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Rebético, la música del hachís

Viñeta de "Rebétiko. La mala hierba"
Viñeta de "Rebétiko. La mala hierba"

Algunos llaman al rebético el blues griego, pero tal como afirma Vinicio Capossela, uno de sus máximos divulgadores, no es blues sino una música extraordinaria, que refleja la pena de un dolor que no se ha sufrido inútilmente. Y al igual que el fado, el tango, la morna o el blues, surgió entre marginados, en los bajos fondos de las ciudades portuarias griegas a principios del siglo pasado. Aunque su origen se remonta al siglo xix en el Asia Menor, poco antes de la desintegración del imperio Otomano.

Después de la primera guerra mundial, Grecia ocupó en 1919 Esmirna –ciudad portuaria turca en la que estaba asentada una ancestral e influyente comunidad griega– y regiones vecinas con la intención de extender sus dominios más al Este del imperio Otomano. Pero en 1922 fueron derrotados por el movimiento revolucionario que lideraba Kemal Atatürk. La consecuencia fue una gran oleada de refugiados, que se cifra en 1.500.000 personas, quienes se vieron obligados a establecerse en los márgenes de las grandes ciudades griegas, lo que provocó una auténtica crisis social y económica, llenando los puertos de marginados. Entre ellos había músicos, buenos profesionales que no hablaban una palabra de griego, lo que les condenó a la pobreza y a la degradación. Pero les quedaba su música, el rebético, y también el consuelo del hachís, que tocaban y consumían alrededor del narguilé en habitaciones discretas de cafés y tabernas llamados “tekés”.

La segunda mitad de los años veinte ve cómo se va asentando el personaje del mangas, surgido del lumpen proletario de los puertos de Atenas, Salónica o El Pireo, aunque, a diferencia de otros excluidos, era un tipo arrogante, bien vestido, con fino bigote, una particular manera de andar y un código de honor –equivalente al chulo del tango– estrechamente vinculado a la cultura del rebético. Rebet en turco significa ‘rebelde’, y bien podría ser el origen de la palabra rebético. Era una cultura con ideales, como la dignidad, la amistad y la solidaridad entre compadres. El elemento aglutinador y determinante de esta subcultura era la música, unas canciones que surgían por la simple necesidad de comunicarse, de compartir amores, placeres y desventuras en los fumaderos, donde se podían dejar de lado las penurias cotidianas y soñar. Cantaban y tocaban compartiendo el narguilé y las melodías, que se transmitían de modo oral, porque no sabían escribir música, siempre acompañados por el indispensable buzuki o el pequeño baglama, glosando el amor, la droga que les servía de inspiración –las canciones sobre el hachís son un subgénero dentro del rebético– o lamentando las injusticias de la sociedad. Fue durante estos primeros años, cuando aún no había represión, que florecieron las canciones dedicadas al hachís, algo lógico porque fumar era sinónimo de compañía, de formar parte de un colectivo. Una antigua canción de Antonis “Dalgas” Diamantidis –grabada en 1928 y que se puede traducir como “Jóvenes adictos al hachís”– es un diálogo entre una mujer y un mangas que dice: “Me he enterado de que eres un matón, que eres un drogadicto, un mangas valiente, que deambulas por la noche. Ven, mi pequeño mangas, que tengo un par de cosas que contarte… Me han dicho que eres bribón y conflictivo, que riñes en tabernas y eres un chulo. Ven, mi pequeño mangas, dime que ‘sí’ y tendrás todo lo que quieras de mí”. Otra canción que Dalgas grabó en 1931 se titulaba “Fumador de hachís”, y se puede escuchar en el recopilatorio Greek songs of Asia minor. Recordings 1927-1931.

