Comic, Magius
El Método Gemini, un minucioso retrato de la mafia neoyorkina, obligatorio para los amantes del género de gánsteres.

Magius

El capo de la mafia murciana
Antonio Monserrat
Este artículo se publicó originalmente en el número 249 de la revista Cáñamo España

Curtido en la cantera de la autoedición y el fanzine, Magius (alias Diego Corbalán, Murcia, 1981) es una rara avis en ese panorama alternativo en el que últimamente abunda la vanguardia formal y una aparente vaciedad de contenido y transgresión. Tal vez el rey esté vestido, pero con unas gasas muy muy finitas. Por el contrario, Magius se nos presenta con abrigos de paño grueso de corte italiano, muñequeras con tachuelas, cazadoras bomber o trajes de cofrade, pero, eso sí, siempre manchados de sangre. 

Acaba de publicar El método Gemini (Autsaider Cómics), una novela gráfica sobre el hampa de Brooklyn que tiene como protagonista a Mike Dio, alter ego de Roy DeMeo: asesinatos por encargo, venganzas, ajustes de cuentas… Un sinfín de excusas para quitar a gente de en medio y hacerlos desaparecer con su propio método, El método Gemini, donde pone en práctica las habilidades desarrolladas durante su juventud como ayudante de carnicero. La narración se ramifica y cada crimen, cada error, genera su propia subtrama, que tarde o temprano tiene consecuencias sobre el eje central de la historia, construyendo un guion impresionante. 
En la parte gráfica, el aire de cartoon americano retro junto a una paleta de colores reducida ayuda a transportarnos a un relato de otra época, construir paisajes urbanos extraordinarios, presentar estampas callejeras sórdidas como casi amables y de paso, hacer más digeribles las auténticas barbaridades que tienen lugar en la trastienda del Gemini Lounge. 
Skinheads, la ETA, matones de discoteca, camellos de menudeo, crimen organizado, corrupción, sectas y violencia en ambientes realistas y auténticos forman la base de operaciones de los cómics de Magius. 

El Método Gemini
La reducida paleta de color le da a El Método Gemini un aire de cuento infantil y pesadilla agobiante.

Durante la primera década de los 2000, todas tus historietas trataban sobre el black metal y sus bandas, llegando a aglutinar a su alrededor un fandom mundial… ¿Sabes si esos lectores te siguen en la actualidad o te abandonaron con el cambio temático? 
Los primeros lectores de Black Metal Cómix, el fanzine que sacaba por entonces, no eran en su gran mayoría lectores de cómic. Para ellos era una rareza que leían ávidamente porque en sus páginas se narraban las violentas aventuras de sus bandas favoritas. Sacaba la información de libros que no estaban editados en España y que tenía que traducir como podía, de fanzines, algo de internet. También había gente que me escribía y me contaba cosas, anécdotas de bandas o de tipos con los que tenían contacto, como uno de una banda de black metal de Barcelona que me escribía sus cartas con sangre y locuras por el estilo. De todas formas, los tebeos que hago ahora siguen siendo igual de violentos y oscuros que antes, y si alguno de esos antiguos fans los lee no creo que le decepcionen. 

En tus historietas la presencia de esa oscuridad, del mal, es una constante, y no me refiero a un mal en términos cristianos o pecaminosos, sino el mal con mayúsculas, el hijoputismo extremo del que va a lo suyo sin freno moral de ningún tipo. 
La escena del black metal tiene personajes que hasta parecen “malos de cómic”, que son malvados simplemente por hacer el mal y ya está. Otros “blackmetaleros” han acabado abrazando el mal de forma consciente; pero ya no la maldad de Satán, sino una maldad más real, con un sentido político transformado en ideal de vida, como una moral para malvados. De manera que nazis y otros fanáticos no resulten hipócritas, afirmándose y justificando sus acciones en una ética basada en el mal. Pero a mí el mal que más me interesa es el que se esconde en los grupos de poder económicos, en el mismo sistema capitalista y en la misma sociedad. El mundo lo mueven auténticas bandas de gánsteres. 

El oráculo del triángulo hípster (2012)
El fanzine El oráculo del triángulo hípster (2012) narra el ascenso y la caída del imperio hípster a manos de las hordas murcianas.

Ese sistema capitalista y el funcionamiento del crimen organizado tampoco están tan alejados. 
La mafia funciona exactamente igual que una empresa. Hay incluso un exmafioso que escribió un libro de cómo triunfar en los negocios legales utilizando las mismas normas y la lógica que utilizan los capos. Despedir a alguien en una empresa no se diferencia mucho de eliminar a un compinche gánster. Ser gánster es como ser emprendedor, y la sociedad tiene una idea muy positiva de la gente que genera y tiene dinero, da igual a quién se jode haciendo ese dinero (“es el mercado, amigo”). 

En tu anterior obra larga, Murcia, hay mafias de la construcción, hampones locales, sagas familiares y cofradías, todo con un nivel de verosimilitud acongojante, ¿alguien se dio por aludido? 
Si ciertas autoridades políticas, económicas y religiosas (que coincide que son la misma autoridad) hubiesen estado al tanto, probablemente se hubiese liado una bien gorda. En este cómic aparecen algunos personajes que recuerdan a poderosos políticos y empresarios murcianos. Afortunadamente (o no) ninguno de ellos lee cómics. 

