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El socio discreto del Chapo Guzmán

Sherlock Holmes

–¿Cómo se inició en el narco?

–Nomás.

–¿Nomás?

–Nomás.

Las palabras son parte de una entrevista que el socio del Chapo Guzmán, Ismael “El Mayo” Zambada, dio al mítico periodista mexicano Julio Scherer en el 2010. El Mayo, de sesenta y ocho años, lleva más de cincuenta en el narco, en los que ha trabajado para cuatro cárteles diferentes: Guadalajara, Juárez, Tijuana y Sinaloa.

Pero, a diferencia de su socio, nunca ha pisado una cárcel, a pesar de que desde 1978 pende una orden de detención en Estados Unidos en su contra y que la DEA ofrece cinco millones de dólares por información que conduzca a su captura. Según las autoridades mexicanas, orquestó las dos fugas del Chapo de cárceles de alta seguridad (en el 2001 y 2015). Zambada contó a Scherer que vive en las montañas, que rara vez baja a las ciudades y que nunca duerme en una misma casa más de dos noches seguidas.

“Si el Diablo me ofrece una entrevista, voy a los infiernos”, solía decir Julio Scherer; así que cuando el Mayo lo buscó aceptó sin dudar. Al igual que en la entrevista que le hizo Sean Penn al Chapo Guzmán que se publicó en enero pasado, Scherer narró el periplo hasta llegar al capo, aunque no se recreó en detalles nimios, como Penn, y dio voz a su entrevistado. El Mayo le contó, entre otras cosas, que tiene una esposa, “cinco mujeres, quince nietos y un bisnieto. Ellas, las seis, están aquí en los ranchos, hijas del monte como yo. El monte es mi casa, mi familia, mi protección, mi tierra, el agua que bebo”. Le explicó que han estado a punto de capturarlo cuatro veces, pero siempre ha escapado “por el monte, del que conozco los ramajes, los arroyos, las piedras... Todo. A mí me agarran si estoy quieto o me descuido”. Su mayor miedo es caer preso, y cuando Scherer le pregunta si se suicidaría en ese caso, el Mayo responde: “No sé si tendría los arrestos para matarme. Quiero pensar que sí, que me mataría”.

Poco se sabe de Zambada, pues, a diferencia del vanidoso Chapo Guzmán, tiene un perfil muy discreto. Vive en las montañas del Triángulo Dorado (la zona que forman los estados de Durango, Sinaloa y Chihuahua), en donde hace fiestas, construye hospitales y es querido por la población. Su fama dice que detesta la violencia y que prefiere resolver los problemas con dólares. “El Mayo es el narcotraficante más poderoso. Creo que la organización que formó es la más sólida, porque ha perdurado en la historia del narcotráfico internacional”, dijo el jefe de la DEA, Jack Riley, en una entrevista en junio del 2015 en la que reconocía que “estamos inundados de heroína mexicana” y que el cártel de Sinaloa surtía, prácticamente, a todo el mercado estadounidense.

Zambada nació en 1948 en El Salado, un pequeño rancho en las montañas de Sinaloa. Desde niño se dedicó al campo y, según la revista Proceso, en los setenta trabajó como repartidor en una mueblería de Culiacán, la capital de Sinaloa, donde conoció a su esposa, Rosario Niebla, con la que tuvo un hijo. Poco después empezó a trabajar con Miguel Ángel Félix Gallardo, el socio mexicano de Pablo Escobar que aglutinaba a todas las familias dedicadas al contrabando de drogas en México. En 1985 Félix Gallardo, que contaba con la protección del gobierno mexicano y de la CIA, mandó matar a un agente de la DEA. Gallardo fue detenido en abril de 1989.

Tras la caída de Gallardo, el negocio de la droga se dividió en cuatro cárteles: Juárez, Golfo, Tijuana y Sinaloa. Zambada terminó con los Arellano Félix, sobrinos de su mentor Gallardo, en Tijuana, que en los noventa fue el cártel más poderoso. La paz entre cárteles duró pocos meses. Ramón Arellano Félix asesinó a un operador del Chapo Guzmán en 1990 y se desató la guerra. Zambada intentó mediar entre ambas facciones y a finales de 1992 convocó a una reunión entre los Arellano y el Chapo, en la que los de Tijuana serían eliminados. Los Arellano Félix supieron del plan, cancelaron la reunión y pusieron precio a la cabeza del Mayo: tres millones de dólares. La guerra entre ambos cárteles duró muchos años, aunque al final la ganaron los de Sinaloa. Ramón Arellano Félix fue asesinado el 10 de febrero de 2002 en Mazatlán, donde había viajado para liquidar al Mayo, pero este se le adelantó. Su hermano Benjamín, el líder del cártel, fue detenido un mes después y extraditado a Estados Unidos en el 2011.

