interior, bandas de rock, trapicheos, viajes sin desplazamiento, fundación de Amnesia… La web de la discoteca lo presenta como “el apóstol de la experimentación psicotrópica” que en mayo de 1976, por un alquiler de 20.000 pesetas mensuales, consiguió abrir a las masas las puertas de la percepción más bailonga. “Taller del olvido”, pensó en un primer momento bautizarla, “porque salíamos para olvidar rutinas”, me dice,  “aunque ahora salir de noche se haya convertido en lo rutinario por definición”. Su amigo y socio Manuel Sáenz de Heredia le sugirió que bastaba un solo vocablo de origen griego: Amnesia. Seis meses después la vendió, sin ganar ni perder. Mientras tanto y luego se las tuvo tiesas con policías y mafiosos, mucho más amigos de lo que se supondría, y en 1983 –cuando llevaba años desvinculado de cualquier trapicheo– un viejo amigo le metió sin querer en una trampa, y fue acusado de dirigir “la mafia hippie” isleña. Cinco años más tarde, cuando la Audiencia de Palma convocó la vista oral, el fiscal pedía 8 años que se redujeron a 2 por ser “un delito cometido en grado de tentativa imposible”, una figura que hoy se llama delito “provocado” y supone el sobreseimiento automático de causas donde compradores y vendedores sean policías o testaferros suyos. Decidió entonces no recurrir la sentencia, porque con buena conducta la condena se quedaba en un año de “vacaciones humildes aunque pagadas” en el penal de Cuenca.

"El tabaco es la droga de la gente honrada, como decía Molière, el tónico cerebral por excelencia"
"El tabaco es la droga de la gente honrada, como decía Molière, el tónico cerebral por excelencia"

Como era de esperar en un talento que se crece en situaciones difíciles, hasta del encierro consiguió sacar partido: pidió una celda de aislamiento y allí redactó gran parte de su Historia general de las drogas. También aprendió –cosas de estar incomunicado– a hablar solo, y se decía a sí mismo que aquel libro desarmaría a sus acusadores y sería un superventas. Y así fue, como saben.

Le pregunto qué era entonces ser un traficante y me suelta una hermosa parrafada: “El abastecedor de la tribu, el que provee a su gente de los combustibles espirituales, y se arriesga peleando contra los energúmenos prohibicionistas. El faro que ilumina sobre la necesidad de responder con valentía al atropello”. Y añade, ante mi asombro, que Solo ante el peligro es la gran alegoría del dealer, y que tanto él como sus colegas iban vestidos en los setenta con la misma combinación de sombrero, botas y chaleco que Gary Cooper en la película de Fred Zinnemann.

Ahora que está a un paso de terminar la última entrega de Los enemigos del comercio, quizás, me dice, escriba las memorias de aquellos años intensos, para explicar “cómo y por qué aquella isla mísera se convirtió en imán para multimillonarios, símbolo de vida disoluta y placer colectivo; el análogo social del CERN ginebrino”. La pena es que conserva muy pocas fotos de aquella etapa: “Tenía una carpeta con centenares de fotos, pero debe haberla robado algún onanista, por las beldades que salían en paños menores”.

Escohotado en Ibiza, sin llaves y pensando en abrir las puertas de la percepción
Escohotado en Ibiza, sin llaves y pensando en abrir las puertas de la percepción

El cantante y el cultivador elegante

Lleva casi dos décadas consagrado al estudio del comunismo y el vacío que seguirá a la conclusión de esta gran aventura dejará espacio a proyectos como este y a otros más insospechados, por ejemplo, grabar algunas de sus canciones. Imagino la voz oracular de Escohotado interpretando sus melopeas en inglés –todos sus temas son en este idioma–, con una banda solvente que alfombra sus letanías y un coro de mujeres que lo arrullan… y no me suena mal. La fórmula de Cohen o la del Dylan tardío, ¿por qué no? Viendo en perspectiva la vida que ha tenido, las peripecias que le ha procurado su gusto por la experiencia de primera mano, no hay duda de que es un hombre que cae de pie, capaz incluso de grabar con 74 años un primer disco y salir airoso.

