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‘¡Espera lo suficiente y cualquier cosa puede pasar!’

Entrevista con Richard “Cheech” Marin

Entrevista con Richard “Cheech” Marin

Control de calidad. La empresa Cheech and Chong Cannabis Co., fundada en 2020, cerró el pasado año con unas ganancias de 100 millones de dólares. Up in money!

Icóno cannábico y mucho más, Cheech alcanzó fama mundial en compañía de Tommy Chong, con películas contraculturales fumetas a finales de los setenta y principios de los ochenta que acabaron creando un género cómico propio, el de las stoner movies. Muchos años después, Richard “Cheech” Marin (Los Ángeles, 79 años) es un experto coleccionista de arte chicano con museo, un empresario exitoso de productos cannábicos y un habitante del desierto de Joshua Tree que disfruta con el noble arte de no hacer nada. Con ocasión del reciente estreno del documental Cheech & Chong’s Last Movie conversamos con él sobre su vida y su obra.

Hay figuras que atraviesan décadas sin perder el pulso, personajes que parecen hechos de un material distinto, resistente al desgaste del tiempo, a las modas, a los sobresaltos políticos y al filtro moral de cada generación. Richard “Cheech” Marin (Los Ángeles, 1946) pertenece a ese linaje extraño: un artista que siempre ha habitado la cultura desde la periferia, pero cuya sombra se proyecta sobre el centro con una naturalidad desarmante. Quizá porque Cheech nunca se tomó demasiado en serio a sí mismo. O quizá porque entendió antes que nadie que el humor y la marihuana no eran escapismos, sino herramientas para leer el mundo. En los años en que Estados Unidos se debatía entre el puritanismo de manual y la explosión demográfica de sus barrios latinos, él y su compañero de aventuras, Tommy Chong, encontraron una forma inesperada de narrar el país: desde la risa, desde la calle, desde esa diagonal cultural donde se mezclaban el rock, la frontera, el absurdo cotidiano y la conciencia de estar viviendo algo que no salía en los periódicos.

Pero reducir a Cheech Marin a su faceta de icono cannábico sería un error de escala. Su figura va mucho más allá del imaginario stoner. Con los años, se ha convertido en algo así como un cartógrafo cultural: alguien capaz de moverse entre el cine y el activismo suave, entre la comedia desobediente y la preservación del patrimonio artístico, entre Hollywood y los talleres de artistas chicanos, sin perder la coherencia interna que sostiene todo su recorrido. Porque lo verdaderamente singular de Cheech es su función de puente: entre culturas, entre generaciones, entre sensibilidades. Durante décadas, su voz ha tejido conexiones invisibles entre mundos que raramente se reconocen entre sí: el mundo yanqui que lo agasajó como humorista popular; el mundo latino que lo vio erigirse en uno de los primeros rostros propios dentro de la cultura mainstream; y el mundo del arte chicano, que encontró en él un aliado inesperado, capaz de entender la importancia de preservar lo que las instituciones habían dejado fuera.

Entrevista con Richard “Cheech” Marin

El debut cinematográfico del dúo, Up In Smoke (1978), rodado con un presupuesto de apenas 2 millones de dólares, se convirtió en un fenómeno de masas al recaudar más de 100 millones en taquilla.

La ironía es que todo eso lo ha conseguido sin cambiar demasiado. Su tono –esa mezcla de calma socarrona, sabiduría doméstica y mirada ligeramente ladeada sobre la realidad– se mantiene intacto. Ese tono, que nunca ha buscado épica, ha acabado dándole una dimensión de memoria viva: alguien que ha visto varias Américas superponerse sin llegar a reconciliarse del todo, alguien que sabe que la identidad cultural no es un relato lineal, sino una sucesión de capas que conviene mirar de cerca, con humor, con distancia, con ternura. La cultura del cannabis, ahora convertida en industria multimillonaria, ha cambiado tanto que parece difícil recordar que durante décadas fue tema prohibido, espacio de resistencia y motivo de estigma. Y sin embargo, cuando uno repasa la figura de Cheech Marin, entiende que ese cambio no surgió de un día para otro, sino gracias a un tipo de trabajo simbólico –humorístico, cultural, narrativo– que abrió puertas donde parecía haber solo muros. Si hoy hablamos de cannabis sin bajar la voz, si existe un discurso público mínimamente matizado, es también por figuras como él, que, en lugar de teorizar, hicieron visible la normalidad que el sistema trataba de esconder.