En Murcia también incluyes terroristas que luchan por la independencia, ¿es ironía o en realidad existe ese movimiento o sentimiento en tu tierra?
No existe sentimiento nacionalista o identitario en Murcia, salvo unas pocas personas, que a veces lucen una bandera “nacionalista” murciana que apareció hace unos años. Lo de hacer una especie de ETA a la murciana es tanto una broma como ganas de darle la vuelta a la cosa, ya que el hecho de que en el lugar menos “autoderminado” de España surja un grupo terrorista como este resulta hilarante y exótico al mismo tiempo. 

De la mafia murciana a la mafia sevillana. Uno de los grandes aciertos de El método Gemini son los cambios narrativos de época y escenario, entre los que destaca el momento en el que trasladas la acción desde Brooklyn hasta la Sevilla del descubrimiento. 
El pasaje en el que aparece Sevilla me costó mucho dibujarlo porque tuve que representar a doble página la famosa pintura del siglo XVI en la que se ve la ciudad en todo su esplendor. Esta vista era necesaria para establecer un símil entre la Nueva York de finales del siglo XX (en la que se desarrolla la historia central) y la Sevilla de aquella época, que era en definitiva la Nueva York de entonces, la capital económica del mundo, con su puerto rebosante de mercancías, sus torres de iglesias, torres del oro y giraldas asemejándose a rascacielos, y población masificada y multicultural. Hay un gran parecido entre ambas ciudades y épocas, el salto es solo el charco y el tiempo, pero no de conceptos. En Sevilla había un hampa parecida a la mafia, y en la famosa pintura el barrio de Triana recuerda a Brooklyn poderosamente. 

Magius

¿Por qué elegiste a Roy DeMeo como base para tu historia y no a cualquier otro mafioso?... Algunos nombres los cambiaste y otros, como el del Gemini Lounge, no, ¿cuál era el criterio? 
Roy DeMeo es un caso de gánster un poco excepcional dentro de la mafia. Era tan bueno robando coches, como montándose negocios como prestamista, asesinando y haciendo desaparecer cadáveres. Además, llegó a ser un alto ejecutivo en un banco de Brooklyn. De no haber pertenecido al hampa, y no acabar asesinado, lo mismo hubiese llegado a presidente del FMI. 
Cambié los nombres porque así evito problemas legales con descendientes (a Roy lo rebauticé como Mickey Dio). El nombre del pub que regentaba DeMeo, el Gemini Lounge, lo mantuve, ya que no existe desde hace más de treinta años; ahora es una iglesia evangelista. La historia real de este personaje y de sus compinches es la del cómic al noventa por ciento, simplemente he cambiado algunos detalles para darle juego a la narración. Hay también un famoso asesinato de un gánster en un restaurante neoyorquino que no fue obra de la banda de DeMeo, pero que le da base histórica al asunto. 

“Ser gánster es como ser emprendedor, y la sociedad tiene una idea muy positiva de la gente que genera y tiene dinero, da igual a quién se jode haciendo ese dinero”

La cocaína es la droga que más peso tiene en el libro, más como desencadenante de desastres y catalizador de sucesos violentos que otra cosa.
Las drogas en aquella época eran un negocio más para la mafia, pero empezaban a ser, además de un negocio millonario del cual no se podía pasar, un verdadero quebradero de cabeza para los jefes de la Cosa Nostra. La mafia se beneficiaba del negocio de drogas, pero se impuso sobre estas una doble moral. Los jefes estaban preocupados por la mala prensa de las drogas y las altas condenas. Podían perder apoyos políticos, pero lo más preocupante era la Ley RICO, por la cual muchos gánsteres que eran condenados a altas penas por traficar con drogas se salvaban de pasar un mogollón de años en prisión delatando a sus jefes mafiosos y obteniendo gracias de las autoridades por colaborar: protección, nuevas identidades, incluso la libertad. Los capos mafiosos estaban aterrados, cualquier soldado que traficase con drogas y fuera descubierto, luego podía soplar al FBI todos los asesinatos, robos y chanchullos que había cometido por orden de un jefe. En casi todas las películas sobre mafia, las drogas (y no por el consumo) son las responsables del desastre para los hampones. En Italia no tenían tantos problemas morales con las drogas como en Estados Unidos. Ahí se dedicaban sin problemas a traficar con barcos llenos de heroína, pero allí el Estado italiano estaba prácticamente secuestrado por la mafia. 

Tanto el dibujante underground Martí Riera como el exgánster Dani el Rojo escribieron sonoros elogios acerca de tu cómic. ¿Qué te parece lo que dijeron? ¿Quién te gustaría que opinase sobre El método Gemini?
Estoy encantado de que les haya gustado, sobre todo a Martí Riera, cuya obra siempre he admirado y me parece que es ya una leyenda del cómic. Sobre lo de Dani el Rojo, me parece muy interesante que gente del hampa lo lea, y ya si se ponen en contacto conmigo y me dan ideas (sin entrar en detalles incriminatorios, por supuesto) sería la repanocha. El método Gemini me gustaría que se publicase en Estados Unidos y que lo leyesen los antiguos compinches de Roy DeMeo, que llevan como más de treinta años disfrutando de una estupenda cadena perpetua. 

En el caso más que probable de que ganes algún premio con este cómic, tú que eres dado a disfrazarte en saraos comiqueros –te hemos visto desde ataviado de huertano hasta de alter ego de Puigdemont–, ¿con qué vestimenta te gustaría recoger el premio? 
Desnudo y bañado en sangre de vaca. 

Magius
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