Me enseña y me da a probar la hierba que acaba de cosechar y está muy rica. Plantó dos esquejes en sendas macetas, uno de Critical y otro de Moby Dick, y ha conseguido un par de botes de buen tamaño repletos de apetecibles cogollos. Me dice que fuma poco, un porro diario y muchos días ni eso: “Si creas tolerancia necesitarás cada vez más para sentir cada vez menos, algo propio de idiotas sin amor propio”. Buen argumento este para entender su defensa de la sobria ebriedad, una suerte de ideal epicúreo actualizado por Escohotado, de amor al placer y atención al dolor, donde el uso de las drogas se convierte en un reto ético y estético para gente elegante, gente que sabe elegir. 

"SI creas tolerancia necesitarás cada vez más para sentir cada vez menos, algo propio de idiotas sin amor propio"

Contra el miedo

Lo admirable no es todo lo que pueda haber vivido Escohotado, sino haberlo hecho sin renunciar al estudio. Una pasión, la del conocimiento, que por lo que se ve sigue intacta, alimentando una conversación que puede empezar por Hegel, seguir por Jünger, saltar a Hobbes, aterrizar en Newton, entretenerse en la teoría del caos y acabar con una cita de Hayek. En una misma frase puede pasar del pensamiento de los presocráticos a la sociología de la desviación, sin olvidar aquella prescripción taoísta que distinguía entre el erudito y el sabio, despreciando el ingenio en favor de la ecuanimidad. O algo así.

Hablar con él es contagiarse de su curiosidad, sea hacia la secta de los ebionitas o hacia el tanto por ciento de influencia que tiene sobre nuestros actos la atracción hacia lo prohibido –un aproximado 20%, según Antonio calcula, en espera de que algún psicólogo social realice una encuesta que lo mida científicamente–. Ahora acaba de aparecer Frente al miedo, una compilación selecta de artículos, conferencias, entrevistas y algunos textos inéditos en los que, como dice la contraportada, “se aprecia un claro hilo conductor: la afirmación de la libertad como antídoto frente al miedo y las coacciones que empujan al ser humano hacia toda clase de servidumbres”. Se puede estar en desacuerdo con él, pero es difícil no disfrutar de su amable compañía y de su palabra certera.

Cuaderno Escohotado 01
Cuaderno Escohotado 02
Cuaderno Escohotado 03
Cuaderno Escohotado 04
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Cuaderno Escohotado 07
Cuaderno Escohotado 08
Cuaderno Escohotado 01
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Cuaderno Escohotado 05
Cuaderno Escohotado 06
Cuaderno Escohotado 07
Cuaderno Escohotado 08

Este 2016 cumples 75 años, ¿sigues teniendo como guía aquel aforismo de Hipócrates que recomendaba para el buen ánimo “dormir sobre algo blando, embriagarse de cuando en cuando y entregarse al coito cuando se presente ocasión”?

Hace poco, en Ibiza, intenté reverdecer laureles con mi maravillosa esposa, y todo fue bien hasta el día siguiente, pues las agujetas impusieron guardar cama día y medio.

¿Cómo es un día cualquiera en la vida de Antonio Escohotado? ¿Sigues viviendo de noche y durmiendo de día?

Estudiar, escribir y hacer la tanda agotadora de gimnasia hacia las 9. Si no acabas con la lengua fuera, mejor no empezar. A veces viene alguien, y conversamos. Conservar salud tiene en mi caso algún mérito, porque nunca entré en un quirófano –a despecho de innumerables invitaciones– y llevo 40 años sin hacerme análisis alguno. Temo a los médicos todavía más que a los curas, porque sin perjuicio de que muchos sean buenas personas el espíritu actual de su institución olvida el primum non nocere galénico. Su manejo de los analgésicos es sencillamente genocida, y no menos peligroso es descartar la singularidad personal con un recurso a protocolos justificado solo para asegurarse irresponsabilidad. De hecho, han logrado eximirse de la indemnización que pagan otros profesionales cuando hacen algo defectuosamente.