Hablar con Cheech Marin en 2025 es hablar con alguien que ha estado ahí desde el principio, pero sin la nostalgia derrotista de quien añora otros tiempos. Más bien al contrario: él mira el presente con una mezcla de curiosidad, lucidez y escepticismo saludable. No adopta el tono épico del pionero, ni se envuelve en el aura del mito. Prefiere observar, comentar, desmontar. Y de ese gesto aparentemente simple nace la relevancia de su figura: en un mundo saturado de discursos grandilocuentes, él sigue confiando en la risa como herramienta de pensamiento. Quizá por eso su presencia resulta tan necesaria. Porque recuerda que la cultura –sea el cine, el humor, el arte o el cannabis– no avanza por decreto, sino por acumulación de historias, símbolos y complicidades. Y Cheech Marin, sin pretenderlo, se ha convertido en uno de los grandes hiladores de esa trama.

Acabas de regresar de un viaje en familia por Kenia. ¿Cómo ha ido?

Ha sido genial, no dábamos crédito a poder ver tantos animales tan de cerca. 

¿Alguno que te haya fascinado en especial?

Ha sido asombroso ver hipopótamos, guepardos, jirafas, avestruces… Pero quizá el que más me ha impresionado ha sido el rinoceronte. Nos llevaron a una gran área cerrada donde viven dos rinocerontes blancos que habían nacido en la propiedad. Nos acercamos tanto que podíamos tocarlos, nos invitaron a hacerlo. Yo no lo hice, claro, tengo sentido común. (Risas) Pero ha sido un viaje estupendo. 

Entrevista con Richard “Cheech” Marin

Con su tercer álbum Los Cochinos, producido por Lou Adler, Cheech & Chong ganaron el Grammy a la Mejor Grabación de Comedia de 1973. En su último tema, la canción “Basketball Jones”, participaron George Harrison, Carole King, Ronnie Spector y Michelle Phillips, entre otros célebres amigos.

“Tommy solía decir: ‘Éramos realmente peligrosos porque éramos muy inocentes’. Creo que fue nuestra manera de ser tan espontánea lo que hizo que conectáramos tan intensamente con la gente. Puede que no tuviéramos un punto de vista político claro que expresar, pero el hecho de mostrarnos con naturalidad ya era algo realmente subversivo”

Mientras estabas de viaje en Kenia, tuve la oportunidad de ver Cheech & Chong’s Last Movie en la última edición del festival In-Edit Barcelona. ¿Qué os animó a hacer un documental sobre vuestra trayectoria y por qué ahora?

El director David L. Bushell es el novio de Robbi Chong, la hija de Tommy, y llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de hacer un documental sobre nosotros. Bueno, inicialmente iba a producir nuestro regreso como dúo a la gran pantalla en una comedia como las de antes; eso no cuajó y finalmente nos pareció a todos más adecuado e interesante hacer una película documental sobre nuestro viaje profesional y vital porque sentíamos que nunca se había contado la historia completa, especialmente después de que nos separáramos.

Me gustó la honestidad con que se muestran los altibajos de vuestra trayectoria y de vuestra relación. En ese largo viaje en coche que sirve de hilo conductor hay espacio para momentos de complicidad y risas, pero también de tensión y silencios incómodos.

No pusimos ningún límite sobre qué temas podían y no podían abordarse. La mayoría de la gente, cuando hace una película biográfica, intenta poner al sujeto bajo la mejor luz y hacerlo brillar. Nosotros no pusimos condiciones, podían preguntar lo que quisieran. Con todo, durante el largo proceso de preproducción, rodaje y posproducción emergieron algunos conflictos internos de la familia Chong, hubo fricciones entre Tommy y su hija, pero por suerte yo fui solo testigo de todo ello desde la barrera. 

