La saga de Prince of Persia cumplió ya treinta y seis años. Ojalá parar el tiempo como hace su protagonista. Aunque salió en 1989, fue en 1990 cuando la gente pudo disfrutarlo en PC. Llegamos a ese punto en que los videojuegos llevan tanto tiempo con nosotros como toda una vida. Sin miedo a equivocarnos, Prince of Persia es un hito fundamental en la historia del medio. Puede que no sea la IP más valorada, pero su influencia se extendió como la pólvora por su mezcla de géneros y técnica innovadora. Un juego endiabladamente diferente al resto de plataformers del momento y que ha sabido reinventarse con el paso de los años sin abandonar algunas de sus características reconocibles.
Prince of Persia representa bien el paso de aquello que Edward W. Said llamó el “orientalismo” –esto es, la representación mistificada de las culturas asentadas más allá de la franja de los ríos Tigris y Eufrates–, a un “orientalismo multicultural”, en el que se trata de no ofender a las culturas representadas, pese a que la mirada siga siendo occidental. Aunque el equilibrio de poderes del mundo se está ajustando a una especie de multilateralismo no hegemónico, la mirada imperial dejó su mella en cómo volver la vista al pasado sensual de la Persia perdida. Si le perdonamos este pecado, Prince of Persia es aquello que nos gustaría que hubiera sido el pasado medieval no europeo, un lugar de magia, erotismo, peligro y aventura. El esplendor de la especie humana cristalizado en el tiempo.
Prince of Persia (Broderbund, 1989)
‘Arabian nights’
Cuando se echa la vista atrás treinta y seis años, es inevitable caer en la nostalgia. El valor de estos juegos no es su calidad intelectual, por así decirlo, sino el puro y duro entretenimiento. Este juego es la infancia de muchos.
En un fantástico Bagdad sacado de las Mil y una noches, el malvado visir Jaffar secuestra a la hija del sultán, aprovechando la ausencia de este, para obligarla a casarse con él y así acceder al trono. Jaffar le da una hora para que se decida. Mientras, un jóven enamorado de la princesa tratará de impedir que esto suceda, convirtiéndose así en el verdadero príncipe de Persia.
El culpable de todo esto es Jordan Mechner (que también dirigiría su secuela). Ideó un juego que mezcla los plataformas 2D y combates de espadachines con un punto estratégico de ataques, paradas y contraataques nunca visto juntos. Programó el juego sobre la captura de imágenes con rotoscopio, algo que ya había hecho la animación en el cine (el caso de El Señor de los anillos, de Ralph Bakshi) y que otros juegos (Another World, Flashback) imitarán poco después. El rotoscopio permite generar animaciones que simulan bastante bien el movimiento humano (muy en bruto, consiste en “calcar” la animación desde el molde de la imagen grabada en vídeo de un humano realizando acciones). Encima de todo esto, se planteó casi como un speedrun, puesto que el jugador debía terminar el juego en menos de sesenta minutos o la princesa moriría. Se podía salvar a partir del tercer nivel, pero, aun así, la curva de dificultad era considerable en los primeros intentos. La cantidad de trampas y saltos ajustados, por no mencionar el combate, exigía ser preciso y perder el menor tiempo posible. Así que, en este caso, la práctica hacía al maestro. Aunque complicado, Prince of Persia fue un juego que se percibía como justo si uno le dedicaba el tiempo necesario. ¡Incluso traía una lucha contra tu doppelganger!
Prince of Persia tiene la virtud de los cuentos de Rudyard Kipling: transportarnos a lugares donde uno solo puede soñar con estar; parajes fantásticos que están a la vuelta de la esquina, pero que como espejismos se desvanecen si tratamos de alcanzarlos. Prince of Persia es el Hombre que pudo reinar, también es Kim, pero sobre todo y ante todo es la Bagdad mística e inmortal, de olor a especias, a desierto y a la placentera brisa de una noche eterna.
Prince of Persia: The Sands of Time (Ubisoft Montreal, 2003)
Parar el reloj de arena
En esta secuela, muy querida por el fandom, se establece definitivamente la relación con el tiempo como marca de identidad de Prince of Persia. Aquí, en lugar de una speedrun, encontramos la capacidad del protagonista de parar el tiempo como mecanismo principal de este título. La historia es la del príncipe que debe desbaratar los planes del malvado visir (¿qué les pasa a los visires en esa época?). A nadie se le escapa que la narrativa no es Historia de dos ciudades, pero a los videojuegos no les hace falta tanta prosa: si el gameplay funciona, lo demás, en realidad, pasa a un segundo plano.
