William S. Burroughs el hombre y la droga

William S. Burroughs: el hombre y la droga

Este artículo se publicó originalmente en el número 272 de la revista Cáñamo España

El día dos de agosto se cumplen veintitrés años del fallecimiento de William S. Burroughs. Pese a su desaparición y el tiempo transcurrido desde entonces, la palabra, las opiniones y las reflexiones de esa afilada y perspicaz mente siguen más vigentes y menos futuristas que nunca. Yonqui, homosexual y exiliado, como se autodefinía, le homenajeamos con este cut up centrado en el universo toxicológico que vivió, construyó y estudió.

Doctor Benway: “Señores, les pondré al día. Nuestra contrainteligencia ha interceptado una emisión clandestina en las frecuencias profundas de Radio Tánger. Ayudado por su secuaz Brion Gysin y las fuerzas rebeldes, el cabecilla de la revuelta, el fantasma de William S. Burroughs, tomó con estrategias telepáticas dicha emisora, desde la que inflama a la población con sus absurdas teorías tóxicas. Encargado de la investigación, el agente Max Nitrato se ha infiltrado entre los sublevados, informándonos puntualmente de sus avances. Acabar con ese agitador es cuestión de tiempo, créanme”.

Informe H0/69992Z Operación Chicos Salvajes. Material Reservado y Altamente Sensible (Extracto. Para consultar la versión completa es necesaria autorización de nivel Nova)

La primera vez que vi a Burroughs estaba tumbado en un infecto camastro devorado por los chinches. Varios adolescentes venusianos lo envolvían con sus penes membranosos, succionando y bombeando alternativamente una viscosa sustancia negra a través de ventosas fálicas. Burroughs parecía delirar. Ni siquiera dejó de hablar cuando el orgasmo lo redujo a una pulpa de consistencia gelatinosa. Lo que sigue es una transcripción más o menos completa de esos delirios:

“Creo que la oposición oficial a las drogas es una falacia concebida para extender el uso de la droga y crear al mismo tiempo leyes inadecuadas contra su empleo. Así, la juventud es deliberadamente introducida en un callejón sin salida. Es un juego de ajedrez elemental para meter en el campo de concentración de la delincuencia a una oposición en potencia, debilitada por el uso de drogas”.

Debo señalar en este punto que no solo demuestra Burroughs que el sistema no combate verdaderamente contra los narcóticos, sino que incluso, en cierto modo, los favorece. En el pasado, cuando era un ser vivo y no una proyección protoplásmica venida desde la Dimensión Alfa, ya denunció las investigaciones militares sobre alucinógenos, y su empleo por el ejército norteamericano en Vietnam mediante un gas mezclado con otras sustancias y lanzado con las joy bombs. Más preocupante aún, Burroughs se conduce peligrosamente imparcial en sus observaciones sobre la droga. El potencial subversivo de su discurso es muy alto. Remito al Comité de Investigaciones Imaginarias al primer libro del sospechoso, Yonqui, un agudo informe sobre la intoxicación que enumera las reglas, las costumbres y el funcionamiento del mundo de la droga y del drogado mismo:

“La droga es una ecuación celular... La decisión de dejar la droga es una decisión celular” – “La droga no es un estimulante. Es un modo de vivir” – “La droga lo chupa todo y no da a cambio más que la seguridad contra la carencia de droga” – “Un yonqui funciona en tiempo de droga. Cuando se corta el suministro de droga, el reloj se retrasa y se para. Lo único que puede hacer es esperar que comience el tiempo ajeno a la droga. Lo único que le queda es esperar” – “La droga es una inyección de muerte” – “En cuanto a la heroína y sus visiones, tuve un periodo alucinatorio al principio justo de mi hábito, por ejemplo, la sensación de avanzar a gran velocidad a través del espacio, pero una vez asentada la intoxicación, ya no tuve más visiones de ningún tipo y muy pocos sueños”.