Carlos Castaneda decía que la vejez es el único enemigo que no podemos vencer; que el miedo que nos paraliza, la claridad que nos ciega y el poder que nos emborracha pueden ser derrotados por el hombre de conocimiento, pero a la vejez solo se le puede ahuyentar por un instante. ¿Cómo es la vida cuando uno entra en la edad de los patriarcas?

La senectud enseña a despojarse del instinto de conservación. Aprendemos a desear que caiga el telón. Por eso es tan patético ver al pobre de espíritu, que se consintió una vida de neurótico y cuando le diagnostican algo mortal, a los 70 años, decide que entonces le entraron realmente las ganas de hacer cosas. Quien no tenga coraje para morir a tiempo tampoco lo tuvo para vivir. Qué pena aferrarse a unos meses o semanas más cuando la salud se despidió de uno, y qué criminal no dar entonces un euforizante porque podría crear dependencia. Mientras no recuperemos la normalidad y dignidad del suicidio estaremos a merced de sádicos y charlatanes. Desde luego es muy preferible que un infarto se nos lleve, y por eso subo cotidianamente los latidos a 200, porque lo que no mata engorda. Sufrir agonías lentas es inútil, además de inhumano.

"mientras no recuperemos la normalidad y dignidad del suicidio estaremos a merced de sádicos y charlatanes"

El otro día me dijiste que la heroína era una droga de senectud. Ya que estamos recapitulando, ¿me puedes dar una breve sinopsis de tu vida en relación a las substancias que han acompañado tu aprendizaje?

Eso pertenece a la intimidad. Digamos que siempre vi en las drogas psicoactivas ventanas abiertas hacia dentro y hacia fuera, útiles sobre todo para la introspección. Viajé algunos centenares de veces, y muy de cuando en cuando me permito algún estimulante, que llevan a hablar muy alto, deseando ser el centro de la atención ajena. Hace décadas llevo un diario donde detallo mi dieta farmacológica, y cuando la palme dejará de ser impúdico poner en claro esto y lo otro.

Hace años, si no recuerdo mal, no querías escribir sobre el tabaco, decías que la dependencia te impedía ser objetivo y calificabas al tabaco como “la droga más insidiosa, la más astuta y la más cautivadora, en la medida en que no hace realmente efecto”. En mi caso, tras dos décadas de rendida esclavitud me vi obligado por el asma a dejar el tabaco, y cuando te lo cuento, feliz por haber dejado un hábito que poco me daba a cambio, me riñes y me recomiendas que me ponga parches de nicotina… ¿Es que ahora el tabaco es bueno para algo?

El tabaco es la droga de la gente honrada, como decía Molière, el tónico cerebral por excelencia. Frena el Parkinson y el Alzheimer, otorga una coreografía gestual mientras seda y estimula al tiempo. Los aborígenes americanos, que conocían un buen número de fármacos, nunca dudaron en darle el rango de droga suprema, y que un tercio de la humanidad fume, a despecho del precio y el alarmismo, habla por sí solo. Lo que sí podemos y debemos quitarle a esta bendita substancia son los alquitranes, usando boquillas eficaces. Yo fumo tres paquetes diarios hace más de medio siglo.

"nuestro peligro hoy no es el comunismo, sino no atrevernos a querer saber"

El acceso a la droga ha cambiado mucho con la llegada de internet. La web profunda ha desarmado a los prohibicionistas de gran parte de sus mecanismos de control. Nunca fue tan fácil comprar cualquier clase de drogas como ahora, ¿has tenido alguna experiencia con la deep web?

Hace más de un lustro me aprovisiono siempre allí, en alguna variante de la Ruta de la Seda, esa admirable iniciativa de Ross Ulbricht, a quien deberíamos rescatar como sea de sus carceleros. Qué bello sería morir de un tiro asaltando la cárcel donde le tengan, con un fusil de asalto como argumento para quienes se burlan de los argumentos.

