Hace catorce siglos, algo extraordinario comenzó en las orillas sagradas del río Ganges. Desde entonces, cada 144 años, personas de todos los rincones de la India y de más allá se reúnen cerca de la ciudad de Prayagraj para celebrar el Maha Kumbh Mela. Más que un festival religioso, se ha convertido en la mayor concentración humana del planeta. Durante 45 días, una vasta llanura aluvial se transforma en una ciudad temporal rebosante de vida, donde se suspenden las normas cotidianas y se impone un ritmo diferente.
El último Maha Kumbh Mela tuvo lugar del 13 de enero al 27 de febrero de 2025. Más de 660 millones de personas se reunieron para bañarse en el sagrado Ganges, compartir espacio, comida y tiempo. En esta ciudad efímera no hay puertas cerradas ni fronteras rígidas. Los extraños se convierten en vecinos y los vecinos en amigos. La experiencia trasciende lo ordinario, fusionando la devoción espiritual con la vida comunitaria a una escala sin precedentes.

De los puentes provisionales que cruzan el Ganges cuelgan guirnaldas de flores que los peregrinos dejan como ofrendas en su visita. Estas flores, a menudo de caléndulas, se atan con cuerdas a las barandillas invocando bendiciones o como marca del final de un viaje sagrado, hasta que el viento se las lleve.

Naga sadus y babas dándose el primer chapuzón en el momento más propicio en el sagrado Ganges.
A esta ciudad sagrada no solo acuden los peregrinos habituales. En una cultura donde la desnudez suele ser tabú, hombres desnudos cubiertos de ceniza caminan libremente, purificando las almas con báculos de plumas de pavo real. Algunos afirman haber vivido más de 130 años sin enfermedades, mientras que otros cultivan alimentos o albergan pájaros, a veces palomas, sobre sus cabezas. Son los Naga Sadhus, guerreros ascetas convertidos en santos que antaño protegían los templos hindúes contra los invasores. Hoy son el núcleo espiritual y simbólico del Kumbh Mela.

Preparando la comida. Conocida como bandhara, se ofrece de manera gratuita a todos los peregrinos, independientemente de su casta, credo u origen. Organizado por ashrams, sectas y devotos individuales, la alimentación masiva se considera tanto un deber espiritual como una forma de hacer méritos.

Unas mujeres emergen del Ganges tras un baño ritual en las primeras horas de una mañana cubierta de niebla. Venerado como el río más sagrado de la India, el Ganges atrae a millones de peregrinos de todo el país, convencidos de que sus aguas limpian el alma y arrastran los pecados.
Los Naga Sadhus dirigen los rituales sagrados de baño, que marcan los momentos más propicios del festival. Sus cuerpos cubiertos de ceniza, sus cánticos extáticos y sus chillums cargados de cannabis y siempre encendidos confieren al festival una atmósfera cargada de intensidad sobrenatural. La marihuana, que suele estar prohibida en la India, no solo se tolera, sino que se convierte en el elemento central de la experiencia: se utiliza ritualmente para facilitar la meditación y la comunión con Shiva.

Un Baba j pasando un porro en su tienda. Muchos babas de la India viven como ascetas errantes, renunciando a la vida material para perseguir la liberación espiritual (moksha). Algunos son venerados como místicos o curanderos, y unos pocos se han convertido incluso en inesperados iconos de la cultura pop.
En la tradición hindú, la Cannabis indica es una de las cinco plantas sagradas. Tiene un profundo significado ritual, especialmente entre las sectas shaivitas devotas de Shiva. A menudo se le representa meditando con un chillum y una cobra enroscada al cuello, y se dice que Shiva utiliza el cannabis para aquietar la mente y trascender la ilusión del mundo material. Para los devotos, el cannabis no es algo recreativo, sino una herramienta espiritual, un sacramento.

Sadhus y babas fumando chillum a orillas del Ganges. Para los meditadores experimentados, la marihuana puede actuar como un catalizador, un medio de trascendencia.

Un baba sentado a orillas del río Ganges observa la llegada de nuevos devotos. Los peregrinos cruzan el río sagrado utilizando puentes flotantes temporales, tendidos para la ocasión.
Para los meditadores experimentados, la marihuana puede actuar como un catalizador. El estado alterado que induce, especialmente cuando se combina con una práctica yóguica profunda y la abrumadora energía colectiva del Mela, se convierte en una especie de atajo hacia la disolución del ego. Aumenta la conciencia corporal, acalla el ruido mental y puede abrir la puerta a la experiencia mística. En un entorno tan cargado de espiritualidad, el cannabis no es solo una sustancia, sino un conducto, un medio de trascendencia.

En los días más significativos del festival, el número de devotos superó con creces la capacidad del recinto, con multitudes que se acercaron a los 80 millones. En las zonas más apretadas, los devotos se apretujaban unos contra otros y, en algunos casos, la presión de la multitud provocó incidentes mortales: personas que se desplomaban por asfixia o eran pisoteadas por la oleada.

A la hora de dormir, cada uno busca su acomodo.

Al caer la tarde, se suceden las representaciones tradicionales en los ashrams. Vestidos como deidades hindúes, los artistas representan cuentos mitológicos para las multitudes reunidas para escuchar, cantar y sumergirse en las historias.

Miles de hogueras sagradas ardían día y noche, acompañadas de innumerables bombonas de gas utilizadas por los vendedores ambulantes. Los pequeños incendios eran habituales, y algunos llegaron a ser peligrosamente grandes. Esta vez, los bomberos se enfrentaron a un reto inesperado: una estatua de Shiva bloqueó el acceso a una tubería de agua, desatando el pánico.

Un joven mono se aferra al pelo enmarañado de un sadhu naga en medio de la densa multitud de ascetas antes del amanecer. Los animales son una presencia constante en el Kumbh, a veces considerados como compañeros, a veces como presagios.

Una devota transexual, ofrece bendiciones a las mujeres como símbolo de fertilidad y transformación.

Un baba j al paso de una enorme explosión de fuego que se produjo en una pequeña área del Maha Kumbh Mela. En respuesta a este incendio, las autoridades aumentaron los protocolos de seguridad, desplegando más de 1.300 bomberos y más de 300 vehículos de emergencia, además de las 53 estaciones de bomberos repartidas por todo el recinto del festival.