Lo crucial, no obstante, es que no realiza apología de las drogas; es más, llega al masoquista nudo gordiano de la cuestión cuando dice que la necesidad de droga, la privación, y no su consumo, es el verdadero placer que aquella proporciona:

“Durante el periodo de carencia, el adicto es extremadamente consciente de su entorno. Las impresiones sensitivas se intensifican hasta llegar a convertirse en alucinaciones. Los objetos familiares parecen agitarse con una vida furtiva y temblorosa. El adicto sufre el asalto de una oleada de sensaciones externas y viscerales. Puede experimentar fulgurantes momentos de belleza y de nostalgia, pero la impresión general es extremadamente dolorosa”.

Transcripción del memorándum ZZ8B0000/X300, elaborado por la agente Consuelo Tungsteno

Aunque se suprimió en posteriores impresiones, la primera edición de Yonqui era subtitulada “Confesiones de un drogado no arrepentido”, lo cual nos hace considerar las intenciones suicidas del sujeto y su capacidad para arrastrar a otros hacia esa autodestrucción programada.

“Quizá si un yonqui pudiera mantenerse en un estado constante de tira y afloja podría vivir hasta una edad verdaderamente fenomenal” – “La personalidad desaparece, disuelta por la necesidad de droga; las vísceras y las células contraídas parecen a punto de reventar en su envoltura”.

Al drogadicto no arrepentido no le importa siquiera la transformación celular de que es objeto por parte del uso continuado de droga, que a la postre se resuelve en una sustancia subhumanizadora, que altera al individuo física y psicológicamente. Algunos ejemplos: varias criaturas creadas por el propio Burroughs en su laboratorio subterráneo, conocido como El Bunker. Las descripciones proceden de unas notas escritas de su puño y letra. Sospechamos que Opium Jones es un alias de Burroughs, o quizá un ersatz:

Mary: “Tenía algo de invertebrado, como una criatura de las profundidades marinas”.

Mike el Metros: “Parecía una especie de animal de alcantarilla que ataca a los animales de superficie”.

Opium Jones: “A Jones le gusta que sus ropas maduren en las carnes de las rancias casas de habitaciones hasta que uno puede decir, por el sombrero puesto encima de la mesa o la chaqueta colgada de una silla, que aquí habita Jones”.

Esas metamorfosis, ¿responden a un camuflaje o a un fin tan siniestro como el de antropomorfizar la droga? ¿Seres hechos de droga pura caminando por nuestras calles?

“La droga sale de la cafetería, rodea la manzana de casas y a veces cruza hasta Broadway para descansar en uno de los bancos de la isla. Un fantasma diurno en una calle abarrotada hasta los topes”.

Informe H0/69993Y. Operación Chicos Salvajes. Material Reservado y Altamente Sensible (Extracto. Para consultar la versión completa es necesaria autorización de nivel Nova)

Tras varios meses infiltrado en la organización de Burroughs, he tenido acceso a su correspondencia privada. En esta se encontraban las llamadas Cartas del yagé, donde el sujeto recoge sus experimentos con esa planta. Creemos que el fin de dichos test es desarrollar la sensibilidad telepática y el control del pensamiento ajeno.

“Tal vez encuentre en el yagé el fije definitivo. Es uno de los alucinógenos más interesantes y sobre el que menos se ha investigado” – “En Estados Unidos hay que ser un pervertido o vivir en el más infernal de los aburrimientos. Si todo placer es alivio de tensiones, la droga suministra un alivio de todo el proceso vital”.

Destinada a Hassan I Sabbah, en una de esas misivas, parte de la subsección titulada El almuerzo desnudo, en realidad notas preparatorias de otro de sus libros, admite Burroughs que uno de los escasos momentos de calma en su estado de ebriedad permanente se debe al yagé o ayahuasca. Indica que este le proporciona “imágenes que caen lentas y silenciosas como nieve”.