Escohotado hablando

Los amigos del comercio

Para muchos de sus seguidores fue una sorpresa desagradable que Antonio se pusiera a estudiar el comunismo a lo largo de la historia y lo desautorizara como herramienta de emancipación colectiva. ¿Cómo era posible que en plena crisis de la democracia representativa y de la economía capitalista uno de los nuestros saliese en defensa del sistema? ¿Se había vuelto facha nuestro héroe? ¿Por qué no se dedicaba a lo de siempre, a escribir sobre drogas, y dejaba de bendecir al mercado y sus amigos? Para Antonio, en cambio, no hay contradicción alguna en sus intereses, en ambos casos –drogas y comunismo– se trata de luchar contra el miedo que nos impide ser libres. Como ha dicho en alguna ocasión: “La historia del comunismo ejemplifica una evolución del miedo a los demás. La historia de las drogas compendia variantes de la historia del miedo a uno mismo. Son dos fenómenos aparentemente dispares, pero marcados por la misma cosa: el miedo”.

"la alternativa al comercio y sus contratos es el derecho de conquista"

Aunque algunos no lo sepan, su dedicación a la economía es anterior al Escohotado melenudo que hizo de Ibiza su isla psiconáutica. Al licenciarse en Derecho, Antonio ganó unas oposiciones a la asesoría jurídica del ICO, el Instituto de Crédito Oficial; entró en 1964 como bedel y acabó llevando el servicio de fusión y concentración de empresas, antes de dejarlo en 1970. Fueron seis años de trabajo que coincidieron con la etapa de explosión desarrollista de un franquismo decidido a convertir España en una sociedad de consumo, cumpliendo con el deseo tan bien expresado por el ministro de la vivienda José Luis Arrese de “hacer de este país de proletarios, una nación de propietarios”. Así que en esas ya estuvo Escohotado, viendo en primera línea cómo España dejaba felizmente atrás el periodo autárquico, esa manera altanera y acomplejada de estar enemistada con el comercio.

En estos momentos estás terminando la tercera y última entrega de Los enemigos del comercio. Casi veinte años de estudio elaborando una genealogía del comunismo –antes incluso, mucho antes, de que se le llamase así–, de todos aquellos que en diferentes tiempos y contextos han sostenido que la propiedad privada constituye un robo, y el comercio su instrumento. Una aventura intelectual perseverante, por no decir obsesiva, no resulta común en estos tiempos de fragmentación y brevería, ¿cuál ha sido la causa de tanta entrega?

Siempre hubo lo que llamas brevería. Veinte años y el doble le otorgaría a cualquier empresa que depare hallazgos sin pausa, y permita pasar de vaguedades a perfiles nítidos. Amor veritas, amor rei: solo la cosa concreta sacia nuestra sed de saber.

Leyendo Los enemigos del comercio, siento a veces que presentas el conflicto entre la igualdad y las libertades de una forma dicotómica: por un lado el comunismo, en el que tras su aparente bondad igualitaria se esconde el sometimiento y una involucionista añoranza del paraíso perdido; por otro el liberalismo, garante de las libertades y el mercado, algo así como una deriva espontánea de lo mejor de nosotros mismos, que no es otra cosa que nuestra inclinación al comercio y al beneficio propio. ¿Es que no hay otras opciones para un mundo mejor? ¿Ves realmente el peligro comunista detrás de lemas como “Otro mundo es posible”?

