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Thailo Rodríguez: dos décadas entre cultivo, activismo y regulación

Una lesión mientras patinaba llevó a Thailo Rodríguez hacia una planta que hasta entonces miraba con desconfianza. Más de veinte años después, su recorrido pasa por el autocultivo, las asociaciones, la divulgación y la producción medicinal regulada. Pero su historia, más allá de lo anecdótico, permite seguir, desde Canarias, parte de la transformación de la cultura cannábica española.

Thailo tenía unos 21 años cuando se lesionó un hombro y empezó a tomar calmantes que no le gustaban. Alguien le recomendó probar cannabis para el dolor. En aquellos años, recuerda, incluso buscar información sobre la planta conservaba algo de clandestino y comprar la Revista Cáñamo podía sentirse casi como entrar a escondidas en la sección para adultos de un videoclub.

Pese a la carga negativa que acompañaba a la planta, su vínculo con el cannabis se volvió más profundo por otra experiencia personal. Desde niño sufría asma, especialmente durante los episodios de la calima que llega a Canarias desde el Sáhara. Después de empezar a consumir para tratar su lesión, un día se sorprendió jugando al fútbol en plena calima sin sentir la asfixia habitual que, muchas veces, lo hizo refugiarse en su casa en búsqueda de un ambiente que le dejara respirar sin incomodidad. 

Pero ese día jugando a la pelota no sintió nada de eso y aquel evento lo empujó a investigar.

Cuando encontró referencias sobre el posible efecto broncodilatador del cannabis, dice, le “explotó la cabeza”. Su experiencia no demostraba nada médicamente, pero sí abrió para él una interrogante: si una planta podía tener usos beneficiosos, ¿por qué estaba prohibida?

La búsqueda lo llevó hacia la historia de la criminalización. “Vi que había un factor más político, social y de clase que relacionado con la planta”, recuerda.

Primera estación, la militancia cannábica

La planta nuevamente guiaba los pasos de Thailo y hacia 2005 o 2006 comenzó a participar en foros y asociaciones cannábicas de Canarias. El activismo no consistía únicamente en reclamar cambios legales. También suponía compartir información, aprender a cultivar y acompañar a personas que usaban cannabis y encontraban pocas orientaciones fiables.

En 2009 abrió El Rincón de la Cosa Buena, un grow shop especializado en cultivo orgánico, control biológico y semillas que había probado él mismo. En el local montó además una radio por internet y un estudio de grabación. Desde allí impulsó Onda THC, un programa por el que pasaban cultivadores, médicos e investigadores.

Aquella mezcla de cultura, divulgación y el surgimiento de una incipiente industria reforzó una idea que lo acompañaría durante años: emprender también podía ser una forma de activismo y en ese sentido siempre abogó y se paro en la vereda de la defensa del autocultivo.

Pero muchas de las personas que llegaban a la tienda no podían cultivar en casa. Algunas eran mayores, otras no tenían espacio y muchas buscaban cannabis por razones medicinales. Esa realidad lo acercó cada vez más al mundo de las asociaciones y los clubes.

“Los clubes fueron mi escuela”, resume.

Allí aprendió de cultivo, administración, estatutos y legislación. En 2014 dejó el grow shop y concentró sus esfuerzos en el cannabis medicinal. También participó en la organización de clubes y se involucró en sus estructuras legales y administrativas.

Una de esas experiencias alcanzó repercusión pública. La Asociación Cannábica de Terapias Naturales de Canarias, representada por Thailo, presentó una modificación de estatutos que declaraba expresamente el cultivo y la dispensación entre sus integrantes dando como resultado que la Fiscalía archivara las diligencias abiertas en torno al caso. 

Sin embargo y con los años, su visión de los clubes se volvió más crítica. Sigue reivindicando lo que aprendió en ellos, pero considera que parte del movimiento perdió su vocación asociativa y quedó dominada por intereses comerciales. Tampoco cree que el modelo sirva hoy para proporcionar cannabis a pacientes bajo estándares medicinales.

En ese sentido Canarias fue decisiva en ese aprendizaje. Las condiciones de luz de las islas le permitieron experimentar durante años al aire libre y entender el cultivo como un proceso de observación y anticipación.

“Cultivar en un ambiente súper controlado es muy sencillo”, sostiene. “Pero cuando estás a la intemperie tienes que adelantarte a lo que te va a pasar”.

 

thailo

 

Llevar la experiencia al terreno regulado

A partir de 2018 o 2019 comenzó a formarse en normas de correcta fabricación, sistemas de calidad y diseño de instalaciones. Allí detectó una distancia entre dos mundos que hasta entonces habían convivido poco.

“Los cultivadores no llegaban al sector farmacéutico y las farmacéuticas no tenían el conocimiento apropiado para sacar realmente buenas plantas”, explica.

En 2021 creó una consultoría para conectar ambos mundos. Un año después se integró a Nivaria Tech, en Tenerife, hasta asumir posteriormente la dirección de planta. El proyecto desarrolla cannabis medicinal y busca trasladar el cultivo bajo el sol canario a un sistema sometido a estándares farmacéuticos y la apuesta está más vigente que nunca ya que en 2026, la empresa recibió autorización de la AEMPS para iniciar los lotes necesarios para validar su proceso de fabricación.

Para Thailo, lo importante no es solo el avance de una empresa, sino la posibilidad de incorporar a una instalación regulada una parte del conocimiento acumulado durante décadas por cultivadores y comunidades cannábicas.

Su propia manera de discutir sobre cannabis también ha cambiado. Durante años defendió experiencias personales y saberes construidos en el cultivo frente a un entorno marcado por el prejuicio. “Hasta que trascendimos de lo empírico a la evidencia científica, el avance fue casi insignificante”, dice.

Eso no significa que haya abandonado su mirada crítica. Le incomoda que una parte del reconocimiento institucional del cannabis haya llegado de la mano de intereses económicos, pero tampoco cree que trabajar dentro de un mercado regulado obligue a renunciar a ciertos valores.

“Aunque estamos supeditados a un ambiente comercial y capitalista, yo creo que eso no quita que podamos imprimir nuestros valores y nuestra ética en lo que hacemos”, comentó Rodríguez.

Más de dos décadas después, el recorrido cierra casi un círculo en donde una lesión de hombro llevó al autocultivo, de los clubes a una instalación farmacéutica y de buscar información a participar en una industria que todavía intenta ordenar su relación con el conocimiento acumulado fuera de ella.

Entonces, y después de una pausa durante la entrevista, Thailo reflexiona: “¿Cómo no dedicarme a esto?”

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