Agitación

Entrevista con Richard “Cheech” Marin

“Desde que nos separamos siempre tuve claro, en el fondo de mi mente, que algún día íbamos a volver juntos. Y así pasó”.

“Con Tommy viajábamos muchísimo, vivíamos en la carretera, y eso me permitió visitar lugares donde el arte chicano empezaba a germinar. Muy pronto entendí que era un movimiento mucho más amplio que un puñado de artistas de Los Ángeles o San Francisco. El arte chicano es arte estadounidense, no se puede hablar del arte de Estados Unidos sin incluirlo”

Considerando cómo agitasteis la sociedad de la época y cómo el sistema os quiso censurar, ¿dirías que de algún modo las películas que hicisteis juntos fueron una forma de resistencia cultural? ¿Cómo ves ese legado en retrospectiva?

Nada de lo que hicimos fue accidental, nuestro propósito siempre fue agitar las cosas, provocar a los que estaban al mando. Tommy solía decir: “Éramos realmente peligrosos porque éramos muy inocentes”. Creo que fue nuestra manera de ser tan espontánea lo que hizo que conectáramos tan intensamente con la gente. Puede que no tuviéramos un punto de vista político claro que expresar, pero el hecho de mostrarnos con naturalidad ya era algo realmente subversivo. La mayoría de aquellas películas eran básicamente eso: un día en la vida de Cheech & Chong. Y eso era diferente a cualquier “día en la vida” de cualquier otro humorista que se hubiera visto hasta entonces. 

Hoy en día las stoner movies se consideran un subgénero dentro de la comedia. Pero cuando vosotros las hicisteis, no existía un patrón. ¿Crees que estabais rompiendo tabúes, riéndoos del sistema o simplemente pasándolo en grande?

Estábamos haciendo lo poco que sabíamos hacer en el terreno cinematográfico, porque en aquella época éramos, sobre todo, músicos. Así que lo fuimos construyendo sobre la marcha, sin un plan maestro. Y eso se nota, pero en el buen sentido: hay quien pensó que éramos demasiado caóticos y quien creyó que no lo éramos lo suficiente. Nunca sabes cómo va a reaccionar la gente, simplemente continúas. Al principio tuvimos que aprender a trasladar nuestro espectáculo en directo al lenguaje del cine; entender cuál era el proceso y dónde debíamos concentrar la atención. Los dos personajes que aparecen en todas nuestras películas eran los más sólidos surgidos de nuestra etapa discográfica, así que decidimos apostar por ellos y contar su historia. Ese fue el momento en que todo empezó a crecer de verdad, porque las películas podían subtitularse o doblarse y viajar por todo el mundo.

Sí, en España los doblajes de vuestros filmes eran realmente hilarantes.

¡Puedo imaginarmelo! Cada país tenía su propia versión y eso permitió que la fama de Cheech & Chong se expandiera muy rápido por todo el mundo, también porque aquella cultura estaba extendiéndose globalmente. Además, por fin la gente sabía cómo éramos físicamente, ya que hasta entonces nadie sabía realmente quién ponía qué voz. Las únicas personas que conocían nuestra apariencia eran quienes venían a nuestros shows en directo, que eran muchos menos que quienes escuchaban los discos. Cuando llegaron las películas, todo se difundió por el mundo al mismo tiempo.

Entrevista con Richard “Cheech” Marin

“Nuestras ideas, ese espíritu de la contracultura, se han filtrado en la cultura general. Forma parte del paisaje. Hoy en día creo que hay unos 36 estados que han legalizado la marihuana; en los que no, la gente cruza la frontera estatal y la obtiene allí. Es un movimiento que ya no puede detenerse, porque socialmente es mucho más beneficioso que el alcohol. El alcohol es peligroso, física y socialmente. No es que deba ser ilegal ni dejar de disfrutarse, pero cuando lo comparas a gran escala… la diferencia es evidente”

Y desde entonces, nuevas generaciones os han descubierto sin haber vivido el boom original. ¿Cómo percibes esa lectura contemporánea: ¿sois Iconos, pioneros culturales o simplemente dos fumetas locos pasándoselo bien?

