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La chamana pop

Convertida en celebridad internacional por obra y gracia de un "gringo", María Sabina sanó a iconos como Huxley o Dylan mientras pagaba el precio del rechazo de su comunidad. El reverso oscuro del bum de los hongos mágicos: grabaciones robadas, acoso policial y los mitos musicales que aún resuenan en Huautla. 

Robert Gordon Wasson fue un banquero estadounidense que llegó a ser vicepresidente de JP Morgan. Tenía un hobby inusual para su gremio: las setas, especialmente las alucinógenas. Durante la década de los cincuenta viajó a Huautla de Jiménez, un remoto pueblo mazateca en las montañas mexicanas de Oaxaca, donde conoció a María Sabina, quien le guio una velada con hongos. Gordon Wasson publicó un reportaje fotográfico en la revista Life en 1957, que convirtió a las setas en algo mainstream y a Sabina en un ídolo contraculturar. La publicación, además, despertó el interés de la CIA, que estaba inmersa en un programa para controlar las mentes y vio en las setas una posible vía de investigación.

El interés de Gordon Wasson por las setas vino un día de vacaciones, en 1927, mientras paseaba por el bosque con su esposa, Valentina Pavlovna, rica aristócrata de origen ruso quien había huido de la Revolución de 1917 para instalarse en Nueva York. Durante su paseo vespertino se encontraron unos hongos, y su Pavlovna corrió a observarlos y a llamarlos con nombres en ruso. Después, los cortó y se los cenó ante las objeciones de su marido, quien se dio cuenta de que no conocía el nombre de ninguna seta y que, de ninguna forma, se las comería. Ahí comenzó una fascinación que llevó a la pareja a estudiar, durante las siguientes décadas, el uso de setas y hongos en diferentes culturas. Esa inquietud hizo que Gordon Wasson descubriese que algunas culturas mesoamericanas consumían el psylocibe como medicina tradicional y que realizaban ceremonias para curar a sus pacientes. 

El tiempo libre que le dejaba el banco le llevó a leer un reportaje en el que se hablaba de que, en la sierra de Oaxaca, la comunidad mazateca hacía estas ceremonias. Primero llegó a Huautla de Jiménez, un diminuto pueblo oaxaqueño, donde observó una ceremonia sin participar. Cuatro años después viajó a Huautla, junto a su amigo el fotógrafo Allen Richardson, para escribir un fotorreportaje para la revista Life. Nada más llegar, según cuenta en el reportaje, se plantó en la presidencia municipal y le dijo a uno de los funcionarios que allí despachaban que sabía que en el pueblo se hacían ceremonias con setas. Luego, le pidió: “¿Me ayudaría a conocer los secretos de los hongos mágicos?” El hombre –a quien Gordon Wasson describió en su crónica como jovial– le dijo que era muy sencillo y le invitó a visitarle “en su casa a las afueras del pueblo a la hora de la siesta”. Cuando los gringos llegaron les llevó con una vecina, María Sabina, que era una sacerdotisa de los “hijitos” (como llamaba a los hongos), y les guio durante una vigilia en su primer viaje mientras Gordon Wasson y Richardson documentaban todo con fotografías, grabaciones y notas. 

Valentina Pavlova y la hija de ambos –que entonces tenía 18 años– los alcanzaron en la sierra unos días después de esa primera experiencia. Ella escribió, meses después, una crónica para la revista The Week, del Salt Lake Tribune, titulada “Yo comí las Setas Sagradas”, acompañada del epígrafe: “Una espectacular aventura científica en México”. El reportaje narra el viaje de Pavlova, quien se queja de que ella quería que las setas la hicieran “viajar” a su Rusia imperial, pero en vez de eso termina en Versalles, lo que le decepciona. También narra las risas con su hija María y el sabor de las setas, que le supieron a “grasa fétida”. La parte científica de la “aventura” es que de vez en cuando se toman el pulso y la temperatura (de lo que informa rigurosamente a lo largo del texto). 

La publicación de los reportajes tuvo varias repercusiones en Estados Unidos. Por un lado, abrió el debate sobre si se debía prohibir el uso de las setas alucinógenas. Los textos también despertaron el interés de la CIA, que en esos años estaba desarrollando el programa MK-Ultra. Gordon Wasson volvió varias veces a Oaxaca, y algunos de estas expediciones micológicas fueron financiadas por la agencia de inteligencia. El reportaje tuvo un gran éxito entre el incipiente movimiento hippy, y llevó a mucha gente a interesarse por los chamanes. Entre otros, el reportaje de Life llevó a María Sabina a conocer a personajes como Walt Disney, Aldous Huxley, Tim Leary, Jim Morrison y Bob Dylan. 

La versión postcolonial 

"Se volvió a casar con un chamán llamado Marcial, con quien desarrolló los poderes que le daban las setas. Sabina, presuntamente, adquirió más poder que él, y este la empezó a golpear. Los hijos de su primer matrimonio lo mataron a golpes"

Sabina se convirtió en una celebridad internacional, y el constante flujo de visitantes a Huautla –muchos de ellos hippies que consumían otras sustancias que eran rechazadas por los mazatecos– hizo que hubiese gente dentro de la comunidad que la acusó de haber vendido los secretos de los hongos a un gringo para lucrarse. También sufrió el acoso de la policía, que la arrestó en la década de los sesenta y la acusó –brevemente– de vender maría. Tiempo después del reportaje de Life, Sabina confesó que la única razón por la que se sintió obligada a hacer una velada con Gordon Wasson fue porque venía acompañado por una autoridad municipal. Entre 1975 y 1976, Sabina dio una serie de entrevistas a Álvaro Estrada, un ingeniero que había nacido en Huautla y que hablaba mazateco (el español de Sabina era muy limitado). 