Rebetiko
Fragmento de "Rebetiko. La mala hierba"

El legendario Markos Vamvakaris

El primer lustro de los años treinta se considera la edad de oro del rebético, y el más prominente músico de esa época fue Markos Vamvakaris (1905-1972), dotado compositor, virtuoso del buzuki y cantante que define a la perfección el arquetipo de esta cultura. Nacido en la isla de Siros, trabaja como limpiabotas, repartidor de periódicos y estibador en el puerto de El Pireo antes de empezar a los diecisiete años a tocar en los tekés clandestinos. Tras pasar a tabernas y clubs más respetables, grabó su primer rebético en 1932, haciéndose muy famoso gracias a la canción de amor “Frankosyriani” (‘Muchacha de Siros’). Otro de sus clásicos es “Atakti” (‘Pícaro’). Su vida estuvo marcada por la relación sentimental con una prostituta, las escaramuzas con la policía, detenciones, prisión y un amor también incondicional por el buzuki, el hachís y cantar. A partir de 1933 obtuvo un gran reconocimiento que le permitió abrir su propio fumadero. La letra de la canción “Mastouras” deja bien claro cuál era su filosofía: “Cuando estoy colocado me disuelvo en el vahído/me olvido de todas mis preocupaciones/la naturaleza me ha provisto de aflicciones y sufrimientos y todo pasa y desaparece con el hachís/de esta manera paso mi tiempo y alegro el cuerpo/con el ánimo exaltado en el que tengo mi cabeza/nací mangas y mangas moriré/y deja crecer plantas de hachís encima de mi tumba”.

El hachís estaba prohibido en Grecia desde 1890, pero no se aplicaba la ley de manera estricta; hubo una tolerancia que permitió consumirlo discretamente y el florecimiento de las canciones que lo glosaban. Todo se cortó en seco cuando llegó al poder el dictador Metaxas en 1936. Se cerraron los locales, se persiguió y encarceló a los músicos, y las referencias a las drogas en las canciones fueron prohibidas. La censura se impuso hasta el delirante extremo de destruir los instrumentos. Y esta represión siguió luego con la ocupación nazi.

Fragmento de "Rebetiko. La mala hierba"
Fragmento de "Rebetiko. La mala hierba"

Al finalizar la segunda guerra mundial fue Vassilis Tsitsanis, compositor y tocador de buzuki, el encargado de transmitir la herencia de los primeros rebetes y, lo que es más importante, contribuyó a la difusión y aceptación del género, aunque suavizando las letras. Sus canciones se hicieron célebres en boca de los cantantes que colaboraron con él, como la gran Sotiria Bellou. Tsitsanis, a diferencia de los mangas que crearon el género, fue, además de músico, un abogado amigo íntimo de Andreas Papandreu, que luego sería primer ministro. Eso contribuyó a que la pequeña burguesía hiciera suyo el rebético hasta convertirlo en una moda. Aunque, en los años sesenta, queda diluido en lo que se denomina “laikó musiki” (‘música popular’), en parte debido a la ascensión de la Dictadura de los Coroneles (1967-1974). Después, el interés renace hasta convertirse en la música de culto que es en la actualidad, en un rebrote espoleado por la crisis, aunque, según afirma Capossela, una parte de la población siempre ha seguido alimentando la tradición, hasta el extremo de que el repertorio de los años treinta y cuarenta forma parte del patrimonio nacional.

 

Portada Rebetiko

David Prudhomme

‘Rebétiko. La mala hierba’ (Ediciones Sinsentido, 2010)

La mejor manera de visualizar la atmósfera en la que surgió el rebético es esta excelente novela gráfica del francés David Prudhomme, autor del dibujo y de un guión que nos sumerge de lleno, según sus propias palabras, en una “música que es el eco de un poderoso vínculo entre Oriente y Occidente, en la que resuenan el dolor del exilio, el romanticismo de los puertos, el vagabundeo de los noctámbulos y sus miserables amores. El fracaso y el sentido del humor”. En ella retrata a la perfección el mundo de los rebetes en una historia que empieza en octubre de 1936, dos meses después que Yanis Metaxás hubiera instaurado en Grecia una dictadura de corte fascista que convirtió a los desclasados rebetes en chivos expiatorios, identificándolos con la relajación moral y una decadencia que en el fondo esconde un racismo contra los exiliados de Turquía que simbolizaban el fin del sueño imperialista de Grecia. A la autenticidad de la historia que se narra contribuye que los protagonistas principales están inspirados por personajes reales, los músicos del Legendario Cuarteto de El Pireo, el prototipo de un supergrupo que formaban el patriarca del rebético Markos Vamvakaris; Yiorgos Batis, a su vez gran compositor y virtuoso del baglama; Anestis Delias, alias Artemis, la figura más trágica del rebético, muerto de una sobredosis de heroína y autor de explícitas canciones que versaban sobre la vida de los mangas, el hachís, el vino y las mujeres. El cuarto era Stratos Payoumtzis, pero en el relato es sustituido por Stravos, que toma los rasgos faciales de Yannis Papaioannou, otro de los grandes junto a Vassilis Tsitsanis. La mayor parte de las cien páginas se desarrollan en la oscuridad de los tekés, muy bien representados con colores ocres y terrosos; mientras los músicos tocan, entre calada y calada de cachimba, esperando que el efecto del hachís despierte la inspiración, los parroquianos bailan, tiran platos al suelo y de vez en cuando surge alguna riña. El argumento también introduce a un cazatalentos americano, enviado por la Columbia para fichar rebetes, porque, tal como afirma, el rebético está cosechando un gran éxito en Estados Unidos, ya que a la diáspora griega le apetece escuchar los sonidos de su país.