Creo que todo lo anterior, pero depende del momento en que cada generación entra en el universo de Cheech & Chong. Hay una reacción que últimamente recibo mucho: hombres de unos 35-37 años que aseguran que The Corsican Brothers es su película favorita. Y lo es porque es la única que han visto, la única de Cheech & Chong que conocen. No han visto Up in Smoke, ni Next Movie, ni ninguna de las clásicas. Tuvimos una carrera muy larga –discos, actuaciones en directo y cine–, así que cualquiera puede descubrirnos en distintos momentos. Y además, mucha gente me conoce por mi carrera en solitario, por películas como Born in East L.A. o por mis trabajos en pelis de animación. 

Hay niños que te han descubierto a través de los personajes de Disney a los que has puesto voz y luego se habrán asomado a tu catálogo anterior. ¿Recuerdas alguna reacción sorprendente por su parte?

Esos críos conocían fragmentos de mi pasado por sus padres; por lo que me han contado algunos al ir creciendo, sus padres ponían nuestros discos en casa o las cintas de cassette en los viajes largos en coche. Pero ellos, al ser pequeños, no acababan de entender bien qué diantres era aquello. Para una generación de espectadores yo era el tío Félix de Spy Kids, pero llega un momento en que te dicen: “He oído que hiciste algo más antes, ¿verdad?”. Y entonces es cuando conectan los puntos y regresan a esos discos que escuchaban a hurtadillas, con la puerta entreabierta de su habitación, porque tenían prohibido escucharlos porque eran demasiado peligrosos. (Risas)

Entrevista con Richard “Cheech” Marin

Toda una vida en la gran pantalla. Cheech & Chong’s Last Movie (2025) es el documental idóneo para conocer la incomparable idiosincrasia del dúo cómico. 

¿Hay algún papel específico con el que te identifiques más hoy en día?

El de Born in East L.A. es muy especial para mí. Fue mi primera película en solitario y la que por primera vez reflejaba al unísono mi sentido del humor y lo que pensaba, además de incorporar una historia de comedia romántica. Mostraba la dirección en la que quería ir, que era distinta a la que quería seguir Tommy. Fue un buen momento para desearnos buena suerte mutuamente, y luego volver a juntarnos veinte años después. Hacerla fue importante y el éxito que cosechó por todo el mundo fue inesperado pero alentador. Ganamos muchos premios en el Festival de Cine de La Habana, el festival de cine latino más político del mundo. Empezaron a tomarme en serio como cineasta, aunque la industria tardó poco en preguntarme: “Vale, ¿y la siguiente qué?”. “Bueno, ¿qué más necesitáis ver?”. (Risas)

¿Recuerdas la última vez que te reíste tanto que pensaste “Esto podría ser una escena de una de nuestras películas”?

Con Tommy me pasa constantemente, ¡todavía hoy! De pronto, alguien nos da a probar algo que desconocemos, nos miramos y decimos: “¿Por qué no?”. No pasa tanto como antes, claro, pero siempre estamos abiertos a bucear en nuevas áreas a explorar. Desde que nos separamos siempre tuve claro, en el fondo de mi mente, que algún día íbamos a volver juntos. Y así pasó. 

¿Fue como si no hubiera pasado el tiempo o hubo heridas de las que hablar?

Hubo heridas de las que hablar, por supuesto. Fue duro al principio porque Tommy todavía estaba atrincherado en su postura. Reservamos una gran gira y él todavía estaba resentido. Opté por ignorar sus reproches y me concentré en sacar adelante cada actuación. Finalmente, ese resentimiento se fue desvaneciendo y emergió lo mejor de nuestra relación. Ahora nos llevamos igual que antes: somos hermanos de nuevo.

Coleccionismo y negocios

“Es la mejor decisión que he tomado nunca”. Cheech se muestra feliz de haber donado su colección de más de 700 obras de arte chicano.

“Es la mejor decisión que he tomado nunca”. Cheech se muestra feliz de haber donado su colección de más de 700 obras de arte chicano.