La primera vez que Sabina vio los hongos tenía seis o siete años, y observó una ceremonia que dirigió un tío suyo que era chamán. Ella nació en Huautla en 1894, en una familia de indígenas mazatecos que trabajaban como campesinos. Quedó huérfana a los tres años y creció en la miseria con su madre y hermana mayor, dedicándose al cultivo de gusanos de seda. A los catorce años, durante un viaje, tuvo una visión donde los hongos le dieron el poder de curación. Así empezó a desarrollar su poder y a realizar veladas en las que curaba a sus pacientes de padecimientos físicos y espirituales. Ellos le pagaban una compensación económica, que quedaba a voluntad del paciente. Cuando se convirtió en famosa y venía gente de todo el mundo a verla, pudo vivir un poco mejor, aunque murió pobre. 

Se casó dos veces. La primera era una niña de catorce años, y a los pocos años estalló la Revolución: su marido se fue a luchar y ella enviudó. Se volvió a casar con un chamán llamado Marcial, con quien desarrolló los poderes que le daban las setas. Sabina, presuntamente, adquirió más poder que él, y este la empezó a golpear. Los hijos de su primer matrimonio lo mataron a golpes. 

Sabina se sintió traicionada por Gordon Wasson, sobre todo porque grabó sus cánticos sin su conocimiento. Cuando le puso la grabación, ella quedó en shock: “Le pregunté cómo lo había hecho, nunca imaginé oírme a mí misma. Estaba disgustada porque en ningún momento le había autorizado a Wasson que robara mis cantos. Mucho tiempo anduve llorando por esto, y el insomnio no me dejaba dormir”, le relató a Estrada. Su amigo tradujo al español sus cánticos chamánicos, que han sido incluidos en antologías poéticas, y han sido objeto de estudio y de ensayos académicos de filología. 

Sabina murió en 1985, a los noventa y un años. Su rostro –con los ojos entrecerrados fumando un cigarro– se imprimió en camisetas, tazas, pósteres y totes. Además, cientos de personas viajan a Huautla gracias a ella. Uno de sus nietos, Berna, organiza un Festival todos los veranos en el que se reúnen chamanes de todo México, y se habla del legado de María Sabina y de la cultura mazateca. 

 

 (Despiece)

‘Number nine?’

 

Unos de los visitantes más importantes que viajaron a Huautla fueron, presuntamente, John Lennon y Yoko Ono. No está claro si tuvieron una sesión con María Sabina o no. Hay una versión que sostiene que Sabina les hizo una sesión de sanación y que, en medio de la misma, el músico le dijo en español perfecto: “Gracias, he visto mi muerte”. Esta versión, que suena demasiado perfecta, asegura que al irse el músico le dejó una nota firmada para agradecerle. 

Álvaro Estrada, en su libro, asegura que en 1969 Lennon, George Harrison y una antropóloga estadounidense llegaron a Huautla en una avioneta. Les acompañaba un político mexicano, quien facilitó el encuentro. Cuando llegaron a Huautla se hospedaron en una posada, se fumaron un porro y fueron a buscar a la famosa chamana. Esta, sin embargo, había terminado de hacer una vigilia y estaba agotada, así que les dijo que volvieran al día siguiente. Lennon y su séquito estaban impacientes, así que fueron con otra sacerdotisa, quien les hizo la ceremonia esa misma noche. No fue una experiencia grata. Lennon tuvo un mal viaje y, presuntamente, se fue de la choza a gritos diciendo: “No permitiré que me maten”. 

‘Number nine?’

John Lennon

Unos de los visitantes más importantes que viajaron a Huautla fueron, presuntamente, John Lennon y Yoko Ono. No está claro si tuvieron una sesión con María Sabina o no. Hay una versión que sostiene que Sabina les hizo una sesión de sanación y que, en medio de la misma, el músico le dijo en español perfecto: “Gracias, he visto mi muerte”. Esta versión, que suena demasiado perfecta, asegura que al irse el músico le dejó una nota firmada para agradecerle. 

Álvaro Estrada, en su libro, asegura que en 1969 Lennon, George Harrison y una antropóloga estadounidense llegaron a Huautla en una avioneta. Les acompañaba un político mexicano, quien facilitó el encuentro. Cuando llegaron a Huautla se hospedaron en una posada, se fumaron un porro y fueron a buscar a la famosa chamana. Esta, sin embargo, había terminado de hacer una vigilia y estaba agotada, así que les dijo que volvieran al día siguiente. Lennon y su séquito estaban impacientes, así que fueron con otra sacerdotisa, quien les hizo la ceremonia esa misma noche. No fue una experiencia grata. Lennon tuvo un mal viaje y, presuntamente, se fue de la choza a gritos diciendo: “No permitiré que me maten”. 

Este contenido se publicó originalmente en la Revista Cáñamo #337

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