 

Vinicio Capossela

Vinicio Capossela, el gran difusor del rebético

El afamado cantautor y escritor italiano Vinicio Capossela, al que algunos califican como el Tom Waits mediterráneo, encontró en el rebético una música hermana en la que se zambulló tras descubrirla de manera casual, cuando estaba vagabundeando por Grecia en busca de inspiración. Fue como entrar en contacto con una sociedad secreta de la que se hizo miembro, guiado por un cicerone de lujo, el tocador de buzuki y compositor Manolis Pappos, el intérprete actual más ilustre del rebético. Junto a él se introdujo en las tabernas y en el mundo de los rebetes, en una experiencia que plasmó en el documental Indebito (2012), realizado junto a Andrea Segre, en el disco Rebetiko Gymnastas (La Cupa, 2012) y el libro Tefteri (Editorial Minúscula, 2014).

Tefteri, cuyo subtítulo es El libro de las cuentas pendientes, en referencia a los libros de cuentas de los tenderos en los que se apuntan las deudas, es una mezcla de diario personal, lección de historia, estudio semántico y crónica negra de la realidad griega en plena explosión de la crisis. Entre periodismo de investigación y narración poética. Con sus cuadernos de notas, Capossela no pretende hacer una historia del rebético sino ver cómo la música interactúa con el presente griego, convirtiéndose en uno de los protagonistas y a la vez en observador, en lo que deviene un acercamiento fundamental para quien quiera profundizar en el tema.

En cambio, su disco Rebetiko Gymnastas, en el que tiene un papel destacado Manolis Pappos, es un tributo poco ortodoxo, una recreación de su propio repertorio y versiones en las que acerca al estilo desde la “Canción de las simples cosas”, que descubrió a través de Chavela Vargas, hasta “Los ejes de mi carreta”, de Atahualpa Yupanqui, pasando por una “Morna” y temas clásicos suyos como “Contratto per Karelias” o “Scivola vai via”, sin olvidarse de “Misirlou”, un rebético que se hizo primero famoso en el mundo del rock, cuando lo versionó en clave surf el guitarrista Dick Dale, y luego mundialmente célebre gracias a la banda sonora de Pulp Fiction. Según afirma Capossela, la idea era hacer un disco de música portuaria; el alma del rebético unida a la de la morna, milonga, blues o el duende del flamenco, que en el lenguaje de los rebetes se llama “dalkas”, algo así como ‘bilis negra’.


 

Maria Simoglou Ensemble

María Símoglou Ensemble

Minóre Manés. Rebétika songs of Smyrna’ (Buda Musique)