“Creo que la marihuana me ha hecho una persona más sabia porque abrió formas de mirar las cosas desde diferentes perspectivas. Recuerdo que uno de los primeros pensamientos que tuve después de fumar marihuana un par de veces fue: “¿Y sobre qué más nos han estado mintiendo?”

Hablemos de arte. Eres uno de los coleccionistas de arte chicano más importantes del mundo. ¿Qué te llevó a convertirte en coleccionista en un momento en que casi nadie estaba prestando atención a ese movimiento?

He sido coleccionista de algo toda mi vida: cromos de béisbol, sellos, etiquetas de cerillas… de todo. Siempre he tenido la necesidad de reunir el conjunto completo. Y cuando llegué al arte, ocurrió algo parecido, solo que además me habían introducido en él siendo muy joven. Tenía un grupo de primos; éramos niños curiosos, muy despiertos, y nos asignábamos temas entre nosotros: “Tú investiga la Edad Media y nos lo explicas”, cosas así. Y a mí me tocó el Arte. Tendría nueve o diez años. Iba a la biblioteca y empezaba a mirar todos los libros de arte que encontraba. La bibliotecaria me veía entrar cada sábado, siempre con los mismos libros, hasta que un día me preguntó qué estaba haciendo allí. Le dije: “Tengo que aprender sobre arte”. Y respondió: “Perfecto, podemos ayudarte”. Desde entonces, cada sábado me preparaban un montón de libros: “Hoy tocan los impresionistas”, por ejemplo. Así que tuve una educación artística semanal, muy estructurada, en la biblioteca. Mi conocimiento del arte occidental, hasta el arte moderno, lo construí en menos de un año allí mismo. Antes de eso, todo lo que veía era arte religioso, porque hasta casi el siglo XVII no existían coleccionistas privados: los ricos encargaban obras religiosas, básicamente. Fui entendiendo todo ese recorrido y después empecé a explorar el arte de otras culturas y me metí de lleno en los museos, porque la bibliotecaria me insistía en que para apreciar una pintura de verdad tienes que verla en persona. Es la única forma de captar toda su dimensión. Cuando empecé a viajar, descubrí a los artistas del arte chicano casi en los mismos inicios del movimiento. No es que los descubriera yo, ya había quien se había fijado en ellos, pero su obra estaba disponible, porque prácticamente nadie la estaba coleccionando a gran escala. Los coleccionistas llegaron muy poco después, pero yo estuve allí primero. Con Tommy viajábamos muchísimo, vivíamos en la carretera, y eso me permitió visitar lugares donde el arte chicano empezaba a germinar. Muy pronto entendí que era un movimiento mucho más amplio que un puñado de artistas de Los Ángeles o San Francisco, también había representantes en Texas e incluso en Kansas. Es un territorio mucho más grande de lo que nadie había previsto o estudiado. Y creo que hay un argumento muy claro: el arte chicano es arte estadounidense, no se puede hablar del arte de Estados Unidos sin incluirlo.

The Cheech, inaugurado en 2022 en Riverside (California), es el museo con la mayor colección de arte chicano del mundo.

The Cheech, inaugurado en 2022 en Riverside (California), es el museo con la mayor colección de arte chicano del mundo.  

The Cheech Marin Center for Chicano Art, Culture & Industry no es solo un museo. Es, de algún modo, una declaración de identidad. ¿Qué significa para ti que por fin exista una institución dedicada al arte chicano: reparación, celebración o activismo cultural?

Un poco de todo ello, pero sobre todo es una celebración. El arte chicano era conocido, pero no existía ningún museo dedicado específicamente a él. Eso sorprendió a mucha gente, porque había otros movimientos artísticos en situaciones parecidas, pero fuimos los chicanos los primeros en aparecer con una institución propia. Y ocurrió por pura casualidad: me ofrecieron un edificio para albergar mi colección, y lo único que contendría ese museo sería mi colección. Era una oportunidad única para situar el arte chicano dentro de la corriente principal del arte estadounidense, pero implicaba que yo debía donar la colección, no solo prestarla. Iban a hacer una gran inversión, comprometiéndose a cubrir todos los gastos durante veinte años, pero, como te puedes imaginar, fue una decisión difícil.