Testimonio 334#B6000. Profesor Filipo Mikriammos, del Departamento de Criptología de la Universidad de Interzonas, hablando sobre la función del cannabis en la obra burroughsiana

En la sección “Hospital” de El almuerzo desnudo, encontramos muchas referencias a la desintoxicación, pero ese libro tiene en la adicción su tema fundamental. Lo más destacable, sin embargo, es la calidad cannábica de ese texto. El texto burroughsiano despega, exactamente como sucede con el hachís, la marihuana, sin rupturas, sin flipes, mediante un paso, una ampliación suave y natural de la pretendida realidad a otras potencias de ordinario no presentes del espíritu. Situar la obra bajo el signo del cáñamo no es ningún capricho: lo sabemos por confesión del propio Burroughs, que declara que numerosos fragmentos fueron escritos bajo la influencia del hachís. Aunque sabemos que también toma kif y mayún, hay que aclarar a este respecto que no solo El almuerzo desnudo tuvo que ver con el hachís, sino también la mayor parte de La máquina blanda, El ticket que explotó y Expreso Nova, cuyas primeras secciones fueron redactadas en Tánger antes de 1964, donde Burroughs tomaba bastante kif y mayún, así como Los chicos salvajes, empezado en Tánger en 1967 con “copiosas provisiones de mayún”.

“La acción de los alucinógenos es fisiológicamente la opuesta a la acción de la droga. El celo de los departamentos de narcóticos de Estados Unidos y otros países ha dado lugar a una lamentable confusión entre las dos clases de drogas”

Testimonio 844#H6000. Rosa Pantopón, vidente, desertora del Ejército de la Carne Negra, actualmente a las órdenes del Dr. Benway

La adicción es el tema fundamental de El almuerzo desnudo, donde Burroughs elabora lo que denomina “álgebra de la necesidad”, basado en los siguientes axiomas:

“Nunca des por nada” – “Nunca des más de lo que tienes que dar” – “Recupera siempre todo lo que te sea posible” – “Cuanta más droga se tiene, más se quiere; es la mercancía ideal que crea necesidad absoluta, una sujeción total: se está dispuesto a todo” – “La droga es una industria gigantesca e internacional, y establece una jerarquía descendente que no puede destruirse más que minando sus bases: el adicto de la calle. No hay que luchar contra el tráfico sino contra la necesidad. Tratamiento psicológico”.

Burroughs ofrece otra alternativa para el tratamiento de la adicción: la apomorfina elaborada por el doctor John Y. Dent, mezcla de morfina y ácido clorhídrico, cuya acción es opuesta a la de la morfina:

“He sido testigo y he sentido yo mismo la experiencia de ese alivio; gracias a una dosis de apomorfina desapareció un estado dramático de angustia causado por mescalina y ante el que los tranquilizantes resultaban ineficaces. Puedo asegurar que nunca me curé metabólicamente hasta haber realizado la cura de apomorfina” – “La conjunción de la apomorfina, lomotil y acupuntura puede lograr la desaparición del síndrome de abstinencia” – “Recordar un periodo de adicción fuerte es como escuchar una grabación de acontecimientos vividos solo por el cerebro anterior. Relación escueta de acontecimientos exteriores. Recuerdos totalmente desprovistos de nostalgia” – “La droga es un molde de monopolio y posesión”.

Metales pesados y dependencia. Notas del diario secreto de Burroughs, comentadas por Solomon Westinghouse, vicepresidente de la Asociación Interplanetaria de Fuerzas Oscuras

Willy el Disco, soplón, está bestialmente sujeto al caballo que le pasan los polis por denunciar a otros drogados y, por tanto, sujeto a la denuncia misma. El traficante está sometido al tráfico: “Te intoxicas mucho más vendiéndola que picándotela”. El ama de casa está esclavizada por su robot para todo y la escalada de la automatización. El coprófago está sometido a su ‘Mmmm!’, rica sustancia”. El líder del partido, al paternalismo facilón. La pasma, a sus amenazas, a sus registros, a las detenciones, a las palizas: “Muchos policías y agentes de la estupa están precisamente sometidos al poder, al ejercicio de cierto género desagradable de poder sobre la gente desarmada. La variedad asquerosa del poder: yo la llamo ‘droga blanca’ –la rectitud, ellos tienen la razón, ellos, ellos–, y si perdiesen ese poder, sufrirían síndromes de desintoxicación atroces”. Naturalmente, la adicción al poder es la más grave, y el ejemplo extremo de “adicto al control” es el diabólico doctor Benway.