Uf, qué largo. Si no estuviese abierto a cambiar de idea –y satisfecho al comprobar casi cada día cuán equivocado estaba dando por supuesto eso y aquello– no andaría metido en la pesquisa. Por ejemplo, sabemos que los comunistas son maniqueos, y localizan el bien en el proletariado y el mal en la burguesía, pero fue luminoso descubrir que la secta maniquea era comunista. También fue ilustrativo descubrir que usura es usus aureum, uso del oro, y que el culto a la santa pobreza deriva de considerarlo venenosamente impuro, digno de un tabú como el que veda el incesto. Los esenios se descontaminaban con abluciones, que acabaron introduciendo el lavado sacramental del bautismo, y los guerreros husitas del Renacimiento enterraban a sus enemigos sin despojarles del oro engastado en sus armaduras, viendo allí un míasma comparable con la peste. Nada de eso supe hasta investigar, y gracias a ello entiendo algo mejor por qué el proyecto de Lenin llevó a tantas purgas, y cómo cualquier eugenesia desemboca en genocidio. Nuestro peligro hoy no es el comunismo, sino no atrevernos a querer saber. Saber por saber, si no fuese también muy útil enterarnos de que aquello es un perro y no un gato, como llevaba a imaginar la falta de gafas adaptadas a cada miopía. El tabú de la impureza se asocia racionalmente con procesos de corrupción, que nos matan de tifus entre otras cosas, pero ¿puede asociarse racionalmente también con el oro?

"La prohibición se está acabando ebntre susurros, como otras cruzadas de ayer, y es curioso comprobar que su verdadero defensor actual es el vulgo" 

La utopía comunista tal vez sea una ingenuidad, pero ¿no es el libre mercado una utopía engañosa, una superchería detrás de la cual se esconde la desigualdad entre los que más tienen y aquellos a los que peores cartas les han tocado? ¿No crees que es justo que los desposeídos se revuelvan contra las reglas de un juego que los deja en desventaja y los penaliza antes incluso de empezar la partida?

La alternativa al mercado es producir y consumir lo que mande un autócrata. En sociedades estamentales, y en las de partido único, la movilidad se coagula mucho más que en las europeas del momento, donde las cartas son repartidas por un híbrido de suerte, tesón y virtud. Como tú mismo indicas, algunos piden Restitución, pero su alternativa fue jugar al terror, una modalidad manifiestamente tramposa. El victimismo no me convence, entre otras cosas porque ansía venganza, y reservo el término “revolucionario” para personas como Clístenes, De Witt o Jefferson, lo bastante educadas como para aceptar el resultado de cuantificar periódicamente la opinión de los demás.

La propiedad no es un robo, de acuerdo, pero ¿no resulta escandaloso la acumulación sin límite de propiedades en un mundo donde una gran parte de la población vive en condiciones precarias? ¿Por qué no ponerle freno al capitalismo en algunos ámbitos para proteger a los más débiles? La educación, la sanidad, incluso la vivienda, cuya conversión en valor especulativo ha provocado tanto sufrimiento durante esta última crisis, ¿no cree que son cosas con las que es mejor no comerciar?

La alternativa al comercio y sus contratos es el derecho de conquista. Nunca, ni remotamente, se ha comerciado menos con la educación, la sanidad, incluso la vivienda. El sufrimiento de esta última crisis es ridículamente benigno si se compara con los colapsos demográficos inducidos por el ensayo bolchevique de solución. Distingamos socialismo mesiánico y socialismo democrático, que es en buena medida el presente; y recuerda lo que escribió Marx en su Alocución a la Internacional (1867): “La miseria de las masas no ha disminuido, aunque la industria y el comercio hayan prosperado espectacularmente”. ¿Ah sí? Entonces el planeta no alcanzaba los 800 millones, y la esperanza de vida eran 30 años. Al engranaje llamado capitalismo industrial –desde luego no al sistema soviético, o al chavista– se debe alimentar mucho mejor a diez veces más, elevando la esperanza de vida a 70 y 80 años “en casi todas partes”. Infórmate con Angus Deaton, el último Nobel de Economía.

Le molesta que le tachen de conservador, pero ha pasado usted de paladín de la desobediencia a votante de Ciudadanos, un partido de orden.