 

La primera fuga del Chapo

Cuando detuvieron al Chapo por primera vez, en junio de 1993, el Mayo se fue a trabajar para el cártel de Juárez de Amado Carrillo, apodado “el señor de los cielos”, por la flota de aviones que usaba para llevar su producto a Estados Unidos. Carrillo murió en 1997 mientras se sometía a una operación de cirugía estética. Sus hermanos y el Mayo continuaron al frente del cártel, aunque este último empezó a ayudar al Chapo a planear su primera fuga de la cárcel de Puente Grande. El 18 de enero de 2001, según la versión oficial, el Chapo escapó en un carrito de lavandería; según la periodista Anabel Hernández, salió por la puerta grande, pues tenía en nómina a todo el penal. Prueba de ello es que uno de los guardias, Dámaso López, “el Licenciado”, renunció a su puesto dos semanas antes de la fuga, y desde entonces es la mano derecha de Guzmán.

Tras su fuga, el Chapo se encargó de liquidar a sus enemigos y el Mayo de la parte práctica del negocio: que la droga llegase a Estados Unidos. Con sobornos que alcanzaban los 400.000 dólares mensuales, Zambada consiguió operar, entre el 2008 y 2009, desde el aeropuerto de la Ciudad de México. Ahí recibía los cargamentos de cocaína desde Sudamérica, que enviaba a Estados Unidos y Europa. También blanqueaba las ganancias del cártel, a través de un complejo entramado de empresas en las que su esposa e hijas figuran como prestanombres. Una de ellas tenía una guardería, Niño Feliz, subvencionada con recursos públicos entre el 2001 y 2009.

Tres de los once hijos del Mayo están presos. Su primogénito, Vicente Zambada Niebla, fue detenido en marzo del 2009 y extraditado a Estados Unidos un año después. Nunca lo juzgaron porque llevaba años trabajando para la DEA, facilitándoles información sobre los capos rivales. El escándalo en Estados Unidos fue mayúsculo al saber que la DEA le permitió introducir narcóticos valorados en miles de millones de dólares. Como parte de su acuerdo con la justicia, el hijo del Mayo entregó bienes valorados en 1.370 millones de dólares. Hoy tiene el estatus de testigo protegido y, si el Chapo es finalmente extraditado a Estados Unidos, el testimonio de Zambada Niebla tendrá un papel importante en el juicio.

En la prensa mexicana se ha publicado que tras la última fuga del Chapo y sus intentos por rodar una película que no gustaron a la cúpula del cártel, preocupada por los focos que atraía el Chapo allá donde iba, acordaron que el Mayo sería el número uno. Después de cinco décadas traficando y acostumbrado a vivir con miedo a que lo atrapen, el Mayo sabe que si cae preso o muere nada cambiará. Como le dijo a Scherer en el 2010: “En cuanto a los capos, encerrados, muertos o extraditados, sus reemplazos ya andan por ahí”.

 

Zambada

Los Mayitos presumidos

Una foto de metralletas bañadas en oro y plata con el mensaje “Comprando nuevos juguetes” era una de las muchas imágenes de la cuenta de Twitter de Serafín Zambada Ortiz (@ZambadaSerafin_). También subía fotos de helicópteros, jets privados y decenas de camionetas cargados con fardos, presumiblemente de droga. Las autoridades estadounidenses lo detuvieron en el 2013 al intentar cruzar la frontera con su esposa. Según medios mexicanos y estadounidenses, es un testigo protegido, como su hermano Vicente.

La discreción del Mayo no se transmitió a algunos de sus once hijos. Desde sus cuentas de Instagram y Twitter (@ismaelimperial), Ismael Zambada Imperial, “El Mayito Gordo”, como le llamaban en el cártel para diferenciarlo de su hermano “El Mayito Flaco”, exhibía su jet privado, sus viajes por el mundo (su última fotografía es del Taj Mahal), sus mujeres, o una foto con las llaves de un Ferrari, un Porsche, un Lamborghini. También subió un vídeo en el que aterriza un helicóptero militar Chinook en el que, según el pie de foto, viajaba “mi apá”. El Mayito Gordo, que en el 2013 publicó “Ya no estoy gordo, les afirmo”, fue detenido por el ejército en El Salado, el pueblo de la familia, en el 2014. Su padre era el objetivo de esa operación, pero, una vez más, escapó por el monte.

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