“La norma es que las personas se transforman en materia muerta” – “Comprendí que el metal pesado era, por así decir, la expresión extrema de la adicción, hay algo metálico en la adicción, el estado terminal al que se llega tiene más de mineral que de vegetal”.

Toxicomanía y adicción: extractos de una conferencia clandestina de Burroughs durante el 50.º Simposio de Adictos Uranianos, proporcionados por el soplón Henry el Sapo

“(La palabra droga) es un término genérico para el opio y/o sus derivados, incluyendo todos los sintéticos” – “La acción de los alucinógenos es fisiológicamente la opuesta a la acción de la droga. El celo de los departamentos de narcóticos de Estados Unidos y otros países ha dado lugar a una lamentable confusión entre las dos clases de drogas”.

Así, hay que distinguir tres categorías de sustancias:

a) Sedantes del cerebro anterior: 1. Opiáceos (opio, morfina, heroína, codeína, paracodina, dionina, Eucodal, Dilaudid, Pantopon, Dicodid, Dolosol, metadona, Palfium, Demerol, etc.), todos adictivos. 2. Barbitúricos (Nembutal, Vetonal, Seconal, etc.), totalmente adictivos, y con una de las más terribles adicciones; el alcohol, droga permitida y legalizada e institucionalizada, pero cuya adicción es comparable a la de los barbitúricos.

b) Los excitantes cerebrales, a saber: 1. La cocaína, euforizante no adictivo pero en general utilizado por los morfinómanos y, por tanto...; 2. Anfetaminas (bencedrina, methedrina, etc.), altamente nocivas. En resumen, todas ellas drogas que debilitan, incluso matan.

c) Los alucinógenos, entre los que también hay que distinguir los productos químicos extraídos de sustancias de origen vegetal y las moléculas químicas sintéticas totalmente creadas en laboratorio. Las primeras comprenden, principalmente, Cannabis indica, de donde se extraen el hachís y la marihuana; el peyote y su alcaloide, la mescalina; piptademia peregrina, o cahoba, de la que se extraen la bufotenina y la dimetiltriptamina; Banisteria caapi, el yagé o ayahuasca, que da la harmalina; Psilocybe mexicana o teonanacatl, y su principio activo, la psilocibina, etc. Entre los segundos están el LSD, el STP y otros.

“El cannabis es la sustancia de mayor valor. Las anfetaminas no tienen ninguno. Los barbitúricos, ninguno... Mescalina y yagé: muy interesantes... El peyote me puso muy enfermo... LSD, horrible; en lo que a mi concierne, una pesadilla, con síntomas extremos y depresivos. No utilizaría hoy ninguna de esas drogas ni aconsejaría a nadie que lo hiciera”.

Dr. Benway:

“Bien, señores, no me cabe la menor duda de que este Burroughs es una amenaza para nuestra política en materia de drogas. Fíjense que nunca ha empujado a la juventud a picarse, sino que, al contrario, ha alentado los esfuerzos por lograr los efectos de las experiencias alucinatorias sin empleo de agentes químicos, experimentando con posibles sucedáneos como la máquina de soñar desde 1960”.

“La clase médica impide el uso de apomorfina en el tratamiento del alcoholismo y la adicción a las drogas y como reguladora general de las perturbaciones del metabolismo. La clase médica tiene profundos intereses en la enfermedad. Eliminan cualquier descubrimiento que ataque la enfermedad de raíz”.

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