¿Votas tú a un partido de desorden? Los órdenes son fundamentalmente endógenos o autoconstituidos y exógenos, impuestos a toques de trompeta o campana. Tengamos la humildad de reconocer que los primeros procesan una cantidad infinitamente mayor de información. Elige tú, por ejemplo, entre el reino del derecho y el reino de la legislación, o entre un proceso productivo realimentado por millones de actores y el decretado por un grupo que ni siquiera aprendió a hacer un balance. Elige entre la inteligencia y la mera voluntad.

Escohotado hablando

Los amigos del cannabis

En estos momentos dentro del movimiento cannábico español se está viviendo un debate acerca de la regulación de la marihuana. Creo que una mayoría estaría de acuerdo en que se acabara sin más con el prohibicionismo –ese experimento cuyo fracaso ha costado y sigue costando tantas vidas y sufrimientos–, sin embargo, se ha optado de forma realista por elaborar un proyecto de regulación responsable del cannabis que sea aceptable por los políticos y la sociedad. ¿Cree que una vez que se regule la marihuana estaremos más cerca de acabar con la prohibición del resto de drogas? Algunos piensan que estaremos más lejos.

La prohibición se está acabando entre susurros, como otras cruzadas del ayer, y es curioso comprobar que su verdadero defensor actual es el vulgo –“la parte del pueblo que no sabe lo que quiere” (Hegel)–, tras introyectar los embustes de policías, médicos y periodistas, que por su parte dejaron en su mayoría de ser prohibicionistas. Veremos qué pasa, pero habrá sorpresas, porque en eso se distingue lo real de lo utópico: tiene detalle infinito y nos asombra con su profundidad instantánea.

Curiosamente el aspecto que provocó más desencuentros entre la militancia durante la elaboración del documento de Regulación Responsable fue el referido al comercio. Muchos de los pioneros que montaron las primeras asociaciones ven con temor que la marihuana, esa planta sagrada, acabe siendo un producto más en manos de multinacionales.

Que multinacional huela a pecado o crimen parte del mismo sectarismo que etiqueta al empresario como banquero panzudo, olvidando la deuda impagable del mundo entero con quienes fueron haciendo posible democratizar el consumo, al descubrir maneras de hacer en masa toda suerte de cosas. No necesitamos que los últimos sean los primeros; necesitamos que el neurótico con ínfulas mesiánicas se las meta donde le quepan, y nos deje a mí y a los vecinos emprender libremente proyectos de industria y mejora.

Escohotado viene
Escohotado va
Escohotado contra la pared

Despedida

Se hace tarde. El fotógrafo busca el interruptor y Antonio le dice que está detrás del grueso Socialismo de Mises: “Detrás del socialismo está la luz”, le dice; y yo me río por el equívoco. Escohotado explica entonces con paciencia que no es un buen libro porque su autor es anticomunista: “Ser anticomunista, como ser anti cualquier cosa es absurdo. Negar es fácil. Encuentra algo que afirmar y entonces podrás ser un pensador”.

Ya es de noche. A modo de despedida, le digo que me gustaría que él, un estilista sin adjetivos ni adverbios, respondiera escuetamente lo que le sugieren una lista de palabras:

Padre - Amado
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Madre - Maravillosa
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Hijo - Querido
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Abuelo - Recordado
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Esposo - Agradecido
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Amante - Fogoso
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Exmarido - Estoico
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Exmujer - Espina
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Amor - Sentimiento de la vida
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Sexo - Paraíso anatómico
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Hombre - Animal terrible
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Mujer - Un poco de todo
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Ebriedad - Trance delator de lo que somos
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Cocaína - Nervios
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Heroína - Serenidad
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Alcohol - Veneno cordial
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Cáñamo - Lucidez depresiva
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Muerte - Liberación
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Dinero - Eficacia
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Cárcel - Destino
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Desobediencia - Deber ciudadano
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Orden - Coordinación de elementos
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Caos - Orden de grano fino
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Igualdad - Ante la ley
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Fraternidad - Espontánea
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Libertad - Necesidad
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Fotos: Alberto Flores y colección particular de Antonio Escohotado

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