¿Y cómo te sientes ahora con esa decisión? 

Es la mejor que he tomado nunca. El museo se está convirtiendo en un destino internacional; viene gente de todo el mundo, como lo harían para los museos de Picasso o Dalí en España. Y están surgiendo nuevos coleccionistas de arte chicano mostrando sus colecciones, algo que no puedo sino apoyar. No puedes amar u odiar el arte chicano a menos que lo veas, así que cuantos más seamos dándolo a conocer, mejor. 

Entrevista con Richard “Cheech” Marin

Cheech como Alice Bowie, la estrella glam rock que interpreta “Earache My Eye”, hit incluido en el cuarto álbum del dúo Cheech & Chong’s Wedding Album (1974)

En el arte chicano uno puede encontrar espiritualidad, psicodelia, ritual, cultura callejera, heridas y resistencia. ¿Ves conexiones entre esas sensibilidades y la cultura del cannabis o las exploraciones expandidas de la conciencia? ¿Hablan las obras de tu colección de esos temas?

No necesariamente de forma específica, pero el hecho de que yo, el fumeta número uno, reuniera la colección, creo que ha ayudado a su identificación. Habrá quien lo quiera desacreditar diciendo: “Oh, es arte de fumetas”; pero luego lo ven, y o cambian de opinión o quedan en ridículo. Ahora existe un edificio al que puedes ir cualquier día de la semana a ver todas esas obras; además la colección va rotando y tenemos exposiciones itinerantes por distintas partes del país que muestran tanto la historia como el futuro del movimiento. Porque hemos llegado a un punto en que los chicanos jóvenes llaman a los chicanos mayores chicanosaurios, como si viniéramos de la prehistoria. Pero yo prefiero verme como un chicano progresasaurio: alguien que sigue avanzando. Porque el movimiento sigue evolucionando, es un movimiento cultural vivo y The Cheech tiene que ser también un museo de arte chicano contemporáneo.

Bebidas, gominolas y vapeadores de THC extractado de plantas de cáñamo. Un negocio floreciente y federal al amparo de la ley agrícola de 2018. ¡Y también tienen gominolas de hongos mágicos!

Bebidas, gominolas y vapeadores de THC extractado de plantas de cáñamo. Un negocio floreciente y federal al amparo de la ley agrícola de 2018. ¡Y también tienen gominolas de hongos mágicos!

Hablemos de negocios. Tommy y tú habéis hecho fortuna en los vacíos legales: THC derivado del cáñamo, kratom, setas sin psilocibina... ¿Sigue siendo una forma de activismo, señalando lo absurdo de la prohibición, o es simplemente inteligencia empresarial?

Puede que ambas cosas. Aprovechamos un vacío legal en la ley sobre los productos de cáñamo y pudimos hacer florecer nuestro gran negocio de bebidas de cáñamo. Recientemente se aprobó un proyecto de ley en el Congreso con el objetivo de extinguir la industria del cáñamo, pero no creo que se mantenga: acabará modificándose porque ahora mismo es una industria de 29 mil millones de dólares que proporciona empleo y disfrute a mucha gente. Creo que la ley se adaptará para satisfacer las preocupaciones de seguridad de los padres. Exclaman: “¡Los niños pueden comprarlo!”; bueno, nos aseguraremos de que no lo hagan. No sé... ¡cortadles las manos o algo! (Risas) Es una industria demasiado grande para extinguirla de un plumazo.

Hay quienes reivindican el cannabis de lujo, los productos premium o un branding sofisticado. ¿Lo ves como una victoria cultural o como un síntoma de que la contracultura está siendo absorbida por el mercado?

Sin duda, todo esto ha ido mucho más allá de aquellos que lo iniciaron. La generación que impulsó la contracultura es la que ahora está envejeciendo o, directamente, desapareciendo por causas naturales. Ya quedamos pocos. Pero nuestras ideas, ese espíritu, se han filtrado en la cultura general; todo el mundo ha estado expuesto a ello y lo tiene incorporado de alguna manera. Forma parte del paisaje. Hoy en día creo que hay unos 36 estados que han legalizado la marihuana; en los que no, la gente cruza la frontera estatal y la obtiene allí. Es un movimiento que ya no puede detenerse, porque socialmente es mucho más beneficioso que el alcohol. El alcohol es peligroso, física y socialmente. No es que deba ser ilegal ni dejar de disfrutarse, pero cuando lo comparas a gran escala… la diferencia es evidente.

