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Estudio propone un enfoque comunitario para el acceso a los psicodélicos en salud mental

Un artículo publicado en Discover Mental Health plantea que la llegada de los psicodélicos a la salud mental no debería quedar en manos del mercado ni de una regulación diseñada solo desde arriba. El autor, el sociólogo estadounidense Sean M. Viña propone un “enfoque comunitario” para decidir cómo, para quién y bajo qué condiciones se integran estas sustancias, con el objetivo de evitar inequidades, daños culturales y nuevas capturas corporativas.

La discusión sobre psicodélicos suele moverse entre el entusiasmo clínico y la promesa de un “renacimiento”. En ese clima, Viña recuerda que el debate no puede limitarse a la eficacia o a la novedad terapéutica, porque alrededor de una sustancia también se construye un sistema de acceso, financiamiento y control. Y ese sistema define quién llega primero, quién queda fuera y qué riesgos se vuelven invisibles.

Para sostener el punto, el autor mira antecedentes recientes. La crisis de opioides aparece como ejemplo de cómo incentivos comerciales y expansión acelerada pueden desbordar salvaguardas sanitarias. Y el crecimiento de clínicas de ketamina, con modelos de pago directo y estándares desiguales, ilustra cómo un tratamiento puede popularizarse más rápido que las reglas que lo ordenan. En paralelo, la difusión mediática y la circulación de promesas en ecosistemas digitales pueden empujar expectativas antes de que existan marcos claros de reducción de riesgos e integración.

El texto también pone sobre la mesa impactos fuera del consultorio: presiones ambientales por la demanda de plantas y animales asociados a prácticas tradicionales y tensiones por apropiación cultural cuando saberes indígenas se convierten en insumo de nuevas industrias. Viña reconoce marcos como el Convenio sobre la Diversidad Biológica y el Protocolo de Nagoya, pero subraya que se debe resolver la distribución, gobernanza local y participación real en beneficios.

La propuesta Community-Centered Approach to Psychedelics (C-CAP) plantea definir quiénes integran la comunidad implicada; identificar necesidades y prioridades; evaluar si los psicodélicos encajan (o no) en el repertorio de cuidados; mapear barreras legales y culturales; y diseñar condiciones de acceso ético con revisión continua. Entre las herramientas posibles menciona consejos comunitarios, licencias y financiamiento cooperativos y resguardos específicos para prácticas tradicionales.

En el fondo, C-CAP obliga a cambiar la pregunta. No se trata solo de si los psicodélicos “funcionan”, sino de quién gobierna el cuidado y, de esa forma, evitar repetir historias de desigualdad y daño, incluyendo a las comunidades y con criterio de justicia, de salud pública y de memoria.

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