Prince of Persia: The Sands of Time (Ubisoft Montreal, 2003)
Más allá de su jugabilidad, bastante buena para la época, y que se pudiera detener el tiempo, su principal virtud es el paso del 2D al 3D, típico de los años dosmiles, cuando la tecnología 3D se impone tanto en PC como en consola. Es el momento en el que se revitalizan viejas IP con la excusa de entrar en la tridimensionalidad.
Con todo, The Sands of Time es un digno sucesor. Si la primera parte fue la infancia de muchos, la secuela lo es para la generación que vino después. En nuestro caso, que somos más mayores, The Sand of Time nos pilló a traspié en una época de transición donde los videojuegos se sustituyeron por otras demandas más inmediatas. De ahí que siempre será mejor la primera parte que la segunda.
Prince of Persia: The Lost Crown (Ubisoft Montpellier, 2024)
Los inmortales
Por alguna razón, tal vez llevados por el momento de retronostalgia que vivimos y la necesidad de capturar a un público al que no le de miedo el producto que va a comprar, se decidió relanzar la IP de Prince of Persia con dos juegos: The Lost Crown y The Rogue Prince of Persia. En lugar de hacer dos secuelas, cada uno de ellos son juegos completamente independientes con historias totalmente distintas y de géneros diferentes, aunque ambos se suben al carro de aquellos que ahora están más de moda: el metroidvania en el caso de The Lost Crown y el rogue-lite en el de The Rogue Prince. Aunque esté Ubisoft detrás de los dos títulos, poco o nada tienen que ver con el estilo que caracteriza a esta empresa. Ambos son muy recomendables por motivos diferentes.
Prince of Persia: The Lost Crown (Ubisoft Montpellier, 2024)
Dado que parece que ahora los jugadores demandan historias más trabajadas, The Lost Crown plantea una trama bizantina sobre príncipes secuestrados, fuerzas del mal y unos inmortales que le plantan cara, todo esto salpicado de giros, gente mala que luego es buena y gente buena que luego es mala. Nada que no haya presenciado alguien que lleve sobre la tierra el tiempo suficiente como para haber visto esta plantilla cien veces. Pese a todo, el juego funciona en ese aspecto.
Por lo demás, se trata de un metroidvania manejable (con algunas pruebas no obligatorias que sí son realmente difíciles) en el que se exige del jugador cierto compromiso (el juego se complica conforme uno adquiere las nuevas habilidades típicas del género), sobre todo, a la hora de aprender el sistema de paradas y esquivas. The Lost Crown no inventa nada nuevo, pero lo que hace lo hace bien. Si se compara con los hitos del metroidvania contemporáneos (Hollow Knight), se queda corto, pero no por ello es un título menor: su ambiente y jugabilidad le hacen destacar en el competitivo entorno actual.
The Rogue Prince of Persia (Evil Empire, 2025)
‘Dead Cells meets Prince of Persia’
Evil Empire, que está detrás de The Rogue Price, estuvo en el desarrollo de Dead Cells, que, para muchos, es uno de los rogue-lite de referencia de los últimos años. No es nuestro caso: Dead Cells nos gusta, pero este nunca acabó de hacer clic. El problema que tenemos es su curva de dificultad y que cada intento lleva demasiado tiempo, por lo que la progresión es lenta y el compromiso exigido es grande. Dicho esto, reconocemos que Dead Cells es también un hito por méritos propios. Y si no fuera por los mimbres no tendríamos The Rogue Prince, que trata de traer la mejor jugabilidad de Dead Cells con la narrativa y progresión de Hades. Aunque es un juego con muchos problemas, The Rogue Prince toca demasiadas teclas que nos han gustado, siendo un juego que uno puede acabar en poco más de quince horas. Una sorpresa del 2025 que hemos colocado entre los que más nos gustaron.
The Rogue Prince of Persia (Evil Empire, 2025)
En este caso, el heredero del trono de Persia debe enfrentarse a unos invasores hunos que han sido infectados por una maldición. Aquí vuelve el tema del tiempo en tanto que el príncipe tiene un medallón que le devuelve a la vida tras morir al mismo inicio del día, en una suerte de El día de la marmota. La narrativa de The Rogue Prince es mejor que la de los otros títulos y consigue aportar motivaciones razonables tanto para el príncipe como para el resto de los personajes. Tal vez tiene un final un tanto descafeinado, aunque este no eclipsa la precisa jugabilidad que representa el núcleo central del juego.
Dos cuestiones a tener en cuenta. Por una parte, el juego salió con un error muy serio que borraba la partida guardada, esto significa que todo el progreso se iba al carajo y debías empezar de cero. Esto para muchos es devolución automática, y con razón. Por otra parte, no cuenta con una rejugabilidad tan grande como otros rogue-lite; una vez alcanzado el final, el único incentivo es sacarnos los trajes con los que podemos vestir al príncipe. No es demasiado atrayente.