Primeras y últimas veces

Entrevista con Richard “Cheech” Marin

Smells like weed spirit

“Tengo varios proyectos en distintas fases de producción pero, si te soy sincero, estoy llegando a un momento de mi vida en el que realmente no quiero hacer nada. Mi mujer y yo vivimos en el desierto gran parte del año y es el lugar perfecto para no hacer absolutamente nada”

¿Dirías que el cannabis te ha hecho mejor artista, mejor persona o simplemente más tú mismo?

Creo que me ha hecho una persona más sabia porque abrió formas de mirar las cosas desde diferentes perspectivas. Para mí, lo que hizo la marihuana al principio fue ralentizarlo todo, podías mirar las cosas casi a cámara lenta. Podías escuchar un disco que habías escuchado cien veces y de repente oír cosas nuevas. “¡Oh, espera, esto es una grabación en directo! ¡Hay gente ahí! Sus sillas se mueven, los vasos tintinean…”. Me volví más consciente de todo. Puedes abusar de ello, claro, pero esa reacción inicial es: “Wow”. Y recuerdo que uno de los primeros pensamientos que tuve después de fumar marihuana un par de veces fue: “¿Y sobre qué más nos han estado mintiendo?”. Empiezas a pensar: “Espera un minuto, nos están adoctrinando con ‘Esta es la verdad oficial, apréndela y sigue adelante. No cuestiones”.

De esas percepciones expandidas, esa conciencia de lo que estaba pasando en América y el mundo, a la (ir)realidad de hoy en día.

Cada vez que veo a Trump hablar por la tele, me giro hacia mi mujer y le pregunto: “¿Qué hicimos para merecer a este tío? ¿Tan malos fuimos?”. Lo que están haciendo las tropas del Servicio de Inmigración es aterrador, pero eso es lo que él pretende. Quiere asustar a la gente, tiene una veta de crueldad dentro.

Entrevista con Richard “Cheech” Marin

“Ahora nos llevamos igual que antes: somos hermanos de nuevo”. Un largo viaje envuelto en humo y humor, pero no exento de rencillas. 

Hablemos de algo más positivo, ¿algún proyecto en marcha del que nos puedas avanzar algo?

Tengo varios proyectos en distintas fases de producción pero, si te soy sincero, estoy llegando a un momento de mi vida en el que realmente no quiero hacer nada. Mi mujer y yo vivimos en el desierto gran parte del año y es el lugar perfecto para no hacer absolutamente nada. (Risas)

¿Dónde exactamente?

En Joshua Tree. Pero ahora mismo estamos en Beverly Hills porque nuestra casa sufrió daños durante los incendios de Palisades. Hemos estado viviendo en una sucesión de lugares diferentes mientras esperábamos que terminaran los trabajos de reconstrucción. Me he sentido como si estuviera en el Programa de Protección de Testigos: “Se supone que no debes estar aquí. ¡No se lo digas a nadie! ¡No les digas tu nombre real!”. Pero ahora ya tengo ganas de volver al desierto…  

Por cómo lo cuentas, coexiste la voluntad de echar raíces y relajarse en casa con ese espíritu forajido que propulsó tu carrera hace más de 50 años.

Sí, realmente se cierra el círculo. El primer lugar donde nos quedamos después de los incendios fue el hotel Century City, en Los Ángeles. Y recordé que mi primera gran marcha política y manifestación contra la guerra de Vietnam tuvo lugar justo enfrente de ese hotel, cuando se estaba construyendo. Fue un gran evento, con miles de personas y enfrentamientos con la policía. Cinco décadas después, ahí estaba yo, fumándome un porro sentado en un balcón con vistas al lugar exacto donde sucedió todo. ¡Espera lo suficiente y cualquier cosa puede pasar!

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #335

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