Además de los clásicos, existen nuevos discos de rebético que sirven de vibrante introducción a una música con fuerte esencia oriental. El mejor ejemplo es el que acaba de publicar María Símoglou, una joven cantante griega afincada en Marsella, que ha colaborado con Stelios Petrakis y el grupo Oneira, del percusionista iraní Bijan Chemirani. Junto a músicos de su generación recrea de manera muy evocadora el repertorio surgido en Esmirna, ciudad símbolo de los orígenes del género. De hecho, en el repertorio que ha escogido abundan las canciones que hizo célebres Roza Eskenazi (1890-1980), una de las cantantes fundamentales del rebético. Nacida en Constantinopla, de origen sefardita, sentó cátedra en una extensa carrera que empezó en Tesalónica, entonces bajo dominio otomano. Una azarosa vida la llevó a Atenas, donde empezó a ejercer de bailarina y cantante en clubs. Sus primeras grabaciones las realizó en 1929 para Columbia. A mediados de los años treinta ya era toda una estrella. En su repertorio había canciones folk, pero la gran aportación fue el rebético de la escuela de Esmirna. Evidentemente, sus letras también tocan el tema de las drogas. La canción “Cuando tomas heroína” fue censurada por Metaxas. Como judía sufrió durante la ocupación nazi, pero siguió adelante con su carrera debutando en Estados Unidos en 1952, donde se convierte en un auténtico icono para la diáspora, tanto griega como turca. Le hubiera gustado quedarse en América, pero el amor la hizo retornar a Atenas, donde fue envejeciendo junto al declive de la popularidad del rebético. No fue hasta los años ochenta que las nuevas generaciones la redescubrieron. Entonces se reeditaron sus antiguas canciones y se estudió su estilo hasta convertirla en el mito que es hoy. En el último tema, “Spás’ ta fos mou gia ta ména”, tras la versión está oculto el original y, a pesar de los crujidos de la pizarra, la emoción fluye con intensidad. María Simoglou también canta canciones de Rita Abatzi que escribió Panagiotis Toundas, otro personaje fundamental, con un sonido acústico y evocador proporcionado por una instrumentación que incluye lira de Creta, lavta o laúd de Estambul, saz, flauta ney, cítara kanún y percusión.


 

Aman Katerina

Katerina Tsiridou 

‘Aman Katerina. A Tribute to Panayiotis Toundas’ (Protasis Music)

Katerina Tsiridou es otra joven cantante griega que se ha hecho célebre al frente del grupo Kompania y destaca en el rescate del rebético. La mejor prueba es su nuevo disco de tributo a Panagiotis Toundas (1886-1942), el compositor de rebético más célebre, también de la escuela de Esmirna –donde nació y aprendió a tocar el buzuki–, un paraíso multicultural en el que convivían turcos, griegos y judíos; luego, tras la catástrofe del 22 y el incendio de la ciudad, emigraría a Atenas, donde, ya en 1924, se convierte en director de la filial del sello alemán Odeon. Trabajó también para Columbia y His Master’s Voice, siendo responsable de las mejores grabaciones de la época y el introductor de buzuki y baglama en ellas. Como cazatalentos descubrió a Roza Eskenazi, con la que tuvo una prolífica y exitosa relación artística, y sus composiciones fueron interpretadas por los mejores cantantes y músicos de la época.

Tsidorou revive con majestuosidad esa época, lejana en el tiempo pero muy próxima a nivel sentimental, con la ayuda de dotados músicos que brillan al buzuki, baglama, mandolina, guitarra, violín, acordeón, kanún y percusiones, ofreciendo una rica sonoridad que se completa con la colaboración, en cuatro de los diecisiete temas, de voces invitadas como la de Areti Ketime, que hace poco nos descubrió Shantel en su nuevo disco. Pero por encima de todo brilla la voz de la protagonista, expresiva, flexible, llena de sentimiento, en lo que es otra demostración magistral del acercamiento entre Oriente y Occidente que supuso el rebético. Katerina también aparece en el documental My Sweet Canary (2011), subtitulado The Queen of Rebetiko. A journey through the life and music of Roza Eskenazi, una película dirigida por el israelí Roy Sher.

Esmirna

Por donde empezar

VV. AA.
‘Rebetika & Songs of Smyrna’ (2013, FM)

Completo recopilatorio de cincuenta temas con canciones que están en el origen del rebético.

 

VV. AA.
‘Cannabis Indica in Rebetika Songs. Recordings 1913-1946’ (2004, Hellenic)

De las varias compilaciones de rebético centradas en el hachís, esta es ideal para introducirse en el tema.

 

Roza Eskenazi
‘Rembetissa’ (1996, Rounder)

La portada no hace justicia al contenido, un recorrido por el cancionero de esta grande del rebético, lleno de letras –traducidas al inglés– con referencias a hachís, cocaína, morfina, ouzo…

 

Vassilis Tsitsanis
‘Hommage à Tsitsanis’ (2001, Ocora)

Documento etnográfico, editado por el prestigioso sello de Radio France, que muestra el virtuosismo al buzuki del que es considerado el fundador del rebético moderno.

Top 10 rebético para principiantes

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